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	<title>Noticiero Digital &#187; Alberto Rodríguez Barrera</title>
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		<title>Por la defensa de la libertad</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Feb 2012 12:19:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Rodríguez Barrera</dc:creator>
				<category><![CDATA[opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Rodríguez Barrera]]></category>

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		<description><![CDATA[“Porque en algunos Estados el pueblo no es reconocido ni tienen asamblea regular, sólo extraordinarias; y se distribuyen trajes&#8230;” Aristóteles Fue Hegel quien acuñó el término “libertad terrorista”, y a veces se le aplicó a las conclusiones sartreanas de L’Etre et le néant: a) que jamás lograremos, en nuestras relaciones con otra gente, el reconocimiento [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>“Porque en  algunos Estados el pueblo no es reconocido ni tienen asamblea regular,  sólo extraordinarias; y se distribuyen trajes&#8230;” Aristóteles</em></p>
<p>Fue Hegel quien acuñó el término “libertad terrorista”, y a veces se le  aplicó a las conclusiones sartreanas de L’Etre et le néant: a) que jamás  lograremos, en nuestras relaciones con otra gente, el reconocimiento  mutuo de la libertad de cada cual; b) que el principio kantiano de  tratar a las otras personas como fines es insostenible; y c) que la  esencia de las relaciones entre seres conscientes no es sólo el Mitsein  (compañerismo, comunidad, mutualidad) sino el conflicto. Pero en  L’Existentialisme est un humanisme, Sartre opina lo contrario: podemos y  debemos respetar la libertad de otros; “No puedo hacer de mi propia  libertad mi finalidad a menos que haga de la libertad de otros mi  finalidad”.</p>
<p style="text-align: right;"><a href="http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=840220" target="_blank"><strong>opinan los foristas</strong></a></p>
<p><span id="more-76695"></span>En el mismo argumento introduce la noción de comunidad que había  rechazado previamente. Aquí Sartre trata de explicar la visión de que la  libertad es el fundamento de todos los valores, lo cual –simplemente-  significa: “que las acciones de los hombres de buena fe tienen, como su  sentido final, la búsqueda de la libertad misma como tal. Un hombre que  pertenece a alguna sociedad comunista o revolucionaria desea ciertos  fines concretos, que implican el deseo por la libertad, pero que la  libertad es deseada en comunidad. Deseamos la libertad por la libertad  misma, en y a través de circunstancias particulares. Y al así desear la  libertad, descubrimos que ella depende enteramente de la libertad de los  otros, y que la libertad de los otros depende de nuestra propia  libertad”.</p>
<p>El socialista pensante que era Sartre (contrastando con los  “socialistas” no pensantes del chavismo) ligaba este punto de la  interdependencia de la libertad con compromiso: “una vez que hay  compromiso estoy obligado a desear la libertad de los otros al mismo  tiempo que la mía”. Porque cuando un hombre escoge la libertad para sí  mismo, la escoge para todos los hombres, ya que el propio acto de elegir  y preferir confiere valor a algo; y al así crear valor, el hombre actúa  en presencia de todos, como responsable ante todos.</p>
<p>El autoengaño del chavismo causa angustia, abandono y desesperación  porque no elige la libertad como un compromiso de todos, y a través de  “controles” quieren decidir por todos, obviando el significado profundo y  concreto de su responsabilidad. Así es que disfrazan su angustia o se  alejan de ella, sin comprometerse con nada ni con nadie excepto con  ellos mismos.</p>
<p>La contradicción que está en el centro de L’Etre et le néant es que  trata de sostener al mismo tiempo que los hombres son completamente  libres y también que las relaciones con otros deben tomar una o dos  formas muy limitadas y definidas. Y esto es muy ilógico. Porque si la  teoría sartreana de las relaciones humanas es cierta, el hombre no puede  ser enteramente libre; si fuera cierta no habría espacio para la  conversión, “radical” o de cualquier tipo.</p>
<p>Sin embargo, Sartre buscó la conversión, primero hacia la literatura y  las relaciones personales para entrar en la esfera general de la  política y la sociología. Dejó luego de escribir novelas y acentuó su  producción de obras de teatro, cuyo trabajo se diferencia del novelista.  El novelista se concentra en el análisis y la interioridad de la  experiencia humana; habla como un hombre a un lector. El método del  dramaturgo es dialéctico en vez de analítico. El dramaturgo se dirige a  una especie de asamblea pública, su audiencia. La audiencia debe poner  su propia interioridad en lo que ve y oye; es además un medio más  efectivo para la expresión de ideas políticas; y aquí Sartre acuñó el  término “literatura comprometida”, implicando el postulado existencial  de que cada hombre es el creador de sus valores morales. Obviamente, el  término significaba también “comprometida con el socialismo”, como si  otro tipo de compromiso no pudiera ser genuino.</p>
<p>En la propia intensidad de su socialismo, Sartre reconoció su évasion,  alejándose  de las contradicciones de su análisis de las relaciones  personales hacia una filosofía que no cuenta con los individuos sino con  las masas. Sartre se fue haciendo más y más marxista con el tiempo,  pero su existencialismo permaneció, no como un “nihilismo burgués” -como  afirmó el marxista Lukács- sino en su afirmación de que el escritor  debe ser libre para decir lo que desea y para un público que también  debe ser libre para cambiar su estructura:</p>
<p>“Así en una sociedad sin clases, sin dictaduras y sin estabilidad, la  literatura terminaría haciéndose consciente de sí misma; entendería que  forma y contenido, público y sujeto, son idénticos; que la libertad  formal de decir y la libertad material de hacer se completan a sí  mismas; que mejor manifiesta la subjetividad de la persona cuando  traduce las más profundas necesidades colectivas y –recíprocamente- su  función de expresar lo concreto universal a la concreto universal, y que  su fin es apelar a la libertad de los hombres para que puedan realizar y  mantener el reino de la libertad humana.”</p>
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		<title>Por la retractación necesaria del chavismo</title>
		<link>http://www.noticierodigital.com/2012/02/por-la-retractacion-necesaria-del-chavismo/</link>
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		<pubDate>Sat, 04 Feb 2012 15:17:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Rodríguez Barrera</dc:creator>
				<category><![CDATA[el mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Rodríguez Barrera]]></category>

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		<description><![CDATA[“La virtud de todos los ciudadanos no es posible que sea la misma, ni la excelencia del líder del coro es la misma que la del intérprete que está a su lado.” Aristóteles En El Pequeño Organon para el Teatro, escrito en 1948, Bertolt Brecht recuerda deliberadamente sus obras tempranas, afectadas por el comunismo, para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong></strong><strong>“La virtud de  todos los ciudadanos no es posible que sea la misma, ni la excelencia  del líder del coro es la misma que la del intérprete que está a su  lado.”</strong> <em>Aristóteles</em></p>
<p>En El Pequeño Organon para el Teatro, escrito en 1948, Bertolt Brecht  recuerda deliberadamente sus obras tempranas, afectadas por el  comunismo, para rechazarlas. En ese tiempo dice,  “&#8230; amenacé con ‘hacer de un medio de entretenimiento una lección para  ser enseñada, y transformar ciertas instituciones de lugares de  entretenimiento en órganos de publicidad’, de emigrar de los reinos del  placer&#8230; Retractémonos ahora, sin duda para el arrepentimiento general,  de nuestra intención de emigrar de los reinos del placer y anunciar,  sin duda para un arrepentimiento general mayor, nuestra intención de  poner orden  en esos reinos. Tratemos al teatro como un lugar de  entretenimiento, como debería hacer la verdadera estética, y averigüemos  qué tipo de entretenimiento nos agrada”.</p>
<p style="text-align: right;"><a href="http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=837896" target="_blank"><strong>opinan los foristas</strong></a></p>
<p style="text-align: right;"><span id="more-75294"></span></p>
