[quote ***]A las 8:00 de la mañana comienzan a bajar los vecinos para agarrar agua**
Habitantes de Misión Vivienda La Paz no tienen agua ni gas
Indira Rojas
irojas@dearmas.com
Los edificios de la Misión Vivienda “La Paz” fueron promocionados como una construcción ejemplar que daría cobijo a 930 familias que quedaron damnificadas tras las lluvias de diciembre de 2010. Pero el “complejo modelo”, con tres torres de 12 pisos, ya comienza a presentar fallas recurrentes: el agua no llega a los apartamentos que están llenos de filtraciones, y en la torre 1 y 2 no hay suministro de gas para todos los hogares.
Desde las 8:00 de la mañana los vecinos hacen cola cerca del puente Los Leones para llenar dos o más botellones con el agua de una manguera, conectada a una de las tuberías que lleva el líquido hasta la fuente de la plaza cercana. Un conductor les grita en tono despectivo desde su ventanilla: “¡Sigan votando por Chávez!”. La historia se repite todos los días. “Nos dicen que somos unos marginales, y cosas así, y debemos tragarnos todo eso”, comenta Olga Valencia, residente del complejo.
El primer grupo de familias tiene un mes en el complejo, otras se mudaron el 7 de diciembre, y otra tanda llegó a las residencias hace una semana. Josefina Machado confiesa que en su rancho, que se cayó con los aguaceros de hace tres años, por lo menos podía bañarse todos los días y cocinar sin tener dificultades.
“En el refugio estábamos mejor”, manifiesta un joven que hace la cola para llenar sus dos botellones de agua, y la señora que está a su lado afirma con la cabeza el testimonio del chico. “Me mudé hace 20 días y nunca he tenido agua en mi casa”, asegura.
A la falta de agua se suman los ascensores dañados. Un joven cuenta que debe cargar con dos recipientes de agua de 20 litros todos los días hasta su apartamento en el piso 10, una odisea que realiza solo. Hay familias enteras que bajan hasta esta fuente de agua que han conseguido en la comunidad, y chicos, jóvenes y adultos forman parte del proceso.
“Me da cosa ver niños de cuatro, cinco y seis años cargando las botellas de agua”, manifiesta Valencia, quien comenta que desde las 8:00 am hasta las 9:00 pm baja y sube de su apartamento para buscar el vital líquido. El lunes, cansada de la situación, se montó en un carrito y se fue hasta la casa de hija en Montalbán para darse una buena ducha.
“¿Cómo es posible que tengamos que vivir así? No es justo”.
“QUIEN HIZO ESTO ESTABA BORRACHO O ESTABA CIEGO”
Valencia lamenta que sus navidades no hayan sido como las soñaba, y espera que pronto los responsables de la construcción puedan resolver los problemas que aquejan a la comunidad. Denuncia que el ingeniero encargado de la obra, Darío Lugo, no se preocupa lo suficiente por la situación de la infraestructura. “Hay filtraciones por todos lados, el agua sale hasta por los enchufes, por las paredes, por el piso”.
“Quien hizo esto estaba borracho o estaba ciego. ¡Yo estoy que me voy!”, dice la señora Carmen que se mudó del refugio “Ché Guevara” hace un mes y ahora vive en la planta baja del edificio G. Parte del techo de la sala y del baño se ha caído gracias a las filtraciones y aún se ve en el piso el polvo del cemento. Un tobo espera paciente bajo el hueco del techo la hora en la que abren momentáneamente el paso del agua, si es que la ponen, para evitar que la sala se inunde.
Además, la puerta principal abre hacia afuera, un error de diseño que mantiene alerta a los transeúntes que pasan por allí porque de lo contrario pueden recibir un buen golpe. “Ya me he llevado a varios sin querer con esa puerta”.
Los residentes también se quejan de que las tuberías están completamente tapadas. Machado, madre de cuatro niños, debe colocar un recipiente bajo el fregadero para poder lavar los platos, porque el agua se escapa por debajo. “Yo sé que estas viviendas son para dignificarnos, pero se supone que uno quiere mejorar. Salir del refugio y encontrarse con algo mejor”.
Otra de las vecinas declaró que en uno de los parques instalados en los jardines ya se cayó uno de los columpios. Agrega que si alguien pide que se coloque el timbre, o que se realicen reparaciones en las residencias, el personal de la construcción realiza las obras necesarias pero no responden por los toques finales. “Si rompen una pared, la dejan así y no hacen nada por eso”.
El ministro de Estado para la Transformación Revolucionaria de la Gran Caracas, Francisco Farruco Sesto, estuvo en el complejo anunciando que los apartamentos estaban completamente amueblados. Sin embargo, los residentes denuncian que no tiene ni colchones y hay familias que aún deben dormir en cartones, aunque cuentan con nevera, lavadora y cocina.
Hay quien ahora piensa que si las viviendas no estaban listas ni acondicionadas adecuadamente no debieron entregarlas, aunque en agosto varias personas protestaron para que se adjudicaran cuanto antes los 1.104 apartamentos del complejo en La Paz. “Nuestro comandante no sabe nada, esto es culpa de la constructora”, sentencia Machado.
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