Roberto Lovera De-Sola: Fervor de Caracas

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redaccion_tf
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Roberto Lovera De-Sola: Fervor de Caracas

Mensaje por redaccion_tf » 04 Jun 2016, 09:12

Opinión

Una primera observación antes de entrar en nuestro tema de esta mañana, es este: aunque pocos lo hayan pensando hoy existen, entre nosotros, tres Caracas: la primera es la ciudad en la que vivimos y no nos gusta; la segunda es la que deseamos crear con nuestro esfuerzo y participación, una ciudad humana. Y la tercera es la Caracas eterna, la que han descrito los grandes escritores de la urbe. Pasemos entonces a lo que nos reúne esta mañana que es dialogar sobre la antología compilada por Ana Teresa Torres: Fervor de Caracas. Una antología literaria de la ciudad. (Prólogo, selección y bibliografía: Ana Teresa Torres, Caracas: Fundavag Ediciones, 2015,598 p.). La cual, creemos, antes de entrar de ella requiere una algunas observaciones previas dada la singularidad del trabajo que cumplido por ella para prepararla, el cual es más que singular. De hecho hacía muchas décadas que una obra tan particular no se había preparado sobre la que es la ciudad-eje de Venezuela y sitio de las grandes decisiones nacionales del el siglo XVI, esas obras, en el sentido antológico, fueron Caracas en la novela venezolana (1966), de Guillermo Meneses (1911-1978) y Caracas y la poesía(1966) de Luis Pastori (1920-2013), ambas impresas el mismo año, vísperas del cuatricentenario de la urbe.

Aquí en Fervor de Caracas, Ana Teresa Torres ha reunido 100 escritos, en prosa y verso, de autores venezolanos, no todos caraqueños, pero si todos de profundo afecto por Caracas. Ana Teresa Torres explica su libro así: tantos arrebatos y disparates, quise buscar en la escritura su imagen de respiración, su vida. Y en esa búsqueda me sorprendió una tradición literaria larga y densa en los más diversos géneros. Su lectura me parece contiene una breve historia del lenguaje literario venezolano en el que saltan insospechados ecos y coincidencias. Como toda antología está sometida a los caprichos del antólogo, que generalmente suelen ser recubiertos con grandes argumentos. Me eximo de ellos. Leí los textos con dos condiciones: calidad literaria y fervor por la ciudad, y si alguna dificultad apareció en mi camino fue la amplitud de la muestra” (p.31).

Por conocer bien la obra de Ana Teresa Torres sabemos que este era un libro que estaba sugerido en su trabajo y sobre todo en sus sufrimientos de estos años, que han sido también los de todos nosotros, por ver y palpar lo que ha sido la Caracas del gobierno citadino actual. A ella le produjo, primero, tal dolor, que escribió su novela Nocturama (2007), que aunque sucede en un sitio raro, distinto al nuestro, es Caracas, la ciudad lacerada de estos años. Hemos pensado que la geografía de Nocturama podrían ser sitios de Holanda o Alemania. Pero allí está la Caracas derruida de estos años. Por ello, también, tenía que escribir, su libro de amor por Caracas, que es este Fervor de Caracas, que además es, por su título, un homenaje al maestro de nuestra literatura continental, Jorge Luis Borges (1899-1986) por su Fervor de Buenos Aires(1923), el primer libro impreso de aquel maestro.

En la bella introducción que Ana Teresa Torres le ha puesto a esta muestra, de 598 páginas, como todo lo suyo, no tiene pérdida. Su texto es “Caracas: itinerario sentimental”(p.19-31), nos muestra su propia historia de caraqueña, desde su niñez, a fines de los años cuarenta hasta hoy. Esta bella parte concluye hacia los comienzos del siglo XXI, lo hace anotando: “La ciudad de los 2000 apareció en nuestras vidas de caraqueños desconcertados. Sobrevinieron circunstancias políticas avasallantes que dividieron la ciudad en geografías políticas y guetos de seguridad, y la tiñeron de rojo como signo ideológico y como símil de la muerte. Y sin embargo, en esos primeros años del siglo XXI, que se anunciaron con el aniquilamiento de muchas vidas y paisajes en el deslave del 15 de diciembre de 1999, el motor político me llevó a recorrer de nuevo las calles que antes formaron parte de nuestros escenarios habituales. En este reencuentro se desplegó una Caracas fantasmal, un tanto apocalíptica, y sin proponérselo se trasladó a Nocturama. Esa novela, creo, naturaliza la vida subterránea de la ciudad y un cierto fallecimiento de Caracas, una vivencia de la ciudad amada en trance de agonía. Y como una manera de levantar una barricada que contuvo ese su destrucción me entregué a una Caracas arqueológica, que renace de sus cenizas honrando su nacimiento. Así me parece que es la escritura de La escribana del viento(2013) en la que unos casi recién llegados a Santiago de León, en el proceso mismo de convertirse en caraqueños(1640), la construyen y reconstruyen en medio de terremotos, plagas y otras calamidades, y la habitan cruzando sus cuatro calles a medias empedradas… Es en esta casi obsesión por la ciudad, y en la tristeza de verla sufrir tantos arrebatos y disparates, quise buscar en la escrita su imagen, su respiración, su vida” (p.31).

