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La guerra, la paz y la justicia

Ha sido dicho que una verdadera paz es algo superior a la ausencia de guerra. Comparto ese criterio, aunque lo interpretemos de manera restringida. El tema nos inquieta ya que somos cercanos seguidores de cuanto acontece en Colombia. Escribo en domingo y aún no conocemos el resultado del plebiscito que se realiza. Independientemente de este punto, las inquietudes sobre el futuro del hermano país y las repercusiones en Venezuela, no nos abandonan. Las dudas mayores tienen que ver con lo relacionado al perdón y a la justicia.

Desde el puente

INCREÍBLE PERO CIERTO Parece mentira pero hasta hace muy poco tiempo los amigos y relacionados del exterior pensaban que exagerábamos cuando referíamos aspectos claves de la situación venezolana. Ahora pareciera que están mejor informados que nosotros mismos. El reclamo es por lo que consideran extrema pasividad por parte de la oposición política organizada frente a lo que, definitivamente, es una tiranía o una dictadura del siglo XXI.

Fracasos, aislamiento y soledad

El régimen venezolano se ha convertido en una verdadera vergüenza para la nación, para el resto del continente y buena parte del mundo. Tiene la responsabilidad exclusiva y excluyente de la dramática situación que viven los ciudadanos. Dado el control comunicacional existente, para el día de hoy pareciera haber más claridad en el exterior que en algunos sectores internos. Con contadas excepciones, las redes sociales gracias a Internet, permiten nutrir la información e intercambiar posiciones útiles.

Más pena que gloria

Como habíamos previsto la XVII Cumbre de Países No Alineados terminó con más pena que gloria para Venezuela y la cabeza del régimen gobernante. Nada nuevo, más allá de constatar la enorme soledad y el progresivo aislamiento que padece. Los acuerdos y conclusiones son más de lo mismo. Aferrados a una retórica hueca, vacía, pasada de moda y de contexto dejan colar, entre líneas, una nostalgia por lo que fue, por lo que desaparece en medio de una globalización que ha roto las alineaciones tradicionales de los dos grandes bloques hoy inexistentes.

Septiembre para la historia

Como se repite en el mundo entero, el 1°-S se realizó una de las mayores concentraciones humanas de que tengamos noticias, tanto en el Continente como en el mundo entero. La nación unida, un millón cien mil personas aproximadamente, manifestó su irreversible rechazo al régimen tiránico de Maduro y exige la posibilidad de expresarlo con el voto mediante el referendo revocatorio que está solicitado. Es uno de los caminos democráticos y pacíficos establecidos en la Constitución para destituir a un jefe de estado.

Urgente necesidad de cambio

En casi sesenta años de actividad política sostenida, de luchas abiertas y encubiertas de la más variada naturaleza, nunca me ha gustado de mezclar su naturaleza con personas de carne y hueso. He tratado de ser siempre respetuoso de la dignidad de cada persona humana, independientemente de sus ideas y acciones concretas. Siendo firme e insobornable en mis convicciones fundamentales, tanto a la hora del debate como en el combate concreto en cualquier circunstancia, han sido muchas y variadas, jamás he ofendido el honor del adversario y he podido asimilar sin odios ni rencores las tantas afrentas que he afrontado a lo largo de todos estos años. Haciendo un repaso de la vida, atribuyo lo dicho a la familia. Una familia ejemplar en la cual el pluralismo existió en teoría y práctica, sobre la base del respeto absoluto a cada uno de los integrantes de la misma.

Reto Histórico

La nación venezolana está en peligro de ser destruida. Sin Constitución acatada por todos, sin un ordenamiento jurídico medianamente sabio y estable, con un alto gobierno cívico-militar probadamente ineficiente y altamente corrompido, hemos llegado a una situación que trasciende los límites de la retórica para convertirse en la penosa realidad que tenemos la obligación de combatir y derrotar.

Semana para la historia

Por múltiples razones la semana que se inicia será trascendente. El régimen agoniza, el pueblo está en la calle manifestando el rechazo concentrado por tanta incapacidad y corrupción juntas. El Gobierno trata de agravar la guerra que le ha desatado a la nación apelando a la amenaza verbal, a la violencia física e institucional, todo destinado a paralizar por la vía del terror, del miedo generalizado, las acciones de la oposición.

