Oscar Arnal: Sobre la vetocracia y otros demonios

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Oscar Arnal: Sobre la vetocracia y otros demonios

Mensaje por redaccion » 14 May 2019, 22:26

Opinión
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La independencia, autonomía y separación de los poderes se consagró a partir de la ilustración para garantizar un sistema donde el balance, el equilibrio y el control fueran los pilares del estado moderno. La Constituyente ilegítima y permanente desvirtúa por completo el sentido y la razón de ser de la organización estatal y el respeto por los derechos humanos.

Francis Fukuyama, el autor de “El fin de la historia”, acuñó también el término “vetocracia”. Refiriéndose al delicado y peligroso poder de veto que tienen los partidos, grupos o coaliciones dentro de un sistema político. En Venezuela la vetocracia la inició el propio gobierno, a través del TSJ, al declarar al parlamento en desacato indefinido.

Una tesis de las Ciencias Políticas explica que el tono de la propia oposición lo fija el gobierno. Con relación al parlamento hay cerca de un centenar de diputados desde que llegó el régimen, a los cuales se les han violentado sus derechos. Incluso, hace más de tres años, hasta les cancelaron los sueldos. El secuestro del vicepresidente del parlamento, del diputado Gilber Caro, y las últimas detenciones y sentencias son la prueba continuada. Según el Foro Penal hay más de 850 presos políticos. A los presos hay que sumarle los exiliados, que han tenido que irse ante la persecución imperante y los que se encuentran en embajadas. Lo mismo ha ocurrido con la prensa. En los últimos tiempos contra CNN, la BBC de Londres, Antena 3 de España, la Radio Caracol de Colombia, y variados medios nacionales como RCR noticias y 96.5 FM entre muchos otros.

Mientras tanto, en las democracias plenas el Estado costea a la oposición. Un caso emblemático es el estipendio asignado en Gran Bretaña para el líder de la oposición.

En el sistema democrático, la existencia de la oposición y su financiamiento público, hoy establecido en la gran mayoría de las democracias, se concibe en función del bien común. Cuando existe una oposición vigilante, que cumple el papel de fiscalizar, se reducen los desfalcos presupuestarios y se presiona al gobierno a actuar conforme a la ley y al respeto por los derechos humanos.

Los atropellos de todo tipo contra la profesionalización que hubo en Pdvsa también acabaron con una industria que estuvo entre las cinco petroleras más importantes del mundo. Que el régimen decidiera no concurrir a las interpelaciones del parlamento es parte de su misma debacle y de que se lo robaran todo en las empresas del estado sin que pudiera controlarse. La independencia de la administración pública y de las Fuerzas Armadas tal y como lo exige la Constitución hace tiempo que dejó de existir. La politiquería penetró hasta los tuétanos contra la razón de ser de la norma.

Da pena escuchar de manera constante a Cabello repetir que la oposición “más nunca volverá a pisar el palacio de Miraflores”. Cuando el artículo 6 de la Constitución establece que el gobierno es alternativo, electivo, plural y de mandatos revocables. La disposición legal también se enmarca dentro del bien común para el sistema. Lastima que no la entiendan o la quieran entender.

El susodicho, el pasado lunes, volvió a recurrir a las amenazas y pronosticó que estamos al borde de una guerra. Sin darse cuenta que sí ese trágico escenario ocurre será por culpa de un régimen que ha sembrado el odio y ha sido implacable contra todo vestigio opositor, destruyendo además al sector privado y a la economía. El sectarismo gobernante y el modelo de corte marxista han llevado al país a la actual tragedia. Han cavado su propia tumba, tratando de cercenar todo vestigio opositor. La inmensa mayoría de las democracias del mundo los rechazan y les exigen elecciones limpias y que dejen el poder. El grupo de “Contacto” que les exige cambiar al CNE y poner la decisión en manos de la soberanía popular es una esperanza.

@OscarArnal


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