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Opinión

Columnistas
José Domingo Blanco (Mingo)

¡Qué arrechera!

La última vez que transmitimos “Voces del Hospital”, el segmento dedicado a la salud que tenía en mi programa de radio “Puntos de Vista”, entrevistamos a un reconocido oncólogo, especialista en vías gástricas, que trabajaba en el Hospital Padre Machado.

José Domingo Blanco (Mingo)

Teodoro y Cabrujas

A Teodoro lo vi por última vez saliendo de una función de cine en el Trasnocho Cultural. Hace tres o cuatro años. Me detuve a saludarlo y su apretón de mano se distanciaba mucho de esa figura que no ocultaba el paso de los años. El estrechón fue enérgico como siempre. Como cuando era candidato a la presidencia en el año 1988. O como cuando era ministro de Caldera. O como cuando era mi entrevistado en radio o televisión. Allí, saliendo de una película en Trasnocho, tenía de nuevo frente a mí, a Teodoro Petkoff, el controversial. El que encaró y carajeó al régimen de Chávez tantas veces, sobreponiéndose a su pasado guerrillero y comunista. Ese pasado que le ganó detractores incapaces de encontrar en él su vocación democrática.

José Domingo Blanco (Mingo)

Oscurana, sequía e incomunicación

La situación político-económica del país está sazonada con un ingrediente que le aporta una buena ración de caos a la arruinada calidad de vida de los venezolanos: el deterioro progresivo y acelerado de los servicios públicos. Sin agua, sin electricidad, sin gas, sin teléfono, sin internet y sin transporte. Así vivimos los venezolanos; todos, sin excepción. Sin agua, porque la racionan desde hace más de dos años; con apagones, cada vez más frecuentes y largos, porque “la rama de un árbol cayó sobre el tendido eléctrico” aun cuando sabes que, en tu zona, las acometidas son subterráneas; sin teléfono, porque Cantv no tiene cómo reponer los equipos obsoletos que ya alcanzaron su vida útil.

José Domingo Blanco (Mingo)

El tiranodifunto y sus chavistas originarios

Con mucho interés, he venido siguiendo las actuaciones y comentarios de este “nuevo” apostolado –inmaculado- que se gestó en torno al legado de Chávez, el difunto intergaláctico. Ese grupo que, de pronto, decidió apretarse el botón de Reset para vaciar el archivo que contenía sus aportes a la miserable situación actual, eliminar los cargos de conciencia y erradicar las responsabilidades –que muchos las tienen- de que la situación de nuestro país haya llegado a los niveles caóticos en los que estamos.

José Domingo Blanco (Mingo)

Aberrante

Venezuela se tiñe de colores lúgubres. Viste de luto. Uno, que pareciera eterno e imposible de arrancar de nuestras vidas, de nuestra cotidianidad. Un luto, dueño de nuestras horas; esas que, algún día, pasarán a ser historia. Una historia contada en primera persona por quienes, en estos tiempos, la padecieron en carne propia. Testimonios de dolientes y sobrevivientes de esta tierra que pierde su gracia y se vuelve una tumba.

José Domingo Blanco (Mingo)

“Regalo hijo”

La imagen del niñito sentadito dentro de una caja de cartón con una galleta de soda en la mano regresaba a mí mente una y otra vez, para restregarme esta nueva realidad de pobreza, maltrato y abandono de niños que desde hace muchos años reporta Cecodap. Y, para recordarme que la dictadura, lejos de corregir esta distorsión, parece fomentarla gracias al sistema putrefacto que insiste en aplicar.

José Domingo Blanco (Mingo)

Un dictador en Nueva York

Tener que ocupar unas líneas analizando algo en lo que los venezolanos no deberíamos malgastar nuestro tiempo, ideas y esfuerzos es, a primera vista, muy contradictorio. Pero, resulta que el discurso de Nicolás en la Asamblea General de las Naciones Unidas -que me calé completico para poder opinar con propiedad y saber dónde estamos parados- generó una serie de reacciones impúberes, con atisbos de necedades, que me obligan a fijar una postura. Quizá, una posición muy antipática para quienes, después de ver que Maduro llegó a Nueva York, y habló desde donde el día anterior lo hizo su “archienemigo” Donald Trump, colman sus redes sociales con comentarios y ofensas que, en este momento, con la gravedad de lo que nos ocurre, resultan insulsas.

