Elinor Montes: “¡En mi hambre mando yo!”

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Elinor Montes: “¡En mi hambre mando yo!”

Mensaje por redaccion » 05 Nov 2017, 23:46

Opinión
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Más vigente que nunca esta frase recordada por José Luis Sampedro hace varios años atrás, la cual se refiere al episodio narrado por Salvador de Madariaga en el prólogo de su libro “España”, 1931, pronunciada por un jornalero cuando quisieron comprar su voto y su fidelidad a cambio de unos duros en una época de mucha carestía en España, frase que pasó a la historia por su significación de contención al abuso y al poder.

Lo que nunca puede perder un ser humano es su dignidad, su libertad interior, su capacidad de pensar, de creer y de crear, que es a fin de cuentas lo que nos distingue de los animales y el arma más poderosa contra el dominio de quien pretende ejercer el poder por siempre soportado en la compra de conciencias, en la fuerza y en la conversión de las personas en cosas desechables.

Cuando una sociedad se encuentra sumergida en una guerra no convencional, librada desde el poder de las instituciones de un Estado-partido, en la cual se pretende diezmar al “enemigo” -la gente y en especial a todo aquel que desee vivir en libertad- cortándole los suministros de alimentos, medicinas, atención hospitalaria, medios de comunicación, transporte, energía, agua, armas; causando epidemias; promoviendo la criminalidad; encarcelando, persiguiendo, torturando y asesinando a quienes definió Hanna Arendt como: “el Enemigo Objetivo”; neutralizando los generales del ejército contrario -todo aquel opositor con posibilidad de dirigir o liderar-, a fin de mantener el control total sobre: quien come y quien no, quien puede curarse y quien no, quien puede hablar y quien no, quien puede trabajar y quien no, en fin, quien puede vivir y quien no; lo cual transforma al País en un gran campo de la muerte, lo que le queda a la gente es: ¡Mandar en su hambre! Y entender que la unión tiene que establecerse en torno al rescate de la libertad y no a individualidades que serán neutralizadas cuando constituyan una amenaza para el régimen.

En estas circunstancias la integridad y la solidaridad son valores sustantivos para la sobrevivencia de todos, especialmente para la preservación del alma, principal objetivo del mal, que impulsa el surgimiento de la sociedad de los muertos en vida, dócil, sumisa, corrupta, incapaz de liberarse.

El mal compra el alma de diversas maneras, dando “beneficios directos”: trabajo, cajas de alimentos, casas, línea blanca, contratos, negocios, otros; e indirectos: creando un clima de corrupción total a través de la impunidad garantizada, en espacial a sus propias filas, y empujando a la sociedad a operar en la informalidad, en la ilegalidad, hasta que la corrupción se generaliza. No en balde los sueldos son de hambre, para que surja el rebusque, que en los cuerpos de seguridad del Estado-partido sirve para documentar los expedientes de corrupción que, junto al adoctrinamiento, garantizan la lealtad de las armas a su servicio, de allí que la institucionalidad no exista.

Mientras la ayuda internacional logra la liberación de la nación, vivir es un derecho y un deber.


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