Opinión
Froilán Barrios
ND
El juramento: "Boto tierrita y no juego más"
Termidor ha marcado la fase donde las revoluciones dejan de serlo, partiendo del hecho histórico de la Revolución Francesa y de aquel octubre donde la reacción se apoderó del proceso político que marcara a la humanidad en los últimos tres siglos, cuyo significado abrió las compuertas de la democracia como sistema de relaciones entre Estado y Sociedad.
Si bien es cierto lo que ha transcurrido en Venezuela desde 1999 no se asemeja a revolución alguna, salvo en el cerebro y en la fraseología de quienes son portavoces del oficialismo, debemos reconocer que el cambio prometido con el triunfo de Hugo Chávez en 1998 indicaba un rumbo diferente para un país desvencijado y una clase política desprestigiada tras 40 años de detención del poder.
El referente de inicio de la actual gestión fue el haber aprobado una nueva constitución mediante referendo con el voto mayoritario de la población, lo cual legitimaba con el apoyo popular lo que el Presidente de la República calificó “la mejor constitución del mundo”, que a la postre en su aplicación comenzó a ser obstáculo en sus delirios de gobernante.
Desde la imposición del referendo sindical en diciembre 2000 donde se otorgaba potestad a un público que no tenía competencias para delimitar la libertad sindical, como en efecto disolvió a todas las centrales sindicales del país, daba muestras por donde irían los tiros en la conformación de lo que hoy tiene forma expresa en la instalación de un Estado paralelo a la amada CRBV, el Estado Comunal.
Objetivo esencial del proyecto político gubernamental cuyo traspiés inicial ocurriera al ser derrotada la propuesta en diciembre 2007 al negar la población en forma mayoritaria aquella mal concebida Reforma a la CRBV que establecería la nueva Geometría del Poder y los 5 motores constituyentes de la Revolución Bolivariana hacia el Socialismo del Siglo XXI.
El desprecio por la CRBV ha sido una constante luego de aprobada en diciembre de 1999. Lo que en sus inicios de gobernante se expresara como una primavera política, a la vuelta de la esquina manifestó su verdadero rostro autoritario con la feroz represión en los acontecimientos de 2002-2003, en la designación del resto de poderes públicos: TSJ, CNE, Poder Moral y en la manipulación de las elecciones, utilizando abusivamente todos los recursos del Estado para perpetuarse y controlar al país en un puño bajo el manto del populismo y el militarismo autoritario.
Hoy Venezuela es objeto de burlas y sorna en el mundo entero donde un Presidente desparecido hace 36 días, ausente pero está presente, da a conocer su fe de vida a través de una carta que él no firma, el TSJ aprueba una continuidad administrativa inconstitucional y determina la imposibilidad de examen médico alguno. En definitiva lo que presenciamos es la viveza de unos herederos que prefirieron echar por la borda la CRBV y recurrir aquel juego infantil donde la picardía imponía la fuerza y a capricho el botín con un “boto tierrita y no juego más”, llevándose por delante a la nación entera.
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