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Opinión

Columnistas
Jesús Torrealba

el camino venezolano al primer mundo…

El domingo pasado dejamos planteada la disyuntiva que enfrenta el pueblo democrático de Venezuela:  Ganar unidos o dividirse y perder. O retomar el camino de errores que entre febrero y septiembre del 2014 llevó a la oposición venezolana a enfrentamientos, divisiones y renuncias, o perseverar en el camino que entre octubre de 2014 y mayo de 2015 nos ha conducido a triplicar al gobierno en materia de intención de voto y al fortalecimiento interno que se expresó en el triunfo de nuestras elecciones primarias del 17M.

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Afortunadamente, la presión de la ciudadanía que quiere unidad, la madurez de las direcciones de las organizaciones políticas que integran la alianza opositora y sobre todo un claro sentido de responsabilidad para con el país, son factores que han determinado que el camino escogido sea el camino de victoria, el camino de la Unidad.  Esa escogencia se plasmó en la Agenda Unitaria de Lucha por la Libertad de los Presos Políticos y por la salud de la democracia venezolana, planteada al país a mediados de la semana que acaba de concluir.  Lilian Tintori, Mitzy Capriles de Ledezma, Julio Borges, Freddy Guevara y quien esto escribe presentamos al país esta agenda que es mucho más que un cronograma de actividades:  Es el compromiso de fortalecer la unitad política para que esta a su vez pueda convocar y articular la unidad nacional, indispensable no sólo para vencer electoralmente al oficialismo en las próximas elecciones parlamentarias, sino para seguir avanzando hasta rescatar para Venezuela a todas las instituciones hoy confiscadas por una secta política corrupta, ineficiente y totalitaria, y así colocar finalmente al Poder político al servicio de todos los venezolanos. Porque ese es el reto que enfrentamos:  ¡El reto del Poder! El asunto aquí no es “sacar unos diputados más o unos diputados menos”.  El problema de fondo no es dilucidar quien es el primer o el segundo partido de la oposición.  El tema real es que el Poder en nuestro país viene siendo usado para agredir al pueblo en forma brutal: La escasez, la carestía, la inseguridad desbocada, el deterioro salvaje de todas la redes de servicio público, son algunas de las diversas formas que asume en la cotidianidad esta agresión del Poder contra el ciudadano como individuo y contra el pueblo como conjunto. Esta agresión ha generado un profundo malestar social, que ha unido a la inmensa mayoría de los venezolanos contra el gobierno. Eso es un hecho constatable en las encuestas y, sobre todo, en la calle. Enfrentar exitosamente ese reto pasa por llegar unidos y ganar unidos las elecciones parlamentarias, pero en realidad va mucho más allá. Es necesario que esa mayoría democrática en la Asamblea Nacional actúe con coherencia en el duro tránsito que entonces se abrirá. Avanzar desde el poder legislativo, ajustando la estructura y funcionamiento de otros poderes públicos a lo que prevé la Constitución, sancionando a corruptos e ineficientes y liderando al país en la construcción de soluciones concretas a los problemas más urgentes que enfrentamos los venezolanos, requerirá tener un campo democrático no circunstancialmente unido por una alianza electoral, sino sólidamente articulado en torno a un proyecto de cambio. Es muy probable incluso que el desarrollo de ese proceso de construcción de soluciones honestas y democráticas a los problemas que la corrupción totalitaria ha ocasionado, conduzca a Venezuela a resolver anticipadamente -mediante los mecanismos pacíficos y electorales que la Constitución al efecto prevé- el severo escollo de tener un Poder Ejecutivo que en vez apoyar las soluciones en realidad es el centro del problema. También en esa muy probable eventualidad (mejor dicho: sobre todo en esa muy probable eventualidad) será de importancia capital que el campo democrático este fuertemente cohesionado y consciente de que el gobierno que en primera instancia habrá de suceder a esta catástrofe tendrá que ser, para poder atender la amplitud y profundidad de la crisis, un gobierno de unidad nacional. ...Y construir un gobierno de Unidad implica que la lucha para llegar a él también sea unitaria. Y eso es un asunto de discursos, si, pero también y fundamentalmente de conductas. Una alianza política (y la Unidad Democrática venezolana es precisamente eso, no un partido sino una alianza de partidos) es un espacio en el que coinciden fuerzas que son distintas entre si, involucradas en la búsqueda de objetivos comunes. Para que fuerzas disímiles se mantengan unidas, remando juntas en una misma dirección, necesitan tener reglas de funcionamiento y trabajo conjunto. Y necesitan que esas reglas se cumplan. En un país en que 16 años de chavo-diosdado-madurismo han empujado a toda la sociedad no solo a incumplir las reglas, sino incluso a despreciarlas, es entendible que hasta algún sector de la ciudadanía opositora haya llegado a creer que las reglas que hacen posible la Unidad solo se deben cumplir cuando a uno le provoca o conviene. Es entonces prudente recordar que el chavo-diosdado-madurismo no es sólo el escombro de lo que alguna vez fue un sueño popular, no es sólo una maquinaria presupuestívora, una macolla de corruptos o una piara de adulantes. El oficialismo también es una cultura política, un conjunto de anti valores que durante 16 años han sido hegemónicos. Algunas de las claves de identidad de esa “cultura política” son la exaltación del liderazgo mesiánico, el culto a la personalidad, el desprecio por las instituciones y las reglas del juego, la descalificación sistemática de toda opinión divergente e incluso la destrucción moral de quien la emita, sustituyendo argumentos por insultos y destruyendo personas en vez de debatir posiciones. Todo ello, incluyendo esa perversión machista-militarista que es la llamada “política testicular” (la primitiva creencia de que hacer o no hacer las cosas depende de “tener bolas” o no tenerlas...) forma parte de la cultura política del oficialismo, forma parte no solo de lo que hay que vencer, sino sobre todo de lo que hay que superar. Ese es el camino de victoria. Mantenerse unidos, expandir y fortalecer la Unidad no solo es una suma aritmética para enfrentar una necesidad táctica. Es además y sobre todo una forma concreta de reconstruir la cultura política democrática, con principios y valores ajustados a una práctica congruente. Porque eso y no otra cosa es el rescate de la ética en la política: la coherencia de pensamiento, palabra y obra, articulados en conducta cotidiana. Porque lo que le estamos ofreciendo a los venezolanos no es el cambio de una camarilla por otra, un “quítate tú para ponerme yo”, salir de un chavismo rojo para cambiarlo por otro azul, anaranjado, amarillo o de cualquier otro color. En realidad lo que le estamos ofreciendo a los venezolanos es cambiar el camino al desastre que actualmente transita el país por un camino venezolano al primer mundo. Así, sin etiquetas ideológicas que nos dividan. Un camino que lleve a Venezuela a ser un país con alta calidad de vida para todos. Un país del que nadie quiera irse. Un país atraiga como un imán a todo aquel que quiera construir una vida con prosperidad y en libertad. ¡Palante!