José Domingo Blanco (Mingo)

Dictadura intelectual de oposición

Para seguir en el poder, Maduro sólo necesita seguir empobreciendo a los venezolanos. Y está lográndolo con mucho éxito. Según las encuestas, Maduro no goza ni siquiera del 17% de popularidad. Pero, ahí está: ileso en su rol de dictador. Maduro, no tiene credibilidad, ni confianza, ni dólares. ¡Poco le importa! Porque la dirigencia opositora tampoco tiene esos atributos: no tiene credibilidad, ni nuestra confianza, ni los dólares. El problema está en que la ventaja, la buena fortuna, sigue sonriéndole a Nicolás, quien se pasa por la suela del zapato nuestras protestas –que supo cómo enfriarlas y aplacarlas-, las amenazas de sanciones internacionales, los bloqueos económicos o los posibles juicios en La Haya. No le teme a nada, por una sencilla razón: está convencido del éxito de su modelo y, por tanto, es imposible que sus actuaciones le acarreen consecuencias.

José Domingo Blanco (Mingo)

Advertencia, propuesta esperanzadora

Desde hace varios años, mi amigo, el profesor Werner Corrales ha venido trabajando con un grupo de profesionales que siguen apostando a Venezuela. Se han dedicado a escuchar las opiniones de los sectores que estarían involucrados en la reconstrucción del país; con el rigor científico y metodológico que una gesta como esta requiere. El diagnóstico de la situación actual está hecho. Y los pasos para edificar el país que todos queremos están claramente definidos. Pero, el tiempo apremia. El grupo del profesor Corrales sabe que el régimen entierra con saña sus gérmenes comunistas, infectando a Venezuela con una ideología perversa y miserable que está destruyendo todo. El comunismo avanza y los intentos de las oposiciones por detenerlo han sido fallidos o, hábilmente desmontados por el régimen criminal que nos gobierna.

José Domingo Blanco (Mingo)

La secta del poder

¿El pueblo le tiene miedo a Maduro o, por el contrario, Nicolás le tiene miedo “a su pueblo”? Es la pregunta inevitable que me formulo, luego de escuchar las declaraciones de la Embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley, quien dijo que el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega y, el de Venezuela, Nicolás Maduro, viven con miedo a su propio pueblo.

José Domingo Blanco (Mingo)

Venezuela′s Communist Club

En mayo de este año, antes de las elecciones que el régimen organizó para legitimar a Nicolás como Presidente de Venezuela, escribí un artículo que titulé La Patria del Carnet. En él alertaba que, más temprano que tarde, el Carnet de la Patria sería el único documento válido en Venezuela. Abría ese escrito diciendo: “¿Cuánto falta para que el Carnet de la Patria sea el documento obligatorio en Venezuela? Obligatorio para salir del país. Obligatorio para gestionar el pasaporte. Obligatorio a la hora de ir a los Registros o Notarías. Obligatorio y único documento requerido para cobrar las pensiones en los bancos. Exigido como identificación por los policías y guardias que se apostan en las alcabalas. Solicitado junto con la tarjeta de débito a la hora de pagar nuestras compras. ¿Cuánto falta para que reemplace a nuestra cédula de identidad?”.

José Domingo Blanco (Mingo)

Hecho el pendejo

Iniciaré estas líneas pidiéndoles que enumeren una sola cosa que a Maduro le haya salido mal desde que asumió la presidencia. ¿En qué ha fallado Nicolás? ¿Qué parte de su plan no ha salido como esperaba o no ha cristalizado en los tiempos establecidos? Lejos de debilitarse, Maduro y sus secuaces avanzan a grandes zancadas hacia la consolidación del nuevo modelo comunista -uno reinventado, repotenciado o reloaded- para el que nuestro amado y golpeado país ha servido de prueba piloto.

José Domingo Blanco (Mingo)

¿Quién dijo miedo?

