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Sobre el respeto

La intervención de Maduro el domingo pasado en su programa televisivo fue un canto a la mediocridad. Esa amenaza indeterminada es una grave acusación en su contra realizada por él mismo. ¡Claro que sabemos de qué es capaz de hacer y hasta adonde está dispuesto a llegar! Por supuesto no se trata de nada positivo, ni útil, para la nación venezolana. De un tipo que ha violentado la Constitución, liquidado el ordenamiento jurídico existente, desconocido la necesaria separación de los poderes públicos al desconocer la Asamblea Nacional, atentado contra necesidades elementales como la salud, la alimentación y la seguridad de las personas y de los bienes, podemos esperar cualquier cosa negativa. Ninguna positiva. La gente le perdió un respeto perdido por él mismo en su desesperación.

La Resurrección y la vida

La Semana Mayor ha sido excelente oportunidad para el recogimiento y la reflexión. Mientras más pensamos sobre el presente y futuro inmediato del país, más crece la convicción de que estamos muy próximos al desenlace deseado. Crece en los mayoritarios sectores democráticos y también entre los seguidores del régimen. Casi veinte años han sido más que suficientes para dejar establecido el fracaso más lamentable de la historia republicana. Por supuesto que los días finales serán duros y difíciles, pero no debemos lamentar anticipadamente lo que es inevitable. El cáncer venezolano, que ya ha destruido órganos vitales de la nación, debe ser extirpado de manera resuelta y definitiva.

El amanecer se acerca

“La noche avanza y va a llegar el día. Dejemos pues las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz” (Romanos XIII, 11-12). La cita viene al pelo con la situación de Venezuela.

Pasado, presente y futuro

El pasado ya pasó, aunque no se olvide. Nos deja experiencia producto de lecciones que no todos parecen haber aprendido. No se repetirá, aunque nos refugiemos en principios generales de la vida en libertad y democracia con la ilusión que se deriva de alimentar la esperanza. No basta.

Expectativas angustiosas

¿Qué va a pasar? ¿Cuándo saldremos de esto? ¿Qué pasa sucede en el mundo opositor? Y, en fin, cualquier cantidad de interrogantes se escuchan en todas partes. Siempre con un toque de angustia en quienes las plantean. Se trata de la normal incertidumbre frente a los posibles desenlaces de una crisis que ha terminado por afectar a todo el mundo. La vida perdió el mínimo de serenidad indispensable para poder llevarla con una relativa normalidad.

Otro documento para la historia

De nuevo la Conferencia Episcopal Venezolana –CEV- se pronuncia sobre uno de los temas más delicados de los últimos años. Me refiero a la noticia dada a conocer el pasado 9 de agosto sobre una fosa común de cadáveres asesinados en la Penitenciaria General de Venezuela, ubicada en San Juan de los Morros, Estado Guárico. Algunos de ellos aparecieron descabezados, es decir, sin cráneo y otros totalmente deteriorados. No es el primer descubrimiento de esta naturaleza, pero quizás sí el más significativo.

El valor de Almagro y la Carta

Es innecesario dedicarle unas líneas al contenido de la ya famosa Carta Democrática Interamericana. Bastante se ha dicho, en todos los tonos y variada intencionalidad. Sólo recordaremos que fue redactada y aprobada en abril de 2011, cuando en Venezuela se producían los hechos derivados del vacío de poder por el transitorio abandono de Chávez de sus funciones. Es bueno tenerlo presente. En ese momento se jugaban muchas cosas al mismo tiempo.

El problema más profundo

Lo que más me preocupa de este tiempo es la desintegración material de la familia como núcleo fundamental de la vida en sociedad. No me refiero solamente a la diáspora de centenares de miles de jóvenes hacia otros países en búsqueda de futuro, de oportunidades para crecer y desarrollarse en ejercicio pleno de la libertad esencial que se necesita para triunfar sin depender de terceros. También mantengo el pensamiento en los millones de compatriotas desesperados como cabezas de familia por las dificultades para mantenerla unida, aún dentro del país. Los muchachos se desprenden cada día más rápido del centro hogareño que en condiciones normales sería su punto de referencia para cualquier cosa. Si a esto sumamos la degradación de la educación a todos los niveles, el éxodo de profesores y maestros, el ausentismo escolar en grado superlativo y la existencia de un régimen ineficiente y corrompido, también en esta área, concluimos en que lamentablemente el país se ha derrumbado y está a la cola de las naciones más desafortunadas del planeta.

