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| Autor |
Mensaje |
LB Rojito

Registrado: 05 Nov 2009 Mensajes: 37 Ubicación: Av. Universidad. Esquina El Chorro.
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Publicado: Lun Nov 16, 2009 3:00 pm
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| Cita: |
Pueblo y Revolución construyendo la Patria Comunal!!!
Rodilla en tierra y bayoneta calada
Patria, comunismo o muerte… venceremos!!!
Rumbo al comunismo afroindobolivariano!!! |
ASI ES CAMARADA ... CONSTRUYENDO UNA VENEZUELA COMUNISTA Y INTELIGENTE!
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The Bends

Registrado: 17 Jul 2009 Mensajes: 134 Ubicación: Aqui y Ahora
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Publicado: Lun Nov 16, 2009 3:10 pm
Título del mensaje: |
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Epa muerganito! siempre de jodedor!, mira ahora es que tu vienes a leer esos libros? yo los lei hace unos cuantos años... ahora es que te vienes a enterar de todo esto? tas quedao Cham@...bueno, en fin! te recomiendo un libro de ARTURO USLAR PIETRI, que se titula "DE UNA A OTRA VENEZUELA" para que entiendas un poco mas... de este "proceso"! jejeje.... que jodedor! |
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Marcos Evangelista

Registrado: 16 Ene 2006 Mensajes: 2484 Ubicación: Quinta La Moraleja, Madrid
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Publicado: Lun Nov 16, 2009 3:27 pm
Título del mensaje: |
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| Cita: |
PARA LOS QUE LES GUSTA LA "FOTICO" CON LOS IDOLOS DEL MOJON DE SABANETA BOLIVAR Y MARX, VEAN COMO MARX VOLVIA MIERDA A NUESTRO LIBERTADOR LLAMANDOLO HOMOSEXUAL, BRUTO Y COBARDE.
ENTONCES COMO ES LA VAINA, DEFENDEMOS A MARX O A BOLIVAR?? |
http://www.simon-bolivar.org/bolivar/index.html
Bolívar y Ponte
Apuntes biográficos sobre Simón Bolívar
BOLÍVAR Y PONTE, Simón, el «Libertador» de Colombia, nació el 24
de julio de 1783 en Caracas y murió en San Pedro, cerca de Santa
Marta, el 17 de diciembre de 1830. Descendía de una de las familias
mantuanas, que en la época de la dominación española constituían la
nobleza criolla en Venezuela. Con arreglo a la costumbre de los
americanos acaudalados de la época, se le envió Europa a la temprana
edad de 14 años. De España pasó Francia y residió por espacio de
algunos años en París. En 1802 se casó en Madrid y regresó a
Venezuela, donde su esposa falleció repentinamente de fiebre amarilla.
Luego de este suceso se trasladó por segunda vez a Europa y asistió en
1804 a la coronación de Napoleón como emperador, hallándose
presente, asimismo, cuando Bonaparte se ciñó la corona de hierro de
Lombardía. En 1809 volvió a su patria y, pese a las instancias de su
primo José Félix Ribas, rehusó adherirse a la revolución que estalló en
Caracas el 19 de abril de 1810. Pero, con posterioridad a ese
acontecimiento, aceptó la misión de ir a Londres para comprar armas y
gestionar la protección del gobierno británico. El marqués de Wellesley,
a la sazón ministro de relaciones exteriores, en apariencia le dio buena
acogida. pero Bolívar no obtuvo más que la autorización de exportar
armas abonándolas al contado y pagando fuertes derechos. A su regreso
de Londres se retiró a la vida privada, nuevamente, hasta que en
setiembre de 1811 el general Miranda, por entonces comandante en jefe
de las fuerzas rectas de mar y tierra, lo persuadió de que aceptara el
rango de teniente coronel en el estado mayor y el mando de Puerto
Cabello, la principal plaza fuerte de Venezuela.
Cuando los prisioneros de guerra españoles, que Miranda enviaba
regularmente a Puerto Cabello para mantenerlos encerrados en la
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ciudadela, lograron atacar por sorpresa la guardia y la dominaron,
apoderándose de la ciudadela, Bolívar, aunque los españoles estaban
desarmados, mientras que él disponía de una fuerte guarnición y de un
gran arsenal, se embarcó precipitadamente por la noche con ocho de
sus oficiales, sin poner al tanto de lo ocurría ni a sus propias tropas,
arribó al amanecer a Guaira y se retiró a su hacienda de San Mateo.
Cuando la guarnición se enteró de la huida de su comandante,
abandonó en buen orden la plaza, a la que ocuparon inmediato los
españoles al mando de Monteverde. Este acontecimiento inclinó la
balanza a favor de España y forzó a Miranda a suscribir, el 26 de julio
de 1812, por encargo del congreso, el tratado de La Victoria, que
sometió nuevamente a Venezuela al dominio español. El 30 de julio
llegó Miranda a La Guaira, con la intención embarcarse en una nave
inglesa. Mientras visitaba al coronel Manuel María Casas, comandante
de la plaza, se encontró con un grupo numeroso, en el que se contaban
don Miguel Peña y Simón Bolívar, que lo convencieron de que se
quedara, por lo menos una noche, en la residencia de Casas. A las dos
de la madrugada, encontrándose Miranda profundamente dormido,
Casas, Peña y Bolívar se introdujeron en su habitación con cuatro
soldados armados, se apoderaron precavidamente de su espada y su
pistola, lo despertaron y con rudeza le ordenaron que se levantara y
vistiera, tras lo cual lo engrillaron y entregaron a Monteverde. El jefe
español lo remitió a Cádiz, donde Miranda, encadenado, murió después
de varios años de cautiverio. Ese acto, para cuya justificación se
recurrió al pretexto de que Miranda había traicionado a su país la
capitulación de La Victoria, valió a Bolívar el especial favor de
Monteverde, a tal punto que cuando el primero le solicitó su pasaporte,
el jefe español declaró: «Debe satisfacerse el pedido del coronel
Bolívar, como recompensa al servicio prestado al rey de España con la
entrega de Miranda».
