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Opinión | febrero 6, 2020 | 6:28 am.

1. Seduce mucho la idea de entender por qué las élites del país se entusiasmaron con Chávez y lo apoyaran en su gesta sangrienta. Pienso que hay tres órdenes de motivos que apenas esbozo en la fugacidad de estas líneas.

2. Un primer orden relativo a la coyuntura: Venezuela venía de experimentar “El Caracazo” que, fuese lo que fuese, era un acto de rebelión popular. No era, como algunos piensan, la maquinación de Fidel Castro sino un genuino acto de descontento, inmediatamente potenciado por los medios de comunicación y por la ultra-izquierda, siempre en la boca del caño por si acaso llegaba el día de la redención. A partir de este evento, el gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez tuvo plomo en el ala, a pesar del impresionante crecimiento económico que hubo entre 1990 y 1993, entre los mayores del planeta; a pesar de los programas sociales más avanzados en el continente para ese momento; y a pesar de las reformas políticas de alcance histórico.

3. Un segundo orden de motivos estuvo ligado a los cambios estructurales que CAP promovió y que provocaron la reacción del establecimiento político y empresarial. La liberalización de la economía, la devolución a la sociedad de las garantías económicas suspendidas desde 1961, la privatización, el cese del control de cambios, fueron temas vistos por algunos empresarios como negativos porque obligaban a una competencia en términos internacionales al cesar o reducirse dramáticamente las políticas proteccionistas. Y los que estaban de acuerdo no tuvieron el coraje cívico –salvo excepciones- de defender esas políticas. En el campo institucional la descentralización, con la elección popular de gobernadores y alcaldes, la reforma de los partidos y la revisión de los mecanismos de financiamiento de la política, suscitó una reacción airada, especialmente del aparato de Acción Democrática; partido que se sentía sin suficiente participación el gobierno y que, con la elección de gobernadores y alcaldes perdió la mayoría de esos espacios, frente a Copei, el MAS y La Causa R.

4. El tercer orden de motivos de mayor calado histórico es lo que el presidente Pérez llamó “la rebelión de los náufragos”, expresión que consagró Mirtha Rivero en el libro de ese título. El país no había saldado la disputa entre el gomecismo y sus herederos náufragos simbolizados por Uslar Pietri y José Vicente Rangel, por una parte, y la democracia recién nacida en 1945 y renacida en 1958, encarnada sobre todo por AD. Esa disputa se finiquitó en 1999 a favor del gomecismo, en ese momento representado por Chávez.

5. Lo insólito de esta historia es que la dirección de Acción Democrática de entonces se haya colocado al lado de sus enemigos históricos para derribar a CAP. La ironía es que los derrocados de 1945 utilizaran en la década de los 90 a los que los derrocaron, los adecos para derrocar a un… adeco.