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Narrativa dictatorial

El ofrecer pública e impúdicamente coimas a quienes voten este 20 de mayo con el degradante carnet de la patria, es un exabrupto político que por burdo y torpe no es tan fácil de dilucidar. Se trata de un soborno colectivo que, en la enquistada pobreza que asuela al país, desborda cinismo y crueldad. O bien el Golem gobernante hace gala de su innata ineptitud, o a conciencia se deleita en burlarse ante la comunidad internacional de la denunciada ilegitimidad del evento. Tan basto el gesto, que nos evoca aquel rupestre mandón latinoamericano de comienzos del SXX, personificado en El tirano Banderas, la precursora novela de dictadores de Ramón Valle Inclán (1926), quien, de haber convocado a elecciones, seguramente habría cometido un desafuero semejante.

Las perreras

El ciudadano de a pie es la víctima más castigada por esta engañifa revolucionaria. Una de las rutinas de su calvario cotidiano lo constituye el trasladarse desde y hasta su lugar de trabajo. La espera larga y ansiosa de los burdos y escasos autobuses o la resignada y agotadora caminata. Últimamente, como novedoso emblema de la vuelta a la Venezuela de la era pre-industrial, se apela a camiones -que a falta de productos agrícolas o fabriles que transportar- amontonan seres humanos en furgones bautizados con el infame vocablo de Las Perreras.

Voto, abstención o dimisión

Sed fríos o calientes, porque si sois tibios os vomitaré de mi bocaLibro del Apocalipsis 3.16 En Chile, pese al rechazo inicial al plebiscito convocado por la dictadura –considerado ilegitimo- que nominaba a Augusto Pinochet para prolongarse ocho años en el poder, diez y siete organizaciones democráticas opositoras acordaron en agosto de 1988 llamar a votar, dándole vida en ese acto a la Concertación de Partidos por el No. Una alianza que unía a las más disimiles organizaciones: desde el Partido Demócrata Cristiano hasta el Partido Comunista de Chile. Una fuerza política a la medida de un poderoso contendor militar que, si bien culpable de atroz represión antidemocrática, había rescatado el bienestar material de aquel país y gozaba de un significativo respaldo popular. Con el voto favorable 55/45, renació de aquel esfuerzo unitario de los partidos una de las democracias más sólidas del hemisferio.

Ineptitud

En este siglo XX!, cuando el conocimiento es la viga maestra del progreso, y la gerencia de las empresas –estatales o privadas- se orienta por principios que prescriben un liderazgo respetable y respetuoso que estimule el compromiso y la superación de los trabajadores, es grotesco el contraste que ofrecen hoy nuestras corporaciones estatales. Es sabido que bajo regímenes comunistas la ineficiencia de las empresas es proverbial. Por Mijail Gorbachov conocimos que en la URSS las industrias, regentadas por comisarios políticos, no tenían idea de la contabilidad de costos. Ideológicamente asociaban la productividad a la competencia y -como repetía nuestro lenguaraz eterno- la competencia era un engendro del capitalismo. Pero hoy, esa tara ideológica se ha quedado corta ante los criterios gerenciales del sucesor del caudillo.

CAP

“Quiera Dios que quienes han creado este conflicto absurdo no tengan motivos para arrepentirse”. Carlos Andrés Pérez, mayo de 1993 Se cumplen 25 años de la defenestración del Presidente Carlos Andrés Pérez (CAP), enjuiciado por haber dispuesto –indebidamente- de la partida secreta del Estado para colaborar con la consolidación de la democracia en Nicaragua. Hoy, un ante juicio de mérito es aprobado contra otro mandatario, el actual, indiciado de recibir de la empresa Odebrecht 35 millones de dólares a cambio de privilegiar la concesión de obras públicas.

Los olvidados

Millones de venezolanos viven aturdidos por el infortunio que los habita. Con poco espacio mental para discernir la causalidad de su drama ni el cómo superarlo. Su raciocinio se agota en el esfuerzo intenso y diario por preservar alguna dignidad en su existencia. O, en el caso de muchos, por sobrevivir apenas. Un colectivo que despierta todas las mañanas para idear cómo enfrentar las penurias del día, personales y familiares. El aquí y el ahora de la alimentación, del transporte, del efímero dinero efectivo. La ansiedad de que las colas no sean tan penosas. La prisa porque los precios, la escasez y la incertidumbre les pisan los talones. No hay margen para pensar en un futuro más lejano. Tampoco para explicarse cómo se llegó a esto. Solo tienen que resolver, empujados por un vis a tergo que reproduce cada día su magra existencia y los empuja hacia ninguna parte.

