Jesus Lezama, el eterno fanatico numero Uno de Leones
Razones no faltan para entrevistar a Jesús Lezama. Uno, fue marino bajo el mando de Wolfang Larrazábal, y durante la II Guerra Mundial custodió los buques y pozos petroleros venezolanos en las costas del Zulia. Dos, a sus 90 años le sobran cuentos, desde los más divertidos de cuando era cobrador del INOS e iba de casa en casa por toda la ciudad, hasta la historia triste de su único hermano muerto por la Seguridad Nacional de Pérez Jiménez.
Pero nada de eso justifica este texto: Caracas, ésa es la razón ineludible, y no en vano.
Lezama (sin nombre, como se le conoce popularmente) tiene 55 años viviendo el béisbol en esta capital como ningún otro aficionado lo ha hecho jamás. Desde 1944, cuando se hizo caraquista, ha faltado a contados juegos del equipo que venera, primero llamado Cervecería y hoy en día los Leones.
Su fanatismo supera los límites de los gritos exaltados desde la tribuna, de los que rompen televisores y sufren taquicardia cuando pierde su conjunto. La afición de Lezama llegó a tal intensidad que, a mediados de los 70, la directiva del club decidió hacerlo parte oficial de la divisa, le dio entrada libre a todos los partidos, un uniforme y un número propio, un puesto fijo en el autobús para todos los viajes y los respectivos viáticos para gastos personales.
Desde entonces, peloteros han ido y venido, glorias han nacido y otras se han marchado, prometedores novatos se han convertido en estrellas y estrellas consagradas han colgado ya sus tacos; pero él sigue allí, cada día, cada juego, cada inning, vitoreando la novena, viviendo la pasión genuina de su existencia.
"Mi familia dice que yo me enfermo de marzo a septiembre, y que en octubre, cuando inicia la temporada, me curo. Claro, el béisbol me cura", sonríe.
Esos tres meses de campaña son para él la catarsis de todo un año al que le sobran días. "Ando incómodo cuando no hay pelota. Me hace falta, claro que sí. Es que no me imagino un domingo sin béisbol en Caracas. ¿Qué se hace un domingo en esta ciudad? Nada. Sin béisbol, Caracas es fastidiosísima", señala.