¿QUO VADIS TRIBUNAL SUPREMO DE JUSTICIA?
Supongamos por un momento, y es sólo una hipótesis de trabajo, una especulación, una suposición, que usted se encuentra frente a un oso pardo, un tigre de bengala, un rinoceronte, un león y un cocodrilo (puede seguir añadiendo todos los animalitos que desee), e intenta entablar con ellos una conversación con pretensiones de que sea amistosa, civilizada y constructiva. Pueden ocurrir dos cosas. Una, que, sorprendentemente y como por arte de magia, todos se sienten cómodamente en un sofá, crucen las patas y le escuchen atentamente. Dos, que en un abrir y cerrar de ojos a usted se lo hayan zampado y, si siguen con hambre, se enzarcen entre ellos mismos. Posiblemente, usted coincidirá conmigo en que lo más probable es que la segunda hipótesis sea la consecuencia inmediata de su intento de diálogo educado con estos animales.
Con este gobierno sucede que, como los animalitos del párrafo anterior, sólo sabe rugir, dar zarpazos y descuartizar; y éste, también, es uno de los motivos por los que me siento molesta y disgustada con la oposición. Son esas actitudes de plañideras que mantienen determinados dirigentes opositores, que, sabiendo perfectamente lo que hay, siguen, una y otra vez, insistiendo en una posibilidad de diálogo (por demás, ilusoria) con el/los gobernante/s actuales. Pero no sólo mi contrariedad es con ellos; es también con la gente que sale a la calle reivindicando alguna cosa y, de manera absolutamente predecible e invariable, estas personas concluyen pidiendo que comparezca o les atienda el jefe máximo del rojerío troglodita, o alguno de sus despreciables satélites aduladores de más alto rango.
Venezuela se ha convertido en una selva y, por consiguiente, las reglas de juego han pasado a ser las del medio en el que ya nos encontramos. No se me malinterprete. No quiero decir que tengamos que comernos los unos a los otros, sino que, teniendo claro qué es a lo que nos enfrentamos, dejemos de lado el candor infantil, las ingenuidades, y asumamos, de una vez por todas, que ni siquiera existe un límite y/o techo de posibilidades de entendimiento con las huestes de la barbarie que, un mal día, se le ocurrió al pueblo venezolano colocar en el poder (incluso en el mayor nivel de confrontación política, en los países democráticos y civilizados siempre existe,
in extremis, una eventual posibilidad de diálogo y entendimiento que aquí no se da). Sencillamente, no existe, ni existirá, posibilidad alguna de diálogo con quienes están completamente cerrados a escuchar a otros/as que opinen distinto. Es decir, esa gente está en otra onda cerebral absolutamente desconocida para los seres humanos racionales, esto es, no tienen, ni soñando, una sola de las ondas
ram-alta, beta, alfa, theta y delta; de ahí la cantidad de disparates aberrantes que tenemos que oír, ver y vivir a todas horas. En fin, todo concluye siempre en una especie de diálogo de besugos o de sordos. Seguir insistiendo por esa vía es perder, irremediablemente, el tiempo. A ver si se van dando cuenta de que enfrente lo que hay es pura y dura intolerancia, fanatismo y sectarismo (lo de la ideología es un cuento chino que utilizan para adornar sus soflamas incendiarias).
Lo dije hace algún tiempo y lo vuelvo a reiterar (ver
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=496238):
los militares deben permanecer en sus cuarteles; deben ser instruidos permanentemente sobre los valores constitucionales; deben ser ilustrados constantemente sobre los verdaderos valores democráticos; y debería aprobarse una ley (cuando llegue el momento, por supuesto) para que no puedan concurrir a ningún evento electoral por un período no inferior a diez años a partir del momento mismo de su renuncia, baja forzada o jubilación de la FAN, a fin de que se puedan reincorporar y readaptar a la vida y sociedad civil. Por este mismo razonamiento, aunque les comprendo, no me dan ninguna lástima los badueles, ni los ismaeles, ni los miquilenas, y tantos otros/as, porque -y esto es un hecho extraordinario e insólito en alguien que se defina como demócrata (excepto Baduel, que es otro que siempre anduvo en contubernios)- hay que ser muy irresponsables, políticamente hablando, para apoyar a impenitentes militares cuya máxima fue siempre la sempiterna intriga, maquinación, complot, conjura y golpismo. Allá ellos con sus actuales rasgaduras de vestiduras, porque ésta que está aquí no se cree ni una sola palabra que salga por la boca de todos estos conversos, porque no vale ahora venirnos con el cuento de que el que ha cambiado es el otro. Ése no ha cambiado en nada, ya que su idea primigenia es lo que ya estamos saboreando.