Se autorizó así a Bolívar a que se embarcara con destino a Curazao,
donde permaneció seis semanas. En compañía de su primo Ribas se
trasladó luego a la pequeña república de Cartagena. Ya antes de su
arribo habían huido a Cartagena gran cantidad de soldados, ex
combatientes a las órdenes del general Miranda. Ribas les propuso
emprender una expedición contra los españoles en Venezuela y
reconocer a Bolívar como comandante en jefe. La primera propuesta
recibió una acogida entusiasta; la segunda fue resistida, aunque
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finalmente accedieron, a condición de que Ribas fuera el lugarteniente
de Bolívar. Manuel Rodríguez Torices, el presidente de la república de
Cartagena, agregó a los 300 soldados así reclutados para Bolívar otros
500 hombres al mando de su primo Manuel Castillo. La expedición
partió a comienzos de enero de 1813. Habiéndose producido
rozamientos entre Bolívar y Castillo respecto a quién tenía el mando
supremo, el segundo se retiró súbitamente con sus granaderos. Bolívar,
por su parte, propuso seguir el ejemplo de Castillo y regresar a
Cartagena, pero al final Ribas pudo persuadirlo de que al menos
prosiguiera en su ruta hasta Bogotá, en donde a la sazón tenía su sede
el Congreso de Nueva Granada. Fueron allí muy bien acogidos, se les
apoyó de mil maneras y el congreso los ascendió al rango de generales.
Luego de dividir su pequeño ejército en dos columnas, marcharon por
distintos caminos hacia Caracas. Cuanto más avanzaban, tanto más
refuerzos recibían; los crueles excesos de los españoles hacían las
veces, en todas partes, de reclutadores para el ejército independentista.
La capacidad de resistencia de los españoles estaba quebrantada, de un
lado porque las tres cuartas partes de su ejército se componían de
nativos, que en cada encuentro se pasaban al enemigo; del otro debido
a la cobardía de generales tales como Tízcar, Cajigal y Fierro, que a la
menor oportunidad abandonaban a sus propias tropas. De tal suerte
ocurrió que Santiago Mariño, un joven sin formación, logró expulsar de
las provincias de Cumaná y Barcelona a los españoles, al mismo tiempo
que Bolívar ganaba terreno en las provincias occidentales. La única
resistencia seria la opusieron los españoles a la columna de Ribas,
quien no obstante derrotó al general Monteverde en Los Taguanes y lo
obligó a encerrarse en Puerto Cabello el resto de sus tropas.
Cuando el gobernador de Caracas, general Fierro, tuvo noticias de que
se acercaba Bolívar, le envió parlamentarios para ofrecerle una
capitulación, la que se firmó en La Victoria. Pero Fierro, invadido por
un pánico repentino y sin aguardar el regreso de sus propios emisarios,
huyó secretamente por la noche y dejó a más de 1.500 españoles
librados a la merced del enemigo. A Bolívar se le tributó entonces una
entrada apoteótica. De pie, en un carro de triunfo, al que arrastraban
doce damiselas vestidas de blanco y ataviadas con los colores
nacionales, elegidas todas ellas entre las mejores familias caraqueñas,
Bolívar, la cabeza descubierta y agitando un bastoncillo en la mano, fue
llevado en una media hora desde la entrada la ciudad hasta su
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residencia. Se proclamó «Dictador y Libertador de las Provincias
Occidentales de Venezuela» -Mariño había adoptado el título de
«Dictador de las Provincias Orientales»-, creó la «Orden del
Libertador», formó un cuerpo de tropas escogidas a las que denominó
guardia de corps y se rodeó de la pompa propia de una corte. Pero,
como la mayoría de sus compatriotas, era incapaz de todo esfuerzo de
largo aliento y su dictadura degeneró pronto en una anarquía militar,
en la cual asuntos más importantes quedaban en manos de favoritos que
arruinaban las finanzas públicas y luego recurrían a medios odiosos
para reorganizarlas. De este modo el novel entusiasmo popular se
transformó en descontento, y las dispersas fuerzas del enemigo
dispusieron de tiempo para rehacerse. Mientras que a comienzos de
agosto de 1813 Monteverde estaba encerrado en la fortalede Puerto
Cabello y al ejército español sólo le quedaba una angosta faja de tierra
en el noroeste de Venezuela, apenas tres meses después el Libertador
había perdido su prestigio y Caracas se hallaba amenazada por la
súbita aparición en sus cercanías de los españoles victoriosos, al mando
de Boves. Para fortalecer su poder tambaleante Bolívar reunió, el 1de
enero de 1814, una junta constituida por los vecinos caraqueños más
influyentes y les manifestó que no deseaba soportar más tiempo el fardo
de la dictadura. Hurtado de Mendoza, por su parte, fundamentó en un
prolongado discurso «la necesidad de que el poder supremo se
mantuviese en las manos del general Bolívar hasta que el Congreso de
Nueva Granada pudiera reunirse y Venezuela unificarse bajo un solo
gobierno». Se aprobó esta propuesta y, de tal modo, la dictadura recibió
una sanción legal.
Durante algún tiempo se prosiguió la guerra contra los españoles, bajo
la forma de escaramuzas, sin que ninguno de los contrincantes
obtuviera ventajas decisivas. En junio de 1814 Boves, tras concentrar
sus tropas, marchó de Calabozo hasta La Puerta, donde los dos
dictadores, Bolívar y Mariño, habían combinado sus fuerzas. Boves las
encontró allí y ordenó a sus unidades que las atacaran sin dilación.
Tras una breve resistencia, Bolívar huyó a Caracas, mientras que
Mariño se escabullía hacia Cumaná. Puerto Cabello y Valencia cayeron
en las manos de Boves, que destacó dos columnas (una de ellas al
mando del coronel González) rumbo a Caracas, por distintas rutas.
