Nancy Colina: Mendigos en la clandestinidad

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redaccion_yz
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Nancy Colina: Mendigos en la clandestinidad

Mensaje por redaccion_yz » 11 Jun 2016, 08:54

Opinión
ND


Un revoltijo de sentimientos cuando veo esas campañas donde venezolanos fuera del país, piden ayuda en alimentos y medicamentos para la gente que padece la incompetencia de este gobierno, la gente que sufre la escasez.

Nos hemos convertido en un país de mendigos en clandestina porque ni eso podemos hacer libremente. Los gobernantes quieren tapar esa realidad porque no les conviene. Niegan con descaro que aquí existe escasez de alimentos, de medicinas, de repuestos, de toda clases de cosas y lo mas grave aún, de seguridad y de libertad.

No esta permitido que Venezuela reciba ayuda humanitaria para cubrir el déficit que esta acabando con la cordura y la vida de los venezolanos. Es el temor de una gente que desde las cúpulas del poder han saqueado las arcas nacionales, han derrochado todo lo que ha ingresado por concepto del petróleo, en 17 años de mal gobierno, de fatídico y cruel gobierno.

Mientras la población desespera ante la falta de lo mas elemental como es la comida o las medicinas, mientras las redes sociales se dedican a solicitar medicamentos para que la gente no muera, la inflación, la terrible inflación no permite comprar lo poco que se consigue. El sufrimiento se esparce por todos lados, el empobrecimiento sin distingo de clases es notorio.

Un profesor universitario-para citar un caso- hace unos 15 años, podía comprarse una casa o apartamento, tener un carro, disfrutar sus vacaciones dentro o fuera del país, viajar en auto a cualquier destino sin temor a ser atracado. Era difícil imaginarse que los precios de cualquier cosa pudieran variar de manera excesiva, de un día para otro ante una inflación tan descabellada.

Ese profesor transitaba por un país que no era perfecto, pero tenía dignidad. Unos ciudadanos que sentían que sus derechos se le respetaban, que confiaban en los poderes públicos, que tenían libertad de todo, que tenían esperanza de crecer si trabajaban duro, que podían protestar sin ser acribillados por malandros organizados, protegidos por el gobierno.

Ese mismo profesor salia de su trabajo y se iba a hacer compras de comida en supermercados donde no faltaba nada, salía con el carrito repleto. Se pasaba por la farmacia a buscar cualquier medicina para él o su familia, sin temor a conseguir un no como repuesta de un empleado con cara lánguida, detrás del mostrador.

Si se trataba de una familia de profesores, los recursos alcanzaba para lujos. Uno que otro mes iban los sábados a alguna tienda a comprarse algo. Una licuadora, una tostadora de pan, un televisor. Un gusto para mejorar la comodidad de su hogar.

Esos profesores tenían carros e incluso les alcanzaba para escoger alguno, para el hijo adolescente que se disponía a entrar a la Universidad. Ahora todos andan a pie, arriesgando la vida por todos lados. El carro no existe, bien porque se lo han robado, esta dañado porque necesita repuesto que no se consigue, no tiene tiene batería o cauchos. Las razones abundan.¿El hijo o la hija?, quizás estén fuera del país, tratándose de defender como pueden, buscando mejorar su situación.

Comprar un auto nuevo para reemplazarlo ahora es un lujo supremo, destinado solamente a los que por una razón u otra tienen una buen cantidad de dinero que les sobra o de una u otra forma tienen influencias. La clase media no puede afrontar un gasto de estos que en algunos casos es una inversión.

Estos profesores andan llevando leña, como cualquier otra persona que antes no tenía estos privilegios. Un socialismo donde todos tienen la misma igualdad. Todos pobres menos los que viven directa o indirectamente del gobierno.La pobreza es espeluznante.

No hay exageración. La escasez, la inflación y la inseguridad han acabado con toda la esperanza de un futuro mejor y con un vivir pleno. El ahora sueldo miserable de esta pareja de profesores no alcanza ni para hacer un mercado como los que acostumbraban.

Esos profesores llegaban a su casa a descansar. Ahora eso no es posible. Nadie lo hace. No existe la tranquilidad. El tiempo en las colas se consume toda la vida. Todo el mundo, sin distingo de clases, abandona sus puestos de trabajo para ir a ver que consigue. Un país a media marcha.


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