Diego Bautista Urbaneja: Solo una macolla se va a oponer a un programa de ajuste económico

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redacción_jgl
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Diego Bautista Urbaneja: Solo una macolla se va a oponer a un programa de ajuste económico

Mensaje por redacción_jgl » 19 May 2016, 05:20

Imagen Enrique Meléndez / especial Noticiero Digital /19 may 2016.- El politólogo Diego Bautista Urbaneja explicó que un programa de reformas económicas como el que requiere Venezuela cuenta con el apoyo de casi todo el país, pues solamente un grupo pequeño - que denominó macolla - se beneficia del sistema de distorsiones vgente.

“El sistema de rentas que había se ha transformado en un sistema de rentas mafioso, cada vez más mafioso, cada vez más concentrado, donde los excluidos de los beneficios de las distorsiones lo constituyen todo el país menos un grupito que a mí me gusta llamar la macolla”, dijo durante el foro que organizó el Instituto de Estudios Parlamentarios "Fermín Toro", que dirige Ramón Guillermo Aveledo, y la UCAB.

Comenzó su presentación reconociendo que todo programa de reformas económicas trae dificultades y problemas que pueden causar una inflación momentánea y con ello, un impacto social duro, sobre todo en algunos sectores sociales.

“Esto porque Venezuela no puede salir de la crisis lisa aplicando las dos o tres cosas que ya se sabe cuáles son en el terreno petrolero y en el terreno fiscal".

Recordó que en Venezuela una sola vez en la historia se ha tratado de aplicar un programa de reformas económicas y que fue en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, de modo que de allí se obtuvo una gran experiencia a la cual él suele recurrir para analizar algunas situaciones.

Admitió que todo programa de este tipo está orientado a corregir distorsiones y que por lo demás hay que estar consciente de que detrás de estas distorsiones hay alguien que se está beneficiando.

“Si usted tiene una distorsión cambiaria alguien está sacando provecho. Si usted tiene una distorsión en los precios de los productos agrícolas, alguien se está beneficiando de esa distorsión en la forma de una renta. Entonces, el primer obstáculo, que va a encontrar un programa de reformas económicas, es la resistencia que van a oponer los beneficiarios de esa renta, causada por esas distorsiones que usted intenta corregir”.

En ese sentido, manifestó que en el caso de Venezuela, si se quiere corregir la distorsión cambiaria que existe en el país, lo más probable es que los sectores militares, importadores, contrabandistas, que se benefician de la misma, van a constituir un problema; de modo que en el diseño técnico político de las de reformas hay que tomar en cuenta que la corrección de estas distorsiones va a producir resistencias de parte de los rentistas, que se van a oponer a que el programa se ponga en marcha.

En segundo lugar, consideró que había que fijarse en la naturaleza del Estado venezolano, en lo que sabe hacer y que, precisamente, en el gobierno de Carlos Andrés Pérez constituyó un obstáculo importante pues a su juicio en ese momento el aparato del Estado arrastraba los pies porque no se querían los cambios, y que la capacidad organizativa del Estado, cuando se ha hecho rutina, constituye una dificultad para poner en marcha las reformas.

“Normalmente, un programa de reformas económicas pone las capacidades a un nivel de exigencia mayor con el que venía trabajando el Estado. Se trata de corregir cosas, deshacer entuertos, de resolver problemas que se habían venido acumulando, y que el Estado venía manejando rutinariamente; de modo que cuando se aplica un programa de reformas económicas se está poniendo la capacidad del Estado a un nivel de tensión mayor”.

Reconoció, a ese respecto, que en el caso venezolano ese problema se torna bastante dramático porque el desfase que normalmente existe de la capacidad rutinizada del Estado y las exigencias técnicas de un programa de reformas presenta una gran brecha; ya que a su modo de ver las dificultades son enormes, y la capacidad técnica del Estado, está desecha.

Según Urbaneja en este fenómeno influye también lo que definió como el calendario electoral, pues cuando un gobierno diseña su política económica, normalmente, toma en cuenta los costos electorales de su aplicación.

