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Opinión

Columnistas
Vladimiro Mujica

Golpe de Estado

Finalmente, la incompetencia y corrupción de los herederos del legado del Comandante Chávez los ha conducido a destruir una de las piezas centrales del montaje que les permitía disfrutar del apoyo vergonzante, pero decisivo para su supervivencia, de muchos movimientos, gobiernos e instituciones controladas por la izquierda en todo el planeta. Ese elemento fundamental del engranaje de sostén internacional al chavismo era la fachada del apoyo popular, el hecho de que el mandato de Chávez, o de su cruel y socarrón heredero, surgía de la voluntad del pueblo. Ante los ojos admirados de regímenes autoritarios como el de Cuba, Corea del Norte y Zimbabue, expuestos al claro repudio internacional por su obvio carácter antidemocrático, el régimen venezolano gozó por casi dos décadas de un escudo de protección infranqueable que se derivaba del hecho de celebrar elecciones. Y ganarlas; aún en medio de cuestionamientos crecientes sobre la transparencia de los procesos electorales. El esquema, aparentemente genial, de hacerse con el control total del poder y avanzar un perverso proceso de aniquilación de la libertad, la democracia y la economía del país, al tiempo que mantener una máscara de legitimidad surgida de las elecciones, ha colapsado.

Vladimiro Mujica

El Ecuador desde el ecuador

De vuelta al refugio de mi columna después de una ausencia de reflexión de unas semanas. Me trae de regreso un caso complejo, de los que podrían exigir moverse con cuidado en el análisis. Se trata de la comparación entre Venezuela y el resto de los países latinoamericanos afiliados a la así llamada doctrina del Socialismo del Siglo XXI. Voy a referirme especialmente al caso del Ecuador, un país al que he venido visitando desde hace unos siete u ocho años.

Vladimiro Mujica

El festín de los zamuros

Saliendo de Las Mayas hacia el camino al embalse de La Mariposa, está una de las plantas de transferencia de basura de la ciudad de Caracas. Es un lugar que conozco bien, transito por esa zona desde hace más de 30 años rumbo a San José de los Altos. Lo que empezó siendo una instalación relativamente modesta, se ha convertido en uno de los tantos monumentos colosales a la ineficiencia del estado venezolano y al abandono de un país. Montañas acumuladas de toneladas de desperdicio de toda índole, visibles solamente de día, pero siempre presentes en la zona a través de su pestilente e inconfundible olor. Pero lo que es el infierno para los seres humanos puede ser el paraíso para otras especies: la planta de transferencia de basura se ha convertido en una suerte de edén tropical de los zamuros. Incontables, en miríadas, instalados en las inmensas pilas de basura, levitando, gravitando, posados como testimonio inconfundible de lo que allí se acumula. Zamuros gordos, saludables, agresivos, en tonalidades sombrías y atrevidas coloraciones. Uno que otro blanco y colorido Rey Zamuro. En verdad todo un espectáculo que no deja de ser imponente a pesar de lo que revela sobre lo que está ocurriendo en la Venezuela de estos días.

Vladimiro Mujica

Trumpusa

El despertar el día después de la ceremonia de juramentación del nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha sido turbulento. A pesar de que todavía es prematuro sacar conclusiones sobre lo que nos espera, ya las señales perturbadoras y amenazantes están apareciendo con claridad. Con celeridad vertiginosa, utilizando todo el poder de la rama ejecutiva del gobierno norteamericano, el nuevo mandatario ha tomado acciones para desarticular, eliminar u obstaculizar, leyes, acuerdos, y vitales tratados internacionales. Como un tren que está arrollando cosas muy importantes a su paso, se han transformado en sucesión atropellada elementos esenciales de las políticas del gobierno. Entre ellos: la anulación de tratados comerciales; la suspensión del apoyo del gobierno a los programas de seguridad social y el cuidado médico, conocido como Obamacare, dirigido a los sectores más pobres del país; la eliminación del uso del español como lengua alternativa en el sitio web de la Casa Blanca; el cese del financiamiento a programas sociales referentes al aborto; la aprobación de la construcción de un polémico oleoducto cuestionado por los ambientalistas; el retiro de Estados Unidos de importantes tratados de protección del ambiente; la adopción de medidas proteccionistas y de corte nacionalistas, e importantes cambios a la política de defensa mutua de los países occidentales. A esta larga lista de modificaciones esenciales de la política interior y exterior de los Estados Unidos, cuyas implicaciones apenas se están alcanzando a entender, hay que añadirle la creación de un conflicto abierto con China, el encuentro frontal con México por el tema de la inmigración y la propuesta del muro entre las dos naciones y un desembozado acercamiento con la Rusia de Vladimir Putin.