Etapa peligrosa

Venezuela atraviesa una de las etapas más peligrosas de toda su existencia. Todos sabemos que estamos mal y la nación camina hacia peor. Nada funciona para bien. “Las siete plagas de Egipto” parecieran haberse desatado como una especie de castigo contra todos y no solamente contra los responsables del drama cotidiano. En el fondo creo que se trata de una invitación para que reacciones de manera definitiva y pongamos punto final a la situación actual.

Tristeza y desprecio

Siento mucha tristeza por este país que tantas oportunidades le dio a mi generación para desarrollarse plenamente. No ha sido la única. En nuestra historia encontramos ejemplos similares, aunque casi siempre prematuramente frustradas. Simultáneamente me asalta una sensación creciente de desprecio por estos tiempos, por el régimen que conduce a la nación y por el baboso rostro de la mediocridad de sus jefes y de unos cuantos personajes ubicados, supuestamente, en el bando democrático.

No hay secretos eternos

Es poco lo que podemos agregar a lo que ya Venezuela y el mundo conocen. Las múltiples informaciones, reales o especulativas, que durante largos años se han hecho sobre la presencia en Venezuela del narcotráfico internacional y con relación adicional a vínculos con expresas actividades del terrorismo se confirman progresivamente. Se ratifica de esta manera la convicción de que no hay secretos eternos. La justicia es como el trapiche de Dios, tardía pero segura.

Lo peor que puede pasar

Hay una tensión creciente en el alma de todos los venezolanos. La incertidumbre sobre el presente y el futuro inmediato ofrece condiciones para que crezca la incertidumbre, o lo que es peor, una especie de resignación pesimista por la impotencia que se siente en algunos sectores. A todos, a unos y otros, les digo que lo peor que puede pasar es que no pase nada. Esto también es una posibilidad que alargaría indefinidamente la situación actual. Sucedería si quienes tenemos alguna responsabilidad en la conducción de cualquier sector de la vida nacional nos cruzamos de brazos y lejos de dar el ejemplo que la hora reclama, nos agotamos en reclamos exclusivamente electoralistas que tendrán su hora, pero que nos aleja del cambio radical urgente que la nación reclama.

Cédula de identidad a la basura

El tiempo transcurre en medio de una mezcla siniestra de inseguridad, incertidumbre, angustia y rabia. Todas las noticias que recibimos tienen ingredientes que alimentan los factores señalados. Tanto las originadas en hechos concretos que algunos medios independientes trasmiten como las comentadas o inventadas por los voceros de la dictadura. Todas dejan poco espacio para la esperanza en un futuro mejor a corto plazo. Esto incluye lo que declaran dirigentes políticos de todo calibre. Muchos de ellos, hablan y hablan en vez de invertir su tiempo en hacer, en trabajar para concretar el cambio que Venezuela necesita.

Del 23E-58 al 4F-92

Estos días han sido buenos para refrescar la memoria histórica contemporánea. Las nuevas generaciones de compatriotas conocen poco sobre lo sucedido en las dos fechas. Me refiero a las causas que concretaron los sucesos y por supuesto, a las consecuencias de los mismos.

Esperanza en las universidades

El desastre venezolano pudiera llegar a ser peor. Nadie lo duda, pero tanto en las altas esferas del régimen como de la oposición medianamente organizada, pareciera existir un círculo vicioso donde desenvuelven sus actividades pensando más en sí mismos y en los intereses de cada uno de los grupos que representan. Han olvidado los compromisos superiores mientras la nación sufre peligrosamente. Aún la resignación pesimista no se ha apoderado de la mayoría, pero si seguimos como estamos será cuestión de un tiempo relativamente corto.

Unidad dinámica

El régimen actual es el peor de nuestra historia republicana. No tengo ninguna duda. Además de la ideologización comunistoide, la realidad lo presenta como ineficiente, altamente corrompido y penetrado por los tentáculos del narcotráfico y del terrorismo que actúan con plena libertad en el país. La seguridad de las personas, de las familias y sus bienes es inexistente generando un clima de angustia creciente a las puertas de una especie de resignación pesimista que toca a las puertas de algunos.

Año definitivo

Con estas líneas retomo la colaboración semanal con la opinión pública. Me hizo bien el reposo de Navidad y Año Nuevo, aprovechado para el recogimiento y la reflexión sobre el presente y el futuro inmediato del país. La más importante conclusión no es original. Es compartida por muchos analistas y dirigentes de los distintos sectores de la vida nacional. 2017 es un año decisivo a todos los efectos.