Pocetas

Con estilo guasón el gobernante manifestó su aflicción por los venezolanos que limpian pocetas en el exterior. ¡Albricias! al fin encontró razón para afligirse. Hasta hoy nada lo había conmovido, ni los niños del JM de los Ríos, ni los trasplantados que agonizan, ni los escarbadores de la basura, ni los 70 muertos en la cárcel de Valencia, ni la pérdida de peso de los venezolanos, ni la malaria que azota el campo…

El Gulag de la barbarie

El día a día de nuestras cárceles es espantoso. El Observatorio Venezolano de Prisiones lo califica como “el infierno carcelario’’. Hacinamientos que rebasan hasta 450% la capacidad física; desacato a las normas mínimas de las Naciones Unidas, a las llamadas Reglas Mandela. Muertes por desnutrición, dietas de solo arroz blanco, intoxicación por comida podrida y hasta por desesperada ingesta de roedores, imperio de pranes, autoridades corruptas, justicia tarifada, nulas posibilidades de reinserción de quienes en esas condiciones pagan delitos. Es nuestro Gulag de la barbarie. Ya de larga data.

Guasones

La burla siempre ha estado presente en el libreto de los redentores revolucionarios. Comienza con la guasa introductoria de sembrarle al pueblo la ilusión de una sociedad idílica bajo el igualitarismo comunista. Como aquella promesa de Fidel Castro en febrero de 1959, cuando le aseguró a los cubanos: “En el curso de breves años el estándar de vida del cubano será superior al de Estados Unidos y Rusia”. Afirmaciones como ésta, más que mentiras, son burlas, porque se engaña al pueblo abusando de su buena fe.

Réquiem petrolero

En diciembre de 1994, la publicación especializada Petroleum Intelligence Weekly (PIW) clasificaba a Petróleos de Venezuela como la segunda corporación petrolera más importante del mundo. Los criterios para tal distinción incluían: reservas de hidrocarburos, producción de crudo y gas natural, capacidad de refinación, ventas de productos refinados y posicionamiento mundial. En ese mismo año, PDVSA emprendía un ambicioso proyecto de expansión y flexibilización operativa, que llevaría su producción de 3 a 6 millones de barriles diarios (MBD) antes de 2010.

A un paso del abismo

Terrible la sombra que se proyecta sobre el futuro de nuestra economía, si consentimos la prórroga en el poder de la banda gobernante y su modelo económico, el único que conocen y continuarían aplicando. A partir del examen del mismo por destacados economistas venezolanos, la perspectiva no puede ser más funesta.

UCV, casa de conocimiento y esperanza

Como ya es tradición en momentos en los que el civismo y la libertad de los venezolanos son víctimas de nuestros herederos tribales de la barbarie, la Universidad Central de Venezuela levanta su voz de protesta y requiere a los ciudadanos a unirse por la defensa de sus derechos. Tal es el propósito de la convocatoria de este martes seis de marzo, por la defensa de la Constitución Nacional, el derecho a elecciones libres y el cambio que rescate al país de la miseria y el atraso, cuyos causantes pretenden prorrogar indefinidamente.

Apocalypse Now

Un sentimiento que no experimentaban los venezolanos desde la Guerra Federal (1859-1863) y que hoy nos habita, es lo que podríamos denominar el dolor colectivo. Desde aquella cruenta y estéril degollina, arruinadora para casi todos, esta sociedad transitaba vías –aunque desiguales y entrecortadas- que alumbraban progresivamente su existencia; vías que se aceleran a partir de la irrupción del petróleo en la vida de todos. Con la expansión de la educación crecían también las oportunidades para los más humildes. Llegamos a ser la nación más próspera del continente, la envidiada. Pero hace veinte años emprendimos el retorno hacia aquella desgracia decimonónica.

Quién dijo miedo

Sin pretender paralelos históricos, existen circunstancias comparables entre lo acontecido en nuestro país en 1957 y el momento político actual. Ambos son instantes de dictaduras –con distintos empaques- pretendiendo imponer tramposos recursos electorales. Aquella, inventando un plebiscito inconstitucional, la de ahora, una apremiada y fraudulenta elección presidencial. Dos artificios fulleros con un solo propósito: perpetuarse en el poder.