<p>La capacidad de retractarse es algo que más coherentemente llega a  quienes tienen suficiente talento y creencia continuada hacia su  creatividad, como es el caso con Brecht, y de ninguna manera con el  chavismo, como se demuestra en el hecho de transformar a todas las  instituciones públicas en órganos de publicidad, afectándolas con un  fanatismo comunista que ya para 1948 Brecht consideró necesario  rectificar.</p>
<p>Para este Brecht, en El Pequeño Organon donde exalta y renueva sus  teorías, el teatro no debía ser moralizador ni didáctico, era meramente  algo para desprenderse de los modelos clásicos que habían servido a  otras épocas, y que debía producir un entretenimiento adaptado a nuestra  propia época.</p>
<p>En otras palabras, Brecht reconocía ahora que el teatro debía ser  científico en el ánimo, que fuera comunista en el ánimo, ya que el  comunismo representaba para él la manera científica de mirar al  universo. Y es en este punto de su manifiesto que Brecht incurre en  cierta cantidad de contradicciones. Por una parte, continuó enfatizando  la función del teatro como una contribución a la lucha política, y la  pomposidad de su lenguaje, encontrada a menudo en sus escritos  explícitamente marxistas, es significativa en sí misma: “Necesitamos un  teatro que no sólo haga posible las emociones, las penetraciones y los  impulsos permitidos por el relevante campo de las relaciones humanas en  que ocurren las acciones, sino uno que produzca pensamientos y  sentimientos que en sí mismos tienen un papel para alterar el campo”.  Aquí, Brecht está claramente pensando en el efecto de distanciamiento en  términos de sus obras propagandistas  de principios de 1930s.</p>
<p>Hacia el final del mismo ensayo, sin embargo, Brecht adopta otro punto  de vista, que está más en armonía con el espíritu de muchas de sus obras  posteriores: “La sociedad puede derivar disfrute hasta de lo asocial,  en tanto que despliegue vitalidad y grandeza&#8230;Hasta un río que se ha  salido catastróficamente de su curso puede ser disfrutado libremente por  la sociedad en toda su gloria si la sociedad es capaz de dominarlo:  porque entonces pertenece a la sociedad”. Ya aquí están los signos de  una actitud estética, porque todo lo que es “asocial” debe ser dominado,  sus cualidades son apreciadas.</p>
<p>Esta tendencia se vuelve evidente más adelante. No se trata de retratar  éxitos o fracasos, continúa Brecht: todos los intentos de rehacer la  sociedad nos dan “un sentimiento de triunfo y confianza y nos proveen de  placeres por las posibilidades de cambio en todas las cosas”.</p>
<p>Aquí el criterio no es el bien de la sociedad, ni el fin último la  sociedad sin clases; es el entusiasmo contemplativo, el cambio por sí  mismo; aquí casi que no importa la naturaleza del cambio. Brecht da la  bienvenida a la pura dinámica del flujo de la vida, por encima de sus  obras propagandistas; altera el efecto de distanciamiento. Si algo se ha  de derivar del teatro, es derivable por el individuo en vez de por la  sociedad, y en términos de placer en vez de ganancias. El teatro “ni  siquiera debe enseñar, en todo caso nada más útil que cómo conducirse  uno mismo placenteramente, tanto en sentido físico como intelectual”.</p>
<p>El papel del teatro, según el Brecht maduro, debe ser algo “enteramente  superfluo”, y el propósito de vivir es disfrutar de lo superfluo por  sobre todo lo demás; sin duda, no hay nada comparado al placer derivado  de las presentaciones artísticas; en la obra de teatro, el trabajador  puede estudiar a distancia el caleidoscopio de cambios de la vida, y el  ideal de un propósito subrayando estos cambios debe ser abandonado.</p>
<p>De tal manera, hasta en la teoría teatral brechtiana se encuentran  fundamentos que se contradicen y rechazan lo que el chavismo en su  delirio improvisador trata de imponer a rajatabla.</p>
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		<title>Una pequeña vista al infierno</title>
		<link>http://www.noticierodigital.com/2012/01/una-pequena-vista-al-infierno/</link>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 12:25:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Rodríguez Barrera</dc:creator>
				<category><![CDATA[opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Rodríguez Barrera]]></category>

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		<description><![CDATA[La muerte cierra su cuenta “Pero el ciudadano que buscamos definir es un ciudadano en el más estricto sentido, contra quien no puede tomarse ninguna excepción, y su característica especial es que comparte en la administración de justicia, y en cargos.” Aristóteles opinan los foristas Estando como estamos, en la definición de “las relaciones concretas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La muerte cierra su cuenta</strong></p>
<p><em>“Pero el ciudadano que buscamos definir es un ciudadano en el más estricto sentido, contra quien no puede tomarse ninguna excepción, y su característica especial es que comparte en la administración de justicia, y en cargos.”</em><strong> Aristóteles</strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong><a href="http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=835994" target="_blank"> opinan los foristas</a></strong><span id="more-73785"></span></p>
<p>Estando como estamos, en la definición de “las relaciones concretas entre la gente”, según las guías filosóficas expuestas en L’Etre et le néant, Sartre dio una formulación dramática de ello en su segunda obra de teatro Huis clos, estrenada en 1944 después de la Liberación, donde hace un uso efectivo de los mitos de la religión que rechaza.</p>
<p>La obra está ubicada en el Infierno, pero es un tipo de infierno inesperado (como a veces parece el chavismo). Toma la forma de una habitación sin ventanas ni espejos, con tres sofás, uno para cada uno de los tres personajes de la obra: Garcin, Inés y Estelle. Todos saben que han llegado al infierno, pero cada uno al entrar se sorprende por la ausencia de los fuegos proverbiales e instrumentos de tortura; al final descubrirán la verdad: son sus propios atormentadores; cada quien tortura a los otros.</p>
<p>Garcin y Estelle son cobardes e hipócritas; y es Inés quien los obligará a admitirlo. Garcin es el primero en llegar, y cuando Inés entra (cual alcaldesa o magistrada recia) le pregunta por qué se ve tan asustado. Él responde fríamente que no está asustado, y le sugiere que deberían ser corteses, ya que están ahí obligados a hacerse compañía. Inés, una brusca lesbiana, le asegura que ella no es una mujer cortés. Estelle, después de entrar, comparte con Garcin el deseo de suavizar la tensión por medio del comportamiento civilizado. Sospechamos que si Inés no estuviera, éstos dos se llevarían muy bien.</p>
<p>Los tres intercambian mentiras sobre las circunstancias que los trajeron al infierno. Garcin (cual alumno de la escuela del chavismo) dice que es un pacifista que fue asesinado por sus puntos de vista; Estelle, joven y bonita, dice que se casó con un viejo para conseguir dinero para su familia y que luego cometió adulterio con el hombre que amaba. Inés se ríe de ambas historias: ¿cómo pudieron llegar al infierno si uno es un héroe y ella una santa? ¿Por qué no decir la verdad?</p>
<p>Garcin confiesa primero: ha sido cruel con su esposa durante cinco años: trajo amantes negras a su casa y había hecho que su esposa les sirviera el desayuno en su cama. Inés confiesa que convenció a una mujer para que dejara a su marido y viviera con ella, luego hizo que la mujer se sintiera tan culpable que abrió el gas, muriendo ella e Inés. Estelle confiesa que llevó a su amante al suicidio después de matar a su bebé. Así, los tres quedan “desnudos”.</p>
<p>Garcin propone que deberían tratar de ayudarse, pero Inés lo rechaza: no tiene necesidad de ayuda. Estelle es más amistosa, hasta está dispuesta a entregarse a él. Pero Garcin no está contento con la buena opinión que de él tiene Estelle; también quiere la buena opinión de Inés; quiere la buena opinión de todo el mundo (como el jefe del chavismo). Entonces surge el por qué está maldito; no es por crueldad con su mujer sino por cobardía: trató de huir de la guerra, fue atrapado y murió como un cobarde. Esto le preocupa. Le pregunta a Estelle: “¿Me amas?”, y Estelle responde: “¿Crees que puedo amar a un cobarde?”</p>
