Enrique Meléndez: Yo soy la muerte

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Enrique Meléndez: Yo soy la muerte

Mensaje por redaccion » 17 Jul 2018, 00:15

Opinión
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En efecto, la figura de Hugo Chávez sigue siendo una pesadilla para el pueblo venezolano, hasta después de muerto, y lo más truculento de la cuestión es que Luisa Ortega Díaz viene a confirmar una especie, que rodó entre la opinión pública nuestra desde el 29 de diciembre de 2012; cuando entonces se comenzó a decir que éste había fallecido en La Habana; sólo que por razones de índole política la misma se mantenía en secreto.

En esto se parece un poco a lo que sucedió en 1935, a propósito de la muerte de Juan Vicente Gómez; cuyo anuncio oficial también se postergó para unos días después de consumarse el hecho; primero, para darle tiempo a la escogencia de quien iba a ser su sucesor; de modo que la reacción de la población, que hasta entonces se había mantenido en una especie de abulia; dado el carácter represivo de su régimen, no se expresara con los excesos de violencia, propios de una masa reprimida, a la que hasta entonces se ha mantenido contenida; segundo, para la seguridad y protección de algunos personeros, sobre todo, jerarcas de dicho régimen; de modo que se pusieran a salvo ante la circunstancia.

Porque como buenos herederos de la idiosincrasia hispánica, la caída de un régimen siempre generaba esa reacción, que se conoce como saqueo; lo que no dejó de estar presente en aquella oportunidad, tan pronto se supo que “el bisonte”, como lo endilgaban sus enemigos políticos, había fallecido; mientras su sucesor, Eleazar López Contreras por razones de populismo toleraba aquel rebullicio de las masas caraqueñas alebrestadas. Entonces, abandonaban la barca sus familiares, además de sus colaboradores más cercanos.

Por supuesto, esa truculencia estaba presente ya en hechos, como la famosa fotografía, que se difundió de un Chávez convaleciente, abrazado en su cama hospitalaria por sus dos hijas, que más de uno dijo que se trataba de un fotomontaje, a propósito de ciertos detalles que se apreciaban en la misma, y que distorsionaban por completo la realidad del escenario; aparte de unas declaraciones que ofreció Villeguitas, entonces ministro de Información y Comunicación del régimen; donde aseguraba que venía de hablar con Chávez; así como de una supuesta carta, que éste le había enviado a su yerno, Jorge Arreaza, en cuyo contenido se notaba un tono muy abyecto, y donde se ponía de manifiesto una vez más que la mentira tiene las patas muy cortas.

Que Luisa Ortega venga con esa revelación, cuando ha corrido mucha agua debajo del puente, como suelen decir los filósofos, con motivo de una tesis ya huera por la realidad, es verdad, y partiendo el hecho mismo de que ella se prestó para numerosas injusticias; que tienen que ver, primero, con gente que cayó presa, víctima de la persecución de este régimen, por la sola circunstancia de oponerse al mismo en una forma, digamos, radical; como sería el caso de Leopoldo López, y cuyo expediente acusatorio firmó; segundo, con extorsiones, que llevó a cabo la gente de su entorno, asimismo, a personas acusadas de delito, y contra quienes la Fiscalía, a su cargo, no actuaba a condición de pagar dicha extorsión, como bien lo denunciaban y lo continúan denunciando muchos de mis colegas, a través de columnas de opinión con pruebas en la mano, óigase bien; sólo que su testimonio nos habla de un régimen que, como se dice, no tiene paz con la miseria; dicho en palabras de Jesús, no deja que los muertos entierren a sus muertos.

Incluso, luego de ser traído, supuestamente todavía convaleciente, al país en los primeros años de 2013, y recluido en el Hospital Militar, se decía que eso era falso; que allí no estaba, y fue entonces cuando más se especuló en torno a esta situación; tratándose, además, de un régimen de carácter dictatorial, y el cual se caracteriza precisamente por la oscuridad en lo que respecta a los procedimientos oficiales. La propia Luisa Ortega trae este hecho a colación; cuando hace ver, justo, el engaño que se trasluciría, a propósito de la traslación de un cadáver a las doce del día, con un sol inclemente, sin previamente ser embalsamado, so pena de atentar contra su conservación.

Es más, hubo intérpretes de fotografías que demostraban como la urna, que salió del Hospital Militar no era la misma, que después se vería en Fuerte Tiuna, y así uno tras otro descuido, que poco a poco se iban detectando, hasta especularse, que lo que ya teníamos frente a nosotros no era sino la momia de un sujeto, que había fallecido muchos días atrás; cuyo cadáver había caído en manos de unos especialistas en la materia, y que es lo que se la acaba de salir en forma inconsciente a una de sus hijas, precisamente, al calificar con este término a Luisa Ortega, a propósito de la respuesta, que le ha dado, tras la revelación de ésta.

¿Cálculos de poder? He allí una de las suposiciones, que siempre se manejó con motivo, repetimos, de esta truculencia. ¿Miedo a Diosdado Cabello? No se pase por alto que, en efecto, a quien le correspondía, constitucionalmente, asumir la presidencia, incluso, aquel 12 de diciembre de 2012; cuando Chávez hace el anuncio de que tiene que marcharse de nuevo a La Habana, vista la gravedad de su enfermedad, era a Cabello, siendo entonces presidente de la AN, de acuerdo a lo que establece la Carta Magna; no obstante, en su caso se viola, y es entonces, cuando Chávez deja encargado a Nicolás Maduro. No sin razón Mario Silva en la famoso grabación, que se filtró a la opinión pública, quizás por maquinaciones de la Sala Situacional de Miraflores, revelaba que el hombre de cuidado en esas circunstancias era Cabello, con motivo de sus enormes apetencias de poder, y que lo revela también Luisa Ortega, cuando señala que era él quien debía lanzarse para la elección de 2018.

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