Rubén Monasterios: Consejos para su condumio navideño

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Rubén Monasterios: Consejos para su condumio navideño

Mensaje por redaccion » 07 Dic 2018, 23:15

Opinión
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¡Albricias, ha llegado Ddciembre! Y con el mes del jolgorio de fin de año, la amargura de una Navidad con hallacas escuálidas, si acaso hay alguna, sin pan de jamón, con la ensalada de gallina volando alto y el dulce de lechoza ausente. De estar amparado por la buena suerte, quizá logre un pernil de cerdo salido de quién sabe dónde, porque el gobiernúculo dizque importó miles de toneladas de dicho producto. Y digo suerte, porque después de repartirlo entre militares sumisos, delincuentes amparados y los más cercanos de sus "protegidos", quizá sobren algunos y el azar lo favorezca. O a lo mejor su buena suerte consiste en que no le den el pernil en cuestión, por cuanto hay serias dudas sobre su estado de conservación, y cochino podrido es veneno.

La escasez de estas Navidades tétricas se refleja en el caso de Alejandro Corona: quería comer cebolla, pero no le alcanzó para comprarla, dice en el muro, lamentando su escasez monetaria. 

Mi impresión es que el notable actor se ha vuelto extravagante... ¡Cebolla! En Venezuela pretender comer cebolla es como querer caviar del Mar Caspio. Además ─aunque me cuesta decirlo, dada la amistad que nos une─, pone de manifiesto insensibilidad social: ¿Por qué no come basura, como el bien amado proletariado chavocastronarcocomunista? ¡No, el señor quiere cebolla, como si fuera de la élite dirigente y enchufados!

La exageración delirante de pretender comer cebolla queda de manifiesto al observar la miseria reinante en el país; ya que ni en la basura hay restos comestibles; antes uno encontraba su media arepa despreciada por algún ahíto comensal; ahora ese despojo es un bien guardado con recelo.

Los ciudadanos del país bendecido por el socialismo triunfante y eterno se han convertido en cazadores urbanos furtivos; es lo que explica la casi total ausencia de perros y gatos callejeros. Hasta las palomas han desaparecido; el paseo de Macuto está desolado, no se ven en la Plaza de Capuchinos; de aquí que la gente vaya por las ratas.

La rata viene a ser el sustituto del tradicional condumio navideño venezolano; porque si no se puede comprar cebolla, que apenas es uno de los más simples componentes de la hallaca, ¿cómo conseguir las restantes exquisiteces exóticas propias de su elaboración?

La rata es, en consecuencia, una opción. En otra oportunidad recomendé comer insectos, en particular, cucarachas, abundantes en nuestro país dada la suciedad que se ve por todas partes. La crema de estos insectos hemimetábolos paurometábolos de cuerpo aplanado, que miden entre 3 cm a 7,5, es una delicia de considerable poder nutricional.

Naturalmente, la proposición despierta expresiones de asco, por el estilo de "¡Ay, no quiero ni verlas!", etc. En realidad, nadie tiene que verlas, de beneficiarlas se encargan otros, expertos venidos de la metrópoli, Cuba. Bajo el régimen castrocomunista, los cubanos se convirtieron en artífices del malabarismo gastronómico; lograron el milagro alquímico de transformar la concha de plátano en carne desmechada. ¡Sigamos su ejemplo!

Además, recuerde que "Ojos que no ven, corazón que no siente". Si el bocado es sabroso, qué carajo importa su origen. Probablemente usted. alguna vez fue al juego de pelota y comió pinchos de los que vendían buhoneros a la puerta del estadio, ni idea tiene de lo que pudo haber comido: perro, gato, rata, musaraña, mono... Lo mismo si estuvo de turista por China. Y no pierda de vista que China es hoy uno de los dueños del país, siendo los chinos un pueblo que come cualquier cosa que vuele, nade, camine o se arrastre, siempre y cuando no tenga ruedas. Sigamos su ejemplo. Conviene rendirle pleitesía al amo adoptando sus costumbres.

Una vez beneficiadas y despellejadas, la carne de rata es idéntica a cualquier otra desmechada. Por su parte, las cucarachas una vez molidas y hervidas, debidamente condimentadas, parecen una atractiva crema de caraotas negras y son deliciosas. El hervor elimina cualquier agente patógeno que pueda existir en esos productos; les aseguro que además de sabrosos son ricos en proteínas y otros elementos saludables.

El gobierno y sus voceros internacionales han sido muy explícitos: En Venezuela el que pasa hambre es porque quiere adelgazar o por razones religiosas. Uno de sus debidamente remunerados voceros internacionales declaró que en el país sometido al régimen narcocastrochavocomunista la gente come tres veces al día. Deberíamos añadir: ¡Y hasta merienda!

La posibilidad de agotamiento de esa fuente de alimentación, roedores e insectos, es muy improbable; es cierto que algunas ratas han advertido la situación y se han ido del país, pero es mejor así, porque esas son tóxicas.

En cualquier caso, agotados los animales domésticos, la basura, las ratas y bichos rastreros y voladores, todavía queda el recurso del canibalismo; un tema que abordaremos en otro artículo, aportando recetas.

Por último, un consejo para obtener alguna miseria que poner en la mesa: Recuerde que el régimen comunista existen dos clases: los dirigentes y enchufados, que pueden comer cebolla y cuanto les venga en gana, y los demás, que si quieren tener algo que llevarse a la boca, están en la obligación de aplaudirlos: ¡Clap, clap!


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