En 1856 se encontró en la cueva de Feldhofer, en el valle del Neander (Neander Thal en la ortografía alemana antigua, Neander Tal en la moderna), cerca de Düsseldorf, el esqueleto de un neandertal. La morfología de este esqueleto fue interpretada inicialmente como patológica, o perteneciente a un cosaco desertor del ejército ruso de 1814. En 1864, con estos fósiles, el anatomista irlandés William King define la primera especie humana fósil, el Homo neanderthalensis. Sin embargo, los fósiles de Neander no fueron los primeros fósiles de neandertales encontrados: en 1830 se había descubierto un niño neandertal de dos o tres años en Engis (Bélgica) y en 1848 se descubrió en la cantera de Forbes de Gibraltar un cráneo de un individuo neandertal femenino.
Sin embargo, los neandertales no vieron definitivamente reconocido su estatus de miembros de una forma humana extinguida diferente de la nuestra hasta el hallazgo de los fósiles de Spy (Bélgica) en 1886, de Krapina (Croacia) entre 1899 y 1906, y los numerosos hallazgos que se produjeron en Francia a principios del siglo XX (La Ferrassie, La Quina, Le Moustier, Chapelle-aux-Saints, etc.).
A partir de ese momento se han seguido produciendo numerosos hallazgos de fósiles de neandertales por toda Europa, Próximo Oriente y Asia: Regourdou (Francia), Saccopastore (Italia), Monte Circeo (Italia), Amud (Israel), Kebara (Israel), Tabun (Israel), Shanidar (Irak), Kiik-Koba (Crimea) Teshik-Tash (Uzbekistán, cerca del Mar Caspio), etc. Estos abundantes hallazgos, pertenecientes a un número mínimo de unos 500 individuos, convierten a los neandertales en la especie humana fósil mejor conocida.
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