Ismael Pérez Vigil: El 15-O, ¿abstención o fraude?

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redaccion_tf
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Ismael Pérez Vigil: El 15-O, ¿abstención o fraude?

Mensaje por redaccion_tf » 21 Oct 2017, 08:36

Opinión
ND


Los resultados del 15-O reflejan, para la oposición y el país, un escenario que nadie esperaba. Hasta el más contumaz y recalcitrante abstencionista daba por seguro que la oposición obtendría, al menos, la mitad de las gobernaciones del país. No fue así. Los resultados, fueron al revés de lo que daban todas las encuestas. Hay que felicitar a quienes ganaron en sus estados y los recuperaron para la democracia y para su pueblo, pero aunque la oposición tiene tres gobernaciones más de las que tenía, nada nos puede consolar del hecho de que no se cumplieran los vaticinios anhelados y mucho menos de haber perdido “joyas” tan preciadas como Miranda y Lara.

Vayamos a la reflexión sobre los resultados. Parto de una premisa fundamental y es que, dada la situación política del país, lo del 15-O no era una simple elección de gobernadores, sino una medición; como lo expresara magníficamente la periodista Argelia Ríos en un tuiter el 29 de septiembre: “…no estamos eligiendo gobernadores. Los ganadores quizás no ejerzan. Estamos en una medición de fuerzas” De manera que hay dos factores que combinados explican lo ocurrido: la abstención y el fraude, que fueron el centro de la estrategia de la dictadura.

La participación/abstención.

El resultado sorpresivo no es solo por las gobernaciones ganadas o perdidas, lo es también por el porcentaje de participación o abstención que acompañan a esos resultados. Según cifras que publicó el CNE, la abstención promedio fue del 37%, que aunque es más baja que el promedio para este tipo de eventos –de 42% – representa un incremento del 11% con respecto a los comicios del 6D de 2015. No podemos pretender que el 6D no existió, para analizar el resultado del 15-O que, como dije, más que una elección, era una medición. También resalto que habría que examinar estado por estado esa cifra, pues las encuestas anunciaban resultados algo distintos con ese nivel de participación y la abstención afectó de manera diferente a unos u otros estados, pero ese no es mi objetivo en esta reflexión.

En mi artículo de la semana pasada: Abstención, el daño en cifras, (https://ismaelperezvigil.wordpress.com/ ... en-cifras/) señalé que: “En el electorado venezolano hay un “peso muerto” del 34%, que cuando se eleva, perjudica a la oposición y cuando se mantiene en ese punto o desciende, como fue el caso de las elecciones parlamentarias del 2015 que bajó al 26%, se obtienen grandes beneficios.”, pues bien, la abstención en este proceso fue del 37%, un 11% más alta que la de las parlamentarias del año 2015 y estamos viendo el resultado. Si evaluamos algunas cifras por estado: en Miranda fue del 41%, en Lara del 36%, en Bolívar del 42%, en Vargas del 36% y así pudiéramos seguir. Incluso en los estados en donde la oposición ganó, la abstención fue muy alta, como por ejemplo en Zulia y Táchira en donde fue del 44% y del 40%, respectivamente. Allí la victoria opositora o la derrota de la dictadura se pueden explicar por la ausencia o presencia combinada de otros factores.

Sin culpar a la “abstención” por el ciento por ciento de los resultados del pasado domingo, negar que una vez más tuviera su impacto, es demagógico y cerrar los ojos a la realidad. Pero hay varias formas de analizar el impacto de la abstención y en todas el resultado es el mismo; por ejemplo, los que prefieren compararlo con los resultados de las elecciones de gobernadores, en 2012 con una abstención del 47%, obtuvimos tres gobernaciones; en 2017 con una abstención más baja, del 37%, obtuvimos más gobernaciones, seis, incluyendo el Estado Bolívar que fue nos fue arrebatado; es decir, menor abstención, mayores beneficios. Hay otra manera de medirlo; según las cifras publicadas los votos que perdió la dictadura con respecto a las elecciones de 2015 son muy pocos, menos de 250 mil votos, en comparación con los que perdió la oposición que se remontan a más de 2,2 millones de votos.

Lo cierto es que se comprobó una vez más que el aumento de la abstención, en este caso con respecto al 6D de 2015 y al promedio general, 34%, a quien perjudicó más fue a la oposición. No se trata, como algunos, dicen de responsabilizar o exculpar a los electores, sino de constatar un hecho innegable y comprobar que quienes señalamos que estimular la abstención era hacerle el juego a la política de la dictadura, estábamos en lo correcto. No entiendo porque ahora quienes asumieron esa política se resisten a aceptar sus consecuencias.

El Fraude.

Antes de que los viudos de la calle me vayan a preguntar que pienso de “el fraude”, lo diré de una vez: Sí, hubo fraude; pero gritar “fraude” es lo fácil, lo difícil es probarlo. Nadie me tiene que convencer del fraude –lo vengo observando y denunciando con este régimen, “sobrevenido” hoy en dictadura, desde 1999– pero hay que dejar de buscarlo en las máquinas y en los números; si pensamos que está allí, entonces hay que demostrarlo, pruebas en mano. Desde luego que tener las actas es mucho mejor que no tenerlas, porque sin ellas nunca podremos probar nada ante nadie, pero aunque las tengamos todas, cuyos resultados usualmente coincidirán con los resultados que arrojaron las máquinas, tampoco es garantía de nada. "Acta mata fraude”, pero hace décadas se decía: “Acta mata voto”, y lo estamos comprobando amargamente en el Estado Bolívar. Luchamos contra una dictadura.