MOMENTOS DE LA MUESTRA

Los que sigue son una suerte de antología personal, hecha con algunos de los grandes momentos de Fervor en Caracas. En todos las tres palabras señaladas antes por su compiladora: la imagen, la respiración y la vida de Caracas están presentes en el modo en que las diversas generaciones dejaron el testimonio de su vivir en la urbe.

LOS ESCRITOS FUNDAMENTALES

Creemos que los escritos fundamentales, de la mirada que ofrecemos, siempre se iniciaran con la descripción de don José Oviedo y Baños (1671-1738), que sigue siendo insuperable. Fue el primero en dejarnos su descripción de la Caracas perpetua, la clásica, escrita en gracioso estilo barroco, es decir lleno de gracia. Hasta hace pocos años, cuando la educación instruía y educaba a los caraqueños, nos la sabíamos de memoria desde niños. He aquí su pasaje más connotado.

Seguimos con la carta de Simón Bolívar(1783-1830) a su tío y padrino don Esteban Palacios(1763-1830), la cual le remitió desde El Cuzco(julio 10,1825) al saber que este había regresado a Caracas, desde España, en donde vivió la mayor parte de su vida. La belleza de la misiva es tal que el crítico Luis Correa (1886-1940) la bautizó como “La elegía del Cuzco”. Esta es de hecho una de las cartas antológicas del epistolario del Libertador, maestro en escribirlas, en dictarlas mas bien, que era como él la gustaba hacerlo.

Debemos seguir con la “Primera taza de café en el Valle de Caracas”, de don Arístides Rojas(1826-1894) que es memoria de un hecho sucedido muy cerca de aquí, a fines del siglo XVIII, en lo que entonces era la Hacienda Blandin y es hoy es el Country Club.

Proseguimos con don Santiago Key Ayala (1874-1959), el gran humanista y bibliógrafo nuestro. Aquí tomada de su Bajo el signo del Ávila(1949), la parte del primer capítulo de libro, es “Paisaje de introducción Mons.Ávila”, precioso escrito.

Coetáneo del maestro Key Ayala fue el escritor Pedro Emilio Coll (1872-1947) de quien leemos su “Gente de mi parroquia”; curioso, muy desconocido, en el bello “Calendario caraqueño”, de Enrique Bernpabr Nuñez (1895-1964), que tan cerca está de la poseía; le sigue el de Mariano Picón Salas(1901-1965): “Caracas en 1920”, aunque esta tetralogía de ensayos del merideño sobre Caracas son ya clásicos, y forman una unidad. Tocan la ciudad en 1870, en 1920, que aquí se reproduce, la de 1945 y la de 1957; también precioso es el fragmentos del ensayo de Teresa de la Parra(1889-1936), Influencia de las mujeres en la formación del alma americana (1930), deliciosa crónica de momentos de la Caracas de fines del siglo XIX, en el momento en que la intransigencia del presidente Guzmán Blanco mandó a cerrar los conventos de monjas de clausura en Caracas; de Arturo Uslar Pietri(1906-2001) leemos aquí una de sus ensayos sobre nuestra ciudad, que también fue la de este maestro, es la titulada “Caracas de Venezuela” y por fin, en esta parte, está también la de otro caraqueño de excepción Guillermo Meneses(1911-1978) “Lo que hace y deshace la vida de la ciudad”, tomada de su Libro de Caracas(1967), obra que redactó como cronista de la urbe.

LUGARES: Bajo el signo de lugares colocamos los trabajos de Aquiles Nazoa (1922-1976), “Las ventanas de Caracas”, crónica impar, capítulo de su Caracas, física y espiritual (1967) y la de Alfredo Armas Alfonzo(1921-1990): “Memoria de otro Silencio”, en donde el tradicionista que también el creador de El osario de Dios(1969) aparece en sus personales recuerdos de un sitio de Caracas en donde vivió con su familia. Por cierto, esa crónica, como otra de Elisa Lerner, fue redactada por petición nuestra y aparecen en dos obras compiladas por nosotros bajo los auspicios de Fundarte.

