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Opinión

Columnistas
Jacobo Dib

¿Somos los venezolanos Hispanonorteamericanos?

Cuando se conoce Madrid es la ciudad más española de todas, la más agradable para vivir, la de la gente más simpática…Ernest Hemingway Nacido en un campo petrolero de la Creole en Venezuela, crecí en el contexto de una sociedad “bicultural”, es decir, en una antigua colonia española asimilada a lo largo del siglo XX por un sistema de valores predominantemente anglosajones donde la mayoría de “nuestra” música, cine y televisión venían del norte. El programa de televisión más hispano que recuerdo haber visto fue “El Zorro” de Disney! De ahí mi fascinación al ver cómo en estos últimos años nuestra sociedad ha vuelto de nuevo sus ojos, dos siglos después, a la madre patria.

Jacobo Dib

Por favor, España ¡quiéreme!

No, no es un despecho… es contigo España, ¡Quiéreme! Disertar sobre el tema migratorio no es tarea fácil. Los venezolanos nos acostumbramos durante décadas, siglos, a recibir, a dar la bienvenida a un sinnúmero de inmigrantes quienes en su mayoría lo hicieron (¿cuándo no?), por necesidad. Es digno de mencionar que por razones obvias, conquista y colonización, la corriente migratoria española comienza desde el momento en que el Almirante viajó a esta “Tierra de Gracia” en 1498, y no culminó con nuestra independencia de la Madre Patria, lejos de eso, aumentó.

Jacobo Dib

Riohacha en Venezuela o Venezuela en Riohacha

Por allá en la primera mitad del siglo XVI cuando la Provincia del Golfo de Venezuela y Cabo de la Vela (la Guajira) le fuera otorgada en concesión a los Welser por Carlos I, la desembocadura del río se convertía en el límite occidental de su frontera... han transcurrido siglos y entre tantas divisiones administrativas bajo el Imperio Español, llegamos alguna vez a ser uno bajo el Virreinato de Nueva Granada. Luego en nuestra historia republicana, en la Gran Colombia. En estos días el mundo ha sido testigo de cómo, aún en circunstancias poco alentadoras, nos reencontramos una vez más. Y es que la hermana República de Colombia ha sido destino final de muchos venezolanos que han tenido la necesidad imperiosa de emigrar. Bien recibidos, pero con necesidades inmediatas de atención en salud han sido beneficiados con la presencia por 10 días del buque hospital de la Armada norteamericana USNS Comfort en las costas colombianas de Riohacha.

Jacobo Dib

De un médico venezolano a Laureano

Querido Laureano, No sabes cuantas veces me han enviado tu hermosísima carta dirigida a los médicos venezolanos. Viniendo de una persona tan letrada y tan querida por todos como tú tiene un doble valor. Además, soy testigo fiel de tu sensibilidad social que a diferencia de muchos otros que “dicen” y “escriben” cosas bonitas, si tocas el alma del prójimo. Por allá en los 90´, cuando aún éramos felices sin saberlo, fuiste un día sábado a visitar un ancianato. No había cámaras ni periodistas, sólo tú y los viejitos. Todavía recuerdo la sonrisa que les sacaste a esos abuelitos con tus formidables imitaciones, muchos abandonados allí por su propia familia. Inolvidable. Laureano, lamentablemente nuestro país ha cambiado demasiado en las últimas décadas. Lo que nos enseñaron nuestros maestros con su ejemplo, dedicar la mitad del tiempo a lo hospitalario, viviendo de lo privado, ya no es factible. Entre las condiciones deplorables de los hospitales y sus míseros sueldos no resulta atractivo ni siquiera para los recién graduados. Y es que ya no alcanza ni con el trabajo en privado! Los que optamos por esta digna profesión (creo que puedo hablar por la mayoría), no lo hicimos con lo económico como objetivo primordial: lo hicimos por nuestra vocación social. Aun así, “no solo de pan vive el hombre”. Necesitamos proveer a nuestras familias al igual que todos los demás profesionales, con vivienda, alimentación, educación… Por eso, hoy por hoy el médico venezolano tiene un objetivo primordial: irse del país. Ciertamente hay muchos venezolanos agradecidos por lo que los médicos hacemos en tiempos de aciago como estos, en los que atender adecuadamente a un paciente (como dices en tu carta), es un verdadero acto de heroísmo. El solo hecho de salir de casa para volver en una pieza es toda una aventura. Pero, ¿qué hacer si al llegar a la institución donde laboramos (pública o privada), no hay insumos suficientes ni adecuados? O bien, ¿cuando para adquirirlos el dinero no alcanza o el seguro no cubre? ¿Exonerar honorarios? Cada vez lo hacemos más. Pero no es suficiente. Esto genera mucha frustración para médico y paciente por igual. También por esto se van del país no sólo nuestros médicos, ahora los siguen muchos pacientes... En tú carta enfatizas que en Venezuela el médico es tu amigo, a quien puedes consultar incluso durante una piñata, es quien te acompaña "hasta que las muerte los separe”. Todo eso es verdad. Lo triste Laureano es que cuando ese mismo médico, que además de todo lo dicho, no causó honorarios porque te "suponía pelando”, requiere de ayuda profesional (de cualquier tipo), a él, indefectiblemente, a él sí le cobran honorarios, creyendo, como casi todos hacen, que el médico venezolano es un individuo de posición social privilegiada. Ojalá pudieras ver a esos médicos (Especialistas igual que Residentes) cuando ellos o sus familiares se enferman, es todo un drama! No van a las clínicas porque no pueden, irónico, ¿no? Terminan en nuestros hospitales como cualquier otro paciente, esperando y orando por lo mejor, haciendo campañas entre sus amistades, buscando ayuda en las redes sociales para conseguir suministros y medicamentos. También por esto, se van nuestros médicos. Hay un pasaje en la Biblia que dice mucho de cómo buscamos los médicos en Venezuela llevar nuestra vida: “Cuando tú des limosna, no sepa tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha”. Aun así, palabras de agradecimiento a nuestro gremio como las tuyas son bien recibidas, son alentadoras. Pero Laureano, como dice una canción, “Hechos No Palabras”. A veces es un vecino, un familiar o hasta un paciente satisfecho que puede tenderte la mano para ayudarte cuando más lo necesitas y no lo hace… Los muchachos y los no tanto se siguen yendo, de todas las especialidades. Ese médico venezolano que dibujaste tan bien en tu escrito va desapareciendo poco a poco, físicamente con su partida, moralmente con su desilusión. Hospital “Jesús Yerena” de Lídice


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