Ribas intentó en vano contener el avance de González. Luego de la
rendición de Caracas a este jefe, Bolívar evacuó a La Guaira, ordenó a
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los barcos surtos en el puerto que zarparan para Cumaná y se retiró con
el resto de sus tropas hacia Barcelona. Tras la derrota que Boves
infligió a los insurrectos en Aragüita, el 8 de agosto de 1814, Bolívar
abandonó furtivamente a sus tropas, esa misma noche, para dirigirse
apresuradamente y por atajos hacia Cumaná, donde pese a las airadas
protestas de Ribas se embarcó de inmediato en el «Bianchi», junto con
Mariño y otros oficiales. Si Ribas, Páez y los demás generales hubieran
seguido a los dictadores en su fuga, todo se habría perdido. Tratados
como desertores a su arribo a Juan Griego, isla Margarita, por el
general Arismendi, quien les exigió que partieran, levaron anclas
nuevamente hacia Carúpano, donde, habiéndolos recibido de manera
análoga el coronel Bermúdez, se hicieron a la mar rumbo a Cartagena.
Allí a fin de cohonestar su huida, publicaron una memoria de
justificación, henchida de frases altisonantes.
Habiéndose sumado Bolívar a una conspiración para derrocar al
gobierno de Cartagena, tuvo que abandonar esa pequeña república y
seguir viaje hacia Tunja, donde estaba reunido el Congreso de la
República Federal de Nueva Granada. La provincia de Cundinamarca,
en ese entonces, estaba a la cabeza de las provincias independientes que
se negaban a suscribir el acuerdo federal neogranadino, mientras que
Quito, Pasto, Santa Marta y otras provincias todavía se hallaban en
manos de los españoles. Bolívar, que llegó el 22 de noviembre de 1814 a
Tunja, designado por el congreso comandante en jefe de las fuerzas
armadas federales y recibió la doble misión de obligar al presidente de
la provincia de Cundinamarca a reconociera la autoridad del congreso
y de marchar luego sobre Santa Marta, el único puerto de mar
fortificado granadino aún en manos de los españoles. No presentó
dificultades el cumplimiento del primer cometido, puesto que Bogotá, la
capital de la provincia desafecta, carecía de fortificaciones. Aunque la
ciudad había capitulado, Bolívar permitió a sus soldados que durante
48 horas la saquearan. En Santa Marta el general español Montalvo,
disponía tan sólo de una débil guarnición de 200 hombres y de una
plaza fuerte en pésimas condiciones defensivas, tenía apalabrado ya un
barco francés para asegurar su propia huida; los vecinos, por su parte,
enviaron un mensaje a Bolívar participándole que, no bien apareciera,
abrirían las puertas de la ciudad y expulsarían a la guarnición. Pero en
vez de marchar contra los españoles de Santa Marta, tal como se lo
había ordenado el congreso, Bolívar se dejó arrastrar por su encono
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contra Castillo, el comandante de Cartagena, y actuando por su propia
cuenta condujo sus tropas contra esta última ciudad, parte integral de la
República Federal. Rechazado, acampó en Popa, un cerro situado
aproximadamente a tiro de cañón de Cartagena. Por toda batería
emplazó un pequeño cañón, contra una fortaleza artillada con unas 80
piezas. Pasó luego del asedio al bloqueo, que duró hasta comienzos de
mayo, sin más resultado que la disminución de sus efectivos, por
deserción o enfermedad, de 2.400 a 700 hombres. En el ínterin una gran
expedición española comandada por el general Morillo y procedente de
Cádiz había arribado a la isla Margarita, el 25 de marzo de 1815.
Morillo destacó de inmediato poderosos refuerzos a Santa Marta y poco
después sus fuerzas se adueñaron de Cartagena. Previamente, empero,
el 10 de mayo 1815, Bolívar se había embarcado con una docena de
oficiales en un bergantín artillado, de bandera británica, rumbo a
Jamaica. Una vez llegado a este punto de refugio publicó una nueva
proclama, en la que se presentaba como la víctima de alguna facción o
enemigo secreto y defendía su fuga ante los españoles como si se tratara
una renuncia al mando, efectuada en aras de la paz pública.
Durante su estada de ocho meses en Kingston, los generales que había
dejado en Venezuela y el general Arismendi en la isla Margarita
presentaron una tenaz resistencia las armas españolas. Pero después
que Ribas, a quién Bolívar debía su renombre, cayera fusilado por los
españoles tras la toma de Maturín, ocupó su lugar un hombre de
condiciones militares aun más relevantes. No pudiendo desempeñar, por
su calidad de extranjero, un papel autónomo en la revolución
sudamericana, este hombre decidió entrar al servicio de Bolívar. Se
trataba de Luis Brión. Para prestar auxilios a los revolucionarios se
había hecho a la mar en Londres, rumbo a Cartagena, con una corbeta
de 24 cañones, equipada en gran parte a sus propias expensas y
cargada con 14.000 fusiles y una gran cantidad de otros pertrechos.
