Edgard J. González: Masacres buenas o malas, según la doble moral

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Edgard J. González: Masacres buenas o malas, según la doble moral

Mensaje por redaccion » 29 Ene 2018, 09:15

Opinión
ND


En cualquier punto del planeta al inicio del período con iluminación solar lo llaman amanecer, como al final le dicen atardecer. Un gorrión es un pájaro en cualquier espacio donde esta pequeña ave encuentre apropiado hábitat, aunque en inglés se diga sparrow, en francés moineau, passereau o mésange, en italiano passero, sperling o spatz en alemán, pardal en portugués, vrabie en rumano. En ninguna lengua llaman al gorrión reptil o mamífero, en todas es un ave, un pájaro. Las definiciones no dependen de que la persona esté triste o alegre, ni de su posición política o social. Definir alba u ocaso siempre derivará del específico contexto en que ocurre el fenómeno natural; Si la presencia del Sol va en aumento, estará amaneciendo, si disminuye atardece (y esa porción del espacio superficial de la Tierra ingresa a la mitad obscura, el hemisferio al que corresponde la noche). Las comidas que habitualmente ingerimos cada día, son el desayuno, el almuerzo y la cena, en ese orden, y ni siquiera la licencia poética puede decidir que la ingesta de la noche se llame almuerzo, o que sean la cena esos primeros bocados luego del reparador descanso, nocturno para la absoluta mayoría de los seres humanos. Las palabras con las que identificamos cada cosa, animal, situación, suceso, sentimiento, fenómeno natural, obra cultural, conducta o actitud individual o grupal, aunque suenen y se escriban distinto en cada idioma, coinciden en su significado, porque son resultado de convencionalismos que todas las sociedades, todos los países, todas las organizaciones humanas acordaron asumir y respetar.

Y no solamente nos limita la semántica del lenguaje, que norma lo que decimos o escribimos, sino que también existen marcos legales que nos señalan el significado de ciertas acciones y los límites entre lo permitido y lo prohibido, lo justo y lo injusto, el conjunto de Leyes que marcan la frontera entre la barbarie y la civilización, entre lo primitivo y lo moderno, entre lo bestial y lo racional. El significado de los términos que definen los delitos es el mismo, aunque en cada idioma se exprese distinto; Hurto, robo, atraco, estafa, malversación, peculado, blanqueo de capitales, agresión, agavillamiento, trata de blancas, pedofilia, pederastia, narcotráfico, homicidio culposo, asesinato, masacre, terrorismo, genocidio. Ninguna ley establece lapsos en los cuales está permitido cometer delitos, ni un gobierno puede autorizarlo a grupos de sus funcionarios o seguidores. Tanto las leyes nacionales como las que han sido acordadas por conjuntos de naciones, y rigen internacionalmente (Estatuto de Roma, Acuerdo de Ginebra, Nuremberg, ONU, OEA, UE, etc) señalan que la responsabilidad en la comisión de crímenes no disminuye por haber sido cometidos obedeciendo órdenes superiores, y algunos crímenes son de tal dimensión, que nunca prescriben, son los de Lesa Humanidad. La responsabilidad involucra a los autores materiales, a los intelectuales (los que diseñan y ordenan los delitos), y a los cómplices, aquellos que pudieron impedir o disminuir la comisión del crimen, antes o durante su realización, o no actúan a posteriori, estando en conocimiento de lo ocurrido y en la obligación de intervenir (omisión).

El lunes 15 de enero del 2018, fue víctima de una masacre un grupo de siete personas, seis hombres y una mujer (con embarazo probable), opositores al régimen dictatorial que somete a Venezuela, liderados por Óscar Alberto Pérez, el único del grupo identificado como protagonista de dos sucesos que ocuparon titulares: el sobrevuelo en helicóptero -junio del 2017- mostrando una tela con la consigna 350 Libertad, que lanzó artefactos sonoros (aturdidores) al espacio abierto frente al TSJ, y la toma de una instalación de la GN, maniatando a sus ocupantes, aleccionándolos sobre sus motivaciones, y llevándose algunas armas. Es de resaltar que en esas dos acciones, OAP no causó ni siquiera leves heridas, salvo en el orgullo de los sorprendidos y sometidos por él y sus acompañantes (no identificados). Ninguna de las operaciones califica como terrorista, ni siquiera como criminal.

