Edgard J. González: En mi cuerpo mando yo

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Edgard J. González: En mi cuerpo mando yo

Mensaje por redaccion » 03 Jun 2018, 00:13

Opinión
ND


Proliferan en el planeta las manifestaciones multitudinarias haciendo reclamos y propuestas para cambiar aspectos puntuales de la dinámica social, con participación más numerosa en los países que conforman el llamado primer mundo -por sus avances en materia económica, social, científica, cultural en general, y el reflejo de esos avances en las legislaciones correspondientes, superando conceptos primitivos que todavía mantienen cierta vigencia en sociedades atrasadas, subdesarrolladas, en las cuales las tradiciones milenarias y los dogmas religiosos influyen poderosa y negativamente, dificultando que esos pueblos logren avanzar hacia los niveles de civilización más conectados con los parámetros de una sociedad contemporánea. En teoría, es difícil hallar hoy una sociedad que ignore las diferencias entre un niño y un adulto, la obligación de tratarlos distinto, proteger al menor de daños, exonerarlo de trabajar mientras se forma, se educa, se capacita. Que ocurra explotación laboral, sexual, de menores, trasciende el nivel alcanzado por la humanidad, y responde a la perversidad de los grupos que practican esas aberraciones, y los gobernantes que lo permiten. Que subsistan las actitudes y conductas machistas no deriva de un estancamiento de la Humanidad como un todo, sino del terco rechazo de las minorías a cargo de diseñar e implementar las medidas que produzcan los necesarios cambios de mentalidad para erradicar el machismo en todas sus variantes, y lo esencial se inculca en el hogar y en la escuela. Sin una educación que se proponga superar todo lo viciado que una sociedad herede del pasado, no hay avances ni justicia posibles. Con una cosmovisión antigua no se puede actuar de manera moderna.

El movimiento llamado “feminista” comenzó en torno a la lucha por el derecho a voto de las mujeres, a inicios del siglo 20, objetivo gradualmente logrado, hoy vigente en la mayoría de los países. Pero sufrió una deformación y se ha convertido en una defensa a ultranza de arbitrariedades surgidas del conjunto de mujeres que conforman ese movimiento (que no son mayoría en el total de las féminas), llegando a constituir una especie de machismo femenino, que pretende erigirse como vocero de todas las mujeres, y coloca a los individuos del sexo masculino como el enemigo a vencer, cometiendo el craso error de generalizar la mentalidad y la conducta machistas, rechazando la evidencia de que el machismo no define a la mayoría de los hombres contemporáneos que, por el contrario, han avanzado hasta posiciones de repudio al machismo tradicional, y de compenetración con la compañera, sin dejar de considerar las obvias diferencias que distinguen a mujeres y hombres.

El derecho al aborto se ha convertido en el objetivo principal de las feministas, y su mayor argumento es la frase “En mi cuerpo mando yo”. Exigen que la interrupción del embarazo sea autorizada a cualquier mujer que lo solicite, lo conciben como un derecho absoluto, sin discriminar entre los variados contextos en que ocurre cada embarazo. Obviamente, en una gestación humana, que dura normalmente nueve meses, hay estadios y circunstancias que deben ser considerados y difieren en cada caso. Es una exigencia prepotente pretender que autoricen el aborto con el solo requisito de la solicitud de la mujer embarazada, sin evaluar los factores involucrados: la edad, el estado civil, antecedentes gestatorios, contexto familiar, status socio-económico, potencial apoyo del grupo familiar y del progenitor biológico, estadio del embarazo, amenazas a la salud de la criatura en el útero y de la gestante, marco legal.

Para producir un embarazo es imprescindible que participen dos personas (más de dos en los procedimientos médicos que seleccionan y manipulan óvulos y espermatozoides, en casos con dificultades para gestar). Las decisiones trascienden a la mujer en cuyo útero se desarrolla la nueva criatura, a la que también corresponde el derecho la vida, cuando alcanza condición de feto ya formado en lo esencial (y que dados los adelantos tecno-científicos, podría sobrevivir si sale del útero prematuramente).

