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Roberto Lovera De-Sola: Memoria familiar de una guara nacida
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MensajePublicado: Mar Abr 24, 2012 4:53 am 
Título del mensaje: Roberto Lovera De-Sola: Memoria familiar de una guara nacida

Opinión
Roberto Lovera De-Sola
ND


Memoria familiar de una guara nacida en China

“Me dolía tanto que mis muertos se volvieran a morir conmigo que se me ocurrió la idea de encerrarlos aquí. Este es el retrato de mi memoria”. Teresa de la Parra: Memorias de mamá Blanca. Caracas: Alfaguara, 2011, p.28

“La muerte no existe, la gente muere cuando la olvidamos. Si puedes recordarme siempre estaré contigo”. Isabel Allende: Eva Luna. Barcelona: Plaza y Janés,1987,p.44

¿Qué es el haiku?

Creemos necesario al abrir el libro de Susy Calcina Nagai: Largo haiku para un viaje (Presentación: Blanca Arbealez. Caracas: FB Libros/ARS, 2011. 274 p.) comenzando por el principio, la palabra que se lee en su título: señalar que quiere: haiku, o haikai. Esta se refiere al más breve poema que se conozca en la literatura universal, es un verso que tiene diez y siete sílabas, surgió en el siglo XIII en el Japón y no ha dejado de cultivarse. Incluso llegó a la literatura de la lengua castellana en el siglo XX, gracias al mexicano José Juan Tablada(1871-1945), quien había abrevado en él cuando fue diplomático de su país en el archipiélago nipón. Y fue él, cuando ejerció similares funciones en Caracas, cuando lo divulgó a través de dos brevísimos cuadernos aquí impresos, Un día, poemas sintéticos(Caracas: Imprenta Bolívar,1919) y Lipo y otros poemas(Caracas: Imprenta Bolívar,1920), tal el caso de aquel en el cual se lee: “Distintos cantos a la vez;/La pajarera musical/Es una torre de Babel” (Poesía experimental. Selección y prólogo: Juan Calzadilla. Caracas: Fundación El Perro y La Rana,2006. XXI,183 p. La cita procede de la p.15) o “Bajo el celeste pavor/Delira por la única estrella/El cántico del ruiseñor”(p.89), ambos tomados de su volumen caraqueño Un día. Es tan singular el haiku que Octavio Paz(1914-1998) llegó a decir, en un poema en homenaje a Matsuo Basho(1644-1694), otro de sus grandes cultores, “El mundo cabe/en diecisiete sílabas:/tu en esta choza/…Esto que digo/son apenas tres líneas:/choza de sílabas”(Obra poética. Barcelona: Seix Barral,1990,p.667-668). La presencia de Tablada y sus haikus tuvo sus consecuencias en nuestras letras, tanto que Fernando Paz Castillo(1893-1981), testigo del paso de Tablada por Caracas, llegó a escribir “nos dejó como una semilla de poesía, que sirvió para una renovación de la forma y de la metáfora”(Entre pintores y escritores. Caracas: Editorial Arte,1970,p.94)

Y ya que hablamos de literatura japonesa debemos indicar que fue la escritora japonesa, Murasaki Shikibu (978-1074) la autora de la primera novela escrita en el mundo, la titulada Gengi Monagatari (La Novela de Genji), según esto el género de novela surgió en la Edad Media (476-1453) en las manos de una mujer y no en Europa sino en Asia, lo cual no deja de ser curiosa noticia.

A partir de ese leve canto que es el haiku Susy Calcina Nagai, su primer apellido italiano, el segundo japonés, pero nacida ella, como sus otras cuatro hermanas, en China, nos ofrece su memoria familiar.

Pero también el título del libro se explica por el hecho de que la madre, Jaruko, su nombre japonés, publicaba en la prensa de Barquisimeto, en El impulso, en su columna “Ventana al Oriente”, constantes haikus(p.231).

El género

Los lectores de Largo haiku para un viaje al leerlo se pueden preguntar qué es este libro. Nosotros lo consideramos una autobiografía, por momentos novelada. La autobiografía ha sido género de escaso cultivo en Venezuela, lo cual le añade otro valor a esta obra en nuestras letras. Y es un nuevo jalón dentro de la labor intelectual de la mujer venezolana.

