Rubén Monasterios: Jorge Blanco en Sarasota

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Rubén Monasterios: Jorge Blanco en Sarasota

Mensaje por redaccion » 07 Oct 2018, 23:32

Opinión
ND


Se ha dejado ver en Facebook un video que muestra la instalación de una reciente obra de Jorge Blanco (Caracas, 1945), una escultura abstracta de gran formato, en una redoma de la ciudad de Sarasota, Florida.

Es un nuevo logro de Blanco, cuyas obras enriquecen el ambiente en urbes de su país natal, EUA y Japón, que se suma a los premios "Dattero D´Argento" y al Monterotondo (Italia, 1978). Y es la presencia distinguida de otro venezolano fuera de la patria; sí, insisto en el punto, por cuanto así cobra relieve la fuga de talentos originada por el atroz régimen narcocomunista, que ha despojado al país de su más importante impulso de desarrollo, la inteligencia, convirtiéndolo en un enorme erial lleno de gente que anda vuelta loca por ahí llena de angustia y buscando la forma de sobrevivir al hambre, a la falta de medicinas y de servicios asistenciales de toda índole, de luz, de agua, de la delincuencia civil y uniformada...

Esas condiciones han tenido el efecto de reducir el espacio dedicado a la cultura artística en los medios de comunicación; porque cuando la miseria acosa, el arte, la moral y otras motivaciones espirituales pasan a un distante segundo plano. De aquí que sea probable que una buena cantidad de venezolanos no esté enterada del acontecimiento, y que las más recientes generaciones no tengan una idea precisa de quién es el maestro, distanciado de Venezuela en 1999.

O sea, que además de talentoso creador, Jorge Blanco pareciera ser vidente que anticipó la desgracia por venir, por cuanto su emigración coincide con el ascenso de Chávez al poder. Sin importar dónde se encuentre, el hecho es que Blanco dejó una marca en la cultura venezolana; además de exposiciones en el Museo de Arte Contemporáneo "Sofía Imber" y en salas privadas, tuvo a su cargo el diseño e ilustración del periódico infantil El Cohete y la estética del Museo de los Niños, cuya dirección artística ejerció por varios años desde su fundación en 1982.

Jorge Blanco es, sino al primero, al menos uno de los pioneros entre los dibujantes que llevan la tira cómica en nuestro país del ambiente local al cosmopolita, y fuera de toda duda, el único que vehiculó su obra en este campo en un periódico de circulación nacional, El Diario de Caracas. Me refiero a la tira cómica El Náufrago. (décadas de los 70-80).

Quizá deba explicar la un tanto enigmática observación referida a lo local y lo cosmopolita. A todo lo largo de su Historia, Venezuela ha sido cuna de notables dibujantes; algunos de ellos hicieron tiras, en el sentido de narraciones lexicográficas (o mediante dibujos acompañados de textos escritos), más inclinadas hacia la caricatura que hacia el cómic en el sentido en que lo entendemos en la modernidad, poco menos que invariablemente focalizadas en asuntos políticos y sociales del entorno; a partir de los 60, Blanco le da un giro a la tira o historieta breve, volviéndola un medio para expresar chistes sencillos y sentimientos poéticos encantadores por su simplicidad, comprensibles por cualquier persona en cualquier lugar del mundo; y con una "segunda lectura" no explícita en la que deja entrever una reflexión ontológica.

Poco más o menos en el mismo período aparecen dibujos de Luis Britto García con el mismo sentido universalista, aunque con un acento ácido obviamente distinto. El reconocimiento de Britto G. se fundamenta en su obra literaria, pero también es dibujante; publicó no sé si uno o más álbumes con sus historietas, y es uno de los creadores, en complicidad con Jaime Ballesta, del más famoso periódico mural de humorismo crítico jamás colgado en una pared habido en nuestro país, El Torturado, en la Facultad de Derecho, UCV. Recuerdo que teníamos que hacer cola para leerlo, tanta era la multitud de personas venidas de todos los rincones del campus, amontonadas frente al mural.

El Náufrago es una historieta sencillamente magistral; de haber contado con un agente que la propusiera a las empresas (syndicates) dedicadas al negocio del cómic, hoy tendría la universalidad de una tira como Olafo (Dick Brown, 1973, EUA), por decir alguna notable contemporánea. Infortunadamente, no fue así; con todo, en forma de algún modo heroica de parte del autor, se mantuvo por años y dio lugar a la publicación de varios álbumes, uno de los cuales tuve el gusto de prologar.

El Náufrago es un cómic sobre un hombre atrapado en una isla. No hay palabras en las viñetas, sólo imágenes de la vida cotidiana en la isla y de las fantasías del protagonista único, cuyo compañero es un pelícano. El personaje ha sido reproducido en la tapa de cuadernos, afiches y camisetas. Algo que atrapa de la tira es su simplicidad... y la capacidad de expresar un sentimiento poético ingenuo mediante ese recurso, valiéndose de un trazo absolutamente lineal, en tal sentido cónsono con el concepto básico de la obra.

Sigo a Jorge Blanco desde los 60, cuando la policía se lo llevó preso por el delito de bailar en el teatro durante un concierto de Nina Haggen en el Teresa Carreño. Con el correr de los años, sin volver a cruzarme con él, mi simpatía por Jorge y mi admiración por su obra se hicieron más sólidas; evidencia de ello es que en una obra de teatro infantil escrita este año (2018) una de las escenas está inspirada en su personaje y dedicada a él. Es la comedia Tomasito el Barquito Velero, en la que el personaje de este nombre emprende una odisea en búsqueda de su padre, al que se supone perdido; en su aventura se cruza con el espíritu del mar, con un tiburón asesino y con el Náufrago, entre otros seres fantásticos. El barquito se esfuerza por "salvar" al Náufrago; lo conmina a dejar la soledad de la isla, yéndose con él. El Náufrago se niega recalcitrantamente; el final, le dice:

En esta isla, velero Tomasito, no existen políticos corruptos traficantes de drogas ni canallas tribunos disfrazados con togas. Aquí no hay dictador de sórdida maldad represor de tu vida y de tu libertad. No hay un solo ladrón saqueador del Erario ni mucho menos hay espía o comisario. No existe gente pobre comiendo la basura ni enchufados obscenos gozando de gordura. Dime, barquito, ¿qué voy a buscar más allá del horizonte?
Tomasito:

Náufrago, tú has encontrado tu paraíso... (Al público:) Sí, porque cada quien se hace su propio paraíso de encontrar la felicidad, y el Náufrago es feliz... ¿Qué más puede pedirse? ¿Cómo puedo convencerlo de dejar su isla y enfrentarse con el mundo feroz que está más allá de su burbuja? Lo dejo ahí, en su felicidad... o en su locura...

Creo haber captado el espíritu de El Náufrago, vale decir, lo que su creador quiso dar a entender en su lectura transtextual; ahora bien, los parlamentos que al final de su presencia en la obra dice mi personaje no corresponden a una opinión expuesta por Jorge Blanco: son mías; abrigo la esperanza de que mi amigo las comparta.


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