Opinión
Ramón Peña
ND
El cartel de los sapos
Un colombiano, ex capo del narco, llamado Andrés López López, mejor conocido como “Florecita”, escribió en la prisión en Estados Unidos una novela autobiográfica titulada El cartel de los sapos (Editorial Planeta, 2008), que obtuvo gran éxito en su adaptación a una serie televisiva. El autor narra las andanzas de los grandes carteles de la droga en el vecino país, sus dominios territoriales, las intrigas del negocio, sus dimensiones archí millonarias, su connivencia con jerarcas civiles y, sobre todo, militares y la ruda competencia que los lleva a cometer entre sí sicariato y otros crímenes abominables y, cuando la sobrevivencia de sus actores lo precisa, a declararse informantes y delatar a personajes apetecibles para las autoridades nacionales o de la propia DEA estadounidense.
En esta saga de la guerra sucia entre los carteles del fructuoso negocio, es notable la existencia de una red de protección e inteligencia que pagan con generosa retribución a las autoridades militares para operar y transportar su mercadería sin contratiempos. Esto dio lugar a protestas inútiles de oficiales militares acusando a la novela de ridiculizar al Estado y sus funcionarios.
Las noticias que hoy se tejen en nuestro país, de sicariato de militares, un magistrado devenido en informante de la DEA, cargamentos que duermen en cuarteles, súbito sobreseimiento de causas, nos avivan la memoria de El cartel de los sapos.
En ese recordar, llama la atención que al final de la novela, un personaje central del relato, el capo alias “El Cabito”, poderoso, astuto y sanguinario, al verse traicionado hasta por sus propios secuaces y cercado por la DEA y la Policía Nacional Colombiana, decide mudarse a Venezuela contando con sus buenos contactos en la jerarquía militar del vecino país, que le permitirían reconstituir un nuevo emporio. ¿Qué información tendría “Florecita” que lo inspiró a concluir así su histórico relato…?
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