Vladimiro Mujica

El estruendo de la voz de la Iglesia

Resulta imposible exagerar la importancia de dos documentos recientes, emanados del episcopado venezolano, para el diagnóstico y compresión de lo que está ocurriendo en el país. Con diferencia de unos días se hicieron públicas las palabras del presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, monseñor Diego Padrón, y la Exhortación Pastoral Jesucristo Luz y Camino para Venezuela de la CVII Asamblea de la CEV. Antes de eso se han expresado repetidas veces sobre la delicada situación venezolana, en distintos grados de vehemencia, Luis Ugalde SJ, distinguido intelectual y ex-rector de la UCAB; el recientemente electo Superior General de la Compañía de Jesús, Arturo Sosa SJ; el actual rector de la UCAB, José Virtuoso SJ; el cardenal Baltazar Porras y otros distinguidos prelados.

Vladimiro Mujica

las agendas de la oposición

Leo con atención el escrito adulante y sibilino de Ignacio Ramonet que circula en las redes sociales sobre las victorias de NIcolas Maduro en el año 2016 y acerca de su transformación en líder indiscutible de la revolución chavista. A pesar de que todo lo que allí se señala constituye una manipulación descarada de realidades a medias y mentiras obvias, como atribuirle a Maduro una competencia de la AN como el nombramiento de los magistrados del TSJ, es inequívoco el mensaje: en la guerra declarada contra el pueblo de Venezuela y la oposición democrática, el gobierno de Maduro ha salido fortalecido.

Vladimiro Mujica

El sinuoso combate contra la anocracia

Sin que él lo sepa, tengo una deuda de gratitud con mi amigo el Prof. Ángel Álvarez, académico y estudioso de las ciencias políticas, quien ha encontrado lo que para mí es la definición más precisa del régimen venezolano. Tarea compleja porque la discusión convencional basculaba entre democracia y dictadura, pasando por autocracia y autoritarismo. Ocurre pues, que existe un término, anocracia, que condensa apropiadamente las características híbridas de prácticas pseudo-democráticas, oclocráticas y autoritarias que caracterizan al régimen venezolano.

Vladimiro Mujica

Los custodios de la unidad

Confieso que tengo dos semanas sin escribir mi columna simplemente porque no he tenido la tranquilidad de espíritu para poner en blanco y negro lo que he estado pensando sobre la situación venezolana. Ello es así no tanto por temor a escribir lo que pienso, sino por el sentido de responsabilidad que me impone el hecho de que paso una buena parte del tiempo fuera de Venezuela y que, en consecuencia, se requieren prudencia y respeto con quienes están en la primera línea de combate contra el autoritarismo del gobierno y sus aliados. Lo inquietante es que en este momento pareciera indispensable pensar no tanto en el desastre ocasionado por la gestión de un gobierno enemigo de su propia gente, sino mucho más sobre la forma en que se está conduciendo la oposición democrática. Quizás una forma de simplificar el argumento, es comenzar dejando por sentado que estamos en presencia del peor gobierno de la era democrática, pero algo que no le podemos atribuir a este gobierno, malo y corrupto sin reservas, son nuestros propios errores como oposición. Y utilizo adrede la palabra “nuestros” para dejar establecido que no pretendo hacer ninguna diferencia de principio entre el ciudadano opositor y su liderazgo.

Vladimiro Mujica

Ayuda humanitaria

La noticia se lee tersa y horrenda en su desparpajo y simplicidad, perdida en un escenario de sufrimiento y humillación inimaginable para los venezolanos hace dos décadas, cuando comenzó la hecatombe histórica de la era chavista. Escojo uno cualquiera de los numerosos partes de medios (http://prodavinci.com/2016/11/24/actual ... rodavinci/).