Llegó la hora

Quizás estamos un poco atrasados. Hemos perdido demasiado tiempo en lo que ha debido ser una lucha sin cuartel frente a la dictadura. Entre otras cosas por inexplicables confusiones a la hora de determinar la verdadera naturaleza del régimen que nos gobierna. ¿Democracia, democracia imperfecta, revolución, socialismo del siglo XXI? Todavía hay quienes discuten sobre lo que está absolutamente claro. En Venezuela hay una dictadura, una tiranía para el gusto de algunos, un régimen más totalitario que autoritario.

Venezuela agoniza

Tiene razón la revista TIME al dedicar la portada de una de sus últimas ediciones a mostrar imágenes de este país moribundo, agonizante, en medio de una pobreza a la que no estamos acostumbrados. Por eso cuesta tanto a algunos entender la verdadera naturaleza del problema. Se trata de un drama verdaderamente existencial. Nos jugamos principios, valores y convicciones con los cuales hemos sido formados y a los que debemos lealtad por encima de cualquier cálculo oportunista o logrero.

El drama fronterizo

Tenemos casi cinco décadas oyendo la misma música, con letras acomodaticias según las circunstancias, con relación a los problemas fronterizos con Colombia. Mientras más medidas represivas ha tomado el régimen, mayor ha sido la acumulación de esos problemas y la generación de frustración y creciente resentimiento.

Hacia la confrontación final

La situación venezolana no puede ni debe prolongarse más. Llegamos al llegadero. Las amenazas se hacen insoportables, pero adornan el panorama informativo y político de estos días.

Se agotan tiempo y excusas

Constitución de la República: “Art 333.- Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella.

El mensaje de la iglesia

Algunos compatriotas, entre ellos amigos de toda la vida, me califican de pesimista cuando conversamos sobre la situación actual. Les he dicho que un pesimista serio de este tiempo, es en el fondo y en la forma, un optimista realista. La enorme ilusión general provocada el pasado 6D con la elección de la Asamblea Nacional se ha ido desdibujando. Hoy está más obscuro el camino hacia el referéndum revocatorio que entonces. Tampoco hay Ley de Amnistía, los presos siguen presos y los exilados mantienen su condición, no se han concretado las decisiones relativas al Tribunal Supremo ni al Consejo Nacional Electoral y, en fin, la obscuridad reina con relación al bendito diálogo y las andanzas abiertas, encubiertas y secretas de algunos protagonistas siguen sin aclararse. Debo reconocer algunas valientes decisiones de la AN, pero escapan a la posibilidad de ejecutarlas.

Venezuela a la deriva

Venezuela es una auténtica nave a la deriva. No importa que el timón esté en manos de Nicolás Maduro o del general Padrino López. Cada uno tiene sus propias circunstancias y características, pero actúan en el mismo barco y se supone que comparten secretos y objetivos. Quizás sea exagerado, pero son la misma cosa, aunque podamos verla y sentirla desde distintas perspectivas. Lo cierto es que no hay democracia en Venezuela. Por esto tenemos que responder tanto civiles como militares. Ambos sectores hemos estado actuando muy por debajo de las exigencias constitucionales y legales que deberían regir a la nación. Pero desgraciadamente no ha sido así. En ambos sectores hay cómplices de esta increíble muestra de ineficiencia y corrupción. También, es justo decirlo, en ambos sectores hay probados demócratas, honestos y eficientes. Quizás llegó la hora de fomentar un amplio frente cívico-militar en defensa de la perdida institucionalidad democrática. Para recuperarla, para devolver su dignidad a la institucionalidad, para restituir una legalidad capaz de ordenar la vida de la República y darle a los ciudadanos el oxígeno necesario para vivir y defender lo suyo. Si queremos alcanzar estos objetivos tenemos la obligación de trabajar para ello. Las diferencias en el campo civil tienen que desaparecer para alcanzar a corto plazo una unidad auténtica. Puede ser perfectamente, dinámica y diferenciada. En el mundo militar el asunto tiene matices diferentes. Ellos tienen muchas más limitaciones que nosotros por razones vinculadas a su formación básica, pero es indispensable su concurso a los efectos del cambio. Ellos dirán la última palabra. Ojalá no tengan que decir también la primera. Vemos con preocupación cómo pasan los días y con ellos la posibilidad de que el revocatorio se realice este año. Se sobrepone a este propósito de cambio el llamado a un bendito diálogo aún no concretado, pero que exige claridad y transparencia a toda prueba. Exigimos urgentes aclaratorias sobre las actuación abiertas, encubiertas, discretas y hasta secretas de algunos dirigentes de la MUD y sus contactos con representantes del gobierno y con los enviados de UNASUR. Hay confusión y comentarios que, justos o injustos, están empañando la credibilidad de los protagonistas. Mi buen amigo Luis Betancourt Oteyza, recordaría que la unidad no puede nunca confundirse con la complicidad. Puede ser dinámica y diferenciada, pero nunca contraria a los principios y valores que nos mantienen activos en la lucha. La nación merece una explicación a fondo. Hasta en las declaraciones más simples se nota la confusión existente por las alturas de la oposición. Por favor, no añadan más escepticismo a la lucha por el cambio. @osalpaz

