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Tarareo la canción de mi abuelo
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Autor Mensaje
Alexandra



Registrado: 05 Sep 2005
Mensajes: 156


MensajePublicado: Sab May 18, 2013 6:10 am 
Título del mensaje: Tarareo la canción de mi abuelo

Por Nagal.

Tarareo la canción de mi abuelo mientras ella, sentada en la cama, tararea la canción de su abuela. No era coincidencia, había sido un acuerdo mutuo, que todavía hoy en día respetamos.

Conseguimos este pequeño apartamento en la zona más céntrica y bulliciosa de Caracas. Es frecuente escuchar disparos hasta varias veces en una misma noche. Pero es una zona en donde se puede caminar hasta tarde sin ser molestado por la policía. No tenemos televisor, no porque no podamos, sino por que no nos gusta: Tenemos la experiencia de nuestras familias. Coloco música a alto volumen sin tener problemas, mi pequeña colaboración al bullicio centro-citadino. Me gusta.
A Ana le gusta follar con la música a máximo volumen. A mí también me gusta Ana; con su carita pícara y de muñeca. De noche se mueven las sombras en la pared.

El mercado popular queda a dos cuadras de la casa, a las cinco y media de la mañana comienza la alharaca de parloteos, montaje de estanterías, y Ana que pensaba que necesitábamos un cuadro y yo estaba de acuerdo.

- ¿Alegre o sombrío? - preguntó.

- Si consigues uno sombrío bonito, tráelo. Sino compra uno alegre.

- ¡Está bien! - dijo, y salió a la calle. Sé que al final compraría el que le gustase.

Había adquirido un Corán recientemente y estaba tratando de darle forma, ello exigía de toda mi concentración. Me gustaba mucho el hinduísmo y estaba tratando de identificar cuál de los dioses de la India era Mahoma. Me hallaba ebrio por los cuarenta del Sura XXV. "Son como barrenderos" - pensé. "Pueden borrar todos los vicios anclados y traer agua fresca". ¡Me gusta, me gusta una barbaridad!

- ¡Traje dos! - entró gritando Ana - ¡Casi me atropella un carro! ¡Traje uno sombrío y uno alegre!

- ¿De qué color era el carro?

- Negro.

- ¡Claro! Entonces coloquemos el cuadro sombrío en el cuarto y el alegre en la sala.

- ¿No los vas a ver primero?.

- No. Prefiero sorprenderme yo mismo cuando esté oscuro. Vamos al parque.

Y fuimos al parque. Caracas es una ciudad aburrida y fea, con muy poco para hacer. A menos que se tenga mucho dinero; y sin embargo seguirá siendo aburrida y fea. O, a menos que se tenga el gusto popular, en tal caso, seguirá siendo aburrida y fea. Caracas es una ciudad vacía y represiva y cuando no es la policía la que reprime, son sus mismos ciudadanos. Al final uno queda empujado a su propia casa y a la tentación de comprarse un televisor. A veces a uno se le forma un nudo en la garganta similar al que parecía tener la "águila ratonera" encerrada en una jaula de tres metros cúbicos.

- ¿Le parten las alas? - preguntó Ana.

- No sé. No creo. ¿Por qué preguntas eso?, ¿te parece que se las parten?

- Sí.

- Si no se las parten igualmente no puede volar.

- Verdad.

Nos alegramos, y entonces fuimos a tomar un café. Para alegrarnos nos inventamos un método muy sencillo: Con el dorso de las manos nos acariciamos mutua y suavemente las barrigas. Nos quedamos sentados, callados durante más de dos horas. De esta manera tenemos de qué hablar al llegar a la casa.

El cuadro alegre contenía una imagen de unas flores de apariencia artificial pero llenas de colores que ocupaban casi dos tercios del lienzo desde su parte superior derecha; y, sin embargo, sólo mostraba el cuarto inferior izquierdo del bouquet de flores. Bajo el florero había un sobre de carta con el remitente borroso como si hubiese sido borrado por unas lágrimas. Al fondo del cuadro había una jaula grande con variedad de animales, asomando sus cuellos a través de las rejas, como observando directamente al espectador. ¡El águila tenía una ala rota! Miré a Ana sorprendido.

- Por eso te pregunté si el águila tenía el ala rota - dijo acercando su boca a mi oído.

El otro cuadro, el cuadro sombrío, era solo una mancha. Una mancha blanca sobre un fondo negro. Como una ola gigantesca que viniera a borrarlo todo.
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