Ahora no podemos obviar otra realidad; el CNE nos está retando, nos está diciendo: aquí están nuestros números. Es el momento de dejar de decir “fraude” y sacar las cifras, si se tienen. Si no se tienen, hay que dejar de buscar en las actas, números que no están y poner el acento donde se dio el gigantesco fraude: todas las violaciones perpetradas por el CNE/dictadura antes del día de la votación, que destruyen el derecho y el secreto del voto de los venezolanos. Lo que hace la MUD cuando declara que hay que determinar todas las “incidencias” o irregularidades que afectaron los resultados, es lo correcto; pero vamos a estar claros, nadie lo va a reconocer porque es el tipo de acciones que políticamente no complacen a nadie, no tienen glamur político, cuando lo que se espera es una acción mágica, contundente, que resuelva las cosas en un instante.

Sí, sí hubo fraude y gigantesco, está en todas esas irregularidades que se han denunciado: suspensión y adelanto de fechas electorales, ventajismo, la no sustitución de candidatos, inhabilitación de candidatos y de la MUD, migraciones y reubicaciones, saboteos y violencia contra las mesas, y ese largo etcétera con muchos detalles que ya se han mencionado y que no vale la pena volver a enumerar a los fines de esta reflexión. Miles de "triquiñuelas", delitos electorales, que se constituyen en fraude porque fueron hechos, antes y durante el día de la votación, con la deliberada intención de alterar los resultados. Están allí, hay que denunciarlos, determinarlos, contarlos, impugnarlos, pero sobre todo, tomarlos en cuenta para el futuro.

Por ejemplo, la “reubicación” ilegal de centros, 48 y 24 horas antes del día de votación, entre otras cosas impactó los resultados en Miranda, más que en otras entidades. Como no haya sido además una forma de camuflar otra irregularidad, la “migración” de votantes desde municipios y estados vecinos. Habrá que revisar y contrastar el REP y mejor aún los cuadernos de votación, uno a uno, para despejar esta duda. Otro ejemplo, no permitir la “sustitución” de candidatos, que con otras irregularidades y la alteración de actas terminaron con la victoria opositora en el Estado Bolívar.

Mientras tanto hay cifras que el CNE/dictadura debe explicar; por ejemplo, los 8 millones de votos que anuncio Tibisay Lucena el 30J que no se vieron por ninguna parte, ni ese día votando, ni después se han publicado, no existen, de eso no hay actas, ni números, ni nada. ¿Dónde están más de dos millones de supuestos votos del oficialismo que se evaporaron en tan solo dos meses y medio, entre el megafraude del 30J y los resultados de 15-O? En cambio, la oposición si puede explicar mejor sus números, pues una buena parte de los firmantes del plebiscito del 15J estaban en el exterior, que en esta oportunidad no votaron. Pero hay una votación “dura” del oficialismo que no podemos negar –aunque entendamos que está sostenida con políticas clientelares, intimidación y abuso de las necesidades y carencias en alimentos y medicinas– y que luce más “fiel” que la opositora, ésta segunda mucho más voluble a los estados de ánimo y resultados de otros eventos políticos.

Como conclusión, la combinación de estos dos factores, abstención y fraude, explican la derrota sufrida por la oposición. Si los votos no están, el fraude es más fácil. En 2015 la dictadura tenía que anular casi tres millones de votos para ganar. No lo hizo. Utilizó otros mecanismos –sentencias del TSJ– para desconocer los resultados, pero lo está pagando caro internacionalmente. Para el 15-O cambió la estrategia. En unas elecciones regionales, que son 23 elecciones diferentes, solo necesitó arrebatar o eliminar unos miles de votos por entidad para "ganar". Lo hizo por diversas vías, la mayoría antes del 15-O. Pero, para conquistar el poder hay que tener vocación de poder. ¿Cómo se saca a la gente a la calle a defender lo que no hizo? ¿Van a salir a la calle los que no votaron a defender los votos de los que sí lo hicimos?

¿Y ahora qué?

Hay más cosas que analizar, papel de la MUD, estrategias, organización, y otras. Serán temas de próximas reflexiones; pero de una vez adelanto mi propuesta, a explicar con detalle en la próxima ocasión: Superar rápidamente la situación actual. Se puede caminar y masticar chicle al mismo tiempo; es decir se puede denunciar e investigar todo lo ocurrido y exigir condiciones electorales justas y al mismo tiempo prepararse para las elecciones de alcaldes y presidenciales de 2018. Yo, al menos, que creo en la vía electoral, al tenor de los resultados, pienso que lo que hay que hacer es prepararse mejor de lo que lo hemos hecho hasta ahora. Fijarse en los números duros que tenemos, no en los que no tenemos.

@Ismael_Perez


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