La sentencia del Tribunal Supremo Legítimo, pero en el exilio, es clara: “Se condena a Nicolás Maduro a 18 años y tres meses de prisión por corrupción en el caso Odebrecht. Debe pagar multa de $25 millones por corrupción propia y reintegrar al Estado venezolano $35 mil millones por legitimación de capitales”. En otras palabras, los magistrados del TSJ hicieron su trabajo, el trabajo que les corresponde y, desde Colombia, declararon a Nicolás culpable de los delitos por los cuales estaba siendo juzgado.

José Domingo Blanco (Mingo)

Drones y dronas

Calificaré al pasado sábado –el día del supuesto “magnicidio”- como un día tragicómico. Uno más de los muchos que este régimen ha aportado para la posteridad y que le darán ese toque de humor –negro y amargo- a la historia venezolana que se contará en las décadas futuras. Esa historia verídica que a las generaciones de venezolanos de los años venideros les costará creer porque se asemeja más a los cuentos propios del imaginario popular, como en un su momento lo fue el de La Sayona.

José Domingo Blanco (Mingo)

Sociedad de cómplices

Según la Real Academia de la Lengua Española, un cómplice es una “persona que, sin ser autora de un delito o una falta, coopera a su ejecución con actos anteriores o simultáneos”. Por supuesto, cuando utilizamos el término cómplice, inmediatamente, y por lo general, pensamos en los integrantes de una banda criminal, con autores intelectuales y materiales del delito que se cometa. Pero, ¿acaso no es también un cómplice aquel que, de espaldas a los intereses de la colectividad, de la sociedad o del país entero, respalda encubiertamente las intenciones dictatoriales, opresivas y tiránicas del régimen y lo ayuda a mantenerse en el poder?

José Domingo Blanco (Mingo)

Nicolás, el “sin cer0”

En Venezuela no tiene cabida el aburrimiento. De eso, de mantenernos entretenidos, se encarga el régimen, que no pierde un segundo para suministrarnos, permanentemente, material suficiente para que pasemos horas transitando del asombro a la indignación; y de la indignación a los debates acalorados. ¡Nuestra nueva diversión! En eso invertimos los venezolanos una buena cantidad de horas al día. Es nuestro nuevo deporte nacional: discutir las ocurrencias de Nicolás y sus secuaces; para poder idear la mejor manera de no sucumbir ante ellas. ¿Un país aburrido? Difícilmente. Venezuela, hoy, es una gran aventura. Y, salir ileso, la mejor recompensa.

José Domingo Blanco (Mingo)

Pensión = vejación

Una fila muy larga, repleta de cabezas blancas, bastones y arrugas, se veía a las puertas de los bancos. Era un espectáculo deprimente y violatorio de la dignidad de quienes entregaron sus años mozos cumpliendo con sus deberes, y que hoy sólo aspiran a ser tratados con respeto y consideración. Pacientes, resignados, tristes eran los rostros de los muchos pensionados y jubilados con los que me topé el pasado miércoles, el día cuando les depositaron su humillante pensión.

José Domingo Blanco (Mingo)

Maduro quiere a Dios en el gabinete

Hay una premisa que he escuchado mucho en los últimos días: “la energía eléctrica más costosa es la que no se tiene”. Y para validar esta afirmación solo bastaría preguntarle a los empresarios, industriales y comerciantes en cuánto cuantifican sus pérdidas cada vez que ocurre una interrupción abrupta del servicio.

José Domingo Blanco (Mingo)

Cuota extraordinaria

Desde siempre, cada vez que asistía a las reuniones de condominio, salía con la impresión de que, al final, éstas terminaban siendo una representación micro de lo que ocurría a nivel macro en Venezuela. Cinco o cuatro vecinos, por lo general, los mismos de siempre, dispuestos a escuchar a la Junta de Condominio -a la que todos critican; pero, con la que nadie colabora. Si no es fácil poner de acuerdo a los copropietarios o inquilinos de un edificio, imagínense lo que podemos esperar para el país. Y eso no ha variado mucho, a pesar de los tiempos que corren -en los que debemos ser mucho más proactivos, comprometidos y solidarios.

