Nelson Castellano-Hernández: Liberalismo político vs libertinaje chavista

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Nelson Castellano-Hernández: Liberalismo político vs libertinaje chavista

Mensaje por redaccion » 06 Oct 2017, 22:20

Opinión
ND


El régimen es enemigo de la iniciativa privada, por eso ha tacado la libre empresa y no cesa en su intento por eliminar la propiedad privada, la universidad autónoma y los partidos políticos… todo lo que no puede controlar.

Con esa persecución, despojó a los centros de educación superior de los recursos, obligó a los docentes a desertar los centros educativos para poder sobrevivir, desapareció la inversión, la producción nacional y miles de puestos de trabajo.

Contrario al libertinaje chavista, el liberalismo se basa en la defensa de las iniciativas individuales, lo que implica una ciudadanía responsable, fuerte y económicamente independiente… en otras palabras dueña de su destino.

Su independencia limita la intervención del Estado en políticas económicas y sociales y eso no le gusta al chavismo que, como fieles seguidores de Fidel y Raúl, lo único que les interesa es el control de los ciudadanos, a fin de disponer sin oposición alguna, de los recursos del país.

El chavismo ha traído como consecuencia la ruina, la escasez, la inflación, la desaparición de nuestras antiguas condiciones de vida y la perdida de la patria. Actualmente en manos de los intereses, de los gobiernos de Cuba, China, Irán y Rusia.

Al contrario del desbordamiento chavista, el liberalismo político cree en la democracia representativa y en la libertad individual. Es una filosofía que promueve el respeto de valores y principios republicanos. Muy distinto al socialismo del siglo XXI, que promueve una forma de organización irrespetuosa de la ley, la ética y la moral.

La “revolución rojita” no es más que un libertinaje del poder que, colocó en puestos de dirección a gente sin preparación, a integrantes de mafias y delincuentes; cuya principal credencial es ser parte del partido de gobierno, tener el “cuero duro” y ser lo suficientemente cínicos para sostener una cosa cuando su intención es otra. Pero sobre todo para garantizar que las instituciones que dirigen, se pongan al servicio de los intereses partidarios del Psuv.

El sistema chavista divide a la nación en ciudadanos de primera y de segunda, donde los rojos, actúan como dueños y el pueblo sufre, las consecuencias de la corrupción gubernamental y de la incapacidad demostrada para dirigir el país. El control del sistema judicial les permite actuar con total impunidad.

Para el autoritarismo bolivariano, la única libertad aceptada es la que está a su servicio, un desenfreno sin límites ausente de principios que, les permite robar directamente del erario público y de los capitales privados, a través de la expropiación; también se autorizan enriquecerse con el tráfico de drogas, el contrabando y el lavado de dólares. Como toda organización delictiva, todo es válido si sirve para conseguir lo que desean y para mantener el control de las instituciones del Estado.

Evidentemente es países como los nuestros, con tantos problemas agudos, consecuencia del desgobierno del régimen de Maduro, el liberalismo económico como solución de salida a la crisis, no es una solución mágica ni inmediata.

La reconstrucción de Venezuela necesitará recuperar instituciones, devolverles su esencia democrática; implicará concebir unas fuerzas armadas y un sistema nacional de Justicia al servicio de la Patria. Una campaña de reconstrucción de las infraestructuras, de los hospitales y las universidades, exigirá una fuerte inversión económica; devolver la confianza a la inversión, nacional e internacional pasará por restablecer la seguridad jurídica.

Tendremos necesidad de desarmar la delincuencia organizada, desalojar a terroristas, guerrilleros y fuerzas extranjeras. Castigar a los autores de delitos contra la humanidad; recibir nuestros compatriotas exilados; invitar a tantos venezolanos capacitados a contribuir en la recuperación nacional y aprender con humildad a vivir juntos de nuevo.

En Venezuela para que una posición liberal tenga éxito, no podrá encontrarse despojada de cierta responsabilidad social, garantizando la igualdad de condiciones, estableciendo un mercado de competencia justo y priorizando las soluciones que atiendan, los gravísimos problemas que enfrentan los ciudadanos.

El sistema liberal en su concepción política, implica la participación de todos los miembros de la sociedad, elecciones libres y soberanas y el respeto a las decisiones democráticas. Dentro de este sistema, los más capacitados demuestran sus competencias para poder acceder a puestos de responsabilidad.

Debería ser una evidencia, que el pueblo seleccionara entre sus mejores hombres y que sean estos, en representación del soberano, quienes tomen las decisiones, tomando en consideración los mercados nacionales y multinacionales.

Pienso que, si bien pueden existir riesgos para el individuo, en un mercado controlado solamente por las multinacionales, estos riesgos son como un niño de pecho, frente a la internacional terrorista o el proyecto marxista del Foro de Sao Paulo. Estos últimos desconocen nuestra condición de seres humanos, van más allá de los beneficios económicos, buscan esclavizar al individuo, colectivizarlo y colocarlo al servicio de la nomenclatura de la organización.

El régimen de Maduro, mucho más que cualquier gobierno capitalista, ha convertido la libertad, la salud, el acceso a los alimentos, el trabajo, la libertad de expresión, la propiedad y la libre circulación, en un mecanismo de coerción al individuo. Permitiendo o negando el acceso a sus derechos, a cambio de su libertad y su obediencia ciega.

Después que despertemos de este cataclismo, los venezolanos deberíamos haber aprendido la lección, será la ocasión de construir un sistema que repose en los principios de los derechos naturales y acabar con la concepción de un Estado omnipresente que, confunde conducir un país con una idea de monarquía presidencial.

Las organizaciones políticas si desean recuperar la confianza, deberán comenzar por respetar que la sociedad no es homogénea; que el individuo tiene valores propios de vida y que, en su condición de políticos, son depositarios de una confianza, que los coloca no sobre, si no al servicio de la sociedad.

En lugar de una Venezuela uniformizada, tendremos la posibilidad de acelerar la innovación, y el acceso a nuevas tecnologías. Romper definitivamente este proceso colectivista para permitirnos constituir los espacios necesarios, donde las personas puedan concretizar sus aspiraciones y escoger entre diferentes alternativas.

Termino estas reflexiones insistiendo en lo que estamos viviendo: el libertinaje del régimen Maduro que, ha exhibido de manera grotesca, una actitud irrespetuosa ante el orden jurídico, la ética y la moral. Sus miembros sienten que sus deseos no tienen, ni control ni límites; “el otro” no significa nada ante su proyecto totalitario.

Frente a esta triste realidad promuevo dos últimas ideas, en primer lugar, la primacía del individuo frente al colectivo. Si bien estamos hecho para vivir en sociedad, esta no puede organizarse, bajo principios que preconicen la negación de los derechos humanos.

Segundo, recuperemos la tolerancia, que implica aceptar el otro en su total diversidad, venimos de sufrir el chavismo intolerante, el que prometió freír la cabeza de sus contrarios, el que convirtió al oponente en enemigo, el que permitió robar o asesinar como método de venganza social. Nos toca evitar actuar como ellos, comencemos por recuperar el control del Estado y con ello el respeto de la condición humana de sus nacionales… luego nos tocará abrir puertas, tender puentes y juntos reconstruir Venezuela.

Ex Cónsul de Venezuela en París
Presidente de Venezuela-Futura, Francia


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