<p>Garcin golpea la puerta para salir, pero cuando la puerta se abre, no se va. Le da la espalda a Inés; no quiere irse sin haber convencido a Inés de que no es un cobarde, y le pregunta: “¿Es posible ser un cobarde cuando he elegido la más peligrosa forma de vida?” Inés dice: “Tú sueñas con actos heroicos, pero en el momento de peligro, huyes”. Garcin dice que no soñó con el heroísmo, lo eligió. Inés pide pruebas: “Sólo los hechos muestran lo que un hombre se empeña en hacer”. Garcin responde: “Morí muy pronto. No tuve tiempo&#8230;” Inés: “Uno siempre muere muy pronto, o muy tarde. Y ahora tu vida acabó. Es tiempo de rendir cuentas. Tú eres nada más que tu vida”.</p>
<p>Garcin está furioso con Inés; Estelle, ya odiando también a Inés, sugiere que él tome venganza haciéndole a ella el amor, frente a los ojos de Inés. Garcin acaricia a Estelle, pero no logra escapar de la mirada despectiva de Inés, quien le grita: “¡Cobarde, cobarde!” Estelle apuñala a Inés, pero no la mata, porque ya está muerta. Y así termina la obra, con los tres comprendiendo que están condenados a su propia compañía hasta la eternidad. Garcin ya ha hecho el descubrimiento: “El infierno es la otra gente”.</p>
<p>Esta obra se disfruta más completamente a la luz de L’Etre et le néant, ya que varias de sus ideas son puestas en boca de Inés: tan maldita como los otros, cruel, ruda y sin encantos, pero sin ser hipócrita; de honestidad agresiva en su efectiva amargura. Estelle tortura a Garcin sólo con estar ahí; ambos persiguen una relación de amor imposible, arruinado por la presencia de una tercera persona. Garcin, en su mala fe, invoca la falsedad (como Sartre la ve, y como el chavismo la aplica), un esencialismo cobarde. El papel de Inés es enseñar el doloroso mensaje existencialista de que el hombres es lo que hace, y no más.</p>
<p>Garcin es cobarde porque sus actos son cobardes. A veces se olvida, para captar la fuerza de la obra, que todos estos personajes están muertos; ya no son seres libres; sus vidas han terminado; no tienen futuro; y ya no tienen más proyectos. Están malditos porque la posibilidad de salvación ya no está abierta para ellos. Garcin ya no puede ser valiente; la muerte ha cerrado la cuenta.</p>
<p>Sartre, al colocar a Huis clos en el infierno, no acude a un dispositivo teatral: está ahí porque uno de los temas centrales es la maldición y explora otro lado de la salvación, también estructurado en La Nausée y Les Mouches. Huis clos es una pequeña obra maestra de la literatura dramática, densa, rica, bellamente construida, que pide ser representada en un theatre de poche.</p>
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		<title>El conflicto como salida del chavismo</title>
		<link>http://www.noticierodigital.com/2012/01/el-conflicto-como-salida-del-chavismo/</link>
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		<pubDate>Sat, 21 Jan 2012 14:27:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Rodríguez Barrera</dc:creator>
				<category><![CDATA[opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Rodríguez Barrera]]></category>

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		<description><![CDATA[“Mientras estaban en guerra, por lo tanto, su poder fue preservado, pero cuando obtuvieron el imperio cayeron, porque de las artes de la paz no sabían nada, y nunca se habían comprometido con un empleo superior a la guerra.” Aristóteles Si el ser para uno mismo ya es complicado, el ser para otros puede llegar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong></strong><strong>“Mientras  estaban en guerra, por lo tanto, su poder fue preservado, pero cuando  obtuvieron el imperio cayeron, porque de las artes de la paz no sabían  nada, y nunca se habían comprometido con un empleo superior a la  guerra.”</strong> <em>Aristóteles</em></p>
<p>Si el ser para uno mismo ya es complicado, el ser para otros puede  llegar a ser una profesión: “existir para ser percibido”, como objeto  para otra gente. Dice el filósofo: la consciencia propia existe para  otros, y eso permite que existamos nosotros. Hegel dijo que “el camino  hacia la interioridad pasa a través del Otro”. Sartre a su vez dijo que  “el valor del reconocimiento del otro de mí depende de mi reconocimiento  del otro”; la mirada de otra persona me vuelve un objeto, me  “solidifica”, me da “carácter”. Y también quita la libertad.</p>
<p style="text-align: right;"><a href="http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=833939" target="_blank"><strong>opinan los foristas</strong></a></p>
<p style="text-align: right;"><span id="more-72382"></span></p>
<p>La otra persona es una consciencia que mira, e incluye juicios y  evaluaciones.  Un juicio “es el acto trascendental de una persona  libre”. El hecho de ser visto me hace un ser sin defensas contra una  libertad que no es unilateral; el ser visto por otra persona nos hace  esclavos; mirar a otra persona nos hace amos; y soy un amo cuando hago  que el otro dependa para ser en mi libertad.</p>
<p>Sartre lanza la opinión extrema y sombría de que todas las relaciones  concretas entre la gente son formas de conflicto y lucha; y que es la  vergüenza lo que nos prueba la existencia de otra gente; porque en  vergüenza yo “reconozco lo que soy”. Aquí no se trata de perder la  libertad para ser una cosa (como quiere el chavismo), sino de atribuirse  un ser que se es para Otro. ¿Qué se hace ante esta situación?</p>
<p>Sartre ve dos líneas de conducta: tratar de hacernos una especie de  objeto en los ojos del otro de lo que deseamos ser; o podemos tratar de  quitar la libertad del otro. Ambas son formas de conflicto: la primera  encuentra su expresión extrema en el masoquismo, la segunda en el  sadismo.</p>
<p>Si uno es lo que es porque otra persona me ve así, pienso que no quiero  deberle mi ser de esa manera a otro; quiero que sea mío. ¿Cómo hacer  esto? Una es absorber la libertad de la otra persona, dejando la  libertad libre. Sartre llamó a esto “seducción”. El seductor, posando  como un objeto, trata de capturar la subjetividad del otro,  transformándose en objeto “fascinante”, con lenguaje fascinante; pero el  lenguaje es un dispositivo incapaz de realizar tales fines; porque el  lenguaje necesita ser entendido; es algo que el Otro debe interpretar en  su propia realidad.</p>
<p>Por razones como ésta es que Sartre describía el amor como algo  imposible de realizar: para que yo te ame hay que tratar de hacer que me  ames, y viceversa; ambos somos confrontados por un infinito regreso;  rechazamos prolongados ensayos de seducción mutua, pero estamos  destinados a la frustración eterna, a veces ayudado por la aparición de  un tercero.</p>
<p>Si el amor es una empresa imposible (como el chavismo lo inspira),  aparece la desesperación del masoquismo, que también falla; es una  presunción de culpa, consentir mi absoluta alienación; proporcionamos la  ocasión para que el Otro sea culpable; mientras más trata el masoquismo  de saborear su objetividad, más se sumerge en su subjetividad; hasta el  hombre que le paga a una mujer para que lo azote la trata como un  instrumento. Sartre une amor y masoquismo como intentos para asimilar la  libertad del Otro.</p>
<p>El deseo de cambiar puede intentar la indiferencia, una especie de  “ceguera”. Muy inadecuada; sustentable mientras dure la mala fe; es  ignorar lo que el Otro es; es un sentimiento de perpetua carencia y  malestar, que indudablemente está ahí, como quien cierra los ojos; se  pierde la necesidad de ser libre; ver sin ver; traición de uno mismo. De  la indiferencia se pasa al deseo; voltear hacia el Otro y “utilizarlo  como instrumento para tocar la libertad”; es como la sexualidad: una  “necesaria estructura del ser”; no es placer, es deseo de un objetivo  trascendente, consciencia que le da sentido al cuerpo. Pero para Sartre  –socialista complejo- el deseo, el amor, el masoquismo y la indiferencia  están destinados al fracaso.</p>
<p>El sadismo y el odio (aspectos de chavismo) representan la apropiación y  la violencia; su idea de poder es capturar a la libertad, suprimirla;  aquí la libertad se les escapa; se alienan por la libertad del otro; el  odio busca la extinción del Otro, cosa que no es posible, ya que nunca  dejará de existir&#8230; Pero Sartre coge aire a ratos, como cuando afirma  que “el reconocimiento de la libertad del Otro involucra el  reconocimiento del Otro de nuestra propia libertad”. Pero ese aire  parece cambiar cuando se le sale el chavista oculto y   dice que “el  respeto por la libertad del Otro es una palabra vacía&#8230;”</p>