Empero, ¿qué pinta en todo esto el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Venezuela? Pues, mucho, tal y como voy a exponer a continuación; y aunque haga referencia exclusiva al TSJ, lo que diré es igualmente válido para el resto de poderes sometidos y arrodillados de la República de Venezuela (no agrego lo de Bolivariana porque ya me hiede fuertemente a podrido).
Como resulta que
tempos fugit (el tiempo vuela), a ustedes, los/as magistrados/as del TSJ, que podrían haber puesto un poco de orden y concierto en este terreno inculto poblado de maleza y enmarañado a más no poder, también les llegará la hora, tal que a Luis Velázquez Alvaray, y otros/as, porque en la jauría bestial en que se han convertido, terminarán por destrozarse internamente y sin piedad... No hace falta que venga nadie de fuera ni que hayan conspiraciones de ninguna clase. Tiempo al tiempo, porque, además, ustedes representan, con todos los honores, la cara más negra, oscura y siniestra de la historia de la judicatura en Venezuela.
Ustedes, magistrados y magistradas del TSJ, han sido incapaces, no sólo de mantener su independencia judicial del poder ejecutivo y del legislativo, sino que, han sido fiadores y sostén de las barrabasadas y/o despropósitos de un gobierno que pisotea sistemáticamente
TODOS los derechos humanos y, en especial, un derecho fundamental como es el de la libertad de expresión; y ustedes, en el colmo del cinismo, no sólo avalan estos atropellos, sino que desprecian y se colocan al margen del Derecho Internacional. Sin embargo, llegará el momento en que incluso la sociedad civil organizada (ver páginas dedicada a este tema en
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=492902&postdays=0&postorder=asc&start=0) se vea obligada (como ya lo está haciendo) a recurrir a todas las vías internacionales posibles, incluido, entre otros muchos, al procedimiento 1503 de la ONU.
Ustedes pagarán, porque nada ni nadie es eterno y todo tiene su término. Pero, no como venganza, no, sino juzgados por tribunales de justicia libres e independientes.
Ustedes han prostituido, como nunca alguno antes lo hiciera, el Derecho y la Justicia, y han despedazado hasta extremos increíbles el elevado concepto “
Ius est ars boni et aequi” (el Derecho es el arte de lo bueno y lo justo), porque se han dedicado a sentenciar perversamente y a apoyar el terrorismo de Estado que ya venimos soportando -estoicamente, todo hay decirlo- en nuestro país.
Madre, yo al oro me humillo, él es mi amante y mi amado, pues de puro enamorado de continuo anda amarillo; que pues, doblón o sencillo, hace todo cuanto quiero, poderoso caballero es don Dinero..., que diría el quisquilloso don Francisco Gómez de Quevedo y Santibáñez Villegas (1580-1645). ¿No es verdad, señoras y señores del más alto tribunal venezolano?... ¡Poderoso caballero es don Dinero! Ustedes, aparte de miserables, son unos innegables e indiscutibles vendidos.
Ustedes, siguiéndole el juego al sátrapa que nos desgobierna, han violentado y enlodado la norma principal de convivencia que nos dimos todos/as los/as ciudadanos/as venezolanos/as, la Constitución, a la que han encenagado hasta límites insospechados hace tan solo unos años atrás. Pareciera que, como en una película de ciencia-ficción, ustedes han sufrido una programación para la alteración de sus conductas, revolviéndose colérica y agresivamente contra toda la sociedad de este país o, simplemente, son unos oportunistas de tomo y lomo. A ustedes, en su momento, se les pasará factura por ello, aunque se escondan bajo las piedras.
Así que, concluyendo y respondiendo a la pregunta del título de este post, ¿
Quo vadis, TSJ? (¿Adónde vas, TSJ?), en mi modesta opinión,
el TSJ de Venezuela se encamina directamente al pozo de la ignominia-infamia-oprobio-deshonor-descrédito-deshonra-degradación-demérito y la mayor de las vergüenzas. ¡Tremenda basura que nos ha caído encima!
Finalmente, a los/as que han llegado a este punto y han tenido la cortesía y paciencia de leerme, les recomiendo que sigan el sabio consejo del poeta romano Quinto Horacio Flaco (65a.C.-8a.C.):
Aequam memento rebus in arduis servare mentem, non secus in bonis ab insolenti temperatam laetitia (Recuerda conservar la mente serena en los momentos difíciles; así como templada en los favorables y lejos de la alegría exagerada).
NDLC.