Vladimiro Mujica

El riesgoso mantra del cambio

Las democracias occidentales no están preparadas para enfrentar el riesgo que representa para su propia existencia la combinación letal de un líder mesiánico, capaz de leer e interpretar una frustración acumulada en la sociedad, con el deseo de cambio de la gente. Una larga sucesión de ejemplos que se extienden desde el siglo XX con Hitler y Mussolini, hasta el siglo XXI con Berlusconi, y Chávez, entre otros, evidencian el mismo patrón de emergencia de un líder que concentra y expresa una voluntad de cambio que se traduce en mensajes de brutal simplicidad, capaces de generar convicciones frecuentemente irracionales.

Vladimiro Mujica

Negociaciones en tiempos de conflicto

Bajo cualquier otra circunstancia uno debería limitarse a afirmar que llevar a una proto-dictadura como el gobierno venezolano, dueña de las armas y la violencia, a una mesa de negociaciones con participación internacional es una proeza formidable y un triunfo para las fuerzas democráticas de Venezuela. En nuestro caso, esa afirmación debe complementarse con otra igualmente importante: nuestro pueblo se enfrenta a su peor Némesis, una oligarquía que se nutre como un parásito de nuestras propias contradicciones y carencias y que está dispuesta a arriesgarlo y sacrificarlo todo con tal de mantenerse en el poder. La misma ligereza en la custodia de nuestra democracia que condujo a la fractura del sistema de partidos y al advenimiento del desastre chavista, ahora nos acecha. La oligarquía chavista se nutre de sus aciertos y su falta de escrúpulos. Pero también de nuestras limitaciones y errores.

Vladimiro Mujica

La encrucijada del chavismo

Soy de quienes piensan que la rueda de prensa y las acciones de la así llamada Plataforma en Defensa de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el pasado 18 de octubre, dos días antes de la acción abiertamente inconstitucional del régimen de Nicolás Maduro y sus títeres contra el derecho del pueblo a elegir y decidir, son muy significativas. La lista de los participantes en la rueda de prensa incluye una pléyade de ex-ministros de Chávez y figuras importantes de lo que ahora en pleno derecho se podría llamar chavismo originario, o chavismo disidente, dependiendo del punto de vista. Freddy Gutiérrez, quien leyó el documento central, Gustavo Márquez, Nicmer Evans, Héctor Navarro, Ana Elisa Osorio, Santiago Arconada, Oly Millán, Cliver Alcalá Cordones, Gonzalo Gómez y César Romero.

Vladimiro Mujica

Las dos paces

Tiempos políticos cargados en Venezuela y en Colombia. Vistos desde una perspectiva lejana, especialmente a través de un lente eurocentrista, podría parecer que existen muchas similitudes entre ambos conflictos: el de la guerra declarada por la guerrilla contra el Estado colombiano y el de la guerra no declarada del gobierno de Venezuela contra su propio pueblo. Una típica saga latinoamericana de interminables conflictos y tragedias nacionales. Pero un análisis más a fondo revela diferencias muy importantes, quizás la más fundamental la presencia de las instituciones del Estado colombiano garantizando la voluntad ciudadana y el hecho de que unos días después de la victoria del NO, Alvaro Uribe y Juan Manuel Santos, ex–presidente y presidente de Colombia y líderes de las campañas enfrentadas en el referendo, se reunieron durante varias horas para dialogar sobre las salidas posibles a un profundo impasse nacional.

Vladimiro Mujica

Una catástrofe inevitable

Año 17 de la Era Chavista y todavía uno se encuentra con frecuencia con la pregunta de muchos venezolanos y de gente en el extranjero que se resume en: ¿Cómo es posible que un gobierno arruine a su propio país? Parte de la interrogante tiene que ver con aspectos éticos cuya vigencia en el caso de la corrupta oligarquía pasan a ser temas esotéricos, pero en otra dirección subyace la duda sobre si al gobierno no le convenía, como garantía de su propia estabilidad, mantener a la gente tranquila preservando un cierto grado de estabilidad económica, social y política que le permitiera mantenerse en el poder sin caer en este ciclo de caos y represión en que se ha convertido Venezuela.