<p>Para Sartre hay algunas experiencias concretas en que descubrimos que no  estamos en contra de otros, sino en comunidad con ellos: la experiencia  de Mitsen o compañerismo. Pero tales sentimientos son despedidos por él  como puramente psicológicos o subjetivos; porque no revelan nada sobre  el ser como tal. Es totalmente inútil, concluye, que el hombre trate de  escapar de su dilema: “Uno debe trascender al Otro o permitir que uno  mismo sea trascendido por él. La esencia de las relaciones ntre las  consciencias no es el Mitsen; es el conflicto”.</p>
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		<title>Como Chávez ahí, con náusea y lengua de ciempiés</title>
		<link>http://www.noticierodigital.com/2012/01/como-chavez-ahi-con-nausea-y-lengua-de-ciempies/</link>
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		<pubDate>Sat, 14 Jan 2012 12:23:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Rodríguez Barrera</dc:creator>
				<category><![CDATA[opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Rodríguez Barrera]]></category>

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		<description><![CDATA[“Pero la ambición y la avaricia, casi más que cualquiera de las otras pasiones, son los motivos del crimen.” Aristóteles Aunque provenía de una familia de modestos recursos, había viajado ampliamente, hacía lo que quería y dormía donde eligiera. Pero no era realmente libre, era como una burla a la libertad, porque no se comprometía, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>“Pero la ambición y la avaricia, casi más que cualquiera de las otras pasiones, son los motivos del crimen.” </em><strong>Aristóteles</strong></p>
<p>Aunque provenía de  una familia de modestos recursos, había viajado ampliamente, hacía lo  que quería y dormía donde eligiera. Pero no era realmente libre, era  como una burla a la libertad, porque no se comprometía, como si huyera  de la libertad. No era feliz. Tenía melancolía. Vivía apartado. Había  tenido una amante, que lo había dejado, y su vida sexual era limitada.  Sus días eran de aburrida depresión, con intermitentes espasmos de  náusea, vértigo, ansiedad, tensión nerviosa. Al mirarse al espejo no  entendía nada de su cara: “las caras de otros tienen algún sentido,  alguna dirección. La mía no.” No tenía amigos. Pero su problema no era  la “soledad”; era la “alienación” con la realidad misma.</p>
<p style="text-align: right;"><a href="http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=831939" target="_blank"><strong>opinan los foristas</strong></a></p>
<p><span id="more-70987"></span>Tenía consciencia del mundo exterior, lo sentía en sus nervios, lo  enfermaba con náusea, pero no los objetos particulares, ya que le  gustaba tocar cosas que disgustaban a otra gente, como papeles sucios,  “quizás con excrementos”. Aunque le gustaba, ya no parecía capaz de  hacer lo que quería; sentía que la libertad se le escapaba. El mundo  exterior se le hacía más y más insoportable; creía que los objetos no  deberían tocarlo, pero los siente tocándolos “como si estuvieran vivos”,  como si fueran “bestias vivientes”. La náusea se hacía crónica: “&#8230;la  náusea está dentro de mí. Yo soy quien está dentro de ella”. Y también  la gente le parecía superflua, como los objetos, lo estorbaban, como él  mismo se estorbaba.</p>
<p>La palabra “absurdo” se iba formando en su mente, pero él quiere  controlar las cosas. Y cuando ve una negrura en la raíz de un árbol cree  que es “una herida o una secreción”, un “olor”, como fibra masticada;  siente un “horrible éxtasis”; entiende lo que la náusea significa, lo  que es la existencia. La llama contingencia, porque “no puede  definir  la existencia como necesidad. Existir es simplemente estar ahí”.</p>
<p>¿De qué se trata todo esto? De que el descubrimiento de las layes de  la ciencia o de la naturaleza no son leyes de acero; el futuro no tiene  que ser como el pasado; en la naturaleza hay regularidades, pero no hay  nexos entre causas y efectos; las leyes de la ciencia no son  analíticamente ciertas, como las leyes de las matemáticas y de la  lógica, que son uniformidades estadísticas; porque son contingentes, a  veces equivocadas y que deben ser revisadas.</p>
<p>Por supuesto, no es para excitarse hasta un “horrible éxtasis”. Pero  para que exista un nihilismo tal, la metafísica es de vida o muerte. En  un universo de leyes contingentes, el hombre no tiene seguridad. Y se  dice: “Si esto es así, mi lengua puede transformarse en un ciempiés”,  porque se le da paso a una imaginación ansiosa, inquieta, donde todo es  “posible” en un universo que no es gobernado por leyes necesarias, que  se mueve de manera comprensiblemente uniforme, donde las leyes  científicas son sólo probables, aunque confiables, y resulta fantástico y  patológicamente mórbido que la lengua de uno se vuelva un ciempiés.</p>
<p>Para nuestro personaje resulta aterrorizante vivir con un sistema  rígido y predecible, que se mueva con leyes inexorables. Así, con un  universo impredecible, del susto pasa a la náusea, y aprende nuevas  verdades. Si el mundo es contingente, también es libre, porque la  contingencia es en sí misma el único absoluto, es “el regalo gratis  perfecto”. Y se dice: “Todo es gratis, este parque, la ciudad, yo  mismo”. Por lo tanto, la libertad se encuentra huyendo del compromiso,  ya está ahí, en el universo, en su propio ser consciente.</p>
<p>Si un hombre es libre, lo que sigue es que es responsable de todo. No  es una tuerca en una máquina, una criatura del destino, una marioneta o  un robot. El hombre es lo que haga de sí mismo. El solo responde por lo  que haga de sí mismo. Y la responsabilidad trae consigo el tormento  mayor de la culpa. Más cuando se engaña a sí mismo. No quiere sentirse  culpable, pero al evitar responsabilidades puede escapar de la  inquietud. Porque no hay manera de escapar de la propia responsabilidad;  es parte de la naturaleza de las cosas, una necesaria consecuencia del  ser libre del hombre. El autoengaño es muy común, y más cuando se  acompaña de la mala fe.</p>
<p>“Ninguna razón para vivir” es otra manera de poner el problema de  nuestro personaje. El mundo no le ha dado nada por lo cual vivir. Ni  siquiera ha preguntado por alguna razón. Escribe un libro y sobre un  personaje dice: “era mi compañero; él me necesitaba para poder existir y  yo lo necesitaba para sentir mi existencia. Yo proporcionaba el  material crudo, el material que tenía que revender, con el que yo no  sabía qué hacer: la existencia, mi existencia”.</p>
<p>Y así termina La Náusea, novela donde Sartre relata en primera persona  la vida de Antoine Roquentin, cuya conversión finalmente es hacia la  literatura, escribir un libro: “Naturalmente, el principio sería un  trabajo problemático, cansón; que no me evitaría existir o sentir que yo  existo. Pero llegaría el momento cuando el libro estaría escrito,  cuando quedaría detrás de mí, y creo que un poquito de su claridad  podría caer sobre mi propio pasado. Entonces, quizás, debido a él,  podría recordar mi vida sin repugnancia”.</p>
<p>La Náusea es una novela de filósofo, donde se expone lo que siente  Roquentin en una crisis de su vida. La moraleja de la obra es que cada  quien debe encontrar su propia razón para vivir. En esta etapa de su  vida, Sartre pensaba en términos de salvación a través del arte. Su  ataque a la vida no comprometida está totalmente montado en esta novela;  y su concepto de compromiso aun no está dado en contenido  específicamente político. Es una novela existencialista y por ninguna  parte se reconoce como la obra de un socialista.</p>
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		<title>Tragedia al otro lado de la desesperación</title>
		<link>http://www.noticierodigital.com/2012/01/tragedia-al-otro-lado-de-la-desesperacion/</link>
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		<pubDate>Sat, 07 Jan 2012 12:21:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Rodríguez Barrera</dc:creator>
				<category><![CDATA[opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Rodríguez Barrera]]></category>

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		<description><![CDATA[(de cuando la libertad es rodeada por moscas) Los hombres tienen libertad para decir que no son juguetes de los Dioses, o de cualquier otro poder fuera de ellos mismos. Son absolutamente libres, independientes, desconectados, aislados, “por su propia cuenta”. El futuro está enteramente abierto. Si hubiera un Dios que lo ordenara todo, o hasta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>(de cuando la libertad es rodeada por moscas)</strong></p>