Las siete personas estaban en un modesto chalet, en el kilómetro 16 de la vía a El Junquito. Fueron rodeados -literalmente, a 360º- por fuerzas policiales y paramilitares, que no atendieron las ofertas de rendición de OAP y sus acompañantes -de lo cual hay evidencias, en varios videos registrados y enviados por el propio OAP, reiterando la disposición del grupo de entregarse, y denunciando que les seguían disparando a pesar de gritar repetidamente que se entregarían. OAP refiere a un oficial con grado de Mayor, con el cual aparentemente mantuvo negociaciones, que conducirían a la entrega formal, con Fiscal del Ministerio Público incluido. La gente armada que mantenía el cerco alrededor del chalet, no permitió la presencia ni del CICPC (Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminales, antigua PTJ), ni de periodistas, lo cual añade dos irregularidades más al turbio episodio. No hubo información oficial durante el día lunes 15, el martes 16 circulaban varias versiones, que no definían el operativo en su conjunto, sus responsables, ni el saldo. La ciudadanía tuvo certeza de dos hechos; El chalet quedó destruido, mostrando no sólo marcas de balazos y daños que no corresponden con lo que debió recibir una pequeña vivienda, cuyos 7 ocupantes ofrecen entregarse sin resistencia, sino la acción de una máquina que procedió a demoler la estructura dañada, lo cual es inaudito, pues destruye la escena del suceso e impide colectar evidencias de lo ocurrido, algo prohibido doquiera impera el marco legal.

A lo anterior se suma el prolongado retardo en la realización de las autopsias y la entrega de los cuerpos a sus familiares, ambos trámites contemplados en la ley. Al parecer, hubo la intención de cremar los cuerpos, a pesar de que legalmente jamás se autoriza la cremación, cuando el fallecimiento fue en condiciones de violencia, o no se han determinado todos los factores que pudieron intervenir para producir la muerte. Generalmente es el Estado el ente que le prohíbe a los ciudadanos, a los particulares, que procedan a cremar a sus deudos -muertos en circunstancias de probable u obvia violencia-, para mantener abierta la posibilidad de más exámenes al cuerpo y determinar con exactitud las causas del óbito. Pero en la Venezuela castrochavista, es al revés: El Estado ejerce la violencia, irrespetando los derechos de los ciudadanos, y el estatuto de Roma, en lugar de garantizar las vidas de quienes están ofreciendo rendirse, los masacra, utilizando exceso de funcionarios y armas, más el vergonzoso ingrediente del paramilitarismo -auspiciado, organizado, respaldado, por la pandilla en el poder, y para colmo, intenta deshacerse de las evidencias, destruye la vivienda y pretende incinerar a las víctimas, sin el consentimiento de sus familias, y contraviniendo lo que establecen las leyes. La presión logró evitar las cremaciones, pero no frenó las insólitas arbitrariedades; El oficialismo dispuso en cuáles cementerios se realizarían los entierros, sin velorio previo, a qué hora y con muy pocos asistentes.

Esta pandilla que destruye a Venezuela, tras la careta de socialistasdelsiglo21 [promiscua mescolanza de resentidos de las derrotadas guerrillas de los años 60 y 70, con oportunistas tradicionales, felones con uniforme -ávidos de hacer dinero sin importarles los delitos que cometan, de narcos a bachaqueros, de desvalijadores de PDVSA, Matanzas y el Arco Minero, a criminales represores-, más el Lumpen amoral y chabacano, enchufado en todas las Nóminas del Estado], ha elaborado una narrativa en la que lo negro se torna blanco, lo feo se vuelve bello, lo sucio se convierte en limpio, los principios son maleables, y a un suceso similar lo juzgan distinto, desde su camaleónica y cínica Doble Moral.