Jesús Torrealba

!Mira hacia Miraflores!

La gran noticia del dia es la relativa a la fijación de la fecha de las elecciones presidenciales. Yo lamento salirme un poco del tono general jubiloso: !Por fin tenemos fecha! !Que bueno que tenemos fecha! !No importa con esa fecha también ganamos!, etc, etc. Yo más bien quiero compartir con ustedes una reflexión como ciudadano, como venezolano.

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Jesús Torrealba

Habitantes de los barrios ya no se calan discursos y exigen soluciones

Cierto ex-Ministro del Trabajo contaba que cuando estaba sesionando el Gabinete y -por frecuente falla de protocolo y desorden en la agenda- llegaba en medio de la reunión un visitante extranjero, un periodista internacional o una delegación de ciudadanos de algún rincón del país, el Presidente Chávez sonreía y le decía a sus ministros: “Sigan, sigan, voy a reunirme con esta gente. Eso es rápido: Voy, les aplico ‘el encanto’ y ya vengo…” El “encanto” era como Chávez llamaba, según este ex-Ministro, el efecto que en las personas producía la mezcla de los símbolos del poder (el Palacio, la Guardia de Honor y, por supuesto, la Silla presidencial…) con el estilo, entre confianzudo y guachamarón, de su lenguaje corporal y verbal. La gente en efecto se retiraba entre fascinada y anonadada, y el Presidente se quedaba satisfecho con lo que creía era el efecto de su “magnetismo personal”. Por cierto, lo mismo creyó Carlos Andrés Pérez, hasta que fue demasiado tarde…

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Jesús Torrealba

Caracas – Libertador es la verdadera “tierra de nadie”…

Yo quisiera que los políticos fueran !fueran! paralíticos, Yo quisiera que los políticos fueran !fueran! paralíticos. Evitaríamos que nos robaran y que luego corriendo se largaran, evitaríamos que nos estafaran y se rieran en nuestras caras…” Esta es la letra de una canción que la banda venezolana “Desorden Público” popularizó hace algo más de veinte años. Son muchas las cosas que han cambiado en el tiempo transcurrido. Hoy una canción como esa sería inaceptable no por la presunta agresión a “los políticos”, sino por la manifiesta desconsideración hacia los compatriotas que sufren alguna discapacidad. Otra cosa curiosa: los "irreverentes" músicos que ayer denunciaban a “los políticos que nos estafan y se ríen en nuestras caras” hoy aceptan ser contratados precisamente por políticos que -como el Alcalde Jorge Rodríguez y la Jefa de Gobierno de Facto del Distrito Capital Jacqueline Farias- se dedican a "organizar conciertos" en la UCV sin permiso de esa comunidad, violentando la autonomía universitaria, en vez de atender las innumerables emergencias que tienen lugar en las comunidades populares de su jurisdicción.

opinan los foristas

Jesús Torrealba

Tragedias en barrios revelan incremento de la pobreza en Venezuela

54% de los venezolanos viven en barrios cuyas dimensiones, población y vulnerabilidad se han multiplicado en los últimos 11 años. La polarización conspira contra el diseño y ejecución eficiente de políticas públicas para mejorar el hábitat en los sectores populares. El problema de la vivienda sí tiene salidas, pero primero hay que erradicar la corrupción y la ineficiencia del sector oficial.

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