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Pompeyo Márquez

Unas breves palabras para expresar mi solidaridad infinita con la familia, compañeros, amigos y relacionados de ese gran venezolano que fue Pompeyo Márquez.

En memoria de mi padre

Ángel María Álvarez Domínguez era el nombre de mi padre. En estos días ha estado presente en mi mente. Influyó de manera determinante en la formación recibida en el hogar. Nació en Camaguán, Estado Guárico y buena parte de su desarrollo ocurrió en San Fernando, Estado Apure. Jamás olvidó sus orígenes. Todo lo contrario. Siempre tuvo una buena razón para recordar su adorada tierra llanera, la pasión por la ganadería y la cría y particularmente por la música que Juan Vicente Torrealba llegó a convertir en carnet de identidad del ciudadano común de Venezuela. Todo eso lo sembró en lo más profundo de mí ser y ha tenido consecuencias activas en lo que he podido hacer hasta ahora.

Violencia física e institucional

La situación real de Venezuela está suficientemente clara para propios y extraños. Se acabó la democracia luego de un largo proceso de erosión. Se trata de un golpe de estado ejecutado progresivamente, pero anunciado por el régimen de manera permanente. En consecuencia, mataron al Derecho como instrumento de regulación de la vida ciudadana, de las relaciones entre ellos y de estos con el estado-gobierno. En estas condiciones la nación ha quedado desamparada, prisionera de los caprichos del régimen, de las arbitrariedades, de la violencia y de esta mezcla de ineficacia con la corrupción más vergonzosa de la historia. Todo está más que probado y debidamente documentado.

Incertidumbre sobre el mañana

La lucha contra la dictadura genera serias incertidumbres. Hasta hace poco estaban limitadas al desenlace de la confrontación que se desarrolla a lo largo y ancho de Venezuela. Cada día luce más despejada. Crece la convicción sobre la derrota definitiva de un régimen que está muy por debajo de las expectativas internas y externas. Errores graves, desviaciones inconcebibles para verdaderos revolucionarios de izquierda, disimulos y mentiras fácilmente detectables lo han desviado del cumplimiento de sus obligaciones fundamentales. Lo cierto es que la nación, es decir, el pueblo, está sin gobierno y sin justicia, enfrentando problemas existenciales primarios. Sin armas ni violencia, sólo con la palabra y la enorme voluntad de cambio, la unidad necesaria para la lucha se ha configurado progresivamente. Políticos, empresarios de la ciudad y del campo, trabajadores de todas las áreas, académicos, mujeres y hombres, viejos y jóvenes manifiestan la decisión de no desmayar hasta concretar el primer paso del cambio. Esto no admite discusión. Está a la vista.

Pasos largos y firmes

Venezuela avanza con pasos largos y firmes hacia la Libertad más plena. Con todas las caretas en el suelo, sin máscaras o disimulos creíbles, el régimen gobernante está al descubierto frente al pueblo y a la comunidad internacional. Está solo, criticado y condenado por la opinión pública en el sentido más amplio de la expresión. Esto que pareciera ser definitivo no lo es, al menos en el corto plazo, aunque nunca se sabe. Lo cierto es que los tiranos sin dignidad ni coraje, se cierran sobre sí mismos con la cúpula que los rodea, cómplices todos de delitos similares. El peligro crece. Impulsados por la necesidad de retener el poder a cómo dé lugar, profundizan el uso de la violencia física e institucional, del engaño y de la mentira. Sin embargo, la mayoría de ellos se está planteando qué hacer en caso de que se produzca la inevitable caída. No tienen claro su destino ni dentro ni fuera del país. No son bienvenidos en ninguna parte, ni siquiera en los llamados paraísos fiscales depositarios de sus ganancias ilícitas. A estas alturas no pueden confiar ni en sus testaferros, algunos ya alzados con esos dineros mal habidos. Los peligros crecen, pero el final se acerca aceleradamente. Nada podrá impedirlo.

Proceso irreversible

Todas las cartas están sobre la mesa. Por un lado un régimen probadamente incompetente, ideologizado mediante un socialismo comunistoide, dirigido por un grupo cada día más reducido de cómplices de tantas corruptelas conocidas y por conocer, incapaz de mantener en términos decentes la memoria del difunto “inmortal” y por el otro, la nación entera desbordando estructuras políticas, económicas y sociales, expresando de manera inequívoca su deseo de cambio radical en la dirección de los principios fundamentales de Justicia y Libertad, base de los valores democráticos que la animan.

Libertad y justicia

El pasado Día de las Madres se convirtió en otra oportunidad para repasar el duro vivir de este tiempo venezolano. Razón tenía quien dijo que “las manos que mecen las cunas” son las manos que escriben la historia. Con emoción sostenida hemos visto la cristalización de una nueva generación de compatriotas, ejemplo para el mundo y orgullo para nosotros. Sólidos, valientes, bien preparados, sin cálculos secundarios prematuros se han convertido en la vanguardia de la lucha por la libertad y la democracia. Corajudamente asumen los riesgos y dirigen la resistencia frente a la tiranía gobernante. Desgraciadamente han caído físicamente unos cuantos y centenares están injustamente detenidos al margen de la Constitución y de las leyes. Pero la nación entera los respeta y admira. La hora de la libertad plena se acerca inexorablemente y con ella, la necesaria justicia que coloque todo en el sitio que le corresponde. Las madres de esta gloriosa “generación del 17”, en medio de la lógica preocupación que mantienen por la suerte diaria de sus muchachos, tienen que sentir el orgullo de ser protagonistas fundamentales de cuanto está sucediendo.

