Américo Martín: Utilizan el nombre de Alfredo Maneiro porque está muerto

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Américo Martín: Utilizan el nombre de Alfredo Maneiro porque está muerto

Mensaje por redaccion » 31 Ene 2017, 10:55

Imagen Enrique Meléndez / 31 ene 2017.- Américo Martín reconoció que Alfredo Maneiro sentía una gran vocación por los procesos de democratización, y que él veía dichos procesos en tres sentidos: democracia como forma de Estado; democracia como movimiento social y, por último, democracia interna de los partidos; opuesta a la figura del jefe único, que destruye a sus conmilitones.

La afirmación la hizo en un homenaje de la Asamblea Nacional a Maneiro, con motivo de los 80 años del nacimiento de luchador político.

Inició su peroración recordando que Maneiro, al fundar la Causa R, invirtió la R para llamar la atención sobre el carácter subversivo del movimiento, sobre todo, porque la R quedaba mirando hacia la izquierda.

Hizo ver que él y Maneiro formaban parte de la misma generación, y que se consiguió con Maneiro en tres grandes momentos; el primero, de niños, antes de entrar a la escuela primaria pues ambos vivían en la antigua urbanización caraqueña de El Conde., y que curiosamente de todos los compañeros que ambos tenían, sólo Maneiro lo recordaba a él y Martín sólo recordaba a Maneiro.

“De manera que éramos condiscípulos en el colegio y cuates en el barrio. Se presentó con un extraño folleto que versaba sobre el aparato digestivo, y de ahí se me quedó grabada una palabra: el bolo alimenticio; de modo que cuando jugábamos pelota yo le decía a Alfredo: lánzame el bolo alimenticio. Después lo conocí en el liceo Andrés Bello, ya en la época de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Yo no era político; pero tenía una familia que era adeca; de modo que podía decir que era adeco por ósmosis”.

Agregó que entre sus compañeros del primer año de bachillerato había dos que sí eran militantes: Rómulo Henríquez y Alfredo Maneiro; ambos muy destacados, y que en ese momento ya Maneiro había fundado un movimiento con el nombre de la Plancha Libre, y recordó que cuando Maneiro y él se encontraban también hablaban de literatura.

Posteriormente, Martín pasa a formar filas en la juventud de Acción Democrática y atrae a Moisés Moleiro, que también para esa época estudiaba en el liceo Andrés Bello, aun cuando ya Maneiro lo había atraído hacia las filas de la juventud comunista. Recuerda Martín que él convence a Moleiro, tan pronto éste le confiesa que él no está convencido del todo con su militancia comunista, puesto que las miras de Moleiro se centraban en un partido nacional y enraizado en la realidad venezolana.

“Exactamente –le respondí yo-, ese es AD, y si no piensa en Andrés Eloy Blanco, Rómulo Gallegos. Moisés me respondió: eso es lo que yo quiero; pero a mí me da pena con Moleiro. Entonces, me pidió que hablara con Alfredo para que le explicara el por qué él se iba a pasar para la juventud de AD, y yo hablé con Aflredo, y él me dijo que no había problemas, que Moisés se fuera conmigo para AD. Ese era Alfredo: esa tolerancia que no era común en la época en que se batían con un puñal en la boca para defender a los militantes, él la manifestaba con esa forma deportiva y grata que siempre lo caracterizó”.

El otro gran momento en que se encuentran Martín y Moleiro es en la cárcel. Entonces el primero había sido el comandante del frente guerrillero de El Bachiller en Miranda, siendo un dirigente del antiguo Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) mientras que el segundo había sido el comandante del frente guerrillero de Oriente, siendo un dirigente del Partido Comunista de Venezuela.

“Ambos ya veníamos en plan muy crítico, y empezamos a discutir, y el énfasis lo poníamos en el problema de la democracia. Para cualquiera la democracia es su ambiente, es lo que respira. Para nosotros fue un logro interior. En ese debate desmontábamos los mitos del marxismo-leninismo; lo mitos de la Unión Soviética, el único antídoto que encontramos fue la democracia, y en la defensa y compenetración con la democracia nos tomamos mucho tiempo e hicimos muchas discusiones”.

Relató que después llegó Teodoro Petkoff, que se unió a ellos; de modo que se constituyó una troika con discusiones sobre la crisis del socialismo; que fueron fuente de inspiración para los libros que escribiría Teodoro Petkoff posteriormente sobre dicha temática; destacando que las ideas que maneja allí Petkoff vinieron a constituir la génesis de lo que después se conocerá como el Eurocomunismo; algo incluso que había reconocido el propio Leonid Brezhnev cuando señaló que Petkoff tergiversaba el marxismo.

En esas discusiones los tres habían decidido que, al salir de la cárcel, se iban a dedicar al tema de la democracia, a medida que organizaban sus respectivos movimientos políticos; que Alfredo se fue a Guayana; Petkoff se metió en los barrios caraqueños y que él, en lo particular, se había dedicado a recorrer a Venezuela; pues, a su juicio, para los tres la democracia no fue algo que compraron en una botica sino que fue algo que practicaron; que construyeron en ellos mismos, y que hicieron de la democracia un objetivo.