Hay en este libro un pasaje de una carta en la cual Jaruko, la protagonista, le escribe a su mamá y le dice: “Madre, hemos desperdiciado toda una vida. Tantas apariencias, tanto modales perfectos no nos permitieron acercarnos para escuchar nuestros propios corazones”(p.73), se refiere a las rígidas normas de vida japonesa. Pero hay más: abrir el corazón para recordar lo vivido, tal el arte del recuerdo, el que se plasma aquí a través del género autobiográfico, que es el que define este volumen.

El encuentro

Al igual que Largo haiku para un viaje es una autobiografía, el recuento de una vida, es también una memoria familiar. Recuento que se inicia con el encuentro en China del padre, Antonio Rosso, con su futura esposa, Jaruko Nakayama.

Siempre será ella, Jaruko, Anna cuando se case con su marido italiano y se haga cristiana, la esposa y madre, el centro de todo el recuento que hallamos en este libro.

Este tropezón entre Antonio y Anna le concede un particular sesgo a este libro, él venía de Europa y ella del Japón imperial y militarista.

El era un oficial del Ejército italiano, de las Fuerzas Armadas de la Italia fascista, régimen iniciado en 1922 con la marcha de los “camisas negras” de Benito Mussollini(1883-1945) sobre Roma. Aunque como hay de todo en la historia el año 1922, desde el punto de vista literario, fue el muerte de Marcel Proust(1871-1922) con quien se cerró el periplo de la novela europea del siglo XIX; fue el de la publicación del Ulises de James Joyce(1882-1941) que trasmutó el género narrativo; de La tierra estéril de T.S.Eliot(1888-1965), el mayor poema del siglo XX; de la impresión de Trilce de César Vallejo(1892-1938).

En medio de aquello, estos dos seres, los personajes del libro de Susy Calcina Nagai, junto con ella y sus hermanas, nos hacen ver cuál fue la interacción de dos modos de ser, de ver al mundo, de dos nacionalidades antípodas, de dos religiones.

Antonio Rosso había llegado a China en el año 1938. Meses más tarde se inicio la guerra en Europa.

La época

La época en que trascurre el relato que nos ofrece Susy Calcina Nagai, desde los años treinta hasta los años ochenta del siglo XX, es presentada con exactitud por la autora. Nos topamos con el Japón tradicionalista y anti-europeo de aquellos días. Veremos a los padres de Jaruko, Akio Nakayama y Doshi.

El relato se espiga desde el 2 de Diciembre de 1932, en Nagasaki, Japón, sitio del nacimiento de Jaruko, la futura Anna, lugar en donde vivían sus padres, él, general nipón, aquella casta militarista era esencial en la vida japonesa de entonces, sería ella la que llevaría a la nación a la hecatombe de 1945, cuyos pasos fueron las dos explosiones de la bomba atómica en Hiroshima(Agosto 6) y Nagasaki(Agosto 9) y luego la rendición incondicional de Japón ante las fuerzas norteamericanas(Agosto 14), lideradas por el general Douglas Mac Arthur(1880-1964).

Volviendo a 1932, fue entonces cuando la familia de Jaruko se trasladó a Shangai, China, la gran ciudad internacional de la época, la más europea de todas, edificada por los ingleses.

Se ha dicho por algunos historiadores que con la invasión de Japón a China(Septiembre 19,1931), ocurrida el año anterior del inicio del relato de Susy Calcina Nagai, comenzó la Segunda Guerra Mundial(1939-1945), que los estudiosos occidentales datan de ocho más tarde, cuando Alemania invadió a Polonia(Septiembre 1,1939). Con la invasión Japón creó en China el estado títere Manchukuo y puso a PuYi(1906-1967) como rey, fue el último emperador de China (1934-1945), su mandato de este gobierno fantoche culminó con la invasión de la URSS a Manchuria en 1945 (Edward Behr: El último emperador. Barcelona: Planeta,1987.287 p.). En 1937 Shangai cayó en poder de los japoneses.

Fueron los tiempos del fascismo en Europa, en Italia con Mussolini, Alemania con Adolfo Hitler(1889-1945) y España con Francisco Franco(1892-1975), y sus repercusiones, la más grave: la Segunda Guerra Mundial y la llegada al poder de los comunistas en China el 1 de Octubre de 1949. Ello conformara la vida de los protagonistas del relato que el libro nos ofrece. Una familia que padecerá las tragedias del siglo XX, el período bélico, las matanzas, la persecución de las ideas, la instalación de los regimenes totalitarios, la llegada del comunismo a China. Es por ello que el ámbito del recuento que leemos es aquel en el que un mundo tradicional termina y otro nuevo se abre, distinto pero seguramente peor, en la URSS, China y sus satélites. Hoy en día podemos darnos cuenta como el mundo, tras tan trágicas experiencias, no puede cambiar violenta sino paulatinamente, vemos como los comunistas, y la izquierda en general, en todas partes, fracasaron porque el ser humano no gusta de aceptar la imposición y no puede vivir sin libertad.