Vladimiro Mujica

Gobierno sin pueblo

Cuando se escriba la historia de estos tiempos, el 1S será recordado como el comienzo del fin de un régimen que ha dilapidado el mejor capital político que gobierno alguno puede tener: la confianza de su pueblo. La ausencia de las masas es aún más notoria que su presencia, sobre todo para la oligarquía chavista que se precia de ser la voz del pueblo. El espectáculo de Maduro en la soledad de la avenida Bolívar, alternativamente insultando y riendo para espantar a la gran sombra del fantasma de la deserción del pueblo, habla por sí solo. No hacen falta grandes ejercicios de interpretación y análisis para concluir que el gran demiurgo de la demagogia que fue Chávez le entregó el bastón de mando a un heredero que ciertamente verá perecer a la falsa revolución del socialismo del siglo XXI en sus manos.

Vladimiro Mujica

Los sepultureros de la izquierda

La historia está llena de paradojas sobre como quienes parecían ser los más ardientes defensores de una idea terminaron por transformarse en sus destructores.

Vladimiro Mujica

La Marcha de la Sal

Mahatma Gandhi escogió la poderosa y sugestiva palabra en sánscrito “satyagraha”, que traducida libremente significa “aferrado a la verdad”, para designar el concepto que le sirve de fundamento a su doctrina de resistencia civil, determinada y no violenta al mal. De acuerdo a esta filosofía, sus seguidores o“satyagrahis” alcanzan la percepción correcta de la naturaleza del mal practicando la no violencia de la mente, buscando la verdad en un espíritu de paz y amor, y llevando a cabo un riguroso proceso de examen interno.

Vladimiro Mujica

La lógica del mal

Tomo prestado el título de un libro de William Brustein sobre los orígenes sociales del partido nazi. En su obra el sociólogo estadounidense sostiene que la afiliación al partido nazi se produjo en buena medida por elección racional, es decir que el partido presentó como oferta política algo que resultó por ser muy atractivo, sobre todo desde el punto de vista económico, para los sectores de clase media que terminaron por apoyarlo.

Vladimiro Mujica

Las fronteras móviles de la acción política

A pesar de los espectaculares avances en las ciencias estadísticas y de las complejas técnicas que se emplean para pulsar el estado de la opinión pública, existen limitaciones muy importantes a la capacidad predictiva de los estudios de opinión, especialmente en momentos de inestabilidad.