No hay soluciones mágicas

Para que se produzca el cambio que Venezuela necesita hay que abandonar muchas cuestiones secundarias. Nadie hará por nosotros lo que nos corresponde hacer. Ni siquiera tenemos derecho a invocar de manera permanente la protección de Dios Todopoderoso. Él está demasiado ocupado y nosotros tenemos la obligación de ayudarlo haciendo su carga menos pesada. Aquí puede pasar cualquier cosa, pero las que deben pasar dependerán exclusivamente de nuestra decisión, claridad y coraje para hacerlas realidad.

Claridad y transparencia

La mejor manera de combatir la creciente incertidumbre que reina en la nación es exigiendo a la dirigencia democrática hablar con claridad y actuar con transparencia. Esto no significa que deben revelarse irresponsablemente planes o acciones tácticas que podrían fracasar por causa de una retórica contraria al interés superior. Pero hay momentos cruciales en los que el ciudadano común necesita estar informado y la dirigencia necesita, en mayor grado, ser creíble por la veracidad de sus declaraciones.

El infierno de la incertidumbre

El país atraviesa una etapa de incertidumbre total. Nadie sabe, con propiedad, que está pasando y mucho menos la naturaleza del desenlace y la época en la que sucederá. La esperanza fundamental de la mayoría absoluta de los venezolanos ha estado en la realización del referéndum revocatorio este año. Mecanismo constitucional apropiado para destituir a Maduro e iniciar el anhelado cambio de régimen que se necesita. Lamentablemente, para el día de hoy a esta hora, el tema está empapado de incertidumbres. Honestamente no sabemos si será posible realizarlo este año y ahora hasta parece que puede ser cancelado por decisiones del CNE y de la Sala Constitucional del TSJ. La posición de la dirigencia opositora atrincherada en la MUD ha sido clara y determinante en la lucha por el revocatorio. Lo que no sabemos es cuál sería la reacción ante las maniobras del régimen que hemos señalado. Ya se fue medio año, seis meses y seguimos en lo mismo, a pesar del enorme respaldo popular que la gente está dando a la oposición.

De Washington a Carabobo

La semana pasada fue extremadamente interesante. Tuvieron lugar las dos conocidas reuniones de la Organización de Estados Americanos, en las cuales el gobierno venezolano sufrió vergonzosas derrotas imposibles de ocultar. El Informe del Secretario General, sencillamente impecable y de altura, abrió el camino a los efectos de la Carta Democrática Interamericana cuya aplicación se inició con los procedimientos conocidos. El resultado final será cuestión de tiempo, pero la mira de la OEA está centrada en el caso venezolano, a pesar de los insólitos arrebatos tanto de Maduro como de su obviamente inmadura Canciller. El mundo entero conoce ahora la realidad de cuanto ocurre por estas tierras. Entiende mucho mejor el esfuerzo opositor para ponerle punto final a este régimen y apoya el referendo revocatorio que democráticamente, el régimen no podrá impedir. Los vientos de cambio llegan hasta el propio mundo del chavismo originario. Se siente traicionado y también exige la renuncia del alto gobierno para iniciar el proceso de reconstrucción nacional. Pero también la semana pasada celebramos los 195 años de la Batalla de Carabobo, la cual, como en pocas oportunidades anteriores, no se celebró en el propio campo carabobeño sino en una surte de encerrona en Fuerte Tiuna, en el patio de las Escuelas. Jornada triste y melancólica que presagia el cambio que se avecina. No entiendo cómo, ni por cual razón, el gobernador de Carabobo y las fuerzas “vivas” de ese Estado, permitieron que esto sucediera. Se trata de la más emblemática de las batallas independentistas que culminaron con la del Lago de Maracaibo y la capitulación definitiva de Morales que puso fin a la guerra. Dentro de este contexto, el 24 de junio debería celebrarse también como el día de José Antonio Páez, verdadero héroe de la Batalla, ascendido a General de División por El Libertador en el propio campo al terminar el enfrentamiento. Sin desconocer la verdadera naturaleza de los distanciamientos posteriores entre Bolívar y Páez, no vacilo e considerar a este último como el verdadero fundador de la República de Venezuela, a partir del ejercicio de la Presidencia en 1830. El régimen gobernante ha tratado por todos los medios, lícitos e ilícitos, de alterar la historia para presentar a Páez como un traidor que merece desprecio y no nuestra más profunda admiración y respeto. Su vida y obra, su historia y merecimientos han sido eliminados en los acomodaticios textos de historia que se imponen a nuestros niños y jóvenes. Se trata de otro crimen contra la patria que debemos denunciar. Invito a todos los venezolanos, viejos y jóvenes, a repasar la historia. José Antonio Páez debe ser integralmente reivindicado. @osalpaz