“De los seis años que dura un período presidencial, en Venezuela hay por lo menos cuatro elecciones. El calendario electoral le impone al gobierno una carrera de obstáculos mucho más aguda que en otro país donde el calendario electoral es mucho más suave. No tienen elecciones con tanta frecuencia como en Venezuela”.

A continuación se refirió al tema de la protesta social como consecuencia de la aplicación del programa de reformas económicas; ya que, por lo demás, en Venezuela se ha desarrollado una especial sensibilidad frente al tema de la represión de la protesta durante el famoso “Caracazo” de 1989; aparte de las experiencias que se han tenido en otros países y que le han creado enormes problemas a los gobiernos que las llevaron a cabo, en algunos casos, incluso, de carácter penal internacional.

Según Urbaneja esto ata las manos de cualquier gobierno para apelar a la represión del estallido social, una vez iniciado el programa de reformas económicas.

Otro de los obstáculos que mencionó fue lo que conoció como la satanización de un conjunto de palabras, instituciones, categorías, conceptos; empezando por el Fondo Monetario Internacional, luego el mercado, la iniciativa privada, la libre empresa, la competitividad, la productividad; términos que, a su juicio, en el discurso político que tanto hemos escuchado a lo largo de estos 17 años, y que tienen una connotación negativa.

“El programa de reformas económicas, probablemente, va a estar girando en la constelación de varias de esas palabras demonizadas y varios de esos conceptos prohibidos, y que hay que tomar en cuenta”.

Asimismo, habló de los límites del liderazgo, pues, según su parecer, todo liderazgo que se proponga llevar a cabo este tipo de políticas debe tener una visión lo más acertada posible de su propia capacidad de liderazgo: hasta dónde llega, y aquí se refirió al hecho de que Carlos Andrés Pérez tenía una visión demasiado exagerada de lo que era su liderazgo; por lo que imaginó que podía conducir al país más allá de sus capacidades políticas.

Agregó que esto no tenía solución pues no se sabía hasta dónde determinado líder puede conducir a un país.

Y que también a esto se unía el tema de la arrogancia de los economistas que constituían el equipo de gobierno; un tema que ha sido estudiado por el economista mexicano Manuel Centeno; ya que se ha observado que el problema de la arrogancia tecnocrática durante la aplicación de un programa de reformas económicas también se convierte en un problema, partiendo del hecho de que los tecnócratas no oían a nadie por calificarlos de populistas.

“El desastre económico que estamos viviendo es de tal magnitud que el sistema de distorsiones y de rentas está desecho. Ya casi nadie gana con este sistema de distorsiones, y el sistema de rentas, que había, se ha transformado en un sistema de rentas mafioso; cada vez más mafioso, cada vez más concentrado; donde los excluidos de los beneficios de las distorsiones lo constituye todo el país, menos un grupito que a mí me gusta llamar la macolla”.

De forma que, según Urbaneja, no habría en Venezuela un grupo importante de sectores sociales que se beneficien del actual sistema de distorsiones, y que vayan a ser un obstáculo para la aplicación de las reformas económicas; teniendo presente que ese sistema de rentas está desecho y que era el que normalmente sostenía ese orden de cosas, y que podría ser un obstáculo para las intenciones reformistas de un gobierno, y lo cual lo calificó de trágicamente favorable.

Indicó que, por otra parte, la actual situación ha llegado a tales extremos de crisis que es mucho más fácil que existan algunos acuerdos básicos, primero, dentro de los sectores técnicos del país y dentro de los sectores democráticos; acuerdos sobre lo que hay que hacer, por lo menos, en sus líneas fundamentales.

“Luego está el hecho de que el deterioro de los indicadores sociales y económicos ha llegado a tal nivel, que el tema de la aplicación de un programa de reformas económicas en unos casos se ve favorable y en otros casos desfavorable”.

