Nelson Castellano-Hernández: La canallada roja

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Nelson Castellano-Hernández: La canallada roja

Mensaje por redaccion » 18 Ago 2018, 00:27

Opinión
ND
 

Han perdido el respeto de la población venezolana; los rojos han hecho de la violencia una forma de vida. El régimen sumido en el descredito y en el deshonor, se atrinchera en el atropello, el abuso de poder y la brutalidad, con el fin de aplastar al pueblo y sus dirigentes.

Hay sobredosis de cinismo en su discurso, de incontinencia verbal, de transgresión y de ferocidad. Maduro se burla del venezolano con el falso discurso de amor, mientras mata al ciudadano de hambre; por su parte Diosdado, amenaza, insulta y ríe ante las cámaras.

Confiesa lo que piensa: “Si esta patria no es nuestra, no será de nadie”. Según él, este país es suyo, dejándonos como sola opción quitárselo… si queremos vivir libres y en paz.

Todo es anarquía. Padrino, supuesto defensor de la Patria, se declara marxista y leal a una ideología política. En completa violación de la Constitución Nacional.

Estamos tan mal que la ministro Varela y el desacreditado animador de La Hojilla son la perfecta representación del régimen de Maduro.

Quien acostumbra lisonjear los pranes y que, con suma facilidad, se cae a golpes frente a las cámaras de televisión, más Mario Silva; quien se sienta a gusto con el G2 cubano como informante, garantizando la protección para escapar cuando sea necesario… representan su verdadera cara.

En sus encuentros los alerta sobre la necesidad de “cercenar los puntos de financiamiento de Diosdado”; denuncia a El Aissami, al entorno de Cilia y bautiza como “vampira” a Tania Díaz.

Silva nos demuestra su encono Afirma: “hoy tendríamos un reguero de sangre” si se hubiese concretado el supuesto magnicidio. El régimen canalla ya no guarda las apariencias, amenaza sin disimulo, encierra y tortura a los opositores venezolanos… y desafía “no hubiera quedado polvo sobre polvo”.

Sin respeto alguno a leyes y garantías constitucionales reconoce que la mafia gobernante tiene “sus talibanes”; “aquí habría un genocidio” si Maduro hubiese fallecido. Con la misma nos enseña su espíritu procaz y su irrespeto por los ciudadanos, quienes estarán obligados a sacar el carnet de la patria, a riesgo de ser marginados del suministro de gasolina.

Tanto despliegue de vandalismo verbal permite intuir la dimensión del miedo… ante la posibilidad de una turba desesperada. La tesis castrista que sostiene que acrecentando los problemas cotidianos e intensificando la violencia oficial, se calma cualquier intento de revuelta ciudadana… parece no bastar para tranquilizar sus nervios.

“Cosas veredes” o como dice su verdadero origen literario “Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras”. Son hechos repetidos en la historia, recordamos las terribles imágenes de las ejecuciones de Ceaușescu, de Hussein o Gadafi; incluso en Panamá se recuerda la violencia, como las “brigadas de la dignidad” “buscaban, sacaban y cobraban en plena calle”.

Para mantenerse el régimen utiliza la violencia como estrategia, ejerce coacción física sobre dirigentes políticos, estudiantes, empresarios, clérigos, profesionales de la salud, del transporte y contra los medios de comunicación. Para imponer su voluntad, ejerce sin límites acciones lícitas o ilícitas, sin el menor rubor.

Confesiones resultado de estos actos, constituyen actos jurídicos inexistentes, porque fueron ejecutados con ausencia de voluntad. Ya que el constreñimiento corpóreo contra el sujeto, lo reduce a un instrumento pasivo del acto.

Pero existe otro tipo de violencia, ejercida contra el pueblo… la intimidación… la violencia moral, que es también un vicio de la voluntad y un delito. Lentamente se va cercando una población, que tendrá como único medio de subsistencia un carnet, que no es más que un “grillo” chavista que le impide actuar y moverse con libertad.

Haciendo realidad lo dicho hace 1.400 años por San Cipriano, obispo de Cartago: “El mundo chorrea sangre y, llama homicidio a un crimen cuando éste es cometido por un particular, pero le llama virtud gloriosa cuando es cometido en nombre del Estado”.

El desafuero chavista es una monstruosidad, Maduro logró arruinar un país petrolero, reducirlo a la mendicidad y a la insalubridad. Condenar a su pueblo a morir por enfermedades, que pueden curarse en cualquier parte del mundo; dejar morir niños y ancianos por desnutrición… este es el resultado dantesco de la revolución bolivariana.

Las mafias que se reparten sus sectores, también lo hacen con el territorio; gobernaciones y alcaldías son “conucos” personales. Determinados negocios los lleva el del Mazo, otros los sobrinos y demás familiares.

Los militares, banqueros y enchufados tienen los suyos. Hasta el arco minero fue repartido entre funcionarios del gobierno, uniformados y grupos criminales dedicados a la minería ilegal, de común acuerdo con el régimen, para no “pisarse la manguera”.

Imposible describir la ira contenida, cuando se escucha a Maduro decir que los venezolanos que emigraron a otros países, terminaron “lavando pocetas en Lima y en Colombia” o como “esclavos y mendigos”.

Tanto descaro es imposible de digerir, el venezolano común está huyendo de su régimen… se va despavorido para no morir de hambre. Lloran por Venezuela, pero huyen del gobierno que no le importa exterminarlos.

El venezolano sabe que, dentro de su país, corre el riesgo de morir en manos de bandas criminales, que actúan de forma impune. Está harto del martillo en las alcabalas, del matraqueo de los policías y funcionarios medios.

Detesta a los guardias nacionales, que disparan contra sus hijos y reprimen cualquier manifestación, donde se exija respeto a sus derechos. Está indignado frente a la tortura, la humillación, el abandono de los hospitales y el hambre.

Siente en carne propia la violencia que ejerce el estado, la desinformación de los canales oficiales. Resiente la indiferencia de los funcionarios públicos… quienes circulan en “carrazos” con vidrios negros, llenan los restaurantes, beben licores añejos, viajan, tienen yates y aviones y sus hijos viviendo fuera.

Un pueblo sin sueños no tiene nada que perder; lo han reducido a cifras, ya no tiene nombre ni rostro. Maduro lo despojó de su condición de sujeto de la democracia, ahora es un objeto, no cuenta… las cosas se deciden sin él o peor aún contra él.

Un régimen de esta naturaleza ha perdido su legitimidad, también la perdió cuando cometió fraude. Cuando utiliza una Constituyente ilegitima en su origen; cuando acabó con la separación de poderes, con maniobras de media noche y contrarias a lo pautado en la norma constitucional.

Todo funcionario, con o sin uniforme, es cómplice de los delitos que se están cometiendo. El espacio de reconversión es corto, el cerco es cada día más estrecho, es hora de pensarlo seriamente, modificar conductas o asumir irremediablemente lo que vendrá luego.

La hora a sonado para la evaluación definitiva de estos últimos 20 años, el pro y el contra de los caminos a seguir, de las posibilidades reales… si queremos alcanza un futuro justo. Llegó la hora de concientizar que, no basta con esperar a que las cosas sucedan… que las acciones humanas son necesarias y tienen consecuencias; que sacar al país del rumbo equivocado, será producto de nuestras propias actuaciones.

Ex Cónsul de Venezuela en París

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