Recordemos a Paul del Río / Máximo Canales: Nació en Cuba 1943, murió en abril 2015, hijo de españoles exiliados que llegaron a Venezuela en 1945. En el 62 se unió al MIR -cabezas calientes de AD, seducidos por el inmediatismo fidelista-, y ya enguerrillado, en nombre del MIR exigió al PCV figuración, porque los comunistas se llevaban todos los créditos de las acciones violentas contra la Democracia y los gobiernos electos por la mayoría de los venezolanos (dos elementos que le causaban alergia al parásito caribeño, gerente local del estalinismo en Latinoamérica). El PCV, en ese pueril debate, acordó ceder el protagonismo de las próximas acciones al MIR y el aspirante a estrella revolucionaria realizó dos secuestros; El del famoso futbolista argentino, Alfredo Di Stéfano, entonces en el Real Madrid, 1963, y el del buque Anzoátegui. Aporrea, al plagio de DiStéfano lo llama “retención amistosa, una manera de llamar la atención del mundo hacia la rebelión en curso en el país, contra uno de los gobiernos más represivos y violadores de los derechos humanos”. AD y COPEI no calificaron de terrorista a del Río, ni lo asesinaron, murió ya viejo, de 72 años. Se dio un tiro, muy probablemente decepcionado con la horrible realidad forjada por esta podredumbre militarizada. Pero, a 52 años de sus arrebatos buscando llamar la atención, los ñángaras nunca calificaron como delictivos sus operativos, tampoco mencionaron que se suicidó. El ñangarato tiene un pañito abrillantador que le quita la mugre a cualquier golpe, atraco, atentado, asesinato, malversación, que haya sido cometido por camaradas o camarados, desde 1958 a esta fecha. Sostienen que: “a diferencia de los cuerpos represivos de los gobiernos de AD y COPEI, la FALN no violaba los derechos humanos, no fusilaba detenidos, no agredía a civiles, no secuestraba a cambio de recompensas económicas, ni torturaba o practicaba la desaparición forzosa de personas”. La versión del ñangarato sobre sus actuaciones durante 60 años, los muestra como Hari Khrisnas embatolados de anaranjado, entonando por las calles cánticos nepaleses, al compás de panderetas y campanillas, lo que enervaba a copeyanos y adecos, que por ello perseguían con saña y sevicia a estos santurrones repartidores de abrazos y besitos.

Ni siquiera involucraré a quienes son los autores intelectuales y justificadores de las atrocidades que ha cometido el sucialismodelsiglo21 en estos 19 años, esa secta perversa integrada por Diosdado, Padrino, Jaua, Peñalver, Vivas, Varela, los hermanitos Rodríguez, que inevitablemente enfrentarán cargos en la Corte Penal Internacional. Me dirigiré a quienes -habiéndose identificado en el pasado con objetivos encomiables, comprometiéndose a luchar contra la corrupción, la injusticia, el clientelismo, los vicios por los que se opusieron al “puntofijismo”-, hoy se ocultan tras el bajo perfil, convenientemente lejos de asumir responsabilidades, en la ambigüedad del que calla (y cree que no otorga).

Preguntas a los de Aporrea, ¿Se podría llamar “retención amistosa”, a la breve toma de la instalación de la GN, y lo del helicóptero “una manera de llamar la atención del mundo hacia la rebelión en curso en el país, contra uno de los gobiernos más represivos y violadores de los derechos humanos”?. A Reyes Reyes, Urdaneta, Acosta Chirinos, Baduel: ¿No les inspira ni pizca de repulsión lo de El Junquito? ¿definirían como impecables operaciones militares las acciones represivas del 2014 y 2017 que dejaron saldo de 40 y 139 asesinados, respectivamente? ¿Satisface su búsqueda de justicia social, esa que los llevó a dar los golpes militares del 92, la existencia y funcionamiento de La Tumba, el Sebín, las arbitrarias detenciones y ruleteo en tribunales, las denuncias de torturas, el desacato a órdenes de excarcelación?. ¿apoyan ustedes la gobbeliana excusa de la “guerra económica”, y también niegan la escasez de alimentos, medicinas, que hay gente escarbando en la basura para sobrevivir, enfermos condenados a fallecer por ausencia del tratamiento necesario, niños que mueren por desnutrición? ¿estamos mejor que en 1998? ¿mejor que en el 92? ¿Van a seguir como los tres monitos, nada ven, nada oyen, nada dicen?