Pero también la autora nos hace ver aquel mundo, las repercusiones de las ideas europeas, sobre todo el fascismo y el marxismo, en Asia.

Y más adelante la vida venezolana, el existir de una familia de inmigrantes en la región larense, en Barquisimeto y después en Caracas cuando las hijas del matrimonio Rosso vengan a cursar sus estudios universitarios y decidan el sentido de sus vidas adultas.

En la entraña del libro

Al comenzar nuestra lectura de Largo haiku para un viaje nos hallamos con esta observación: “Cuando la gente se enamora es capaz de perder hasta el nombre, ese fue mi caso”(p.7), dice Anna. “El primer error que cometí fue dejar de llamarme Jaruko…¿Qué es esto? Mi historia y la de tu padre, lo bueno y lo malo que hicimos; como empezamos a juntar nuestros equipajes para terminar en esta tierra que nos adoptó con los brazos abiertos…Tus abuelos, la guerra absurda y sus lamentables muertes”(p.7). Y continua la madre su recuento, “Y no solo eso, sino que también renuncié a mi carrera, a mi nacionalidad y hasta perdí mi nombre”(p.81). Pese a ello estaba consciente que en medio de los graves avatares que vivió, “Había descubierto una fortaleza inimaginable para encarar las adversidades”(p.91). Entre eso hechos que debió vivir, creemos que el más duro, no se le puede llamar de otra forma, fue el período cuando al llegar Mao Tse Tung(1893-1976) al poder en Pekín y el marido salió de China para buscar nuevos horizontes y así salvar a su familia de la opresión de la dictadura marxista. En ese momento Anna se quedó sola con sus cuatro hijas, muy niñas todas, y debió tener, para afrontar todo aquel avatar, un especial coraje, pues hasta llegó a pensar que el marido las había abandonado como llegó a imaginar en el desconcierto que llegó a poseerla en aquellas tan durísimos tiempos de fines de la década del cuarenta.

Pero el sufrimiento estaba presente, pues siempre vivió en China y luego en Venezuela el desarraigo de los inmigrantes. La misma Anna recuerda: “Con el tiempo se desarrollaría un terrible sentimiento de frustración y soledad. Para los chinos era una japonesa aristocrática y para los japoneses una traidora por haber renunciado a su nacionalidad; los europeos tampoco la aceptaban por sus rasgos y color de piel aún cuando su nacionalidad fuera italiana. Temía que sus hijas en un futuro fueran víctimas de los mismos prejuicios”(p.92).

Toda aquella aventura vital, tan llena de desasosiego, las hallamos expresada en diversos pasajes del libro. Veamos unos ejemplos: “En el trayecto de Teinsing hacia Hong Kong, Antonio notó el gran signo de interrogación que llevaba marcados en su frente todos viajeros. Desconocían que les aguardaba”(p.111), fue en el momento de salir de China, junto a muchos otros desterrados que huían de la opresión de aquella autocracia y como él expresó no sabía que les esperaba. Fue el mismo sino vivido por todos aquellos europeos, que en aquellas mismas fechas huían de sus países, buscando tierras de libertad. Lo que hizo Antonio, quien tras pasar a los Estados Unidos viajó a Venezuela al saber que uno de sus hermanos vivía aquí.

En 1950, en Barquisimeto, abrió las puertas de su panadería “San Antonio”. Fue él, y luego su familia, otro grupo de la creadora inmigración que recibió Venezuela en los años cincuenta, época de la dictadura de Pérez Jiménez, pero de desarrollo urbanístico, económico y social destacable, un hecho que si bien reconocen los historiadores del período no gusta ser escuchado por los que sufrieron durante aquel gobierno la pérdida de las libertades públicas y las persecuciones a sus disidentes. Pero un examen sereno de aquellos días, debe tener en cuenta lo que hemos apuntado, debe hacerse con los ojos de la historia, lejano a lo propalado por seguidores del General de Michelena y, desde luego, lejos de lo expresado por los adversarios. Ya han pasado cincuenta y cuatro años de la caída de aquel gobierno y se impone su examen imparcial, tal como nos lo han hecho ver los historiadores, en los libros de Carlos Capriles Ayala(Pérez Jiménez y su tiempo. Caracas: Editorial Dusa,1985-1988. 3 vols), Carlos Alarico Gómez(Marcos Pérez Jiménez, el último dictador. Caracas: Los Libros de El Nacional,2007. 233 p.) y Manuel Felipe Sierra(Marcos Pérez Jiménez. Caracas: El Nacional/Bancaribe,2009.123 p.).