Habiendo llegado demasiado tarde y no pudiendo ser útil a los rebeldes,
puso proa hacia Cayos, en Haití, adonde muchos emigrados patriotas
habían huido tras la capitulación de Cartagena. Entretanto Bolívar se
había trasladado también a Puerto Príncipe donde, a cambio de su
promesa de liberar a los esclavos, el presidente haitiano Petión le
ofreció un cuantioso apoyo material para una nueva expedición contra
los españoles de Venezuela. En Los Cayos se encontró con Brión y los
otros emigrados y en una junta general se propuso a sí mismo como jefe
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de la nueva expedición, bajo la condición de que, hasta la convocatoria
de un congreso general, él reuniría en sus manos los poderes civil y
militar. Habiendo aceptado la mayoría esa condición, los
expedicionarios se hicieron a la mar el 16 de abril de 1816 con Bolívar
como comandante y Brión en calidad de almirante. En Margarita,
Bolívar logró ganar para su causa a Arismendi, el comandante de la
isla, quien había rechazado a los españoles a tal punto que a éstos sólo
les restaba un único punto de apoyo, Pampatar. Con la formal promesa
de Bolívar de convocar un congreso nacional en Venezuela no bien se
hubiera hecho dueño del país, Arismendi hizo reunir una junta en la
catedral de Villa del Norte y proclamó públicamente a Bolívar jefe
supremo de las repúblicas de Venezuela y Nueva Granada. El 31 de
mayo de 1816 desembarcó Bolívar en Carúpano, pero no se atrevió a
impedir que Mariño y Piar se apartaran de él y efectuaran, por su
propia cuenta, una campaña contra Cumaná. Debilitado por esta
separación y siguiendo los consejos de Brión se hizo a la vela rumbo a
Ocumare [de la Costa], adonde arribó el 3 de julio de 1816 con 13
barcos, de los cuales sólo 7 estaban artillados. Su ejército se componía
tan sólo de 650 hombres, que aumentaron a 800 por el reclutamiento de
negros, cuya liberación había proclamado. En Ocumare difundió un
nuevo manifiesto, en el que prometía «exterminar a los tiranos» y
«convocar al pueblo para que designe sus diputados al congreso. Al
avanzar en dirección a Valencia, se topó, no lejos de Ocumare, con el
general español Morales, a la cabeza de unos 200 soldados y 100
milicianos. Cuando los cazadores de Morales dispersaron la vanguardia
de Bolívar, éste, según un testigo ocular, perdió «toda presencia de
ánimo y sin pronunciar palabra, en un santiamén volvió grupas y huyó a
rienda suelta hacia Ocumare, atravesó el pueblo a toda carrera, llegó a
la bahía cercana, saltó del caballo, se introdujo en un bote y subió a
bordo del « Diana», dando orden a toda la escuadra de que lo siguiera
a la pequeña isla de Bonaire y dejando a todos sus compañeros
privados del menor auxilio». Los reproches y exhortaciones de Brión lo
indujeron a reunirse a los demás jefes en la costa de Cumaná; no
obstante, como lo recibieron in amistosamente y Piar lo amenazó con
someterlo a un consejo de guerra por deserción y cobardía, sin tardanza
volvió a partir rumbo a Los Cayos. Tras meses y meses de esfuerzos,
Brión logró finalmente persuadir a la mayoría de los jefes militares
venezolanos -que sentían la necesidad de que hubiera un centro, aunque
simplemente fuese nominal- de que llamaran una vez más a Bolívar
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como comandante en jefe, bajo la condición expresa de que convocaría
al congreso y no se inmiscuiría en la administración civil. El 31 de
diciembre de 1816 Bolívar arribó a Barcelona con las armas,
municiones y pertrechos proporcionados por Pétion. El 2 de enero de
1817 se le sumó Arismendi, y el día 4 Bolívar proclamó la ley marcial y
anunció que todos los poderes estaban en sus manos. Pero 5 días
después Arismendi sufrió un descalabro en una emboscada que le
tendieran los españoles, y el dictador huyó a Barcelona. Las tropas se
concentraron nuevamente en esa localidad, adonde Brion le envió tanto
armas como nuevos refuerzos, de tal suerte que pronto Bolívar dispuso
de una nueva fuerza de 1.100 hombres. El 5 de abril los españoles
tomaron la ciudad de Barcelona, y las tropas de los patriotas se
replegaron hacia la Casa de la Misericordia, un edificio sito en las
afueras. Por orden de Bolívar se cavaron algunas trincheras, pero de
manera inapropiada para defender contra un ataque serio una
guarnición de 1.000 hombres. Bolívar abandonó la posición en la noche
del 5 de abril, tras comunicar al coronel Freites, en quien delegó el
mando, que buscaría tropas de refresco y volvería a la brevedad. Freites
rechazó un ofrecimiento de capitulación, confiado en la promesa, y
después del asalto fue degollado por los españoles, al igual que toda la
guarnición.
Piar, un hombre de color, originario de Curazao, concibió y puso en
práctica la conquista de la Guayana, a cuyo efecto el almirante Brión lo
apoyó con sus cañoneras. El 20 de julio, ya liberado de los españoles
todo el territorio, Piar, Brión, Zea, Mariño, Arismendi y otros
convocaron en Angostura un congreso de las provincias y pusieron al
frente del Ejecutivo un triunvirato; Brión, que detestaba a Piar y se
interesaba profundamente por Bolívar, ya que en el éxito del mismo
había puesto en juego su gran fortuna personal, logró que se designase
al último como miembro del triunvirato, pese a que no se hallaba
presente. Al enterarse de ello Bolívar, abandonó su refugio y se presentó
en Angostura, donde, alentado por Brión, disolvió el congreso y el
triunvirato y los remplazó por un «Consejo Supremo de la Nación», del
que se nombró jefe, mientras que Brión y Francisco Antonio Zea
quedaron al frente, el primero de la sección militar y el segundo de la
sección política. Sin embargo Piar, el conquistador de Guayana, que
otrora había amenazado con someter a Bolívar ante un consejo de
guerra por deserción, no escatimaba sarcasmos contra el «Napoleón de
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las retiradas», y Bolívar aprobó por ello un plan para eliminarlo. Bajo
las falsas imputaciones de haber conspirado contra los blancos,
atentado contra la vida de Bolívar y aspirado al poder supremo, Piar
fue llevado ante un consejo de guerra presidido por Brión y, condenado
a muerte, se le fusiló el 16 de octubre de 1817. Su muerte llenó a Mariño
de pavor. Plenamente consciente de su propia insignificancia al hallarse
privado del concurso de Piar, Mariño, en una carta abyectísima,
calumnió públicamente a su amigo victimado, se dolió de su propia
rivalidad con el Libertador y apeló a la inagotable magnanimidad de
Bolívar.