<p><em> Los hombres tienen libertad para decir que no son juguetes de los Dioses, o de cualquier otro poder fuera de ellos mismos. Son absolutamente libres, independientes, desconectados, aislados, “por su propia cuenta”. El futuro está enteramente abierto. Si hubiera un Dios que lo ordenara todo, o hasta un Dios que lo conociera todo, el futuro tendría que ser como Dios lo ha previsto. Así es que la no existencia de una deidad omnisciente omnipotente es una condición lógicamente necesaria para la total libertad del hombre&#8230; Orestes dice: “Tú eres un Dios y yo soy libre. Estamos igualmente solos, y nuestra angustia es la misma”&#8230;”</em></p>
<p><em> “El resultado evidencia la naturaleza fallida de las leyes respecto a la propiedad;</em></p>
<p><em>porque la sociedad se hundió bajo una sola derrota; el deseo de los hombres fue su ruina.”</em></p>
<p><strong>Aristóteles</strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong><a href="http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=829954" target="_blank">opinan los foristas</a><br />
</strong></p>
<p><span id="more-69465"></span></p>
<p>Las leyes de los “corazones rojos” deben ser rigurosas e infalibles para dominar a la gente, pero creen tanto en la libertad humana como los científicos creen en un milagro: nada. El interés propio guía su ética utilitaria, y promueven tácticas psicológicas determinadas sólo para una audiencia determinada. Entre ellos no hay cabida para la extraña opacidad del mundo, sino una disolvencia hacia impresiones lamentablemente subjetivas que puedan ser fácilmente digeribles.</p>
<p>La apelación a una libertad de catarsis, de acuerdo con Jean Paul Sartre, es igual a la que los críticos marxistas de la burguesía sostenían en sí mismos en cuanto al determinismo. Controlar al mundo tenía una manera: entender la naturaleza determinista. Sartre –como escritor y filósofo- fue un teórico excepcional de la izquierda que rechazó el determinismo por ser filosofía burguesa. La posición de Sartre estaba dirigida en contra de cualquier teoría que negara la libertad humana; creía que era una condición necesaria de algunas formas del arte, y con certeza de la literatura imaginativa. En su obra la libertad es una carga para la humanidad que requiere de coraje, heroísmo; tal como puede verse en Les Mouches (las moscas) , una de sus mejores obras literarias, concentrada, de ideas originales, dialéctica, ambigua e intrincada.</p>
<p>“Las Moscas”, la menos popular de sus obras de teatro, es una versión reorientada del antiguo mito griego (también tratado por los dramaturgos franceses Giraudeux, Anouilh y Gide): la leyenda de Orestes en Argos, adonde él regresa para encontrar la ciudad –donde su padre fue Rey- plagada de moscas, y la gente aplastada por la culpa. A Orestes tratan de alejarlo, pero él quiere quedarse porque siente que es su ciudad, y que debe hacer algo, no importa qué, para sentir que pertenece a ella. Egisto gobierna la ciudad después de haber asesinado al padre de Orestes, su propio hermano Agamenón, y de casarse con Clitemnestra, viuda de Agamenón y madre de Orestes. La culpa, el remordimiento y la consciencia del pecado une al trono con el pueblo. Sólo hay una hereje, Electra, hija de Clitemnestra y hermana de Orestes, que es mantenida en esclavitud por su madre y su padrastro. Electra trata de alertar al pueblo en cuanto a que su religión de mortificación y arrepentimiento es falsa, que los Dioses quieren que sean felices.</p>
<p>Júpiter, alarmado por esta irrupción sediciosa, derriba una columna del templo y pone al pueblo en contra de Electra; Orestes le promete a Electra que su sueño de que él regresara para vengar el asesinato de su padre se hará realidad. Entonces Júpiter le advierte a Egisto que Orestes quiere matarlo. Egisto le pregunta a Júpiter que por qué él, como Dios, no lo impide; y Júpiter le revela un secreto: debido a que los hombres tienen libertad, ni un Dios puede hacer nada. Orestes mata a Egisto y luego a su madre; Electra se impresiona, y Júpiter la convence para que se arrepienta. Orestes mantiene la autonomía de su ser contra la pretensión de Júpiter de que el universo pertenece a los Dioses. Aceptando su responsabilidad por lo que ha hecho, Orestes no acepta culpa y no cree haber hecho ningún mal, y abandona la ciudad con la frente en alto.</p>
<p>La escena crucial de la obra es entre Orestes y Júpiter en el último acto. Júpiter ha reducido a Electra a lágrimas y remordimiento, y le ofrece a Orestes el trono de Argos si se arrepiente. Orestes lo rechaza, Júpiter lo acusa de ser “el más cobarde de los asesinos”, y Orestes responde: “El más cobarde de los asesinos es el que siente remordimiento”. Con voz grandilocuente, Júpiter le recuerda a Orestes que el universo todo se mueve de acuerdo a la ley de los Dioses, y le ruega para que obedezca. Orestes responde: “Tú eres el Rey de los Dioses, Júpiter, el Rey de las Piedras y de las Estrellas, el Rey de los Mares. Pero no eres el Rey de los Hombres”. Orestes reconoce que Júpiter lo ha creado como un hombre libre, y que como tal, el hombre dejó de pertenecer a los Dioses. “Yo soy mi libertad”, dice Orestes.</p>
<p>A consciencia de que debe encontrar su propio camino en la vida, como todo hombre, Orestes dice: “Tú eres un Dios y yo soy libre. Estamos igualmente solos, y nuestra angustia es la misma”. Júpiter le recuerda del sufrimiento que vendrá con tal descubrimiento, pero Orestes responde orgullosamente: “Los hombres son libres, y la vida humana comienza al otro lado de la desesperación”.</p>
<p>Ahora bien, independientemente del contexto específico de la obra, Sartre en “Las Moscas” afirma cosas importantes que no siempre son vistas como verdaderas. Los principios morales no son expuestos por Dios, y no deben ser discernidos en algún misterioso reino del valor. Los hombres encuentran y crean sus propios valores morales para sí mismos. Los códigos morales están basados en decisiones hechas por el hombre, no por intuiciones metafísicas. Además, Sartre tiene toda la razón en la importancia que le otorga a la libertad humana. Los hombres tienen libertad para decir que no son juguetes de los Dioses, o de cualquier otro poder fuera de ellos mismos. Son absolutamente libres, independientes, desconectados, aislados, “por su propia cuenta”. El futuro está enteramente abierto. Si hubiera un Dios que lo ordenara todo, o hasta un Dios que lo conociera todo, el futuro tendría que ser como Dios lo ha previsto. Así es que la no existencia de una deidad omnisciente omnipotente es una condición lógicamente necesaria para la total libertad del hombre.</p>
<p>La moral central de “Las Moscas” está en uno de los ensayos de Sartre, donde escribe: “La libertad humana es una maldición; pero esa maldición es la única fuente de la nobleza del hombre”. Y en “Las Moscas” la pregunta es: ¿Cuán lejos está afirmando Sartre el derecho a la venganza y el derecho a lo que es, después de todo, un carácter medieval, el carácter, cuando más, de El Cid, el carácter que Hamlet tanto duda en seguir?</p>
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		<title>Por un feliz año nuevo sin Chávez</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Dec 2011 11:57:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Rodríguez Barrera</dc:creator>
				<category><![CDATA[opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Rodríguez Barrera]]></category>

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		<description><![CDATA[(Ajustando cuentas co el presente o la gran filosofía de la balurdez) “Aun si admitimos que las leyes han de ser cambiadas, ¿deben cambiar todas, en cada Estado? ¿Y han de ser cambiadas por cualquiera que quiera, o sólo por ciertas personas? Estas son cuestiones muy importantes; y por lo tanto mejor reservamos la discusión [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong></strong><strong>(Ajustando cuentas co el presente o la gran filosofía de la balurdez)</strong></p>
<p><strong>“Aun si admitimos que las leyes han de ser cambiadas, ¿deben  cambiar todas, en cada Estado? ¿Y han de ser cambiadas por cualquiera  que quiera, o sólo por ciertas personas? Estas son cuestiones muy  importantes; y por lo tanto mejor reservamos la discusión de ellas para  una ocasión más apropiada.”</strong> <em>Aristóteles</em></p>