José Antonio Paéz

Los temas abundan por estos días. Todos demasiado comentados. Uno de ellos se refiere a la Organización de Estados Americanos. La valentía, el coraje del secretario general Luis Almagro en contraste con la penosa actuación de la canciller venezolana Delcy Rodríguez, sellaron la humillante derrota del actual gobierno, a pesar del esfuerzo hecho por distintas vías para impedir lo inevitable: hoy el mundo entero conoce detalladamente las miserias del régimen imperante y no vacila en expresar tanto el respaldo al referendo revocatorio como la petición por la liberación de los presos y el fin de la persecución política. La situación se ha hecho tan delicada como complicada para un Maduro que todavía pretende no escuchar las voces de algunos de los más insignes voceros de lo que fue el chavismo ortodoxo exigiendo su renuncia. Se acerca el final. Aún no está claro cómo será, pero luce inevitable a corto plazo.

De riguroso luto

A quienes semanalmente nos corresponde escribir artículos de opinión para Venezuela y el resto del continente, se nos hace difícil abandonar la candente temática política y social, así sea circunstancialmente. En esta oportunidad lo hacemos para rendir dos testimonios póstumos por sentidas pérdidas de estos días.

Violencia terrorista

Jamás pensé que Venezuela llegaría al punto en que estamos por obra de quienes tienen la responsabilidad de dirigirla. Ya no se trata de incompetencia máxima. Tampoco de corrupción, en el sentido de robarse el dinero o de corromper ciudadanos para hacerlos cómplices de sus acciones. Es algo mucho peor. Tiene en sus haberes la liquidación del Derecho como instrumento regulador de la vida en sociedad, dejando abierta la ruta hacia la violencia y el terrorismo.

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Responsabilidad copeyana

Estas líneas aspiran ser un eficiente llamado a todos los copeyanos de Venezuela. A quienes hemos militado en el Partido Social Cristiano COPEI, a quienes sin ser o haber sido militantes, se identifican como socialcristianos, demócratas cristianos, humanistas cristianos o simplemente como seguidores de las líneas maestras de la doctrina social de la Iglesia. Pudiera hacerlo más sencillo refiriéndonos a quienes no han sido comunistas, que no son socialistas, tampoco social demócratas aunque tengo un profundo respeto por quienes han sido militantes honestos y consecuentes con los principios y valore de esas tendencias. Descalifico a los bandidos, a quienes hicieron de la política instrumento para la destrucción calculada de la sociedad convirtiéndose en unos seres más corruptores que corrompidos. En todos los sectores, incluido el nuestro, hay de todo. Buenos, regulares y malos.

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Claridad y rectitud

Escribimos estas líneas con algunas incertidumbres demasiado serias. Espero estén debidamente aclaradas para el momento de la publicación, en el transcurso de la semana. El “diálogo”, “encuentro” o “conversación” sostenido por calificados voceros de la MUD en Punta Cana, República Dominicana, con repudiados representantes del madurismo gobernante, abre demasiadas interrogantes.

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Todo está dicho

Con contadas excepciones la mayoría de los opinadores se agota en repetir hasta el infinito lo que todo el mundo sabe. Políticos, economistas, dirigentes sociales y empresariales y hasta artistas y deportistas nos cuentan una realidad sobre diagnosticada. El país está mal y camina hacia peor. El gobierno es malo, pésimo y no tiene remedio. Maduro no sirve. Es la vergüenza mayor que jamás habíamos tenido que soportar como cabeza del estado venezolano. Debería contribuir a la solución renunciando y llamando a integrar un gobierno de transición para recuperar la normalidad. Pero no lo hace, ni lo hará voluntariamente. Hay que destituirlo o revocarlo, por las buenas o utilizando todos los recursos existentes para lograrlo sin evadir la subida de tono que lleva la actual confrontación.

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