La conquista de la Guayana por Piar había dado un vuelco total a la
situación, en favor de los patriotas, pues esta provincia sola les
proporcionaba más recursos que las otras siete provincias venezolanas
juntas. De ahí que todo el mundo confiara en que la nueva campaña
anunciada por Bolívar en una flamante proclama conduciría a la
expulsión definitiva de los españoles. Ese primer boletín, según el cual
unas pequeñas partidas españolas que forrajeaban al retirarse de
Calabozo eran «ejércitos que huían ante nuestras tropas victoriosas»,
no tenía por objetivo disipar tales esperanzas. Para hacer frente a 4.000
españoles, que Morillo aún no había podido concentrar, disponía
Bolívar de más de 9.000 hombres, bien armados y equipados,
abundantemente provistos con todo lo necesario para la guerra. No
obstante, a fines de mayo de 1818 Bolívar había perdido unas doce
batallas y todas las provincias situadas al norte del Orinoco. Como
dispersaba sus fuerzas, numéricamente superiores, éstas siempre eran
batidas por separado. Bolívar dejó la dirección de la guerra en manos
de Páez y sus demás subordinados y se retiró a Angostura. A una
defección seguía la otra, y todo parecía encaminarse a un descalabro
total. En ese momento extremadamente crítico, una conjunción de
sucesos afortunados modificó nuevamente el curso de las cosas. En
Angostura Bolívar encontró a Santander, natural de Nueva Granada,
quien le solicitó elementos para una invasión a ese territorio, ya que la
población local estaba pronta para alzarse en masa contra los
españoles. Bolívar satisfizo hasta cierto punto esa petición. En el
ínterin, llegó de Inglaterra una fuerte ayuda bajo la forma de hombres,
buques y municiones, y oficiales ingleses, franceses, alemanes y polacos
afluyeron de todas partes a Angostura. Finalmente, el doctor [Juan]
Germán Roscio, consternado por la estrella declinante de la revolución
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sudamericana, hizo su entrada en escena, logró el valimiento de Bolívar
y lo indujo a convocar, para el 15 de febrero de 1819, un congreso
nacional, cuya sola mención demostró ser suficientemente poderosa
para poner en pie un nuevo ejército de aproximadamente 14.000
hombres, con lo cual Bolívar pudo pasar nuevamente a la ofensiva.
Los oficiales extranjeros le aconsejaron diera a entender que
proyectaba un ataque contra Caracas para liberar a Venezuela del yugo
español, induciendo así a Morillo a retirar sus fuerzas de Nueva
Granada y concentrarlas para la defensa de aquel país, tras lo cual
Bolívar debía volverse súbitamente hacia el oeste, unirse a las guerrillas
de Santander y marchar sobre Bogotá. Para ejecutar ese plan, Bolívar
salió el 24 de febrero de 1819 de Angostura, después de designar a Zea
presidente del congreso y vicepresidente de la república durante su
ausencia. Gracias a las maniobras de Páez, los revolucionarios batieron
a Morillo y La Torre en Achaguas, y los habrían aniquilado
completamente si Bolívar hubiese sumado sus tropas a las de Páez y
Mariño. De todos modos, las victorias de Páez dieron por resultado la
ocupación de la provincia de Barinas, quedando expedita así la ruta
hacia Nueva Granada. Como aquí todo estaba preparado por
Santander, las tropas extranjeras, compuestas fundamentalmente por
ingleses, decidieron el destino de Nueva Granada merced a las victorias
sucesivas alcanzadas el 1 y 23 de julio y el 7 de agosto en la provincia
de Tunja. El 12 de agosto Bolívar entró triunfalmente a Bogotá,
mientras que los españoles, contra los cuales se habían sublevado todas
las provincias de Nueva Granada, se atrincheraban en la ciudad
fortificada de Mompós.
Luego de dejar en funciones al congreso granadino y al general
Santander como comandante en jefe Bolívar marchó hacia Pamplona,
donde pasó más de dos meses en festejos y saraos. El 3 de noviembre
llego a Mantecal, Venezuela, punto que había fijado a los jefes patriotas
para que se le reunieran con sus tropas Con un tesoro de unos
2.000.000 de dólares, obtenidos de los habitantes de Nueva Granada
mediante contribuciones forzosas, y disponiendo de una fuerza de
aproximadamente 9.000 hombres, un tercio de los cuales eran ingleses,
irlandeses, hanoverianos y otros extranjeros bien disciplinados, Bolívar
debía hacer frente a un enemigo privado de toda clase de recursos,
cuyos efectivos se reducían a 4.500 hombres, las dos terceras partes de
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los cuales, además, eran nativos y mal podían, por ende, inspirar
confianza a los españoles. Habiéndose retirado Morillo de San
Fernando de Apure en dirección a San Carlos, Bolívar lo persiguió
hasta Calabozo, de modo que ambos estados mayores, enemigos se
encontraban apenas a dos días de marcha el uno del otro. Si Bolívar
hubiese avanzado con resolución, sus solas tropas europeas habrían
bastado para aniquilar a los españoles. Pero prefirió prolongar la
guerra cinco años más.
En octubre de 1819 el congreso de Angostura había forzado a renunciar
a Zea, designado por Bolívar, y elegido en su lugar a Arismendi. No
bien recibió esta noticia, Bolívar marchó con su legión extranjera sobre
Angostura, tomó desprevenido a Arismendi, cuya fuerza se reducía a
600 nativos, lo deportó a la isla Margarita e invistió nuevamente a Zea
en su cargo y dignidades. El doctor Roscio, que había fascinado a
Bolívar con las perspectivas de un poder central, lo persuadió de que
proclamara a Nueva Granada y Venezuela como «República de
Colombia», promulgase una constitución para el nuevo estado -
redactada por Roscio- y permitiera la instalación de un congreso común
para ambos países. El 20 de enero de 1820 Bolívar se encontraba de
regreso en San Fernando de Apure. El súbito retiro de su legión
extranjera, más temida por los españoles que un número diez veces
mayor de colombianos, brindó a Morillo una nueva oportunidad de
concentrar refuerzos. Por otra parte, la noticia de que una poderosa
expedición a las órdenes de O'Donnell estaba a punto de partir de la
Península, levantó los decaídos ánimos del partido español. A pesar de
que disponía de fuerzas holgadamente superiores, Bolívar se las arregló
para no conseguir nada durante la campaña de 1820. Entretanto llegó
de Europa la noticia de que la revolución en la isla de León había
puesto violento fin a la programada expedición de O'Donnell. En Nueva
Granada, 15 de las 22 provincias se habían adherido al gobierno de
Colombia, y a los españoles sólo les restaban la fortaleza de Cartagena
y el istmo de Panamá. En Venezuela, 6 de las 8 provincias se sometieron
a las leyes colombianas. Tal era el estado de cosas cuando Bolívar se
dejó seducir por Morillo y entró con él en tratativas que tuvieron por
resultado, el 25 de noviembre de 1820, la concertación del convenio de
Trujillo, por el que se establecía una tregua de seis meses. En el
acuerdo de armisticio no figuraba una sola mención siquiera a la
Republica de Colombia, pese a que el congreso había prohibido, a texto
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expreso, la conclusión de ningún acuerdo con el jefe español si éste no
reconocía previamente la independencia de la república.