Explicó que hablaba de desfavorable porque la situación ha llegado tan abajo que la recuperación puede ser muy lenta, muy costosa, por ejemplo, en lo que se refiere a la capacidad administrativa del Estado, de manera que puede haber un desfase entre ese ritmo de recuperación y de corrección y el nivel de expectativas creadas por un cambio político que se produjese en Venezuela; de modo que ese nivel de expectativas pudiese ser demasiado grande e idealista y utópico.

Y que hablaba de favorable en el entendido de que el bajísimo nivel que presentan todos los indicadores permitiría que con bastante rapidez se comiencen a manifestar pequeños signos de mejoría, y que ya sería cosa de la capacidad política del liderazgo y de la conducción política y de la conducción técnica de hacer notar esos signos de recuperación.

Al abordar el tema de la oposición política que tendría la aplicación del programa de reformas económicas, observó que, si sería una oposición del tipo del Psuv, uno tendría que esperar lo peor; pues, a su juicio, si así se comporta siendo gobierno cómo se comportará siendo oposición.

Reconoció que el panorama que planteaba resultaba bastante oscuro, pero comentó que habría que contar con un liderazgo político muy casado con un programa de reformas económicas, muy convencido de que es necesario, de modo de comprometerse con el mismo.

Según Urbaneja, esto vendría facilitado por los niveles a los que hemos llegado, ya que hoy en día esta política de los cambios se juzga como un un problema de salvación nacional; por lo que, según su parecer, este sería uno de los elementos para enfrentar cualquier rechazo a las reformas.

Mencionó en segundo lugar al tema de la comunicación, algo que se hizo ver durante el gobierno de Pérez II, es decir, que no se informaba pero que, para él, eso iba más allá, en el sentido de que pensaba que el país tenía que ir con el programa de reformas y que por lo tanto aquí también influía mucho el alcance del liderazgo político, y de su capacidad comunicativa.

“Un tema complicado lo constituye el hecho del respaldo internacional, y con esto conecto con lo de la arrogancia, y conecto con lo del tema de lo simbólico y lo lingüístico, pues la experiencia internacional indica que muchas veces las élites que conducen estos programas de reforma se engolosinan, y se emborrachan con el respaldo internacional, y el mismo entorno internacional se emborracha también con el éxito de la aplicación de dicha política”.

Para Urbaneja hay que tener cuidado con este tema, pues a su modo de ver el diálogo y el problema son venezolanos, y que tiene que resolverse entre venezolanos; pues con independencia de que al entorno internacional lo emborrachen los resultados, hay que tomar en cuenta que a la que hay que convencer es a la sociedad venezolana.

Llamó la atención al sector de las fuerzas armadas al que consideró como beneficiario de la renta del Estado, por lo que consideró que habría que ver cómo se maneja un acuerdo político con dicho sector, que vendría a ser muy decisivo en la política venezolana; que habría que suponer que las fuerzas armadas, en caso de que se produjese un cambio político democrático en Venezuela, respetarían los resultados.

“Luego está la capacidad de lograr un compromiso ético de la colectividad con el programa de reformas; la capacidad de convencer de que la colectividad tome conciencia de en lo que estamos; del aporte que tiene que hacer cada cual en el terreno de la recuperación económica, y que todo el mundo meta el hombro”.

Cerró su peroración considerando que los obstáculos que había mencionado no significaban ningún recetario rígido; que el liderazgo político tiene opciones para enfrentar y que eso depende de la manera como el actor tome la situación pero que no había ni una receta para la timidez y la cautela y otra receta para la audacia y el riesgo; por lo que, a su juicio, eso dependía del tipo de conducción política al que le toque encargarse de llevar a cabo este tipo de programas económicos.

Que, además, la aplicación de un programa de reformas económicas suponía que la colectividad había internalizado la necesidad de su aplicación; lo cual, a su modo de ver, supone que las disposiciones psíquicas de la colectividad para un programa de reformas económicas son mucho más favorables de lo que en otro momento pudieran haber sido.


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