Vladimiro Mujica

Venezuela en las noticias

Confieso que a veces parecen nuevas provenientes de un país desconocido, uno muy similar en su hermosa geografía a la tierra donde crecí, pero agresivamente ajeno en sus señales exteriores y en lo que parecen ser los nuevos modos de su gente. Las cosas que, en definitiva, conforman la imagen que de Venezuela se tiene en el mundo. El consabido “¿Venezuela? Aaah Chávez” que se escuchaba con frecuencia cuando uno era interrogado sobre su procedencia, señal inequívoca de que mucha gente en el exterior se enteró de la existencia de una nación que se les antojaba exótica y rica a través de su extravagante líder, ha sido reemplazado por variantes de la exclamación “¡Joder, como están de difíciles las cosas en Venezuela!”. La preocupación expresada en los medios internacionales y la que se traduce en la inquietud ingenua y espontánea de la gente que consume las noticias que esos medios generan, no es ociosa ni sorprendente. A sus ojos, y por razones difíciles de entender y más aún de explicar, nos hemos convertido en el paradigma moderno de una nación fracasada. Un país inmensamente rico que parece incapaz de proveer las necesidades elementales de su población, desde papel higiénico hasta medicinas y comida al tiempo que figura de manera prominente tanto en las estadísticas de corrupción como en las de crimen y violencia. El mismo país al que buena parte de la izquierda europea o simplemente mucha gente bien intencionada que se consideraba progresista, asociaba con una suerte de aventura tropical y caribeña contra la pobreza y enfrentada al imperio gringo liderada por Hugo Chávez. Hoy todo el entusiasmo por la causa de la autodenominada revolución bolivariana ha desaparecido y la gesta chavista aparece en toda su desnudez impúdica como un ejercicio monumental de corrupción, engaño e incompetencia perpetrado ante la mirada complaciente, cuando no la ayuda interesada de medio mundo. Las increíbles escenas que llenan los medios de comunicación del mundo, muestran a gente haciendo colas interminables; a gente cruzando a trompicones y en desordenada manada la frontera colombo-venezolana; a gente rogando por unas medicinas que no aparecen; a gente llorando; a gente sufriendo; a gente despidiéndose de su gente, abandonando su país en busca de otra existencia. En resumen, muestran a un país disfuncional coexistiendo con un régimen soberbio y despiadado que se resiste a admitir las dimensiones de la crisis por las implicaciones que ello tiene para su ya maltrecha imagen internacional y que reprime brutalmente no solo a los activistas políticos sino a quienes protestan por la crisis de abastecimiento. Todo ello es la imagen obvia del sufrimiento de un pueblo y de una sociedad sumida en una profunda crisis. Sin embargo, queda en el aire la pregunta que hace mi vecina, o algunos de mis amigos de la universidad en San Sebastián: ¿Qué gana el gobierno de Venezuela con contribuir a destruir la economía del país y a generar el caos, algo de lo que tanto la oposición como el Informe del Secretario General de la OEA acusan al régimen venezolano? La pregunta es importante entre otras cosas porque surge de un supuesto falso: el de que un gobierno existe para gobernar a favor de la gente o que al menos no le conviene que el país se desestabilice. Es por supuesto natural que los habitantes de un país funcional como España tengan esta percepción sobre el rol de un gobierno. Ello a pesar de que muchos de los críticos de la gestión del Partido Popular expresan que las cosas no podrían estar peor. Ojala nunca se enteren de cuan peor se pueden poner las cosas. Sobre todo si se transita la aventura anti-democrática con la que intenta seducir a España el partido Podemos. Pero de retorno al argumento original, para entender lo que ocurre en Venezuela es necesario digerir el concepto de poder que se expone en la novela de Orwell, 1984. En el mundo del Big Brother, el gobierno no existe para construir felicidad o progreso para el pueblo sino para mantenerse en el poder, sin que para ello sea un obstáculo cambiar de ideología o alterar la historia. La pobreza y mantener a la gente en el límite de la supervivencia son instrumentos para el control social que han sido ensayados exitosamente en Cuba, la antigua Unión Soviética, Corea del Norte o los ghettos organizados por los nazis. A la pregunta de si los venezolanos somos o no “jilipollas” por permitir que un gobierno como la oligarquía chavista se le monte en el lomo hay que responder que el hambre y la miseria no generan respuesta efectiva excepto si existe liderazgo político y que cuando se tiene el control de las armas y las instituciones un gobierno oprobioso para la humanidad como el de Franco, Stalin o Pinochet se puede mantener por largo tiempo en el poder. Ello es así porque a lo único que le tiene más miedo la gente que a la miseria es al fantasma del caos y la violencia indiscriminada. Entre tanto desconcierto y frustración por la situación venezolana, yo me resisto a contribuir a la imagen de lástima y autocomplacencia. Venezuela no necesita lástima y miradas piadosas sino la solidaridad internacional de pueblos y gobiernos que tienen el deber moral y legal de denunciar y oponerse al régimen de Maduro sin caer en la trampa de que su actuación se vea como injerencia en los asuntos internos de otro país. Por otro lado, junto a la penosa imagen de indigencia y caos que de nuestra nación se proyecta en los medios internacionales, está también la conducta altiva de un pueblo y sus líderes opositores cuya cultura y valores democráticos han impedido que un proyecto autoritario se imponga completamente a pesar de que el chavismo tiene casi 20 años intentándolo. Esa es también parte de la verdad, junto con el hecho de que Venezuela sigue funcionando por la acción decidida y entregada de innumerables héroes civiles, médicos, profesores, ingenieros y maestros, que siguen manteniendo viva la llama de un país mejor hoy, cuando más hace falta. Esas son las buenas noticias, en medio de un alud de malas noticias. Que la resistencia continúa y que la oligarquía chavista, corrupta y arrogante está cada vez más arrinconada, porque ya perdió el favor del pueblo. El resto es materia de disciplina ciudadana y ejercicio ético del liderazgo político. Ya vendrán otros tiempos.