El 17 de diciembre, Morillo, ansioso de desempeñar un papel en
España, se embarcó en Puerto Cabello y delegó el mando supremo en
Miguel de Latorre; el 10 de marzo de 1821 Bolívar escribió a Latorre
participándole que las hostilidades se reiniciarían al término de un
plazo de 30 días. Los españoles ocupaban una sólida posición en
Carabobo, una aldea situada aproximadamente a mitad de camino entre
San Carlos y Valencia; pero en vez de reunir allí todas sus fuerzas,
Latorre sólo había concentrado su primera división, 2.500 infantes y
unos 1.500 jinetes, mientras que Bolívar disponía aproximadamente de
6.000 infantes, entre ellos la legión británica, integrada por 1.100
hombres, y 3.000 llaneros a caballo bajo el mando de Páez. La posición
del enemigo le pareció tan imponente a Bolívar, que propuso a su
consejo de guerra la concertación de una nueva tregua, idea que, sin
embargo, rechazaron sus subalternos. A la cabeza de una columna
constituida fundamentalmente por la legión británica, Páez, siguiendo
un atajo, envolvió el ala derecha del enemigo; ante la airosa ejecución
de esa maniobra, Latorre fue el primero de los españoles en huir a
rienda suelta, no deteniéndose hasta llegar a Puerto Cabello, donde se
encerró con el resto de sus tropas. Un rápido avance del ejército
victorioso hubiera producido, inevitablemente, la rendición de Puerto
Cabello, pero Bolívar perdió su tiempo haciéndose homenajear en
Valencia y Caracas. El 21 de setiembre de 1821 la gran fortaleza de
Cartagena capituló ante Santander. Los últimos hechos de armas en
Venezuela -el combate naval de Maracaibo en agosto de 1823 y la
forzada rendición de Puerto Cabello en julio de 1824- fueron ambos la
obra de Padilla. La revolución en la isla de León, que volvió imposible
la partida de la expedición de O'Donnell, y el concurso de la legión
británica, habían volcado, evidentemente, la situación a favor de los
colombianos.
El Congreso de Colombia inauguró sus sesiones en enero de 1821 en
Cúcuta; el 30 de agosto promulgó la nueva constitución y, habiendo
amenazado Bolívar una vez más con renunciar, prorrogó los plenos
poderes del Libertador. Una vez que éste hubo firmado la nueva carta
constitucional, el congreso lo autorizó a emprender la campaña de
Quito (1822), adonde se habían retirado los españoles tras ser
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desalojados del istmo de Panamá por un levantamiento general de la
población. Esta campaña, que finalizó con la incorporación de Quito,
Pasto y Guayaquil a Colombia, se efectuó bajo la dirección nominal de
Bolívar y el general Sucre, pero los pocos éxitos alcanzados por el
cuerpo de ejército se debieron íntegramente a los oficiales británicos, y
en particular al coronel Sands. Durante las campañas contra los
españoles en el Bajo y el Alto Perú -1823-1824- Bolívar ya no consideró
necesario representar el papel de comandante en jefe, sino que delegó
en el general Sucre la conducción de la cosa militar y restringió sus
actividades a las entradas triunfales, los manifiestos y la proclamación
de constituciones. Mediante su guardia de corps colombiana manipuló
las decisiones del Congreso de Lima, que el 10 de febrero de 1823 le
encomendó la dictadura; gracias a un nuevo simulacro de renuncia,
Bolívar se aseguró la reelección como presidente de Colombia.
Mientras tanto su posición se había fortalecido, en parte con el
reconocimiento oficial del nuevo estado por Inglaterra, en parte por la
conquista de las provincias alto peruanas por Sucre, quién unificó a las
últimas en una república independiente, la de Bolivia. En este país,
sometido a las bayonetas de Sucre, Bolívar dio curso libre a sus
tendencias al despotismo y proclamó el Código Boliviano, remedo del
Code Napoleón. Proyectaba trasplantar ese código de Bolivia al Perú, y
de éste a Colombia, y mantener a raya a los dos primeros estados por
medio de tropas colombianas, y al último mediante la legión extranjera
y soldados peruanos. Valiéndose de la violencia, pero también de la
intriga, de hecho logró imponer, aunque tan sólo por unas pocas
semanas, su código al Perú. Como presidente y libertador de Colombia,
protector y dictador del Perú y padrino de Bolivia, había alcanzado la
cúspide de su gloria. Pero en Colombia había surgido un serio
antagonismo entre los centralistas, o bolivistas, y los federalistas,
denominación esta última bajo la cual los enemigos de la anarquía
militar se habían asociado a los rivales militares de Bolívar. Cuando el
Congreso dé Colombia, a instancias de Bolívar, formuló una acusación
contra Páez, vicepresidente de Venezuela, el último respondió con una
revuelta abierta, la que contaba secretamente con el apoyo y aliento del
propio Bolívar; éste, en efecto, necesitaba sublevaciones como pretexto
para abolir la constitución y reimplantar la dictadura. A su regreso del
Perú, Bolívar trajo además de su guardia de corps 1.800 soldados
peruanos, presuntamente para combatir a los federalistas alzados. Pero
al encontrarse con Páez en Puerto Cabello no sólo lo confirmó como
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máxima autoridad en Venezuela, no sólo proclamó la amnistía para los
rebeldes, sino que tomó partido abiertamente por ellos y vituperó a los
defensores de la constitución; el decreto del 23 de noviembre de 1826,
promulgado en Bogotá, le concedió poderes dictatoriales.
