Enrique Meléndez: Tensión en las colas

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redaccion_mf
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Enrique Meléndez: Tensión en las colas

Mensaje por redaccion_mf » 10 May 2016, 06:30

Opinión
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Este sábado viajé a La Victoria, en compañía de unos amigos, y al llegar a cierto sector nos dimos cuenta de que se habían formado tres enormes colas, que arrancaban de tres negocios diferentes, ya a muy temprana hora de la mañana. Dos de las colas quedaban al frente de una panadería, donde nos habíamos detenido a desayunar, y donde se notaba mucha tensión: gritos de la gente agitada, porque allá en la punta un vivo se empeñaba en colearse, y tensión que le llegó al dueño de la panadería, quien bajó una de las dos santamarías de su local, mientras dejaba a medio cerrar la otra, y la que tuvo que bajar, en un momento en que cundió el pánico, quizás por algún gesto de alteración de uno de los Guardias Nacionales, que velaban por el orden, y entonces se produjo la desbanda, mientras una señora se venía en llanto dentro de la panadería, ya que había dejado a su hija al cuidado del puesto en la cola, para poder comprar el desayuno.

Alguien que había logrado entrar, antes del cierre de la santamaría, expresó: “Este gobierno tiene que caer”. Es decir, la voluntad de cambio está muy presente en el ánimo de la opinión pública, y que se vino a expresar también con motivo de la recolección de firmas para solicitar el referéndum revocatorio, y que sin duda ha dejado desmoralizado por completo al gobierno, tomando en cuenta la reacción de Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez, el propio Nicolás Maduro, y a quienes ya comienzan a calificar como la banda siniestra, ante ese fenómeno de carácter masivo.
No había comida en La Victoria, los inventarios llegaron a cero en la ciudad. Eso era lo que se oía decir. No obstante, la gente seguía allí, y el hecho es que superada la situación de pánico, todo el mundo volvió a sus puestos a la espera de que se abrieran los respectivos locales: falsa alarma.

Aquí uno pudiera inferir que no ha habido una explosión social de grandes magnitudes, porque no hay nada que saquear: los anaqueles de los supermercados están vacíos, y la gente hace cola, para llevarse lo que están ofreciendo en la ocasión; pues, de lo contrario, no come; ya que, por lo demás, tampoco está en capacidad de comprarle a los bachaqueros, que son otra factor que le amargan la vida en esas colas; porque a toda costa ellos pretenden meterse a la fuerza en los primeros puestos, estén o no presentes los Guardias Nacionales, y quienes a la larga resultan los primeros bachaqueros; pues no se olvide que los Guardias Nacionales son los que llevan a cabo los decomisos, y de ahí para abajo hacen uso y abuso de esta condición; de modo que hay un mercado negro, donde se maneja el billete a lo grande; pingües ganancias líquidas para las manos de esos bachaqueros, libres de impuestos o, cuanto más una vacuna, que tiene que pagar por allá, para que lo dejen apostarse con su mercancía en cierta zona. He allí el flagelo de estos tiempos, producto del control de precios.

Esto no significa sino que nos estamos devorando entre nosotros mismos; aparte de pasar hambre, porque aquí hasta el más rico padece de la precariedad de una economía de guerra, que no de guerra económica, como trata de alegar el gobierno, para soslayar el asunto, ya que, si bien tiene plata para comprar en el mercado negro hasta 50 veces más caro, de lo que trae el producto como su precio máximo de venta en el empaque, no siempre el bachaquero lo tiene a la mano; a menos que sea uno de los enchufados, que se puede dar el lujo de contratar una aeronave, que lo lleve a una de las vecinas islas caribeñas o a Miami, como se ha visto por fotografías, que envían compatriotas a través de las redes, habiéndolos sorprendidos en la caja de un supermercado.

He allí el por qué Chuo Torrealba le saca a la canciller Rodríguez que en su última comparecencia a la OEA no hizo más que el ridículo; cuando dijo que Venezuela estaba abastecida de alimentos y medicinas hasta tres veces su tamaño; lo que al parecer generó risas entre algunos de los asistentes; pues es más que evidente que las colas constituyen la manifestación más fehaciente del desabastecimiento y de la escasez; consecuencia, decía, de un control de precios; además de unas leyes impositivas, que fiscalizan hasta la colocación del llamado precio justo máximo de venta en el empaque del producto; lo que supone más costos para el empresario, y quien además trabaja con una camisa de fuerza, que lo constituye el Decreto de Inamovilidad Laboral, y así que en estas condiciones más de un empresario ha tenido que cerrar las puertas de su empresa.

Pero también es verdad, como lo ha dicho Octavio Paz, que entre nosotros está instituida la mentira como forma constitutiva de nuestro ser, en virtud de aquí no se respeta ni el orden ni la conexión con las cosas. Es decir, no hay una racionalidad política, que se haga responsable del discurso, y que en el caso de la canciller Rodríguez resulta de una extrema gravedad, si partimos del hecho de que ella tiene que apelar a semejante mentira; para evitar que nuestro país sea declarado en estado de emergencia humanitaria, y que es por lo que se juega también el embajador Bernardo Alvarez en la ONU. Pues hasta el Papa media en esta situación, preocupado por una población hambrienta, que tiene que levantarse en horas de la madrugada, el día que le corresponde llevarse los productos regulados del supermercado, de acuerdo con su cédula de identidad, para estar en una cola, donde tiene que soportar lluvia o sol; cuando no el abuso de un malandro que atraca al que le dé la gana o el maltrato del guardia o el atropello por el hecho de ser marcado como al ganado, para evitar precisamente, el desborde de la fila o, como decía, el abuso del propio bachaquero, que se mete en la cola a la fuerza, y que lo tiene sin cuidado que le griten por su abuso; pues, repito, de otra forma no come.


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