Fraude constitucional inaceptable

Comparto la difundida afirmación de los más calificados juristas venezolanos. La pretendida constituyente anunciada por Nicolás Maduro es un fraude integral tanto en la forma como en el fondo. La inmensa mayoría de los constitucionalistas venezolanos, los Colegios de Abogados del país, las autoridades universitarias con especial referencia a las Facultades de Derecho y casi todos los gremios profesionales han declarado en la misma dirección. Es la Nación rechazando otra maniobra de dominación de quienes tienen el control circunstancial del Estado. Esta vez mucho más grave que las permanentes arremetidas en contra de los derechos elementales de los ciudadanos.

Sobre el respeto

La intervención de Maduro el domingo pasado en su programa televisivo fue un canto a la mediocridad. Esa amenaza indeterminada es una grave acusación en su contra realizada por él mismo. ¡Claro que sabemos de qué es capaz de hacer y hasta adonde está dispuesto a llegar! Por supuesto no se trata de nada positivo, ni útil, para la nación venezolana. De un tipo que ha violentado la Constitución, liquidado el ordenamiento jurídico existente, desconocido la necesaria separación de los poderes públicos al desconocer la Asamblea Nacional, atentado contra necesidades elementales como la salud, la alimentación y la seguridad de las personas y de los bienes, podemos esperar cualquier cosa negativa. Ninguna positiva. La gente le perdió un respeto perdido por él mismo en su desesperación.

La Resurrección y la vida

La Semana Mayor ha sido excelente oportunidad para el recogimiento y la reflexión. Mientras más pensamos sobre el presente y futuro inmediato del país, más crece la convicción de que estamos muy próximos al desenlace deseado. Crece en los mayoritarios sectores democráticos y también entre los seguidores del régimen. Casi veinte años han sido más que suficientes para dejar establecido el fracaso más lamentable de la historia republicana. Por supuesto que los días finales serán duros y difíciles, pero no debemos lamentar anticipadamente lo que es inevitable. El cáncer venezolano, que ya ha destruido órganos vitales de la nación, debe ser extirpado de manera resuelta y definitiva.

El amanecer se acerca

“La noche avanza y va a llegar el día. Dejemos pues las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz” (Romanos XIII, 11-12). La cita viene al pelo con la situación de Venezuela.

Pasado, presente y futuro

El pasado ya pasó, aunque no se olvide. Nos deja experiencia producto de lecciones que no todos parecen haber aprendido. No se repetirá, aunque nos refugiemos en principios generales de la vida en libertad y democracia con la ilusión que se deriva de alimentar la esperanza. No basta.

Expectativas angustiosas

¿Qué va a pasar? ¿Cuándo saldremos de esto? ¿Qué pasa sucede en el mundo opositor? Y, en fin, cualquier cantidad de interrogantes se escuchan en todas partes. Siempre con un toque de angustia en quienes las plantean. Se trata de la normal incertidumbre frente a los posibles desenlaces de una crisis que ha terminado por afectar a todo el mundo. La vida perdió el mínimo de serenidad indispensable para poder llevarla con una relativa normalidad.

Otro documento para la historia

De nuevo la Conferencia Episcopal Venezolana –CEV- se pronuncia sobre uno de los temas más delicados de los últimos años. Me refiero a la noticia dada a conocer el pasado 9 de agosto sobre una fosa común de cadáveres asesinados en la Penitenciaria General de Venezuela, ubicada en San Juan de los Morros, Estado Guárico. Algunos de ellos aparecieron descabezados, es decir, sin cráneo y otros totalmente deteriorados. No es el primer descubrimiento de esta naturaleza, pero quizás sí el más significativo.

El valor de Almagro y la Carta

Es innecesario dedicarle unas líneas al contenido de la ya famosa Carta Democrática Interamericana. Bastante se ha dicho, en todos los tonos y variada intencionalidad. Sólo recordaremos que fue redactada y aprobada en abril de 2011, cuando en Venezuela se producían los hechos derivados del vacío de poder por el transitorio abandono de Chávez de sus funciones. Es bueno tenerlo presente. En ese momento se jugaban muchas cosas al mismo tiempo.

