Antonio José Monagas: ¿Dónde quedó la unidad política?

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Antonio José Monagas: ¿Dónde quedó la unidad política?

Mensaje por redaccion » 26 Ago 2018, 05:33

Opinión
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El activismo político en estos tiempos de crisis ha venido entendiéndose de manera algo extraño. Particularmente, cuando las tareas correspondientes a objetivos que comprometen acciones propias de luchas orientadas a la recuperación de espacios y procesos libertarios, se reducen a lo que cualquier aficionado de extremado discurso puede decidir. Y por ahí proceden quienes envalentonados dada alguna motivación de narrativa política, se aventuran al desarrollo del hecho. Pero sin medir, ni siquiera comprender, hasta dónde la incertidumbre es capaz de converger con los propósitos en curso. De manera que lo trazado a nivel de escuetas indicaciones, aunque aparentemente convincentes, resultan un fiasco. Incluso, lejos de aportar mayor sentido de unidad política a lo emprendido, las acciones terminan fracturando y dividiendo a quienes se atrevieron al logro del objetivo.

Lo que en principio puede inferirse del referido caso es que no hay sentido del valor que compromete el concepto de “unidad”. Quizás, pudiera esto achacársele al problema que devino en el debilitamiento de la Mesa de la Unidad Democrática, MUD. A pesar de haber transitado por cambios que modificaron no sólo su organización. También su perspectiva política, en cuanto a al proceso de elaboración y toma de decisiones que pretendió llevar adelante en aras de la necesidad a la cual suscribió su accionamiento.

Cabe enfatizar que el concepto de “unidad” si bien puede y debe ajustarse a las circunstancias alrededor de las cuales afianza su esencia, esa misma esencia debe ser inequívoca al momento de mirarse con base en los problemas que se plantean y se hace necesario resolver. O al menos, reducir o evitar. Y esto, no se consigue a partir de meros discursos cargados de frases altisonantes que condensen amenazas o promesas triunfalistas.

Debe entenderse que el concepto de “unidad” debe su significado al hecho de asegurar y apuntalar su valor como proyecto político de vida en todos sus ámbitos de realización. Lo que pueda alterar o modificar su sentido, devela condiciones que irremediablemente descubren el punto de quiebre lo cual lleva a demostrar que no existe unidad alguna. Aun cuando la idea pueda venderse como hecho unitario o “unidad”, con sus aditamentos metodológicos bien dibujados. Pero no es una realidad que deje ver claramente el concepto de “unidad”. En ese caso, no es posible consolidar propósitos hilvanados con el sentido de “unidad”.

Es precisamente cuando aparecen las traiciones, perfidias, inconsistencias, engaños y contradicciones para así terminar con problemas de intolerancia, intimidación o amedrentamiento. La cizaña y el escamoteo de voluntades e ideas, se convierten en arena de confrontaciones internas que derrumban cualquier posibilidad de consolidación. Se pierden estrategias, se confunden tácticas, se disuelven propuestas, se trastocan ideales hasta que se desvanece lo que pudo ser objetivo capital alrededor de lo que pudo funcionar desde el concepto de “unidad”.

La dificultad estriba, fundamentalmente, cuando se piensa la unidad como objetivo. Más no, como método. Un problema que desglosa el materialismo histórico cuando ausculta la sociedad como objetivo y centro de lucha política. De ahí que no es difícil reconocer y aceptar los problemas que han disuelto propuestas políticas unitarias dirigidas a validar la democracia y las libertades como base del desarrollo económico y social perseguido. De seguir obnubilado frente a la imperiosa exigencia de recuperación de la institucionalidad democrática, cualquier intención de actuar como “unidad”, podría ser simplemente un acto de suicidio político. Sin posibilidad de evitar tan drástico hecho. Más, cuando en dicho problema se halla la razón que indujo la antipolítica como realidad en esta contradictoria y contraída Venezuela.

Entonces, cabría preguntarse, ¿dónde quedó la unidad política?


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