Post diálogo

El diálogo, o mejor dicho el capítulo dominicano del dialogo -porque ya hubo uno previo a finales de 2016 de cuyo resultado no queremos acordarnos- ya es commedia finita. Concluyó sin entendimiento, pero no sin resultado. Terminó de rasgar ante la opinión mundial la máscara del régimen, descubriendo que, además de dictadura, es también indiferente y cruel ante la tragedia que asola al país. Intención primordial de los representantes de la oposición y sobre todo de los mediadores latinoamericanos, era abrir una vía de cambio que permitiría atender con urgencia el drama alimentario, sanitario, social de los venezolanos. Este propósito no encontró afinidad alguna con el ansia excluyente de los representantes del régimen de mantenerse en el poder. En las filas de la oposición, el diálogo también registró un resultado, pero positivo, de orden moral. Los representantes de la Mesa de la Unidad y sus calificados asesores demostraron temple y rectitud al defender sus valores y objetivos, en la nada sencilla responsabilidad de dialogar con gentes de una catadura más propia de malandrines que de auténticos políticos. Salieron dignamente, con la frente en alto y acreedores al reconocimiento de todos. Se sobrepusieron a maledicencias y manidas verdades convencionales de los propios opositores, dentro y fuera del país, cazadores de gazapos de sus compañeros de ruta, inefablemente más inclinados a servir de caja de resonancia del régimen que de las acciones de sus propios representantes. Cerrada por el momento la salida negociada, la perspectiva es de beligerancia al descampado. El régimen apuesta a nuestra fragmentación y desmoralización. Se regocijará si reincidimos en guerrillas internas. Lo que decidamos ahora es crucial y complicado. No es tiempo para continuar tecleando trivialidades en las redes; más bien para exigir y respaldar un sólido estado mayor que nos conduzca en ésta que luce como la batalla final…

Encrucijada terminante

Los retratos de nuestra cotidianidad son terribles. Niños y adultos ansiosos a la expectativa de los bidones de desperdicio de un asador de Las Mercedes; hileras de rostros somnolientos esperando que al enrollarse la santamaría del abasto logren hacerse de algún básico de la dieta diaria; videos del otrora radiante metro de Caracas, mostrando la caótica tortura de utilizar un servicio de calidad infrahumana; colas resignadas para procurarse un miserable tarjetón de racionamiento con apelativo de patria; rostros de fugaz ilusión monetaria de quienes perciben aumentos oficiales del salario mínimo; asaltos a supermercados o, a lo Mad Max, emboscadas en las carreteras a transportes de alimentos. Son solo algunas, entre decenas, de las imágenes que articulan el balance de gestión de quienes aún pretenden prorrogarse en el poder.

Imágenes indelebles

¿Por qué me aguijoneas si te estoy ayudando a cruzar el rio? preguntó la ranita al escorpión. Lo siento, esa es mi naturaleza, le respondió. Fábula popular Si faltaba horror en el corazón de las tinieblas de la Venezuela de hoy, el país y el mundo entero han presenciado en tiempo real las imágenes de la masacre a sangre fría de unos venezolanos rebeldes que negociaban su rendición ante la fuerza pública y la justicia. Las premonitorias grabaciones que el líder del grupo, el Comisario Oscar Pérez, tomó cuidado en enviar a las redes sociales antes del brutal ajusticiamiento y las de los celulares indiscretos que registraron el desmesurado ataque con armas de guerra, reafirman una vez más ante el mundo la naturaleza despiadada y malandra de la banda gobernante.

Hiper estanflación

El encadenamiento de aumentos salariales, su indexación para ir al paso de la inflación -otra sobresaliente idea del comando militar de la economía- es sencillamente agregarle una turbina al alza de precios al consumidor y poner en marcha un proceso indetenible que retroalimenta hiperinflación y estancamiento económico. Es la llamada estanflación (Stagflation), que desata la tormenta perfecta en una economía: hundimiento de la producción, caída del consumo, desempleo, escasez y hambre.

2018

Concluye este 2017 funesto con un diciembre doliente, el mas triste que se recuerde, marcado por un grito de hambre que resuena desde la península de la Goajira hasta la otrora jubilosa isla de Margarita. Una precariedad alimentaria no registrada desde los tiempos de la Guerra Federal. Se suman también: la privación de medicamentos, de luz, de agua, de gasolina, de gas doméstico y hasta de papel moneda. Un estado de desolación inédito que, espontánea y desesperadamente, provoca saqueos y tomas de calles en todo el país. En un acto de insania, la respuesta oficialista la resume el Golem gobernante, quien trasunto en un Calígula burlón ante la miseria exclama: “Los venezolanos están jodidos pero felices“.

