Rafael Pinto: El poder de la mentira

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Rafael Pinto: El poder de la mentira

Mensaje por redaccion » 01 Sep 2018, 22:35

Opinión
ND
 

Toda mentira se interpreta como un hecho desagradable y lesivo a la dignidad de quienes resultan o se pretende engañar. Sin embargo, hay quienes plantean que toda mentira tiene en su esencia una virtud, entonces la “mentira blanca”. Dice el diccionario de la RAE, “…la mentira oficiosa es la que se dice con el fin de servir o agradar a alguien…”, por lo tanto, siguiendo con la RAE, siendo ésta una “…expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa…”, tiene en su esencia el engaño que oculta la verdad, esa que resulta inconveniente por cuanto mal pone el escenario o las ideas que interesa a su autor, pretendiendo que los afectados vivan en la ilusión, sueño o delirio, sin dominio del mundo y su realidad, generando al final el sufrir por causa de arbitrarias limitaciones para hacer vida.

De ahí que ésta sea lesiva a los derechos humanos, los cuales exigen que toda persona tenga derecho a la información oportuna y veraz.

La verdad es una, es un camino angosto y recto, mientras que la mentira son muchas, está representada por anchas y múltiples veredas y senderos que terminan en calle ciega. Por eso es que vivir dentro de la mentira jamás lleva a soluciones, por muy “blancas” que se pretenda señalar, siempre se transita por rutas que a nada conducen; en cambio estar dentro de la verdad, por muy doloroso que a veces se sienta, siempre conduce a encontrar soluciones que generan crecimiento y bienestar.

El régimen desde un principio pretendió meter al país en la oscuridad, en el no saber y en consecuencia en tener que mal decidir o no poder hacerlo, de ahí el ocultamiento de toda información, incluso aquella que por justicia tiene derecho, en atención a su dignidad de persona libre y defensora de la paz. Ello le da pié para que el ciudadano solo reciba lo que interesa y conviene al gobernante, metiéndolo por caminos ficticios que encausen su conducta que termine donde a ellos interesa, sin importar consecuencias y su dignidad.

Muchos son los ejemplos, tómese el reciente de la migración venezolana. Según estudios, se identifican oleadas de salidas, una primera de petroleros, con la expulsión del “cerebro” de Pdvsa en el 2002, que al sufrir persecución les quedó irse del país. Luego otros profesionales, técnicos y mano de obra calificada, que huyen dadas las condiciones de vida; hasta hoy, cuando salen todo tipo de personas. Aún resuena el grito de algunos funcionarios indicando que quien no deseara esta “revolución” tenía las puertas abiertas para que se fuera del país.

Es tanto el número de emigrantes que resulta imposible que algún venezolano no tenga un miembro de su familia, amigo, vecino o conocido que haya buscado futuro fuera de las fronteras venezolanas, que conozca su experiencia, éxitos y fracasos. Por lo tanto al régimen le resulta difícil echar cuentos a quien sabe historias, esas que desenmascaran discursos. Cierto que hay emigrantes que han sufrido, como gritó Maduro una vez: profesionales limpiando pocetas, o haciendo oficios de repartidores u otros que no se corresponden con sus competencias, mas ganándose la vida de una forma que el país niega. Entonces 89 venezolanos son retornados del Perú, quienes señalan haber sido sometidos a tratos indignos, algo que debe sensibilizar el alma nacional y de todos ser que lucha por los derechos humanos, mas al sacar las cuentas tenemos que la agencia EFE indica el 19 de abril que en “el último año Perú ha recibido más de 200 mil venezolanos”, por muy lamentable lo sucedido a los 89, que lo es, decir que es una política de Estado peruano o una conducta de su población es irreal.

En otros temas es igual, decir que no hay crisis en el sector salud, alimentación, educación, vivienda, seguridad, empleo y muchos otros, mientras el venezolano con solo abrir los ojos vive la verdad, deduce con facilidad dónde está la mentira. Cuando el régimen dice que en Venezuela no hay crisis humanitaria, una que ha sido vista por organismos y expertos internacionales, el mundo sabe dónde está la mentira. Es que como se señaló, la mentira tiene muchos caminos que son confrontados con el único, el de la verdad. De ahí que la credibilidad oficial se encuentre en las peores condiciones.

Entonces el régimen sale de su bunker con la chequera virtual, llevando números a las cuentas de muchos necesitados que se someten a pesados momentos para recibir algunos beneficios asistenciales, entonces la nomenclatura gobernante sale enarbolando banderas mostrando ese evento como apoyo a su gestión.

En este punto ¿Quién miente a quién? El régimen que alienta un bienestar virtual, con actividades de reparto clientelar, generando una aureola de alegría en los necesitados a quienes invita le crean su novela; o los necesitados, que saben que simulando creer la novela, el régimen les da algún beneficio cuando estiran la mano.

Y es que la mentira tiene un poder ficticio, por eso el venezolano sabe que “tiene patas cortas”.


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