<p>La “izquierda” más perfumada del chavismo a veces lee, buscando aromas  de preferencia para su estropeado jardín. Así como se arropan con  uniformes del pasado, vuelven al discurso de Mao de las “Cien Flores”  (De la justa solución de las contradicciones en el seno del pueblo,  1957) o a otros textos más antiguos (De la dictadura democrática  popular, 1949; o Contra el estilo estereotipado del Partido, 1942),  auxiliándose con el razonamiento siguiente: la discusión es libre en el  interior del Partido; las objeciones contra el Partido provienen de dos  fuentes: los adversarios de la Revolución, quienes no deben tener  derecho a expresarse, y los partidarios “sinceros”, que nunca están en  desacuerdo. De ahí que los métodos autoritarios del “centralismo  democrático” sean legítimos. En cuanto al pueblo, “la libertad es  correlativa a la disciplina”.</p>
<p style="text-align: right;"><a href="http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=828549" target="_blank"><strong>opinan los foristas</strong></a></p>
<p style="text-align: right;"><span id="more-68230"></span></p>
<p>El esquema es similar en el terreno filosófico. ¿Podemos criticar al  marxismo? Claro que sí, pues “el marxismo no teme a la crítica”: “si  pudiera ser demolido por la crítica, ya no serviría para nada”. Sólo  puede discutírselo en vano, porque es invulnerable. ¿Para qué molestarse  entonces? En arte y literatura, también las Cien Flores pueden florecer  intelectualmente, pero como importa que las “hierbas venenosas” no se  mezclen con las “flores perfumadas”, Mao reivindica un dirigismo  cultural, vieja idea de Mao, que tampoco innova: la cultura es siempre  el reflejo de la realidad política y social. Una vez cumplida la  revolución económica, hay que alinear sobre ella la cultura. Este punto  de vista es del leninismo militante, sin la menor variación personal de  parte de Mao&#8230;</p>
<p>Filosóficamente, los textos de Mao obligan a la afirmación de que: el  pequeño escritor rojo no existe, no hay “versión china” del marxismo, no  hay “pensamiento de Mao”.</p>
<p>Lo peor que podría ocurrirnos a los venezolanos y al cambio hacia la  libertad sería recaer en una ideología del siglo 19 y ver esterilizada  nuestra creatividad por el deseo de encuadrarla en conceptos forjados en  la prehistoria de las “revoluciones” modernas. La fuerza del movimiento  democrático ha sido y es, precisamente, la de inventar modos de acción  adaptados a la situación que se encuentra y que obran eficaz y  simultáneamente en todos los sectores de la sociedad a la que combate.  Si esta inspiración revolucionaria se deja encerrar en los moldes  teóricos “revolucionarios” -donde no se hace la revolución y nadie se  pregunta si hay derecho a que no sea marxista-, se agotará y todo  quedará esclerosado. Recordemos: revolucionar no es imitar; no es  ajustar cuentas con el pasado sino con el presente. Esto es lo que da  originalidad a la democracia por contraste con el comunismo, camarada.   Esto explica el que la juventud realice revoluciones antes de  conceptualizarlas. Como dijo Noam Chomsky: “Los hombres más estúpidos  aprenden a hablar, mientras que los monos más brillantes no aprenden  nunca”. Claro: nuestra monocracia opina distinto.</p>
<p>Ello no significa que las formas clásicas de la lucha social se hayan  extinguido. Los trabajadores son una garantía en la sociedad  industrial-tecnológica; no desempeñan el papel que les atribuía Marx en  el siglo 19. Los trabajadores de hoy son menos sumisos que los de antes,  sienten un mismo temor ante los extremistas, todos los extremistas,  “altamente desfavorables”.</p>
<p>Evaluar y orientar a la “mayoría silenciosa” es difícil. En Venezuela  podría ser de alrededor de la mitad de la población, 13/15 millones,  incluyendo a la clase media “putrefacta y embrutecida”, según un alcalde  rojo y gordazo. Ahí hay de todas las tendencias, y con todas las  exigencias de efectividad en las acciones de gobernar. Esta población ha  presenciado el crecimiento del autoritarismo, cuya autoría ha perdido  la imaginación. Y es desde ahí que se levanta la fuerza del cambio,  desde una masa de contestación que tiene que ser vasta para tornar  perceptible la condenación de los abusos del chavismo, y hacer de ello  un real problema político, un alzamiento para restablecer la obligación  constitucional. Sólo del repudio interior surgirá el equilibrio de la  vida venezolana.</p>
<p>La amenaza comunista tratará de utilizar el “imperialismo” como chivo  expiatorio para disculpar sus fracasos. No fue la CIA la que llevó el  chavismo al poder, ni la que ha manejado su política mediocre; en todo  caso, la CIA tiene el castigo que se merece por parte de la propia  democracia norteamericana. Somos nosotros, los venezolanos, los que  hemos creado nuestros propios males, esa avalancha de estancamiento que  parece una invasión, que lucha por su prolongación y no está dispuesta a  aceptar su relevo del poder.</p>
<p>Hoy surge en Venezuela la necesidad de un cambio original,  correspondiente a nuestra época; una afirmación total de la libertad  para todos, contra las interdicciones arcaicas, que encuentre la salida  posible para los venezolanos, donde se tome nuestra civilización como un  medio y no como un fin. Al igual que sucede con la tecnología: podemos  contradecirla sin aniquilarla; extirpar el cáncer sin matar la vida.  Estamos a las puertas de un conflicto interno que puede situarse en el  nivel más creador, un ineluctable enfrentamiento que abrirá o cerrará  las puertas del futuro.</p>
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		<title>Los pataleos del fracaso chavista (cuando la grandeza está en otra parte)</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Dec 2011 11:55:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Rodríguez Barrera</dc:creator>
				<category><![CDATA[opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Rodríguez Barrera]]></category>

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		<description><![CDATA[“Que en un Estado bien ordenado los ciudadanos deben tener ocio  y no tener que proveer sus diarios deseos es generalmente reconocido, pero hay dificultad en ver cómo este ocio debe ser obtenido.” Aristóteles Lo contrario del término ocio es negocio, y a veces el negocio se desvía como tiempo libre, no ajustado a la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><strong></strong><strong>“Que en un Estado bien ordenado los ciudadanos deben tener ocio  y no tener que proveer sus diarios deseos es generalmente reconocido, pero hay dificultad en ver cómo este ocio debe ser obtenido.” </strong><em>Aristóteles</em></p>
<p>Lo contrario del término ocio es negocio, y a veces el negocio se desvía  como tiempo libre, no ajustado a la legalidad. Se ha dicho con acierto  que “una revolución es un movimiento de contestación que consigue tomar  el poder”. No se debe tomar el poder para el ocio y el negocio, ni  aplicar el facilismo de gobernar rudimentaria y centralizadamente. Como  en las estructuras de las grandes obras de arte literario, los  fundamentos deben impregnarse de complejidad y coherencia.</p>
<p style="text-align: right;"><a href="http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=827185" target="_blank"><strong>opinan los foristas</strong></a></p>
<p style="text-align: right;"><span id="more-66939"></span></p>
<p>La guerrilla urbana, que a ratos nos insinúa el chavismo en su gesta  regresiva, es una contestación que nada tiene que ver con revolución; es  una intensificación –no una mutación- de su forma de accionar, de  contestatarios belicosos, como los anarquistas de fines del siglo 19 que  mataban a bombazos a los consumidores en los cafés de Paris. No hay  peor cosa que el acceso al poder por la nulidad. Y no podemos quitarle  el ojo a los deseos descontrolados del chavismo para permanecer en el  poder exacerbando el fanatismo hacia una guerra civil. Para y por el  cambio, no es el momento de permanecer como una mayoría silenciosa.</p>
<p>A las Fuerzas Armadas y a la Policía hay que reimplantarles  rigurosamente las conveniencias del consenso constitucional, por encima  de las hipótesis novelescas con que la SS nazi hizo historia, junto con  la muerte en masa del stalinismo. Además, no están dadas las condiciones  sociológicas para tan simple locura, aunque locos siendo psíquicamente  manipulados hay. La conveniencia de ajustar a tiempo el desplazamiento  es fundamental para el cambio; puntos previsivos de control para evitar  el desborde violento en el juego político democrático, cuyos muertos no  son generalmente puestos en la cima sino en los de abajo, cruel y  estúpidamente, camaradas.</p>
