Carta al Sr. Joseph Borrell

Opinión | diciembre 19, 2020 | 6:26 am.

2Respetado Sr. Borrell:

No pongo en duda sus buenos propósitos sobre Venezuela. Simplemente no creo que ellos apuntan en la dirección correcta. La crisis venezolana tiene veinte años de duración y ha costado no menos de 300.000 vidas de venezolanos de todas las edades y condición social, víctimas de un régimen autoritario, progresivamente transformado en asesino, represivo y cruel, En 2020 Venezuela tiene el índice de desarrollo humano más bajo de la región latinoamericana después de Guyana. En 1980 el país ocupaba la posición mundial 44, en 1995 la 66, en 2004 la 74, en 2018 la 96 y hoy la 113.

Esta tragedia se ha desarrollado frente a los ojos del mundo y ha sido documentada por todos los organismos internacionales. Venezuela es como una mujer abusada y golpeada en una calle pública por un monstruo, sin que los transeúntes, muchos de quienes recibieron sus favores y actos de generosidad, hayan intervenido para salvarla más allá de convencionales declaraciones de “preocupación”.

Hoy en día Venezuela muere a manos de un grupo de bárbaros civiles y militares, una pandilla que se dedica al narcotráfico, la extracción y venta ilegal de oro, al lavado de dinero y al contrabando internacional como fuentes principales de ingreso, luego de destruir completamente la industria petrolera que representaba la mayor fuente de ingresos para el país.

Su postura sobre la situación venezolana, Sr. Borrell, es de mucho peso en la esfera internacional en su condición de Alto Representante de la Unión Europea y su opinión es tomada como línea de acción preferida para el conjunto de naciones que integra esa Unión. Y ¿cuál es esa postura?

En diversos documentos y en su twitter usted ha dicho:

Josep Borrell [email protected]: «Only a political and democratic solution can offer way out of crisis in Venezuela and end humanitarian suffering. There is no alternative, but to engage with all parties and stakeholders to find such a solution. Es decir: Solamente una solución política y democrática puede ofrecer una solución a la crisis de Venezuela. No hay otra alternativa que involucrar a todos los grupos y afectados por la crisis en la búsqueda de esa solución”.

Usted considera una negociación con el régimen chavista como la única alternativa posible.

Aquí usted dice:

«Es absolutamente urgente encontrar una solución política a la crisis. Es cierto que a menudo recurrimos a la misma expresión («necesitamos una solución política») para hacer frente a cualquier crisis en política exterior y que puede sonar a “cliché”. Pero aquí es realmente cierto. Y refleja, de hecho, la opinión del pueblo venezolano. Según una encuesta reciente, el 59% de los entrevistados apoya el diálogo y las negociaciones pacíficas para salir de la crisis. Esto es exactamente en lo que he estado trabajando, con todos los actores relevantes, y en particular con los Estados miembros de la UE, y con nuestros socios latinoamericanos en el marco del Grupo de Contacto Internacional”.

Añade: «No puede haber una solución unilateral a la situación de Venezuela. La única forma de avanzar es a través de un proceso gradual y el diálogo, en lugar de esperar un solo evento catártico…. En ocasiones, en política internacional, hay que hablar en voz alta y tratar de imponerse. Sin embargo, la diplomacia consiste principalmente en actuar con discreción y diseñar estrategias a largo plazo.»

Y más recientemente, dice usted, ver aquí: «La normalidad política y económica» de Venezuela «solo se conseguirá a través de una negociación entre los venezolanos». La nota agrega: Borrell insta a «no cerrar los ojos a la realidad» de que la crisis política, humanitaria y económica del país solo «se resuelve volviendo a votar», y no con sanciones económicas ni con eventuales intervenciones militares extranjeras, de las que «afortunadamente» ya nadie habla”.

Su preferencia por un diálogo, una negociación entre las víctimas (el pueblo de Venezuela) y los victimarios (el régimen de Nicolás Maduro, heredero del régimen de Hugo Chávez Frías) no puede ser más clara. Más aun, en su concepto no solo es la preferida sino la única. Desecha las sanciones y una intervención militar, añadiendo que “afortunadamente ya nadie habla” de esa posibilidad. En su criterio, “afortunadamente” nadie con uniforme irá a salvar a la mujer agonizante de la golpiza y la muerte.

Añade usted, al comentar las elecciones fraudulentas del 6 de diciembre en Venezuela, evento que la Unión Europea no reconoce como válido: “Desgraciadamente, se ha avanzado en la desinstitucionalización en el país. Eso es malo para todos, también para la oposición, y hay que volver a plantear una negociación entre las partes en Venezuela”.

Con el debido respeto me permito hacerle los siguientes comentarios:

1. Su referencia a la “desinstitucionalización” en Venezuela como razón para regresar a la mesa de negociaciones con el régimen no es lógica. Para que ese proceso exista como resultado de las elecciones del 6 de diciembre, esas elecciones tendrían que haber sido legítimas. Pero en este caso la misma Unión Europea ha desconocido el evento por fraudulento, por lo cual sus resultados – cualesquiera que estos fueren – simplemente no existen Si ustedes no reconocen esas elecciones como válidas la Asamblea Nacional actual es la única que continua existiendo. Más aún, lo que ha sucedido el 6 de diciembre debe verse como una agresión abierta en contra del gobierno que la Unión Europea reconoce como válido. ¿Es que la respuesta de la Unión Europea debe ser un regreso a la mesa de negociación con los agresores? ¿O debería ser – al contrario – un endurecimiento de las sanciones y una intervención miliar multilateral? Pienso yo que lo segundo sería mucho más coherente con el reconocimiento que ustedes han hecho del gobierno de Juan Guaidó.

2. La negociación con el régimen criminal de Nicolás Maduro que usted promueve olvida que la política no puede ser solamente pragmática sino que debe tener una base ética, sin la cual el pragmatismo puro podría ganar batallas pero perder la guerra. Negociar con el régimen criminal, hacerle concesiones que serían inevitables en un escenario de toma y dame, representa una entrega de principios y de valores que equivaldría a barrer la basura debajo de la alfombra. Equivaldría a reconocer que el crimen sí paga, que la postura principista debe ceder a la postura expedita que eliminaría a Maduro pero dejaría esencialmente intacto el sistema perverso que está en la raíz de la tragedia venezolana.

Dada la magnitud del crimen cometido contra la Nación en Venezuela no es deseable hacer un Borrell y cuenta nueva, so pena de entregar el alma nacional.

Amigo,

Gustavo Coronel