Jorge Antonio Galindo: El día que cayó Gallegos

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redaccion_tf
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Jorge Antonio Galindo: El día que cayó Gallegos

Mensaje por redaccion_tf » 24 Nov 2017, 06:13

Opinión
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La historia venezolana ha sido tan accidentada y dinámica que de cualquier episodio puede tomarse alguna reflexión que permita medianamente comprender el presente. Un 24 de noviembre, hace sesentainueve años, ocurría el derrocamiento del primer Presidente electo por el voto directo, universal y secreto de nuestra etapa republicana, Don Rómulo Gallegos, un prestigioso intelectual que significó, al menos en expectativas, un estreno democrático de lujo por tratarse de un hombre que apostó desde tiempos de Gómez por un país de primera.

El establecimiento de la nueva forma de sufragio para la elección presidencial había motivado grandes debates en el panorama político de la primera mitad del siglo XX, de hecho fue la razón principal que llevó al partido Acción Democrática, encabezado por Rómulo Betancourt, a pactar con el mando medio de la Fuerza Armada Nacional para derrocar al General Isaías Medina Angarita el 18 de octubre de 1945, pues éste, que apenas le faltaban meses para culminar su mandato, consideraba que Venezuela aún no tenía la madurez para asumir la democracia plena y que la conquista de la misma debía hacerse de manera gradual y ordenada, vale decir que hasta ese entonces, al jefe de Estado lo elegía el congreso republicano en forma censitaria. Pero el inmediatismo adeco no lo comprendió, sus dirigentes creyeron que era suficiente votar para instaurar el deseado sistema de libertad partidista y civil en medio de un país que había sido gobernado en más de un siglo por hombres de armas, llámense caudillos o militares de carrera, siendo estos últimos los que habían logrado imponer el orden pero convirtiendo a Venezuela en un gran cuartel. En síntesis, para los dirigentes políticos de la época, el problema podría resolverse con un cambio de gobierno para emprender reformas progresivas, pero coexistiendo con la estructura del Estado castrense, al menos en un inicio, en eso que llamaron “unión cívico-militar”.

En medio de esta coyuntura se forjó entonces el primer ensayo democrático, también recordado como el “trienio adeco”, una junta de gobierno conformada por civiles y militares, presidida por Rómulo Betancourt, que se instaló luego de la rendición de Medina y se mantuvo en el poder desde 1945 hasta inicios de 1948, período en el que prepararon sutilmente el escenario para la elección que llevó a Gallegos al poder con más del 70% de los votos escrutados.

Pero la presidencia de Gallegos había nacido sentenciada, los errores de la ingenuidad e inexperiencia comenzaron a manifestarse, en principio por el sectarismo adeco que, al ser el partido gobernante, no consideró la necesidad de consolidar un gran acuerdo nacional entre los diversos sectores civiles del país que le permitiera brindar un amplio respaldo más que al gobierno, a la democracia recién estrenada, pero además figuró la inocencia del primer mandatario al permitir la enorme influencia militar en los asuntos de Estado, sobre todo de aquellos oficiales que tres años antes se habían atrevido a dar un golpe y que sin duda tendrían esa misma idea si consideraban que para mantener el orden del país debían irrumpir de nuevo, empezando por el Coronel Carlos Delgado Chalbaud, cabecilla de la insurrección del 45, miembro de la Junta de Gobierno de Betancourt y ahora Ministro de la Defensa, siendo el segundo hombre al mando. Gallegos, quizás sin comprenderlo, se vio atrapado en un conflicto de poder entre un partido que se imponía y una Fuerza Armada que se sentía desplazada después de gobernar desde el gomecismo.

Aquel 24 de noviembre, ese primer intento de democracia llegó a su fin, el Presidente fue arrestado y enviado al exilio. Sucedieron diez años de dictadura militar en los cuales fueron ilegalizados los partidos, se suprimieron las libertades civiles y se reinstauró el autoritarismo, una década en que los políticos entendieron desde las frías cárceles, desde la angustiante clandestinidad y desde el solitario extranjero, pasando por los caídos a manos de la siniestra Seguridad Nacional como Leonardo Ruiz Pineda y Antonio Pinto Salinas entre otros, que la democracia es más que un simple factor electoral, que votar sin cambiar al sistema es echar cualquier esfuerzo en un saco roto y que si no se constituye una verdadera unidad que trascienda a los partidos y que articule a todos los sectores nacionales como trabajadores, intelectuales, estudiantes, iglesia, empresarios, médicos, organizaciones comunitarias, etc., no habrá forma alguna de lograr la coalición necesaria para derrotar a la dictadura que hoy ostenta el poder.

Profesor en Ciencias Sociales
Twitter: @jaggalindo
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