“Por esa razón, Alfredo entendía la democracia en tres importantes sentidos: la democracia como forma de Estado, como la entiende cualquiera, con sus tres poderes; adornada con las garantías y las libertades que le son propias. Pero en segundo lugar la entendía en su relación con la gente, con el entorno, sobre todo, pensando en el hecho de que los partidos, a su modo de ver, tenían que fundirse con el pueblo”.

Y el tercer nivel de comprensión de la democracia, para Maneiro, estribaba en la democracia interna de los partidos; pues todos los partidos poco a poco iban cayendo en ese proceso de sustituciones, de los que hablaban Rosa de Luxemburgo y Trotski: el comité central sustituye al partido, el politburó político sustituye al comité central, el secretariado sustituye al politburó político y el jefe único sustituye a todos; de modo que, a juicio de Maneiro, ese proceso de sustituciones constituía una estafa en el interior de un partido, y que si ese partido se proponía democratizar la sociedad, ya tendría que comenzar por sí mismo, que la justicia comienza por casa.

A ese respecto, Martín se refirió al caso de Stalin que poco a poco termina convirtiéndose en ese jefe único, que los mata a todos, valiéndose de la hipocresía, de la mentira, del cinismo; que los va convirtiendo en autócratas, y cuyo proceso forma parte de la degradación política.

En este punto trajo a colación la llamada Corporación “Alfredo Maneiro”, que se encarga de distribuir el papel para los periódicos, e hizo la salvedad de que no está mal que se utilice el nombre de Maneiro para una corporación, sólo que a juicio de Martín allí lo que está mal es el contenido y el sentido de la misma: una corporación creada para destruir la libertad de expresión.

“Esa es una burla a la inteligencia; es una expresión de inmoralidad, de perversión; una obra del malhechores, de truhanes; con independencia de cómo piensen. Pueden pensar que éste o aquél son héroes de la patria. Pero si no observan el mínimo decoro en el trato a los demás, resultan más perversos que la perversidad misma”.

Reconoció que en este momento Venezuela está gobernada por el militarismo, en especial, por un militarismo autocrático apoyado por un grupo de civiles que son militaristas; sin dejar de existir en el seno de las fuerzas armadas los llamados militares civilistas, especies de Caballos de Troya, como los llamó, sólo que muy vigilados; atados por la ley de la obediencia debida, sometidos a la jerarquía y a la disciplina militar.

Se preguntó el por qué utilizan el nombre de Maneiro en las presentes circunstancias, al igual que el nombre de Simón Sáenz Mérida y de Fabricio Ojeda, respondió con otra pregunta: ¿por qué no utilizan un héroe propio? Bueno, dijo de seguidas: ni con lupa lo van a encontrar; pues, a su modo de ver, una sociedad llena de villanos y de demócratas silenciados (“por ahora”, hizo la salvedad) no puede ofrecer nombres para engalanar alguna institución.

Se refirió al caso de Inés Castillo Bustamante, viuda de Simón Sáenz Mérida, quien ha reclamado que el nombre de su difunto esposo haya sido utilizado; lo mismo que el hijo de Fabricio Ojeda, quien ha protestado porque el nombre de su padre lo lleven al Panteón; considerando que se trata de una burla sangrienta, y se permitió citar a Jean Paúl Sartre quien dijo, en una situación parecida a esta, que los muertos son alimento de los vivos, y agregó Martín que porque no están entre nosotros y no pueden protestar.

Martín imaginó a Maneiro indignado bajo las presentes circunstancias; un hombre de quien dijo que había sido un rebelde, ingenioso, democrático, viendo a Maduro utilizar su nombre para engalanar a una corporación que Martín calificó de sucia; llamada a destruir la libertad de expresión.

Incluso, reconoció que estas son las cosas llamadas a incubar en el oficialismo una toma de conciencia, que demuestra que allí impera todavía un cierto espíritu democrático, y que se comprueba a propósito de algunas declaraciones que ha ofrecido Juan Barreto, quien ha reconocido que el gobierno no quiere hacer elecciones porque está seguro de que las pierde.

“La vida de Alfredo se cortó antes de tiempo. En todo momento estuvo ensayando organizaciones, movimientos marcados por su concepción democrática (…) Utilizar su nombre para coartar la libertad de expresión es un abuso. Y por eso este acto tiene constituye una reivindicación, un restablecimiento de la verdad. Un reconocimiento al valor humano, y a las convicciones de un gran luchador venezolano, como fue Alfredo Maneiro”.

Luego de retomar el tema del por qué el gobierno se niega a hacer elecciones, concluyó proponiendo que, en su defecto, la oposición se aboque de inmediato a llevar a cabo un proceso de elecciones primarias; así el gobierno no admita realizar las elecciones regionales; ya que, a su modo de ver, eso ayudaría a salir al país de la depresión en la que se encuentra; en segundo lugar, que surgiría del propio pueblo un nuevo liderazgo; un liderazgo autenticado; aparte del gran impacto que tendrá en la población dicho proceso.


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