Pregunto a Yibrám Saab , aunque Óscar Alberto no fue su amigo, como Pernalete: ¿No piensa que debería reclamarle a su padre, por la grotesca indolencia que ha demostrado al incumplir su deber en torno a la masacre del Km 16? ¿Será verdad que a Tarek William Saab sólo le preocupan los derechos humanos de sus camaradas y camarados, y que las leyes se respeten cuando eso beneficia a un régimen colectivista-marxista-narcisista?

Pregunto a todos los castrochavistas, castromaduristas, ¿les parece que este desastre es humanista?, ¿que repriman criminalmente las protestas de la ciudadanía afianza lo participativo y protagónico? ¿malversar dineros de presupuestos públicos y de asignaciones de CADIVI, depositarlos y blanquearlos en paraísos fiscales, es revolucionario? ¿ser vulgar colonia de Cuba, parásito miserable y estancado, es ejercicio de Soberanía nacional? ¿endeudarse para comprar chatarra militar a Rusia y mercancías de mala calidad y poca duración a China, servir de puente a terroristas sirios e iraníes, son expresiones de solidaridad internacional? ¿Seguimos como plañideras autómatas, llorando a Jorge Rodríguez padre y a Alberto Lovera, mientras celebramos la represión criminal que asesina a jóvenes demócratas venezolanos?, ¿Reforzamos el reclamo por la presunta masacre en Cantaura (uno de los pilotos era alto pana del fanfarrón de Sabaneta, es importante ficha del PSUV), pero negamos la barbarie del 11 de abril 2002 en Puente Llaguno, la del 15 de enero 2018 en El Junquito, los exterminios de la OLP en Barlovento, la Cota 905? ¿destruyendo el equilibrio ecológico de Guayana con el salvaje funcionamiento del Arco Minero, en manos de bandas delictivas criollas y empresas multinacionales inescrupulosas, beneficiará a Venezuela y obligará al malvado “imperialismo yanqui” a ser responsable en materia ambiental?. ¿Es honesto cuestionar al imperfecto puntofijismo, que nos mantuvo en democracia rumbo a la prosperidad, y bendecir al sucialismodelsiglo21 que arruinó al país, agravó todos nuestros problemas y les anexó vicios que no teníamos, como el narcotráfico endógeno, el pranato penitenciario, las complicidades con países terroristas y la corrupción a escala gigantesca? ¿Es lícito rechazar que la burguesía haya mejorado sus condiciones socioeconómicas hasta 1998, mientras se permite desde 1999 que el ñangarato (usando al lumpen -a cambio de limosnas y permisividad para sus actuaciones delictivas-) controle el país, instaure la inseguridad como paisaje y todos seamos ranchificados obligatoriamente? ¿Masacres malas las de antes, masacres buenas las de ahora?

Nos corresponde difundir las denuncias y mantener las presiones, en lo nacional e internacional, para que se investigue a fondo, se determinen tanto las autorías, material e intelectual, como las arbitrariedades y complicidades posteriores, en la masacre de la que fueron víctimas Daniel Enrique Soto Torres, José Alejandro Díaz Pimentel, Abraham Israel Agostini, los hermanos Abraham Noé y Jairo Simón Lugo Ramos, Lisbeth Andreína Ramírez Mantilla (pareja de Jairo), y Óscar Alberto Pérez. También las muertes de los presuntos funcionarios 1. Nelson Chirinos Cruz y 2. Heyker L. Vásquez F. / Adrium D. Ugarte F., este con dos identidades, Heiker como miembro del colectivo “Tres raíces” del 23 de enero, con prontuario de 5 casos de homicidio y 1 de extorsión, Adrium como efectivo policial, a quien rindieron honores oficiales en el entierro. ¿Delincuente ilustre?


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