En el año 1826, cuando su poder comenzaba a declinar, logro reunir un
congreso en Panamá, con el objeto aparente de aprobar un nuevo
código democrático internacional. Llegaron plenipotenciarios de
Colombia, Brasil, La Plata, Bolivia, México, Guatemala, etc. La
intención real de Bolívar era unificar a toda América del Sur en una
república federal, cuyo dictador quería ser él mismo. Mientras daba así
amplio vuelo a sus sueños de ligar medio mundo a su nombre, el poder
efectivo se le escurría rápidamente de las manos. Las tropas
colombianas destacadas en el Perú, al tener noticia de los preparativos
que efectuaba Bolívar para introducir el Código Boliviano,
desencadenaron una violenta insurrección. Los peruanos eligieron al
general Lamar presidente de su república, ayudaron a los bolivianos a
expulsar del país las tropas colombianas y emprendieron incluso una
victoriosa guerra contra Colombia, finalizada por un tratado que redujo
a este país a sus límites primitivos, estableció la igualdad de ambos
países y separó las deudas públicas de uno y otro. La Convención de
Ocaña, convocada por Bolívar para reformar la constitución de modo
que su poder no encontrara trabas, se inauguró el 2 de marzo de 1828
con la lectura de un mensaje cuidadosamente redactado, en el que se
realzaba la necesidad de otorgar nuevos poderes al ejecutivo.
Habiéndose evidenciado, sin embargo, que el proyecto de reforma
constitucional diferiría esencialmente del previsto en un principio, los
amigos de Bolívar abandonaron la convención dejándola sin quórum,
con lo cual las actividades de la asamblea tocaron a su fin. Bolívar,
desde una casa de campo situada a algunas millas de Ocaña, publicó un
nuevo manifiesto en el que pretendía estar irritado con los pasos dados
por sus partidarios, pero al mismo tiempo atacaba al congreso,
exhortaba a las provincias a que adoptaran medidas extraordinarias y
se declaraba dispuesto a tomar sobre sí la carga del poder si ésta recaía
en sus hombros. Bajo la presión de sus bayonetas, cabildos abiertos
reunidos en Caracas, Cartagena y Bogotá, adonde se había trasladado
Bolívar, lo invistieron nuevamente con los poderes dictatoriales. Una
intentona de asesinarlo en su propio dormitorio en Bogotá, de la cual se
salvó sólo porque saltó de un balcón en plena noche y permaneció
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agazapado bajo un puente, le permitió ejercer durante algún tiempo una
especie de terror militar. Bolívar, sin embargo, se guardó de poner la
mano sobre Santander, pese a que éste había participado en la conjura,
mientras que hizo matar al general Padilla, cuya culpabilidad no había
sido demostrada en absoluto, pero que por ser hombre de color no
podía ofrecer resistencia alguna.
En 1829, la encarnizada lucha de las facciones desgarra baña la
república y Bolívar, en un nuevo llamado a la ciudadanía, la exhortó a
expresar sin cortapisas sus deseos en lo tocante a posibles
modificaciones de la constitución. Como respuesta a ese manifiesto, una
asamblea de notables reunida en Caracas le reprochó públicamente su
ambiciones, puso al descubierto las deficiencias de gobierno, proclamó
la separación de Venezuela con respecto a Colombia y colocó al frente
de la primera al general Páez. El Senado de Colombia respaldó a
Bolívar, pero nuevas insurrecciones estallaron en diversos lugares. Tras
haber dimitido por quinta vez, en enero de 1830 Bolívar aceptó de
nuevo la presidencia y abandonó a Bogotá para guerrear contra Páez
en nombre del congreso colombiano. A fines de marzo de 1830 avanzó a
la cabeza de 8.000 hombres, tomó Caracuta, que se había sublevado, y
se dirigió hacia la provincia de Maracaibo, donde Páez lo esperaba con
12.000 hombres en una fuerte posición. No bien Bolívar se enteró de
que Páez proyectaba combatir seriamente, flaqueó su valor. Por un
instante, incluso, pensó someterse a Páez y pronunciarse contra el
congreso. Pero decreció el ascendiente de sus partidarios en ese cuerpo
y Bolívar se vio obligado a presentar su dimisión ya que se le dio a
entender que esta vez tendría que atenerse a su palabra y que, a
condición de que se retirara al extranjero, se le concedería una pensión
anual. El 27 de abril de 1830, por consiguiente, presentó su renuncia
ante el congreso. Con la esperanza, sin embargo, de recuperar el poder
gracias a la influencia de sus adeptos, y debido a que se había iniciado
un movimiento de reacción contra Joaquín. Mosquera, el nuevo
presidente de Colombia, Bolívar fue postergando su partida de Bogotá y
se las ingenió para prolongar su estada en San Pedro hasta fines de
1830, momento en que falleció repentinamente.
Ducoudray-Holstein nos ha dejado de Bolívar el siguiente retrato:
«Simón Bolívar mide cinco pies y cuatro pulgadas de estatura, su rostro
es enjuto, de mejilla hundidas, y su tez pardusca y lívida; los ojos, ni
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grandes ni pequeños, se hunden profundamente en las órbitas; su
cabello es ralo. El bigote le da un aspecto sombrío y feroz,
particularmente cuando se irrita. Todo su cuerpo es flaco y descarnado.
Su aspecto es el de un hombre de 65 años Al caminar agita
incesantemente los brazos. No puede andar mucho a pie y se fatiga
pronto. Le agrada tenderse o sentarse en la hamaca. Tiene frecuentes y
súbitos arrebatos de ira, y entonces se pone como loco, se arroja en la
hamaca y se desata en improperios y maldiciones contra cuantos le
rodean. Le gusta proferir sarcasmos contra los ausentes, no lee más que
literatura francesa de carácter liviano, es un jinete consumado y baila
valses con pasión. Le agrada oírse hablar, y pronunciar brindis le
deleita. En la adversidad, y cuando está privado de ayuda exterior,
resulta completamente exento de pasiones y arranques temperamentales.