VIVENCIAS: Vivencias de Caracas denominados los ensayos de Elisa Lerner(1932): “Adolescencia en San Bernardino”; de José Ignacio Cabrujas: “La ciudad escondida”; de Milagros Socorro:”La Venus del Cafetal”, en la cual a veces sentimos que la ficción la roza; de María Celeste Olalquiaga (1957) con “Biografía íntima de la Plaza Altamira”; de Salvador Garmendia(1928-2001) con sus “Veinte años de calles, ruidos y superficies”, un escrito de quien consagró sus novelas mayores a nuestra ciudad, aunque era Guaro, en las cuales nos la mostró hasta en sus recodos más íntimos, mostrándonos incluso su olor; de Stefanía Mosca(1957-2009) en su sabroso cuento “Residencias Pascal”, este aparece en el último libro que publicó en vida y cuenta hoy hasta con su versión teatral, hace poco tiempo representada; de José Tomás Angola (1967) es su cuento “Carta necia de amor (Desde la ventana de mi sala”, de su Todas las ciudades sin Isabel (2010), libro en el que aparece una nueva generación de escritores caraqueño..

NOSTALGIA: Para nuestro gusto, quien mejor asume la nostalgia de su ciudad perdida es don Andrés Bello (1781-1865) en las menciones de que ella hace el gran ausente, como siempre lo hemos llamado, en cartas dirigidas, desde Chile, a personas de su familia en Caracas, en especial a su hermano Carlos Bello López. POEMAS: Nada más difícil, así nos parece, decir cuáles son los mejores poemas sobre nuestra urbe, entre los elegidos con buen ojo zahorí por Ana Teresa Torres que se encuentran en Fervor de Caracas. Elegiríamos, y son pocos, textos como el de Juan Antonio Pérez Bonalde (1846-1892): “Vuelta a la patria”(1876), que hoy pertenece al patrimonio sentimental de los que aquí nacidos, fue concebido, además, por el poeta mayor de nuestro romanticismo. Seguiríamos con el de Luz Machado(1916-1999): “Oración por los árboles de Los Caobos”, de La ciudad instantánea (1969), libro siempre sorprendente en su visión de Caracas y en su misterio urbano, de la urbe reinventada por la recreación poética; seguiríamos con Hanni Ossott (1946-2001) y su poema ”Altamira”; con el de Yolanda Pantín (1954) “A veces”, de su poemario País(2007), uno de los más densos de estos años de nuestra poesía, libro político, aunque pocos se hayan dado cuenta de ello, ella evoca nuestra urbe, junto con su Turmero entrañable, mientras escucha el aguacero caer sobre Caracas, momento que la luz no deja de estar presente. Seguimos con “Casa del paraíso”, de Rafael Arraiz Lucca (1959) no solo por la belleza de su evocación de la casa paterna sino porque en sus poemas dedicados a Caracas este poeta, raigalmente caraqueño, sabe mirar la ciudad, su cerro y preservar su luz. Nos detenemos aquí: creemos que la más cercana poeta de Caracas de hoy, cuyos poemas en prosa son certeros es Claudia Noguera Penso (1963) en su Caracas mortal(2015) cuyo primer poema “Por mas golpes que recibe esa ciudad” leemos en esta muestra.

EN LA NOVELA: en la novela coincidimos con aquellas que se nos ofrecen en Fervor de Caracas: Ídolos rotos(1901) de Manuel Díaz Rodríguez(1871-1927); José Rafael Pocaterra (1889-1955) con su mejor novela, La casa de los Ábila (1946), escrita en 1921, preso, y con grillos, en La Rotunda de Caracas, un sitio de la urbe en donde muchos venezolanos de ideales practicaron su oficio de “presos políticos”, que dijo Job Pim (1890-1942) y Antonia Palacios: Ana Isabel, una niña decente(1949), bella evocación de la Caracas de los años veinte, que al publicase resultó la mejor novela venezolana de la década del cuarenta, por su belleza y las gracias de su estilo. Juan Liscano (1915-2001) llegó a decir que este libro nos contaba la infancia de quienes, mujeres y hombres, serían los que harían posible la Generación de 1928. Para él el suceder de la ciudad en los años veinte se podía seguir a través de la vida de los padres que aparece en La Casa de los Abila, de Pocaterra, la de los vástagos con Ana Isabel, una niña decente, de la Palacios y la rebelión de los hijos por medio de Fiebre, de Miguel Otero Silva.

En estos años tan difíciles los grandes espíritus de la ciudad han hablado en sus obras de ellos y hecho sus memorias: casi toda la obra de nuestro epónimo Francisco Herrera Luque (1927-1991) sucede en ella y preserva su memoria, le mismo ha hecho Boris Izaguirre en su Villa diamante (2008), mientras que Ana Teresa Torres, en Nocturama (2007) lloraba ante sus cenizas. Pero no perdamos la esperanza.

PERO EN FIN: Toda la Caracas, desde sus más antiguos días, incluso precolombinos, hasta los momentos trágicos que vivimos está en Fervor de Caracas, en sus páginas los caraqueños podrán recordar en estas horas quiénes son y lo que no deben olvidar.

Tal otra vez, la Caracas, con la que, gracias a Ana Teresa, podemos reencontrarnos y soñar para ella días mejores, para ello no podemos perder la esperanza.


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