Antonio Rosso buscó entre nosotros un camino para su familia, mientras ella logró sobrevivir los últimos días en China, salir con sus hijas, dirigirse a Italia con destino de la casa de la familia de su esposo en Sicilia, en Siracusa. Por ello al leer una carta que Antonio le envió desde Barquisimeto, “Anna releyó varias veces la carta. Nunca pensó que tantos acontecimientos cruzarían por el camino de los dos”(p.156).

Pero el ser desterrada fue el sino de la vida de ella. En los cuadros que pintaba, pues además de universitaria era artista, un día el esposo vio reflejado su drama. Leemos: “De las tantas lecturas que Antonio dio al cuadro, sabía que la más acertada era la tristeza de su esposa por no conocer el destino que tuvieron sus padres”(p.220). Esa fue su tragedia vital. Fue expulsada por su papá de la casa por casarse con un extranjero. Escondida logró verla unas veces su madre. Pero dejó de ver a sus progenitores e ignoró, hasta después de la muerte de ambos, que se habían salvado de la explosión nuclear en Hiroshima, que con el tiempo se habían trasladado a Suiza donde habían fallecido. De haberlo sabido Anna, así se llamó desde que se bautizó católica pero poderse casar por la Iglesia, en sus viajes a Europa hubiera podido ir a visitarlos y llevarles las cuatro nietas para que conocieran a los abuelos. El viejo General hubiera tenido que rendirse ante la ternura que le hubiera producido encontrarse con las niñas. Pero Anna nunca llegó a saber aquello. Tal los horrores que producen las guerras y los desplazamientos de las gentes.

En Venezuela

Momento impresionante para nosotros de este libro: lo constituye el hecho de cuál y cómo era aquella Venezuela que encontraron al establecerse aquí, aquel país en pleno de desarrollo de los años cincuenta, un país lleno de oportunidades, en donde la familia pudo progresar, en donde todos los que trabajaban pudieron hacerlo.

En verdad la inmigración cambió el rostro del país, sobre todo por la presencia de italianos, españoles, portugueses y de los que huían del nazismo en Alemania y del comunismo y de las persecuciones de los judíos, o en 1956 tras el levantamiento de Hungría en busca de libertad, la primera insurrección contra el comunismo en Europa, y la subsiguiente invasión de la URSS para frenarla. De esa inmigración tuvimos nosotros adolescentes la experiencia de escuchar el testimonio de una familia húngara, los Arany, quienes huyeron a pie de Hungría, el matrimonio y los dos hijos, aquí también encontraron acogida y trabajo. Fue en esa casa en donde gustamos por vez primera los sabrosos Gulasch que preparaba la mamá de nuestros compañeros de estudio, Pedro y Pablo. Esa misma tragedia de la diáspora sucedería en Checoeslovaquia en 1968, pero esto fue la primera campanada de la caída del comunismo que terminaría sucediendo en 1989, precipitada precisamente el día en que Hungría abrió sus fronteras por tanto tiempo cerradas. Ello sucedió 11 de Septiembre de 1989, cuarenta días más tarde cayó el Muro de Berlín (noviembre 10,1989) y una nueva hora de libertad comenzó para la humanidad. Al año siguiente se unificó Alemania (octubre 30,1990) y catorce meses después desapareció la URSS (Diciembre 31,1991).

Para cerrar

Para terminar debemos señalar que en su Largo haiku para un viaje Susy Calcina Nagai nos ha ofrecido un libro particular entre los que tratan de la gran inmigración recibida por Venezuela tras la Segunda Guerra Mundial, la primera de significación en nuestro país contemporáneo, distinto porque trata sobre una experiencia humana que nos vino desde Asia y no desde Europa como han sido la mayoría de las que hemos conocido, ya al escuchar sus testimonios de sus víctimas, ya al leer los libros que muchos de ellos y de ellas han publicado. Tal la singularidad del libro que aquí hemos reseñado.

(Leído en el Círculo de Lectura de la Asociación de Vecinos de La Lagunita, en su sesión de la tarde del miércoles 7 de marzo de 2012).
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