Entonces se vuelve apacible, paciente, afable y hasta humilde. Oculta
magistralmente sus defectos bajo la urbanidad de un hombre educado
en el llamado beau monde, posee un talento casi asiático para el
disimulo y conoce mucho mejor a los hombres que la mayor parte de sus
compatriotas.»
Por un decreto del Congreso de Nueva Granada los restos mortales de
Bolívar fueron trasladados en 1842 a Caracas, donde se erigió un
monumento a su memoria. |
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El Franchuta

Registrado: 03 Jul 2007 Mensajes: 34404 Ubicación: En la panadería
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Publicado: Lun Nov 16, 2009 3:27 pm
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Dr_Wily,
Esas fotos no son un trapo rojo: son una realidad. |
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Dr_Wily

Registrado: 19 Nov 2006 Mensajes: 4735 Ubicación: En mi laboratorio diseñando un robot que elimine el olor a podrido del régimen.
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Publicado: Lun Nov 16, 2009 3:32 pm
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El Franchuta:
No pongo en duda que sean verídicas. Me refiero al tema, cuya única función es la de desviar la atención para enfrascarnos en discusiones inútiles con personas idem que no tienen ni la más prostituta idea de lo que significa en realidad el totalitarismo ni del horror del socialismo real.
Saludos. |
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3DAAL2

Registrado: 22 Dic 2008 Mensajes: 1311
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Publicado: Lun Nov 16, 2009 4:35 pm
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Compré, no faltaba menos, libros del CHE, de Fidel y varios de marxismo pero no para mí (que ya los tengo) sino para regalar a algunas amigas.
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA ESTE BICHO CON ESA CARA DE CHORO QUE TIENE ES .........CUALES AMIGAS PENDEJO COMUNISTA....NO SERAN AMIGUITOS MAS BIEN...LLEVATELAS PAL SAMBIL A VER SI AGARRAS ALGO ESOS LIBROS SON BASURA COMUNISTA...HAY QUE QUEMAR ESA BASURA...
MUERTE AL COMUNISMO CHABESTIA |
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adrianamar

Registrado: 24 Ene 2006 Mensajes: 3271 Ubicación: TODO VALE LA PENA, CUANDO EL ALMA, NO ES PEQUEÑA
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Publicado: Lun Nov 16, 2009 5:29 pm
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la verdad, la verdad TU TIENES EL CEREBRO ACHICHARRADO!!!!!
POBRECITO!!!!!!!!!!!!!!!
HABRA QUE INTERNARTE, PARA RE-EDUCARTE |
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muerganito

Registrado: 30 Jul 2008 Mensajes: 864 Ubicación: Leal y obediente a Nuestro Líder Hugo Chávez. Cualquier titubeo es traición!!!
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Publicado: Lun Nov 16, 2009 6:47 pm
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Lo que la disidencia no podrá negar es el éxito enorme que está teniendo la Feria del libro.
Duélale a quien le duela, Pueblo y Revolución están haciendo de la Feria del Libro un evento para la liberación, para el pensamiento. |
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Domingo Sanz

Registrado: 03 Jun 2007 Mensajes: 1327 Ubicación: DENTRO DE TU COMPUTADORA HACKEANDOTE
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Publicado: Lun Nov 16, 2009 7:56 pm
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<a>  </a> |
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jasr
Registrado: 07 Dic 2006 Mensajes: 1467
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Publicado: Mar Nov 17, 2009 7:23 am
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Hay un libro que se llama.... DE MENDIGO A MILLONARIO!!! Donde lo puedo comprar? Sera que en esa feria del libro la venden???? |
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muerganito

Registrado: 30 Jul 2008 Mensajes: 864 Ubicación: Leal y obediente a Nuestro Líder Hugo Chávez. Cualquier titubeo es traición!!!
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Publicado: Mar Nov 17, 2009 10:31 am
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Quisiera dejar constancia de algo: Aunque la Filven de este año tiene un irreprochable compromiso con la Revolución, sin embargo, aún persisten en la Feria algunos reductos de editoriales capitalistas cuyo único interés es vender. No voy a mencionarlas, pero todos saben a qué editoriales me refiero. |
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mojonia

Registrado: 29 Ago 2007 Mensajes: 6819 Ubicación: El Palito, Falcón
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Publicado: Mar Nov 17, 2009 10:38 am
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te juro que te iba a dejar tranquilo muerganito
pero como sigues subiendo tu post, te ayudo...jejejeje
miren esta foto:
el macaco y las monas no fueron, faltaba más! no se iban a ensuciar sus finos zapatos de piel comprados en las vacacioncitas en argentina...
pero ustedes si se pueden mojar las chancleticas, sabañones y juanetes endógenos jejejejejeje
ENJOY
Mojonia LePur.
P.D. ahora si me voy, arrivederci |
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Sagitariano
Registrado: 30 Jun 2007 Mensajes: 215
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Publicado: Mar Nov 17, 2009 10:40 am
Título del mensaje: |
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Urgente, urgente ya Chavez aprendio a leer, jajaj, poechito |
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muerganito

Registrado: 30 Jul 2008 Mensajes: 864 Ubicación: Leal y obediente a Nuestro Líder Hugo Chávez. Cualquier titubeo es traición!!!
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Publicado: Mar Nov 17, 2009 10:45 am
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mojonia ¿cuál es el problema con que haya caído una lluviecita refrescante? enhorabuena que haya caído, sobretodo en estos días tan calientes. |
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Pferd
Registrado: 30 Sep 2009 Mensajes: 39
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Publicado: Mar Nov 17, 2009 10:46 am
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Joder, no estan pasados de moda ni nada.....ya hace veinte años de la caida del Muro de Berlin, así que estos libros dejaron de ser actuales hace por lo menos medio siglo..... |
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