<p>La lucha de “clase contra clase” no es una lucha de clases, sólo es un  maniqueísmo operando en la imaginación díscola de algunos engordados por  el ocio de los negocios, lejos de ser “víctimas del capitalismo”.Cuando  impera la miseria en medio de la abundancia, hay que estremecer con  fuerza el optimismo de una legalidad que supera a la muerte. Debemos   modificar la placentera cama en que retoza el oficialismo, desdeñando la  pobreza con peligrosos mareos y armas de represión. Revísense las  tácticas para incrementar los pobres tras cortinas de hierro. El  problema de la pobreza no coincide con el de las minorías oligárquicas  del chavismo. Si la partida para frenar el cambio se juega en el terreno  de la pura violencia, sin ningún código subyacente, la pérdida es para  todo el pueblo venezolano.</p>
<p>Las revueltas deben circunscribirse a la cima, donde los políticos –si  lo son de verdad- no tienen otra salida que emplearse a fondo dentro de  las nada despreciables posibilidades de la participación democrática,  que van poniendo en jaque al chavismo, cuya no integración por el bien  nacional adquirirá entonces títulos o estatus de criminalidad,  mercadería vendida al mejor postor. Aquí la lucha es codo a codo, con  los vientos todos soplando hacia la Venezuela querida; esta es una  solidaridad no opcional.</p>
<p>Cuando no se juega y juzga limpiamente, la democracia es “abstracta” y  el servilismo gana apelativos y acciones más fuertes. Los mochos que se  aparten, por favor, cuando se pase a medir “la tasa de funcionamiento de  la legalidad existente”; y que no haya “directivos” escondiéndose tras  “masas silenciosas que gritan”. Esa tasa debe conducir a modificar la  apreciación y la acción de los recursos inherentes a cada situación. El  “mojoneo político” que ocupe su lugar en la poceta de la historia.</p>
<p>Cuando en la década de los 70s las Panteras Negras gringas se pusieron  en armas contra su gobierno en norteamérica, tenían libertad incluso  para ofrecerle al gobierno norvietnamita un voluntariado que tomaría  parte en la guerra y ayudaría a combatir “al cobarde agresor  norteamericano”. Aquí por una huelga se apresa y condena al Presidente  de la Confederación de Trabajadores de Venezuela. No se puede pretender  que –además de no permitir otras panteras- las Panteras Rojas del  chavismo sean las únicas reinas del patio. La cobardía es algo muy  difícil de oficializar, ya que enseguida se traduce en asesinato con  premeditación y alevosía, como hemos visto.</p>
<p>La acción armada como “única acción revolucionaria” es ruptura contra el  sistema establecido, y sin esperanza de negociar la paz, sólo el  “vencer o morir”, que fue el esquema del siglo 19 de los regímenes  autocráticos, allá atrás en la historia. Los negros norteamericanos no  hubieran podido salir adelante con este esquema. Nosotros tampoco. El  marxismo-leninismo y el maoísmo proceden de análisis falsos. La historia  de los fracasos está bastante documentada. Venezuela no puede  candidatearse para revivir las “glorias” de los guetos, encantados por  la hediondez perfumada de una “revolución bonita”.</p>
<p>Nuestros “revolucionarios” son como los hippies de Mao (los hippies  norteamericanos fueron más revolucionarios en su nota trascendente de  paz y amor). Impregnados de vagos slogans carentes de análisis serios,  Mao también se perfumaría con consejitos prudhomianos: “Se progresa  cuando se es modesto”, “Lo difícil es actuar bien toda la vida”, y  perogrulladas: “Un ejército sin cultura es una ejército ignorante”, cosa  que un alcalde rojo engorda: “la sangre es roja”. Pero bajo la panza  roja estaba el “gusto por los placeres” y la fenomenología suprema de  que “nuestras tropas se dirigen hacia las grandes ciudades”. Como  siempre con estos especimenes, la grandeza estaba en otra parte&#8230;</p>
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		<title>Las rosadas tristezas del chavismo</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Dec 2011 12:15:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Rodríguez Barrera</dc:creator>
				<category><![CDATA[opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Rodríguez Barrera]]></category>

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		<description><![CDATA[“La analogía de las artes es falsa; un cambio en una ley es una cosa muy diferente a un cambio en un arte. Porque la ley no tiene poder para comandar la obediencia excepto aquella del hábito, que sólo puede ser dado por el tiempo, de manera que estar listos para el cambio de las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>“La  analogía de las artes es falsa; un cambio en una ley es una cosa muy  diferente a un cambio en un arte. Porque la ley no tiene poder para  comandar la obediencia excepto aquella del hábito,</em><br />
<em> que sólo puede ser dado por el tiempo, de manera que estar listos</em><br />
<em> para el cambio de las viejas a las nuevas leyes</em><br />
<em> debilita el poder de la ley.”</em><br />
<em> Aristóteles</em></p>
<p>En el epitafio del  chavismo podríamos poner: sus ideas de rebelión no eran finalmente sino  cadenas, y su tentativa de liberación una forma de esclavitud. Porque  uno de los fundamentos del cambio que necesitamos hoy es la eliminación  de la agresividad patológica. Entre otras cosas, el cambio que buscamos  es para evitar el Estado policial. Todo permanecería pervertido si no  extirpamos la raíz, porque el cambio no es únicamente un desplazamiento  político sino la mutación de los fines para los cuales se gobierna, como  una nueva opción en los objetos del amor, el odio y el respeto. La  libertad no está en la punta de un fusil, aunque las bayonetas amenazan a  Venezuela.</p>
<p style="text-align: right;"><a href="http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=825832" target="_blank"><strong>opinan los foristas</strong></a></p>
<p><span id="more-65723"></span>Junto a la evolución tecnológica debe haber un retorno a la naturaleza.  El cambio por la preservación de las bellezas y beneficios del planeta  suscita la necesidad de creer en la bondad del prójimo y en las de uno  mismo, y de probarlo, desviando la cultura hacia las culturas. También  en la ecología hallamos la energía indispensable para ciertas batallas.  No todas las omnipotencias se rebajan por vía del poder de la política.  No debe seguirse el ejemplo del chavismo: disponer de fondos menores  para remediar males mayores.</p>
<p>Nuestros alertas deben fundamentarse en la investigación científica y  técnica, y la emoción colectiva. Tanto en la naturaleza como en las  ciudades hay sofoques y basura; no se trata sólo de sufrir su  influencia, sino alzarse contra tan triste estado ambiental, que atrofia  la calidad de la vida. Lo que pertenece a todos no puede dejarse a un  lado, requiere una eclosión de consciencia, un cambio hacia las  relaciones intrasociales, la co-propiedad, la co-gestión, la  co-decisión, la co-dependencia, la co-responsabilidad. Se trata de una  temática que no es “desmovilizadora” ni “mistificante” sino envolvente  para todos; es una lucha de contracultura que nada tiene de marginal, es  una galaxia de cambios similar a los valores de la igualdad,  a la  lucha contra los vínculos totalitarios que reposan en la jerarquización  por la fuerza y la arbitrariedad.</p>
<p>Debemos salir de la cultura directiva hacia la cultura de la  productividad, hacia una participación suficiente de los interesados,  sin condiciones que permitan el abuso. Todas las variables de la  igualdad pasan por la reivindicación de la mayor libertad, sin censura,  en repudio de los vínculos totalitarios, donde sobrevive el dejo. Este  es el corte del cambio y pasa por los cambios de sensibilidades,  conductas, hábitos, pensamientos y actos. Lo normal es que el cambio  político se produzca en la cima, menos que en la sociedad, para que  resulte perdurable.</p>
<p>La fuerza del cambio existe, ya comienza la confrontación cara a cara. Y  decimos crisis. El cambio se sitúa en el punto de convergencia de  líneas inconclusas, no pasatistas. La vanguardia del cambio, hoy, no  está sólo en la clase trabajadora; está en la vida moral, intelectual,  comunitaria, política, cuyos creadores alimentan la llama y que en  algunos casos viven en los intersticios de la sociedad tecnológica.</p>
