El precio de la traición en la política

Opinión | septiembre 12, 2020 | 6:24 am.

Es ciertamente muy alto cuando el sujeto de la traición es el pueblo. Así ocurre en la República de Petrolandia. En ese país se orquestó un muy particular proceso de traición política continuada, desde el año 2015, en cabeza de la mayoría de su dirigencia demócrata, con precisión en sus diputados al parlamento nacional.

La particularidad de esa tratativa se fundamenta en la magnitud con la que el pueblo de la República de Petrolandia apoyó a todos y cada uno de los candidatos del movimiento demócrata de esa nación, de manera que para ese entonces reinaba una certidumbre popular sobre el logro de los objetivos planteados por dicho conglomerado político, en especial la restauración del orden constitucional.

Por increíble que parezca no fue así. Ha transcurrido casi todo el lapso fijado constitucionalmente para el ejercicio de esa legislatura, y los resultados no podían ser peores. Salvo brillantes excepciones, el sector demócrata de los diputados se ha caracterizado por un accionar ineficiente o en su defecto por la omisión inexcusable. Panorama del todo inaceptable tratándose de un genocidio en curso que ese Parlamento estaba llamado a detener.

Tal grado de inoperancia no podía sino llamar a la sospecha, y todos los indicios conducen a un mismo diagnóstico: Traición. El cártel de drogas dominante en la República de Petrolandia estuvo en capacidad y disposición de garantizarse el apoyo ¨extraoficial¨ de los diputados demócratas que le fueran necesarios para sostenerse en el poder, valiéndose para ello de todo el arsenal disuasivo del que cuenta un grupo delictivo organizado como lo es el socialismo en la República de Petrolandia, hipótesis esta que toma cada día una fuerza mayor.

Al tiempo presente ya inició el cobro del más alto precio a pagar en la actividad política: El descrédito. Es público, notorio y comunicacional en la República de Petrolandia, que basta con el simple anuncio de una propuesta cualquiera en boca de algún representante del sector político en cuestión, para recibir a cambio el seguro repudio colectivo y en el mejor de los casos el más ruidoso desdén. Ora y labora.

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