El drama demócrata cristiano

Imposible agotar el tema en un artículo ocasional, pero se trata de algo que nos ahoga por dentro y de alguna manera debemos expresarlo. La democracia cristiana está en crisis en el mundo entero. Esto es válido tanto desde el punto de vista estrictamente político como desde la perspectiva ideológica y doctrinal en la cual fuimos formados desde muy jóvenes.

Peligrosa incertidumbre

Lo que está viviendo el ciudadano común de Venezuela trasciende todas las predicciones hechas hasta ahora. Sabíamos que estábamos mal y, por obra exclusiva y excluyente del régimen gobernante, caminamos aceleradamente hacia peor. Existe en la nación una mezcla extraña de rabia con resentimiento, de resignación pesimista con relación a lo que puede venir ahora y también de expectativa vigilante sobre la conducta del liderazgo político del país.

Honor a los presos políticos

Pueden llamarlos como quieran. Presos políticos, políticos presos, personas detenidas o cómo les dé la gana. El hecho cierto es que Venezuela vive una de las horas más tenebrosas de su historia. Centenares de compatriotas están privados de libertad en distintos sitios de reclusión. Se trata desde retenes policiales hasta cárceles de conocida tradición, pasando por inmundos calabozos existentes tanto en Caracas como en muchas ciudades del interior del país. Debo incluir en este espacio a los cientos de ciudadanos en libertad condicional con buena parte de sus derechos civiles y políticos suspendidos de manera arbitraria. Debería agregar a quienes no sienten condiciones mínimas de seguridad personal o jurídica, sin oportunidades de trabajo para desarrollarse plenamente, por lo que en consecuencia han buscado en el exterior lo que su patria debería garantizarles.

La muerte es inevitable

En estos días partieron físicamente para siempre Fidel Castro en Cuba y aquí en Venezuela Luis Miquelena y “Concho” Quijada. Por supuesto que la opinión pública internacional y nacional se ha ocupado fundamentalmente del primero. Es lógico, aunque con mucha serenidad pronto dediquemos líneas a los otros.

La Chinita y el narcotráfico

Escribo desde Maracaibo. El pasado viernes conmemoramos un año más de la Virgen de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Se trata de la patrona del Zulia, de la Guardia Nacional y de toda Colombia desde donde se inició la tradición. Días memorables en los cuales se produce el reencuentro de familiares y amigos de toda la vida y, en la medida de lo posible, de alegres festividades. Este año no hubo fiesta en Maracaibo más allá de las tradicionales jornadas religiosas en la Basílica y las que en privado sostuvieron las familias con la mayor discreción.

Sentimientos encontrados

No es fácil. En todas partes amigos y desconocidos interesados en la situación del país, me interrogan sobre lo que está sucediendo. Me refiero al mal llamado diálogo, a esos extraños encuentros entre los gobernantes y sus aliados de UNASUR con los representantes de la oposición democrática, pero con ausencia notable de las cabezas dirigentes y presencia de una línea media sin suficiente representatividad y relativa credibilidad. A veces no sé qué cosa responder a las interrogantes. Trato de evitar la resignación pesimista que en ocasiones me trasmiten los interlocutores. Es posible que no lo logre del todo, porque siento que están más claros y resueltos que muchos dirigentes no gubernamentales.

Calidad, transparencia y honestidad

No basta con que la mujer del César sea honesta, también debe parecerlo. Esta famosa sentencia romana no pierde vigencia. Es lo que se exige en esta hora tan difícil a quienes se sientan frente a la alianza régimen-Unasur en nombre de la Venezuela democrática que tienen la obligación de representar. No me alegra decirlo, pero hay dudas al respecto. Sé que la duda ofende. Pero no podemos estar sometidos al chantaje del silencio, ni aceptar que las cosas van por buen camino, cuando tenemos la percepción de todo lo contrario.

En la unión está la fuerza

La unidad es hoy más necesaria que nunca. No podemos olvidar que la oposición agrupada en la MUD y más allá de ella, es hija legítima del pluralismo democrático. Resulta imposible pretender actitudes unánimes o hacer igual lo que es diferente por naturaleza e historia. Pero cuando lo que está en juego es la nación misma, los principios fundamentales de la vida en libertad y democracia que todos compartimos, todo cuanto pueda separarnos debe dejarse de lado. Este régimen no puede ni debe continuar. Este es el objetivo que tiene que unificarnos para definir con claridad la estrategia adecuada para alcanzarlo. Cada sector puede seguirla a su manera, con su propio estilo, sin abandonar la ruta que conduce hacia el cambio que aspiramos.


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