Nancy Colina: Las casas muertas

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Nancy Colina: Las casas muertas

Mensaje por redaccion » 08 Ago 2018, 22:38

Opinión
ND


Cada día, cada semana, cada mes, me llega la noticia, a veces inesperada, de un familiar, de unos amigos, de unos amigos de amigos, de unos vecinos que, inesperadamente, dejan el país. Se van espantados de tanta miseria. Es triste, porque se siente que, cuando se regresa a la patria, hay menos seres queridos con quienes conversar, con quienes compartir. Personas que han cerrado las puertas de su casas, de su vida en Venezuela, para abrirlas en otro lugar. Es una soledad profunda que se avecina o que llega. Son casas muertas que se fueron dejando con una tristeza cargada de alegría, de esperanza. Al parecer, cualquier lugar es mejor que el terruño que nunca se pensó en abandonar. Se siente, cuando se pone el pie en otro lugar, que se a retorna a la felicidad.

La felicidad es esa paz que se logra cuando se supera cada escasez que atormenta al país, donde prevalece el abuso. El mal gobierno que nos empezó a maltratar, gradualmente desde hace 20 años, se instalo con un discurso cargado de resentimiento entre las clases para despertar la indignación de quienes creían que al quitarle a los demás lo que tenían, se mejoraba la situación. Algo así como lo ocurrido en Alemania, cuando Hitler empezó a inyectar a la población un discurso de odio contra los judíos, quienes, al parecer, eran los únicos que sobrevivian a la miseria con su trabajo, que solo los beneficiaba a ellos.Era el discurso manejado por una campaña que engañaba a la población con esta farsa. El hambre hacia estragos del país, producto de la primera Guerra Mundial, que asotaba a Alemania. Con este discurso gano y se estableció uno de los seres mas perverso de la historia humana.

En estos momentos de nuestra historia, los venezolanos actuamos como las hormigas exploradoras. Primero salen los que van a detectar como esta el ambiente en el país que han escogido como nueva vivienda, para luego dar paso a los demás miembros de la familia o de amigos, por lo general las madres y los padres. Es la nueva especie que se consigue en los aeropuertos. Mi hija o hijo se vino y después me trajo, le va muy bien, hasta me pago el pasaje. Los vuelos van repletos de quienes salen con el propósito de no volver. Cada día la lista se hace mas grande. La esperanza que movía manifestaciones inmensas, anda engrosando las filas de gente que busca legalizar documentos, pero también esa misma esperanza anima a los que quedan para salir adelante, para no desmayar. El país requiere a venezolanos que no tiren la toalla, pero no es fácil sobrevivir a tanta escasez, a tanta corrupción, a tanta inflación.

Todavía hay quienes piensan que Chavez no tiene nada que ver con el gobierno de su alumno predilecto, Nicolás Maduro, quien como dice el dicho, supero con creces al maestro. Termino de sembrar ese socialismo del Siglo XXI, un engendro que nos ha llevado a esta ignominia. Eso no se puede olvidar. El mandato diabólico que nos agobia, empezó a nacer hace 20 años, cuando se fortaleció el reconcomio entre clases sociales, que se han integrado en una sola, la de los millones que se han ido. Creer que, el país mejoraría, a pesar de la bola de corrupción que no tenia techo. Era una gente que no podía hacer un enlace con lo que era Cuba, el país que este gobierno empezó a ayudar para mantener un vinculo de sobreviviencia en contra de la democracia.

Aquí estamos, soportando eso que sabemos. Escasez de electricidad que se va a cada rato, de gasolina, lo que es increíble cuando producimos tanto, de repuesto de vehículos, de agua, de comida, de medicinas. Insólito en un país que tenia todo eso. Los que llamaron de la cuarta república, en forma despectiva, estaban muy lejos de ser gobernantes perfectos. pero mantenían en pie al país. La gente iba, pero volvía, con el propósito de ayudar a mejorar. Ahora, eso no es solo imposible con una moneda que no vale nada, frente a un dolar que supera los 3.500 por bs.

Llegar a otro país es una emocion que no tiene precio. Por momentos el avión, el autobús o cualquier transporte que se use para dejar al país, hace que se olvide de esas casas muertas que dejan atrás. En muchos casos, es como tirar al piso todo lo que se ha vivido, todo queda bajo el recuerdo. Es como volver a nacer, pero con una carga que se queda. No es lo mismo irse con el propósito de volver, otra es dejar todo a un lado y abandonar.


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