Desde que el óvulo (aporte femenino) es fecundado por el espermatozoide (aporte masculino) se produce la sorprendente hélice con 23 cromosomas de cada progenitor, con los genes que definirán el sexo, el color de la piel, ojos y pelo, la estatura, y los rasgos primordiales de cada nuevo ser (distintos aún en embarazos múltiples con placentas separadas, iguales sólo en gemelos univitelinos). Fallas a escala microscópica pueden generar, desde el inicio de la gestación, defectos en el desarrollo pre-fetal y fetal, que pueden ser leves (incluso reparables con cirugía intrauterina), o ser graves e irreversibles, malformaciones o enfermedades que impedirán a la criatura una vida sana, digna, larga, sin dolor ni dificultades extremas y permanentes, lo que justificaría interrumpir ese embarazo -en estadio temprano-, como cuando la gestación amenaza la vida de la embarazada.

También la ley debe autorizar el aborto cuando el embarazo deriva de una violación, la víctima no puede ser obligada a gestar y criar el resultado directo de un crimen cometido contra ella, en contra de su voluntad. En algunos países obligan a la víctima a casarse con su violador, triplicando el crimen, con esa solución enfermiza y profundamente machista. No se puede forzar a una mujer a convivir con su verdugo, o gestar a una criatura cuyos genes masculinos provienen de un criminal, un sociópata, por quien ella debe sentir profundo repudio.

Pero cuando el embarazo ocurre por actividad sexual consensuada, con la voluntaria y consciente participación de ambos, que no tomaron eficientes medidas para evitarlo, la fémina no puede a posteriori exigir la interrupción del embarazo, alegando que “en su cuerpo manda ella”. Hay diversos métodos para evitar un embarazo no deseado; Abstinencia, Preservativo, Método del ritmo, pastillas anticonceptivas, diafragma, T de cobre, Ligar las Trompas de Falopio, Vasectomía, incluso hay la píldora del día después como recurso extremo. Opciones preventivas suficientes, el aborto no es imprescindible o ineludible.

Hay otras aberraciones tras aparentes reclamos por reivindicaciones; Quienes comen mal, en exceso, comida chatarra, practican actividades ociosas y riesgosas (carreras clandestinas, jugar a la ruleta rusa, Parkour: peligrosos saltos entre estructuras a gran altura, sin protección), no pueden exigir igualdad, a la hora de necesitar atención médico-hospitalaria por obesidad morbosa o heridas graves. El Alcoholismo produce Cirrosis, el exceso de alcohol perjudica al hígado, genera negligencia en el cumplimiento de las obligaciones familiares, laborales, sociales en general, también agresividad, hacia personas del entorno, hacia sí mismo (puede conducir a homicidios o suicidio). El consumo de Tabaco, en habanos, pipa, cigarrillos, por su contenido de Nicotina, produce cáncer en pulmones, boca y garganta. La Drogadicción, con marihuana, crack, cocaína, heroína, metanfetaminas, etc, produce daños al organismo. La promiscuidad sexual y compartir inyectadoras, mutiplican los contagiados de venéreas y SIDA, por falta de protección. Diferente a las víctimas, contagiadas o embarazadas por compañ[email protected] irresponsables, [email protected], [email protected], pareja permanente u ocasional, violador. Si una persona adquiere y practica voluntariamente un vicio, la sociedad no está obligada a adaptar las leyes a su particular e irresponsable manera de comportarse, ni tampoco debe la sociedad financiar las consecuencias de esas praxis individuales (consultas médicas, fármacos y tratamientos, exámenes, cirugías, hospitalizaciones, traslados). Los fumadores pasivos, hijos de embarazadas alcoholizadas, drogadictas o portadoras del SIDA sí son víctimas, por quienes la sociedad debe preocuparse, para que recuperen su salud, hasta donde sea posible.

Quienes sostienen que “en su cuerpo mandan ellos”, deberían ocuparse de evitar embarazos, heridas, enfermedades, derivadas de sus imprudentes o irresponsables conductas, que llegan al extremo de exigirle a la sociedad, que financia al Estado, a su vez gerente de los servicios médico-asistenciales y farmacéuticos, de los cuales reclaman total, eficiente y gratuita atención, aunque sus problemas provengan directamente de sus cuestionables comportamientos, y no deberían involucrar al todo social en la solución de lo que ellos mismos provocaron en esos cuerpos sobre los cuales afirman tener absoluta autoridad.


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