<p>La involución del chavismo agrava nuestras dificultades internas,  destruye los medios para hacer las reivindicaciones, provocan la  descomposición, disgregan. El desastre en ciernes no amerita un  deslizamiento a la derecha ni a cualquier autoritarismo político. Las  perspectivas de cambio definen los límites de la contestación. O puede  haber un cambio fundamentado en la negación de la realidad. Debe  quedarse en manos del chavismo el narcisismo, la autoadmiración y la  ignorancia que los caracteriza.</p>
<p>El estado narcisista se caracteriza por quererlo todo de un golpe, y  como no obtiene satisfacción recurre a la alucinación del deseo; el  todopoderío excluye la acción progresiva, ignora la realidad y se vuelve  incompatibilidad, contradicciones bajas; la idea de elección les  resulta intolerable. Así se hace un “gobierno contestatario” de sí  mismo, excluyendo las soluciones correctas, subordinándose a  decadencias, próximas y lejanas. Y cualquier discusión técnica,  cualquier reserva acerca de un detalle, incluso de quienes están de su  lado, son rechazados y vistos como un acto de hostilidad.</p>
<p>Pero la discusión técnica es nuestro llamado a la realidad, justamente  lo que no puede tolerar aquél para quien no existe sino la gratificación  súbita, quien no puede soportar ni los insoportables regateos ni las  impiadosas acciones de cambio. Todo cuanto contradiga la omnipotencia  mágica de las palabras es vivido como la repetición de la herida  narcisista original experimentada por el niño cuando descubre su  dependencia del ambiente que lo rodea. En el universo de todo o nada, la  redención está en la acción. El redentor puede ser el “pobre”, a quien  el chavismo necesita en sufrimiento, como víctima a socorrer. De ahí su  tendencia a negar y reintegrar al proletario su papel de víctima.</p>
<p>Ningún cambio puede surgir de la pretensión de encarnar el Bien absoluto  contra el Mal absoluto. Ni irracionalidad ni intolerancia. Dejemos que  el chavismo nos invente otra película de vaqueros, quizás con un toque  de “marxismo zen” o “marxismo pop”; ya cuentan con el stripper y el  gordo payasón, entre otros especimenes del circo, que se entienden de  maravillas vistiendo ropitas rosadas para las tristezas del poder&#8230;</p>
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		<title>Estrechez miserable del chavimos tranca su liberación</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Dec 2011 14:27:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Rodríguez Barrera</dc:creator>
				<category><![CDATA[opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Rodríguez Barrera]]></category>

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		<description><![CDATA[(En busca de una crítica legítima) “&#8230;si la política es un arte, el cambio debe ser necesario en éste como en cualquier arte. Que ese mejoramiento ha ocurrido lo demuestra el hecho de que las viejas costumbres son excesivamente simples y bárbaras.” Aristóteles Enumerar los remedios para “los males actuales” es formular el programa de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong></strong><strong>(En busca de una crítica legítima)</strong></p>
<p><strong>“&#8230;si la política es un arte, el cambio debe ser necesario en  éste como en cualquier arte. Que ese mejoramiento ha ocurrido lo  demuestra el hecho de que las viejas costumbres son excesivamente  simples y bárbaras.”</strong> <em>Aristóteles</em></p>
<p>Enumerar los remedios para “los males actuales” es formular el programa  de cambios que se exigen. Para alcanzar tal objetivo la prioridad es  eliminar toda posibilidad de dictaduras internas, así como igualdad  económica y educativa, libertad ideológica, cultural y moral completas,  con el fin de asegurar el bienestar individual dentro de la  independencia y el pluralismo en las opciones, cuestiones  imprescindibles para que rinda servicios la totalidad de los recursos  creadores de la inteligencia humana.</p>
<p style="text-align: right;"><a href="http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=824284" target="_blank"><strong>opinan los foristas</strong></a></p>
<p style="text-align: right;"><span id="more-64443"></span></p>
<p>Este programa utópico podría tener todo contra sí, salvo el hecho de que  es necesario para nuestra supervivencia; implica un cambio de  civilización política. Sin prosperidad económica y tasa de crecimiento  continuo, cualquier proyecto de cambio es puro humo, como bien lo ha  demostrado el chavismo. Competencia e investigación están por encima del  pasatismo cultural, y eso quiere decir afirmación de la libertad,  repudio de los controles autoritarios, multiplicación de las iniciativas  creadoras en todos los dominios, especialmente en los dominios  gratuitos: modos de vida y diversidad en la coexistencia de numerosas  subculturas complementarias alternativas. La ausencia de este segundo  elemento es lo que hace decrecer la capacidad de cambio; la inserción de  relaciones autoritarias feudales suprime las transformaciones  necesarias.</p>
<p>Cambio político, cambio social, cambio tecnológico, cambio  institucional&#8230; son necesarios simultáneamente; de lo contrario, nada  ocurre, o se repiten las intenciones veleidosas. Y hoy la libertad de  información es la cabeza de puente de toda libertad política; la  subinformación estupidiza a los propios “revolucionarios” y hace que los  equipos de reemplazo sean tan reaccionarios e incompetentes como sus  predecesores; porque cuanto más elevado el umbral de absorción de  cambios por parte de la legalidad reclamada, más grandes son las  posibilidades de cambio.</p>
<p>Inversamente, el chavismo autoritario interviene con violencia y ruptura  a favor de avances mínimos, clichés e imaginería romántica,  reduciéndose a quemar la casa para espantar las polillas, con debilidad,  sin fuerza. Se requieren los cambios que perduran, más nobles,  utilizando al máximo la legalidad sobreviviente, obligándola a  evolucionar.  Los cambios, en definitiva, no son hechos que fabricamos,  sino hechos que interrumpimos o que dejamos que se produzcan. La crítica  debe ser legítima. Toda crítica de cambio se sitúa en un nivel más alto  en que está la “civilización” con la que disiente.</p>
<p>La decencia requerida está en ser más civilizado y más democrático, más  revolucionarios e innovadores que el chavismo grotesco, siempre en busca  de chivos expiatorios para sus fracasos. En los movimientos de cambio  se desarrolla un punto por encima de las “revoluciones” que convirtieron  su derrota en totalitarismo. En Venezuela necesitamos un cambio que  aporte algo nuevo, no el mismo desmantelamiento anárquico que juega al  terrorismo sin que en la calle le compren la idea de escuálido valor  sociológico. Las violaciones del derecho constitucional -aquí o donde  fuese- no sirven de consuelo; sirven para señalar culpabilidades en los  Poderes Públicos, para exaltar y rechazar ilegalidades e injusticias,  rescatar principios y valores de cambio.</p>
<p>En el dominio electoral el activismo ciudadano puede ser tan eficaz como  el dominio jurídico; es un objetivo preciso, como paliar  inconveniencias de las cuales se queja todo el mundo, y no va en  detrimento de las aspiraciones del elector, quien manifiesta su voluntad  sin verse prisionero de las alternativas autócratas.  Los derechos del  ciudadano están constantemente amenazados por el chavismo,  desmesuradamente. Hay que defenderlos mejor, de forma más atenta y más  poderosa; demostrando que no hay necesidad de sacrificarlos.</p>
<p>Hay que tomar en cuenta que para cualquier cambio futuro vale más  confrontar un conjunto de leyes –incluyendo las represivas- que la  represión de una dictadura totalitaria. Cuanto más elementos se integren  para llevar al cambio, más elevado es el nivel, y ello significa que  los males a que aporta soluciones son más complejos y más ricos que  aquello que reemplaza.</p>
<p>Hacer un cambio no es destruirlo “todo”, sino destruir lo necesario, que  no es lo mismo en dos sitios ni en dos momentos. La tesis opuesta es la  de Hitler: “Somos bárbaros, y queremos ser bárbaros. Es un timbre de  honor. Nosotros rejuveneceremos al mundo. El mundo actual está cerca de  su fin. Nuestra única tarea es asaltarlo”. El cambio no es ese tipo de  chavismo.</p>
<p>Ninguna de las corrientes de la evolución –grupos o temas- hubiesen  adquirido fuerza si no hubiesen estado –por uno o más lazos-  fundamentados en la unión. Y los deseos de cambio están conectados a una  serie de rechazos, prioritarios y diversificados. Porque un problema  político que se hace miserable ahoga en su estrechez toda liberación.</p>
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