José Domingo Blanco (Mingo)

Una dictadura de derecha

Wilfredo y Lucrecia recorren los mercados a cielo abierto vendiendo quesos blancos muy nuestros, frescos y sabrosos. Hacen maromas para seguir ofreciéndonos excelente calidad a buenos precios. Para lograrlo se buscan proveedores de todo el país, se cercioran de la calidad de los productos y sólo nos expenden lo que ellos mismos comerían en su casa. “No es fácil”, dice Wilfredo; pero, trabajan tan duro, y son tan serviciales y amables, que eso les ha hecho ganar el aprecio y la fidelidad de la clientela. Clientes que, como yo, más allá de los quesos maravillosos que venden, vemos en Wilfredo y Lucrecia a esa Venezuela que se niega a tirar la toalla a pesar de las trabas, cada vez mayores, que les imponen en el camino.

José Domingo Blanco (Mingo)

Títeres de Fidel

Mi papá era un ávido lector y coleccionista de las Selecciones: las famosas revistas de Reader′s Digest que en sus páginas presentaban una gran variedad de temas. Algo así como el internet de la época; pero, de tinta y papel. Las adquiría religiosamente. Lo hizo desde que salió a la venta la primera. Las leía completicas sentado en su estudio y luego guardaba el ejemplar en su biblioteca, en el estante destinado a esa publicación, donde todavía hoy reposan intactas, y se acumulan años de la colección. Posiblemente, de él heredé el hábito de ojear las páginas de Selecciones. Incluso en estos tiempos de web, portales de noticia online y redes sociales, subo a su estudio, reviso su biblioteca y escojo cualquiera de las revistas para contrastar las realidades de ayer con las de hoy.

José Domingo Blanco (Mingo)

¿Chamba segura?

Los vi en la avenida principal de Los Campitos. También en la autopista Prados del Este a la altura del Distribuidor Santa Fe. La mañana del jueves fueron los responsables de la tranca en la autopista – congestionamiento ahora inusual, porque la ciudad está cada vez más solitaria y poco transitada. Un grupo estaba apostado cerca de la escultura en forma de gota que está al lado del CCCT. Otro, más allá de La Carlota.

José Domingo Blanco (Mingo)

Soplan vientos a favor

-Sabemos lo que hace falta para salir de esta crisis; pero, ya no lo tenemos - ¿Y qué es, mi pana? –le pregunté -Dinero Así me respondió mi amigo, el economista Orlando Ochoa, a quien tenía tiempo sin ver y con quien, casualmente, me crucé hace pocos días. No titubeó para darme su diagnóstico, rápido, simple y certero, de la situación. Le bastó una sola palabra y no necesitó fórmulas complejas, que solo entienden los expertos en esa materia. Para salir de la situación actual requerimos, con carácter de urgencia, algo que no tenemos. Algo que no aparecerá imprimiendo más billetes, ni ofreciendo una reconversión, ni remarcando, ni sacando de circulación todos los billeticos de 100 o inventando un nuevo cono monetario que, antes de entrar en marcha, ya huele a devaluado.

José Domingo Blanco (Mingo)

La pura verdad

El lunes 21 de mayo, Benancia llegó eufórica a la casa donde presta sus servicios como doméstica. La felicidad le brotaba como el tufillo de las cervecitas que se bebió con sus vecinos de Catia para celebrar el triunfo. Se había trasnochado porque, después de que anunciaron los resultados, la música, los fuegos artificiales, el licor y la fiesta se prendió hasta bien entrada la madrugada. Esa fue la razón que alegó para justificar su retraso esa mañana. No la falta de transporte o la demora en el Metro, como tantos otros lunes de llegadas tardes. La verdad es que nunca la habían visto así: tan auténtica, tan entusiasmada y tan chavista. Porque si algo supo hacer Benancia a lo largo de los años que tenía trabajando para esa familia –que no eran pocos- fue ocultar muy bien su preferencia política.

José Domingo Blanco (Mingo)

Ladrones de la patria

Cada cierto tiempo, por lo general después de escuchar un nuevo caso de corrupción, de esos grotescos que proliferan en Venezuela como bacterias en caldo de cultivo, me da por hacer un recuento. Comienzo a recapitular y a tratar de recordar los nombres de los corruptos que, en su momento, también fueron noticia por el escandaloso desfalco que cometieron y en el que fueron pillados. Y lo hago con la intención de que no caigan en el olvido, porque no pierdo la esperanza de que, tarde o temprano, paguen ante la justicia cada uno de sus graves delitos; así sientan que, viviendo en España o Miami, estarán fuera del guante de la ley.


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