Abstención pasiva

Al parecer, nunca se hizo un examen postmortem de la lamentable huida abstencionista de 2005, inducida por la arenga de “¡no hay condiciones para votar!”, la cual abrió las compuertas para que el chavismo se apoderara desde la Asamblea Nacional de todos los poderes públicos. Fue el beneplácito para la instalación de la dictadura por voluntad de la dirigencia opositora. Con la excepción, vale recordar, de Julio Borges y su partido Primero Justicia.

Navidad sombría

La alegría navideña de los venezolanos se suma a la lista de víctimas de este régimen. Pareciera que para estos herederos de la centenaria revolución bolchevique, no basta el control de la vida material de los ciudadanos, debe agregarse también la regulación de sus estados de ánimo. Así ocurría en la Rusia soviética, donde el desestímulo para mejorar las condiciones de vida se expresaba en las caras de resignación y conformismo que exhibían sus ciudadanos.

Otro crimen

Por crímenes de lesa humanidad se entienden, a juicio del Estatuto de la Corte Penal Internacional (CPI), aquellos actos inhumanos que tienen como finalidad eliminar personas, torturarlas, hacerlas sufrir a través de alguna modalidad cruenta, y que de manera sistemática afectan a una gran masa de individuos. Los casos que la Fiscal Ortega Díaz ha presentado ante la CPI invocan delitos de esta naturaleza: "asesinatos, torturas, encarcelación y ataque sistemático contra la población civil". La Corte estudiará los fundamentos de tal acusación.

Petróleo humanitario

Más allá del totalitarismo y la corrupción, la banda gobernante es inclemente al sacrificar a su propio pueblo como medio para sostenerse en el poder. Desborda la malignidad de cualquier otra dictadura. Es ostensible cómo este régimen, tutelado por el cerebro cubano que no tiene por qué ser compasivo con los venezolanos, manipula la miseria sembrada y acumulada desde 1999. Sabe cómo aprovecharse de ese maridaje que junta hambre y carencia de medicamentos en un medio que anida el resurgimiento de viejas epidemias. Ha reducido las aspiraciones de la sociedad a la manipulación de sus necesidades primarias. No hay más promesa que la de una bolsa de comida que escasea o nunca llega. El problema de Venezuela ya deja de ser político, es humanitario. Reclama un arbitraje de otro orden.

Cainismo

No cesa el canibalismo en las filas de la oposición; cainismo lo podemos llamar, tomándole prestado el vocablo a Rubén Amón, articulista de El País de Madrid. Quienes se habían hermanado frente a la barbarie ahora riñen con dureza, en unos casos extrema en cuanto a calificativos y hasta injurias que desgarran el tejido unitario que había llegado a arrinconar a la banda gobernante. Nadie duda que han abundado errores, candideces, exagerado optimismo, no solo en esta época de la Mesa de la Unidad Democrática, sino antes de crearse ésta, en los tiempos de la Coordinadora Democrática, de la comparsa militar de la Plaza Altamira, de la huelga general de 2002. Un factor común en todos estos años ha sido no calibrar la vileza, la falta de escrúpulos del malandraje militarizado; ha costado percibir la realidad de este régimen: un ejército invasor, caribeño, al cual no lo perturba sembrar el hambre y utilizarla como medio para sostenerse en el poder. Al parecer, tampoco imaginamos que las tarjetas de comida eran la clave para manipular el voto popular en las últimas elecciones.

La temida reja

Esta semana, la justicia europea en París y Madrid ha impuesto orden de arresto por corrupción administrativa y blanqueo de capitales a personajes extranjeros ligados al poder en sus naciones de origen. No parece casual que coincidan en este hecho Guinea Ecuatorial y Venezuela. El primero, un pequeño pais con altos ingresos petroleros que exhibe la más brutal desigualdad entre las condiciones miserables de vida de sus habitantes y la grotesca fortuna de la élite gobernante desde hace 37 años, una de las satrapías más corruptas del África, rival en desmanes y saqueos del Zimbabue de Robert Mugabe. El sujeto sentenciado por la justicia francesa es nada menos que el hijo de Teodoro Obiang, dictador vitalicio del país, conocido como “Teodorín”, quien disfrutaba en París de 110 millones de Euros invertidos en Francia, llevando una vida de “alcohol, putas y drogas” como declaró su mayordomo francés.


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