Despues que Stalin murió la lucha por el poder fue sin contemplaciones
En los funerales de Stalin, Beria fue uno de los tres oradores: habló luego de Malenkov y antes de Molotov, lo que lo referenciaba como el segundo hombre fuerte de la URSS.
Beria fue designado Adjunto o Suplente del Primer Ministro y reasignado a la jefatura del MVD, que se convirtió en la KGB. En aquel momento, su aliado Malenkov se convirtió en el Primer Ministro y por ende el hombre más poderoso de la era post-Stalin. Beria le seguía, y debido a la falta de liderazgo mostrado por Malenkov, estaba en posición de gobernar a través de éste último. Jrushchov se convirtió en Secretario del Partido, que no era un puesto tan importante como los que ocupaban Beria y Malenkov.
Beria encabezaba entonces un movimiento de liberalización, que incluía la liberación de prisioneros políticos de los campos de trabajo. En abril de ese mismo año prohibió la tortura en las prisiones. Al mismo tiempo dictó una política más liberal hacia las minorías étnicas de la Unión Soviética, además persuadió al Presidium (antiguo Politburó) y al Consejo de Ministros a impulsar reformas económicas más liberales en Alemania Oriental.
En cuanto al estado soviético, Beria pretendía reducir al máximo la responsabilidad del Partido en la administración directa de la economía, promoviendo para esta cuadros técnicos y no políticos.
El deseo de Beria de liberalizar el régimen ha sido visto por algunos historiadores con suspicacia, ya que Beria mismo fue responsable en parte de la represión mientras Stalin estaba vivo. Uno de los principales obstáculos que Beria encontró fue su deseo de disminuir el excesivo control de la policía secreta en la política de su país, ya que esta policía era la misma fuente de su poder.
Nikita Jrushchov, deseoso desde el inicio de derrotar a Beria, no podía actuar contra éste porque la alianza de Beria y Malenkov era demasiado fuerte. Sin embargo, en junio de 1953 estallaron protestas contra el régimen comunista en Berlín Oriental, que Jrushchov aprovechó para minar la confianza de los líderes soviéticos en Beria, asegurando que éste deseaba la unificación de Alemania, así como planeaba recibir ayuda de los Estados Unidos. Semanas después de haber sido reprimidas brutalmente las manifestaciones en Berlín del Este, Molotov, Nikolái Bulganin y el mismo Malenkov quedaron convencidos que las políticas liberales de Beria conducían al país a la desestabilización, y Malenkov decidió traicionarlo.