Opinión / Rubén Monasterios: Podría ser...

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Director
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Opinión / Rubén Monasterios: Podría ser...

Mensaje por Director » 24 Sep 2018, 21:17

Es tan grotesco, que parece una burla de escarnio; alguien comentó que se trataba de un montaje insidioso; podría ser. El portal Huffpost es el único localizado que niega el acontecimiento; al haber sido admitido por numerosos medios hispanos y latinoamericanos se ha vuelto viral. Se trata de las recientes declaraciones de monseñor Francisco Javier Martínez (Madrid, 1947), Obispo de Granada (España) sobre la práctica del sexo oral; de acuerdo a la opinión del tonsurado, no es pecado en cuanto la esposa lo haga "cada vez que su marido se lo ordena"... "pensando en Jesús".

Francamente, la proposición es desconcertante, por decir lo menos. Me parece un poco difícil rezar mentalmente, digamos el Padre Nuestro, mientras se hace una felación o un cunilingüo. Me evoca el chiste de dos soldados ingleses que caen prisioneros de enemigos turcos, quienes según su costumbre proceden a sodomizarlos; uno se queja y maldice su destino; el otro intenta consolarlo: "¡Tómalo con calma, compañero! Sonríe y piensa en Inglaterra".
Verídica o falsa, podría ser, como suele decirse, tratándose de monseñor Martínez, sucesivamente involucrado en escándalos; alborotó la opinión pública con unas polémicas declaraciones opuestas al aborto en las que daba la impresión de culpabilizar a la mujer; su respaldo al libro "Cásate y sé sumisa" de la escritora italiana Costance Metiano, puso de manifiesto su recalcitrante conservadurismo virilista; fue condenado por el delito de coacción e injuria a un sacerdote subalterno, al que amenazó que "con látigo te enseñaré a obedecerme"; y como si todo eso fuera poco, se le identifica como una de las autoridades eclesiásticas que se han hecho la vista gorda ante casos de pedofilia sacerdotal, el conocido como grupo de los Romanones.
Reseñemos, en su beneficio, que monseñor Martínez no es ningún gañán de buenas a primeras convertido en obispo, ni un cura loco de los que a veces se encuentran por ahí; es un sacerdote con formación académica de muy alto nivel, profesor universitario y tan destacado en su oficio que fue designado obispo a los 37 años, siendo el más joven de tal estatus en España.
El dubitativo podría ser viene a lugar porque al lado de otros exabruptos verídicos de monseñor Martínez, se acumulan muchas otras declaraciones extravagantes de jerarcas, maniobras económicas y políticas non sanctas del todo y hasta comportamientos netamente delictivos propiciados, amparados o realizados con la aprobación a la sombra del Vaticano. Pasemos por alto los grandes escándalos, de sobra conocidos, y focalicemos la atención en algunas curiosidades, sin entrar en detalles. Un cardenal mexicano condena el sexo anal y fundamenta su postura recurriendo a evidencias médicas; alega que además de transmitir enfermedades, la práctica deteriora la anatomía del ano; en lo que no le falta razón, aunque sólo en casos de abuso, sea por exceso de jolgorio o por administracíón de instrumentos descomunales.

Otro prelado de la misma nacionalidad, declara estar dispuesto a sufrir el martirio de la cárcel antes que ceder a la presión a favor del matrimonio homosexual. En sentido totalmente contrario, un obispo colombiano afirmó urbi et orbi que el sexo anal no es pecado, y sugirió la posibilidad de que Jesús lo hubiera practicado con María Magdalena o que lo hubieran hecho los apóstoles entre sí; otro escritor sobre temas teológico reflexiona sobre una posible relación homosexual entre Jesús y el apóstol Juan.

Una corriente entre los teólogos católicos ha propuesto la hipótesis de que la destrucción de Sodoma y Gomorra no fue debida a la depravación sexual de sus habitantes, sino a la falta de caridad cristiana; de modo que el vocablo sodomización es incorrecto para llamar lo que denota.
Comparto las opiniones de los obispos: ni el sexo oral ni el anal, ni el nasal ni el auditivo ni ninguna otra forma de practicar el sexo, es pecado; en algunas variantes es desequilibrio mental, atentado contra los normas morales imperantes y delito. Jesús me interesa por su inmenso papel en la Historia, por sus ideas; su conducta sexual me tiene sin cuidado; y en lo concerniente a su supuesta práctica de la analidad, otra vez debo decir podría ser, porque en la época en que estuvo activo los valores y demás normas que regían este comportamiento eran muy diferentes a las institucionalizadas varios siglos más tarde.
La conclusión a la que llego a partir de esta enredada maraña de opiniones grotescas, suposiciones arbitrarias y hechos consumados tanto en lo político como en la vida íntima de sacerdotes, es que infortunadamente la Iglesia Católica está tan corrompida y desarticulada ideológicamente que sus autoridades exponen ideas que parecen propias de bobos o de locos.

Y lo lamento porque percibo que a partir de esos aconteceres cada día se desmorona más en cuanto a seriedad y credibilidad, siendo la única religión en prácticamente la mitad occidental del mundo, con potencial para contener otros credos arcaizantes, fundamentalistas, exclusivistas y represivos; y hasta más hipócritas en lo concerniente a la sexualidad.

En efecto, declaraciones ridículas, la abrumadora cantidad de casos de pedofilia homosexual entre sacerdotes, el encubrimiento sistemático de ellos, la participación del Vaticano en negocios sucios, el mirar al otro lado del sumo pontífice ante gobiernos dictatoriales y genocidas... han hecho que la Iglesia Católica pierda espacios.
Y la gente necesita de la religión para soportar esta existencia llena de ansiedades, incertidumbres, abismales desigualdades, manipulaciones de la conciencia colectiva, mortandades, indiferencia ante el dolor ajeno... En realidad, es escaso el sector social que se desentiende de la religión y recurre exclusivamente a sus valores morales para orientar su vida y comportarse decentemente.

El Hombre necesita creer en un Paraíso que alcanzará por sus bondades en la Tierra y en un Infierno al que será condenado por sus maldades; necesita creer en un santo que lo ayudará en circunstancias difíciles de su vida; en un Dios que de algún modo rige el destino de la humanidad y que castigará a los malvados. El poder necesita de la religión como punto de apoyo para someter a los creyentes.


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