El problema más profundo

Lo que más me preocupa de este tiempo es la desintegración material de la familia como núcleo fundamental de la vida en sociedad. No me refiero solamente a la diáspora de centenares de miles de jóvenes hacia otros países en búsqueda de futuro, de oportunidades para crecer y desarrollarse en ejercicio pleno de la libertad esencial que se necesita para triunfar sin depender de terceros. También mantengo el pensamiento en los millones de compatriotas desesperados como cabezas de familia por las dificultades para mantenerla unida, aún dentro del país. Los muchachos se desprenden cada día más rápido del centro hogareño que en condiciones normales sería su punto de referencia para cualquier cosa. Si a esto sumamos la degradación de la educación a todos los niveles, el éxodo de profesores y maestros, el ausentismo escolar en grado superlativo y la existencia de un régimen ineficiente y corrompido, también en esta área, concluimos en que lamentablemente el país se ha derrumbado y está a la cola de las naciones más desafortunadas del planeta.

Etapa peligrosa

Venezuela atraviesa una de las etapas más peligrosas de toda su existencia. Todos sabemos que estamos mal y la nación camina hacia peor. Nada funciona para bien. “Las siete plagas de Egipto” parecieran haberse desatado como una especie de castigo contra todos y no solamente contra los responsables del drama cotidiano. En el fondo creo que se trata de una invitación para que reacciones de manera definitiva y pongamos punto final a la situación actual.

Tristeza y desprecio

Siento mucha tristeza por este país que tantas oportunidades le dio a mi generación para desarrollarse plenamente. No ha sido la única. En nuestra historia encontramos ejemplos similares, aunque casi siempre prematuramente frustradas. Simultáneamente me asalta una sensación creciente de desprecio por estos tiempos, por el régimen que conduce a la nación y por el baboso rostro de la mediocridad de sus jefes y de unos cuantos personajes ubicados, supuestamente, en el bando democrático.

No hay secretos eternos

Es poco lo que podemos agregar a lo que ya Venezuela y el mundo conocen. Las múltiples informaciones, reales o especulativas, que durante largos años se han hecho sobre la presencia en Venezuela del narcotráfico internacional y con relación adicional a vínculos con expresas actividades del terrorismo se confirman progresivamente. Se ratifica de esta manera la convicción de que no hay secretos eternos. La justicia es como el trapiche de Dios, tardía pero segura.

Lo peor que puede pasar

Hay una tensión creciente en el alma de todos los venezolanos. La incertidumbre sobre el presente y el futuro inmediato ofrece condiciones para que crezca la incertidumbre, o lo que es peor, una especie de resignación pesimista por la impotencia que se siente en algunos sectores. A todos, a unos y otros, les digo que lo peor que puede pasar es que no pase nada. Esto también es una posibilidad que alargaría indefinidamente la situación actual. Sucedería si quienes tenemos alguna responsabilidad en la conducción de cualquier sector de la vida nacional nos cruzamos de brazos y lejos de dar el ejemplo que la hora reclama, nos agotamos en reclamos exclusivamente electoralistas que tendrán su hora, pero que nos aleja del cambio radical urgente que la nación reclama.

Cédula de identidad a la basura

El tiempo transcurre en medio de una mezcla siniestra de inseguridad, incertidumbre, angustia y rabia. Todas las noticias que recibimos tienen ingredientes que alimentan los factores señalados. Tanto las originadas en hechos concretos que algunos medios independientes trasmiten como las comentadas o inventadas por los voceros de la dictadura. Todas dejan poco espacio para la esperanza en un futuro mejor a corto plazo. Esto incluye lo que declaran dirigentes políticos de todo calibre. Muchos de ellos, hablan y hablan en vez de invertir su tiempo en hacer, en trabajar para concretar el cambio que Venezuela necesita.

Del 23E-58 al 4F-92

Estos días han sido buenos para refrescar la memoria histórica contemporánea. Las nuevas generaciones de compatriotas conocen poco sobre lo sucedido en las dos fechas. Me refiero a las causas que concretaron los sucesos y por supuesto, a las consecuencias de los mismos.

Esperanza en las universidades

El desastre venezolano pudiera llegar a ser peor. Nadie lo duda, pero tanto en las altas esferas del régimen como de la oposición medianamente organizada, pareciera existir un círculo vicioso donde desenvuelven sus actividades pensando más en sí mismos y en los intereses de cada uno de los grupos que representan. Han olvidado los compromisos superiores mientras la nación sufre peligrosamente. Aún la resignación pesimista no se ha apoderado de la mayoría, pero si seguimos como estamos será cuestión de un tiempo relativamente corto.

Unidad dinámica

El régimen actual es el peor de nuestra historia republicana. No tengo ninguna duda. Además de la ideologización comunistoide, la realidad lo presenta como ineficiente, altamente corrompido y penetrado por los tentáculos del narcotráfico y del terrorismo que actúan con plena libertad en el país. La seguridad de las personas, de las familias y sus bienes es inexistente generando un clima de angustia creciente a las puertas de una especie de resignación pesimista que toca a las puertas de algunos.

Año definitivo

Con estas líneas retomo la colaboración semanal con la opinión pública. Me hizo bien el reposo de Navidad y Año Nuevo, aprovechado para el recogimiento y la reflexión sobre el presente y el futuro inmediato del país. La más importante conclusión no es original. Es compartida por muchos analistas y dirigentes de los distintos sectores de la vida nacional. 2017 es un año decisivo a todos los efectos.


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