Vladimiro Mujica

Los riesgos de la indignación de la gente

Las historias recientes del Brexit y la para muchos inexplicable popularidad de Donald Trump, apuntan a un inquietante patrón: el descontento de la gente con el sector dirigente político es capaz de inducir conductas verdaderamente suicidas en los pueblos. En el caso del Reino Unido, el retroceso histórico hacia paradigmas prácticamente medievales que supone separarse de la Unión Europea. En el caso de los Estados Unidos, la aparición de un demagogo populista que actúa como un depredador astuto y envalentonado de las peores pasiones y temores de los blancos de clase media norteamericanos. En dos de las democracias más vigorosas de Occidente aparecen procesos en apariencia disimiles en la práctica pero íntimamente relacionados en su dinámica y en las fuerzas que los motorizan.

Vladimiro Mujica

El embargo de la soberanía

Termino de escuchar hace unas horas la intervención de la canciller Delcy Rodríguez en la reunión del Consejo Permanente de la OEA donde se discutió el informe que sobre la situación venezolana presentó el secretario general Luis Almagro. Escuché decir a la canciller, palabra más, palabra menos, que “Almagro tiene falta de parcialidad”. En español convencional esta frase sería el equivalente de afirmar que “Almagro es imparcial”. No estoy seguro de si en un ejercicio atrevido de chavi-lenguaje como al que nos tienen acostumbrados los altos funcionarios del gobierno, la canciller empleó esta expresión en el sentido de “Almagro comete una falta, la parcialidad”. No lo sé. De todo se puede esperar de la masacre del idioma y sus reglas a la que nos han sometido nuestros gobernantes.

Vladimiro Mujica

Se solicita chavista con corazón propio

El título de mi columna estaba inicialmente sugerido por la cadencia de la palabras en el título de una película de Alfredo Anzola de los años setenta: “Se solicita muchacha de buena presencia y motorizado con moto propia”. Pero como suele ocurrir una vez que se elige un título, este cobra en alguna medida vida propia y se empieza a ampliar de su sentido original. Y heme aquí recordando vagamente una película que vi cuando era un estudiante en la UCV y cuya sinopsis comercial transcribo ( http://www.cineseisocho.com/pdf/sebuscamuchacha.pdf ) porque define una viñeta anclada en el tiempo de una Venezuela que ha experimentado una metamorfosis que la hace irreconocible y, sin embargo, profundamente familiar.

Vladimiro Mujica

La patraña del “injerencismo”

La rabieta del gobierno de Venezuela frente a la decisión del Secretario General de la OEA de iniciar el procedimiento para la aplicación de la Carta Democrática Interamericana es perfectamente comprensible. Para un régimen habituado a comportarse como la potencia imperialista petrolera del Caribe, y acostumbrado a imponer su voluntad en el seno de la organización, merced a una red de lazos políticos y financieros pagados con el petróleo venezolano, lo que ocurrió en la maratónica reunión del Consejo Permanente de hace unos días ha venido como una demostración adicional de que la comunidad internacional ya no acepta con tranquilidad la verborrea amenazante del gobierno. Mucho más importante para la causa de la democracia y la libertad en Venezuela, es el hecho de que esa misma comunidad internacional está terminando por comprender que el chavismo ha perdido el favor popular y que en la práctica lo que pretende el gobierno de Venezuela es, nada más y nada menos, que usurpar la soberanía nacional que en definitiva reside en el pueblo.

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Vladimiro Mujica

Los riesgos de las historias fabuladas

Recurrir a la distorsión de la historia, o mejor aún a reinventar la historia, es una operación ya considerada clásica de los regímenes totalitarios y personalistas. Los dictadores tienen una afición irreprimible a considerarse anunciados por la historia, además de intentar ser adorados o temidos, o una combinación de ambos, por quienes tienen el infortunio de estar bajo su dominio. En otra dirección, la frase “la historia la escriben los vencedores” que se le atribuye, entre otros, a Winston Churchill, es meridianamente clara en su contexto. Los poderes que emergen victoriosos de un conflicto armado, tienden a distorsionar los hechos para construir un entramado de medias verdades y medias mentiras, en donde el vencido suele resultar agresivo, cobarde o, en algún contexto, responsable único del conflicto.

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