Gerver Torres: El país que soñamos resiste

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redaccion_3
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Gerver Torres: El país que soñamos resiste

Mensaje por redaccion_3 » 10 Jul 2016, 08:17

Opinión
ND


Recientemente, tuvimos la oportunidad de pasar un fin de semana largo en una posada cerca de Bejuma, en el Estado Carabobo, llamada “Casa María”. La experiencia fue simplemente extraordinaria; me hizo dar cuenta de que a pesar de la muy difícil situación por la que atravesamos, el sueño de país se puede ver y sentir materializado a ratos, en lugares y circunstancias especiales, como una posada.

Es que las posadas tienden a ser una expresión, una concreción de lo mejor que tenemos y podemos hacer con nuestros activos. En ese lugar, tres seres humanos muy emprendedores, Norbert, Gabriela y Xiomara, los dos primeros de origen alemán y la última, de origen indígena venezolano, han construido un pequeño paraíso, al que le han dedicado todas sus energías durante veinte años. Ellos aprovechan al máximo las ventajas naturales de las que goza el lugar y de las que están absolutamente conscientes: exuberantes y bellas montañas, maravillosa biodiversidad de la flora y la fauna. Plantas y animales de todo tipo. Norbert nos lo recuerda con emoción: Venezuela está entre los primeros diez países del planeta en biodiversidad. Eso dice mientras contempla los pavos reales, los colibrís o los azulejos que lo visitan, o mientras recoge las naranjas, limones, mangos, tomillo, lechuga, rábano, arándolo, perejil y muchas otras hierbas que cultiva.

Después está ese clima especial que toma distancia por igual del frío y del calor excesivos, y que cautiva de manera muy especial a quienes deben padecer los rudos inviernos y veranos de otras latitudes. Cuando la brisa sopla amablemente por la tarde, Gabi extiende los brazos al cielo limpio y abierto para exclamar, “los venezolanos no saben lo que tienen”.

En medio de ese ambiente cargado de naturaleza, nuestros personajes han construido su posada, cuidando hasta los más últimos detalles. Los espacios comunes, así como las seis habitaciones que la conforman, exhalan dedicación, cariño y trabajo. Es una dedicación y cariño que también les entregan generosa y abundantemente a sus huéspedes. La venezolanidad agrega con fuerza su encanto. A la hora de las comidas y alrededor de mesas que se comparten, gente que no se conoce establece casi que una intimidad inmediata. De repente, uno se siente parte de una familia más grande que está disfrutando la misma experiencia.

Ese esfuerzo de años se enfrenta hoy, como todas las iniciativas empresariales en el país, al contexto más difícil del que podamos tener memoria los venezolanos en mucho tiempo. Las posadas están haciendo un esfuerzo titánico para sobrevivir. Esa misma semana en la que estuvimos en Casa María, unos turistas alemanes cancelaron su viaje a Venezuela y a la posada. Fue la misma semana en la que Lufthansa se despidió con su último vuelo del país. Uno de los turistas que canceló, lacónicamente explicó que si la línea aérea suspendía sus viajes al país, él también debía hacerlo.

Todo esto es una verdadera pena, porque el turismo en general, incluido muy especialmente el ecológico, el verde, el de pequeña escala, tiene uno de los futuros más promisorios de industria alguna en el mundo. Ello es así porque la población mundial vive cada vez más años, aumentando su tiempo de retiro que puede disfrutar entonces viajando; es cada vez más rica, por lo cual dispone de los medios para hacerlo; es cada vez más educada y cosmopolita, con lo cual se acrecienta su interés en explorar los más diversos lugares de la tierra y, también, la continua expansión de los medios y servicios de transporte, lo hace más fácil.

Hay algo que una posada como Casa María le muestra a uno con mucha fuerza: el valor y el carácter insustituible de la iniciativa privada empresarial. No hay manera de que un gobierno pueda mantener por tantos años una posada como esa, con los niveles de calidad que ella ostenta. Valentina Quintero, nuestra extraordinaria descubridora de tesoros turísticos, me escribe que en el país “debe haber entre 2500 y 3000 posadas. Hay de todo. Sencillas, precarias, exquisitas, acogedoras, en casitas, diseñadas especialmente, cabañas, apartamentos… gran variedad para casi todos los gustos y bolsillos, pero ahorita en muy mala situación porque pocos tiene dinero para vacacionar”. Las posadas turísticas son uno de los tantos espacios donde el país que soñamos resiste.

@GerverTorres
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