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Rafael Pinto: Diplomacia, caso Venezuela

Publicado: 29 Jul 2018, 00:07
por redaccion
Opinión
ND


En el mundo de las relaciones de la comunidad de las naciones, según sus expertos, cada nación busca el bienestar de sus nacionales generando acuerdos de convivencia en el vecindario y más allá, así un país puede actuar libremente dentro de sus fronteras sin que otros se sientan afectados, lo que se entiende en el pleno ejercicio de su soberanía, y a la hora de cruzar la calle lo haga sin afectar la dinámica interna de los demás, lo que se entiende como de no intervención.

Cuando la acción puede impactar sobre otros, surge la necesidad de acuerdos con los cuales ese actuar pueda ser dado dentro de los límites establecidos y se obtengan los beneficios pactados, así los hay en materias económica, social, política, artística, deportiva en una larga lista de asuntos o intereses donde se establecen lineamientos de conducta aceptados por unos y otros, así, en el pleno ejercicio de su soberanía, cada país actúa en la comunidad ceñido a las normas pactadas, evitando ser señalado de intervencionista.

Bajo esa premisa muchas actividades suceden en el mundo, cuando un país al cruzar la calle afecta a otro, suceden las fricciones que pueden alcanzar fuertes tensiones, por lo que los arreglos se imponen como prioridad a objeto de evitar que el mundo repita lamentables realidades como las ocurridas con las guerras mundiales.

Ayer situaciones advinieron en el silencio, indiferencia o complicidad de los otros. Desde el pasado se encuentran países africanos que masacraron a sus nacionales; europeos que intervinieron impunemente en sus colonias; la URSS, que redujo la dignidad de sus aliados; EEUU, señalado de patrocinar atrocidades en Latinoamérica; lo que dictaduras hicieron, así la historia está cargada de casos que confirman la tesis.

El caso venezolano es una realidad de análisis y reflexión. En este sentido es de recordar lo ocurrido en la primera década del presente siglo. Un país que las realidades del momento le produjo una renta impresionante y qué hizo con ella, comprar lealtades. Así, el liderazgo del régimen se entregó a una propuesta ideológica que buscó internacionalizar, ofreciendo costosos recursos financiados con las arcas venezolanas, haciéndose de amigos de interés a quienes agrupó en organismos creados con esa finalidad. Muchos vinieron con la mano estirada y se llevaron lo que quisieron, mientras el régimen actuaba internamente a sus anchas con el aval internacional.

Así el vecindario y el mundo vieron como se desmantelaba un país, y aplaudieron; se estatizaba la economía, y aplaudieron; se coartaba la libertad de expresión, y aplaudieron; se destruyó el marco institucional público, y aplaudieron; se desdibujaron los servicios de salud, educación, alimentación, vivienda y otros, y aplaudieron; se destruyó la concepción de democracia, y aplaudieron; se llevó al país en caída libre a la miseria, y aplaudieron; total, todo podía suceder mientras pudieran satisfacer sus intereses, atendiendo a la noción histórica del cómo llevar las relaciones internacionales.

Hoy se dan cuenta que tanta desvergüenza cobra caro. El vecindario sufre las consecuencias de la diáspora venezolana, que carga sobre sus hombros demandas para las cuales no tenían por qué estar preparados. Servicios públicos colapsados, emigrantes que llevan problemas sanitarios, delincuentes que malogran sus realidades, todo un arcoíris de problemas a los que se les puede agregar el impacto económico que deriva de la pérdida de una relación comercial que permitía que sus empresas pudieran encontrar mercados para sus productos, lo que llevaba producción para sus empresas, empleos para sus ciudadanos y recursos fiscales para el gobierno. Cierto que muchos son los venezolanos insertos en procesos cuyos resultados dan buenos beneficios para esas sociedades y el mundo, mas los males están ahí y por ellos Venezuela hoy soporta una cruz perversa que debe cargar.

Esa experiencia dice mucho a la sociedad de las naciones, las realidades cambiaron desde sociedades enmarcadas en reducidos espacios a la mundialización, lo de ahora deja ver que ser vivaracho o indiferente ante los dañosos procederes de los gobiernos sobre su sociedad, aún cuando se crea le resulten inocuos, resultan gravosos. De ahí que hoy, ante los avances maléficos surge la necesidad de un reacomodo, tienen que “curarse en salud”, actuar en comunidad en defensa de las sociedades y de los derechos humanos, sin que ello sea considerado una intervención o el desconocimiento del derecho de soberanía.

Esta es una mala noticia para Morales en Bolivia, Ortega en Nicaragua o lo que pretenda hacer López Obrador en México, por cuanto no deben esperar una actitud de la sociedad de las naciones como la que históricamente han tenido.

Así, de haber cambios en las actitudes mundiales a favor de los derechos humanos, el caso Venezuela habrá contribuido para el bien de la humanidad, aunque en eso tengamos que sufrir la peor parte. Por aquí decimos “no hay mal que por bien no venga”.