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Opinión

Columnistas
Humberto Seijas Pittaluga

El gobierno de los animales

Hablando en días pasados con otros carcamales de más o menos mi misma edad surgió el recuerdo de Benito Quirós, un cantante popular de una voz impresionante que cantaba joropos, fulías, golpes y, especialmente, galerones. Comenzó itinerante, presentándose en cuanta fiesta patronal, Cruz de Mayo o parranda lo invitaran. Después, alcanzó a grabar discos y a aparecer en programas famosos de televisión, como los de Víctor Saume y Renny Ottolina. Llegó a ser conocido como “El rey del galerón”. Lo primero que viene a la mente de mis contemporáneos es aquello de: “Soy un pobre chofer que te ha querido / con toda le extensión de su cariño, / y hoy me encuentro llorando como un niño / en medio del camino, embarrancado…”

Humberto Seijas Pittaluga

Acerca de las elecciones

Durante la semana reciente, una declaración de Stalin González levantó un tierrero en el país. La forma como la hizo dio pie para que un gentío supusiera que estaba socavando la ruta señalada por Guaidó para llevar a Venezuela hacia una democracia verdadera, la cual es: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. Y, lo que fue peor, la gente empezó a barruntar que otro líder de la oposición estaba jugando cuadro cerrado con el régimen para ayudarlo a prolongarse en el poder.

Humberto Seijas Pittaluga

Vuelvo y repito…

Sigo con lo mismo de la semana pasada: este es un Estado fallido. Y, lamentablemente, los venezolanos tenemos demostraciones abundantísimas de este aserto.

Humberto Seijas Pittaluga

El Estado fallido

La última del voluminoso usurpador fue dar asueto durante toda la Semana Santa. Si eso no es un reconocimiento tácito a su incapacidad para mantener funcionando al país, pues se le parece mucho. Lo que necesita Venezuela es trabajo y más trabajo para, por lo menos, tratar de salir de abajo; no más holganza. Si calculamos los días feriados que ha decretado Su Adiposa Inmensidad en marzo y lo que va de abril, han resultado más los días inhábiles que los de labor. Y eso es la receta para seguir cavando la fosa. Porque la riqueza de una nación se consigue por el trabajo de sus ciudadanos y por el ahorro nacional. Los dos productos no tradicionales de exportación que nos estaban quedando. Pero ya no más.

Humberto Seijas Pittaluga

Aclaremos algo…

Mi artículo de la semana anterior originó una andanada de comentarios y (sobre todo) de reclamos por parte de algunos lectores que, creo, justifican que me explaye más en el asunto.

Humberto Seijas Pittaluga

Dos enseñanzas muy antiguas

Tazajal es una comunidad al este de Naguanagua que me parece un ejemplo de civismo. Allí, un grupo de líderes se ha dado a la tarea de optimizar la participación de los vecinos en la vida cultural, el ornato de la zona, la conservación y mejora del ambiente, y en un mejor conocimiento de las políticas nacional, regional y local. La asistencia a marchas y concentraciones también están en la programación.

Humberto Seijas Pittaluga

Soles para dar y convidar…

Recientemente, Vladimir Padrino, todavía (pero por poco) MinPoPoDef, en su afán de seguir pegado a las gónadas del obeso usurpador, explicó por Twitter que había enviado a las autoridades estadounidenses la “nómina” (sus palabras) de los oficiales y almirantes de las FAN, dizque para facilitarles la elaboración de las listas de oficiales sancionados por el gobierno de esa nación. Muchos comentarios pudieran ser hechos acerca de esa decisión.

Humberto Seijas Pittaluga

Piensa mal y acertarás…

La sabiduría popular recogió en este adagio una recomendación que le cae de perlas a lo sucedido recientemente en todo el país. Desde el régimen —tratando de cobearnos, como siempre— se ha dado más de una decena de explicaciones por el apagón. El bojotudo usurpador, para mencionar una sola de las babiecadas dichas, explicó con su cara muy lavada que en el imperio meeesmo alguien, (cuidado si el mismo míster Trump) había accionado un botón y por vía telemática se había causado un desastre en Guri. Lo único que le faltó, para volverla una versión de Misión Imposible rodada en las riberas del Caroní es que explicara que Marco Rubio y Elliott Abrams se habían descolgado en rápel desde un helicóptero invisible sobre el techo de la sala de turbinas de la hidroeléctrica, dispersaron un gas que durmió a todo el mundo allí, desde el gerente de turno, pasando por los operadores y hasta el último soldado que estaba en la batería antiaérea (que no le disparó al helicóptero porque era invisible, ya lo dije antes), y pasaron a la sala para arrancar de sus ejes a cada una de los generadores. ¡Por Dios! Y hay gente que se lo cree. Digámoslo de una vez: Guri tiene tecnología de los sesenta, o sea, analógica, no digital. Esa fantasía debe haber sido una más de las muchas mal inventadas que ha sugerido Jorgito Audi Rodríguez.

Humberto Seijas Pittaluga

Los propios tiros en el pie

Platanote contra Bozzone. En su afán de tratar de ponerse en la buena con los militares no se le ocurrió al usurpador sino desempolvar una caricatura que dibujó Bozzone hace cinco años —un caricaturista a quien uno no sabe qué admirarle más, si su nítido trazo o su pungente mordacidad. El dibujo, dividido en dos paneles, presenta en el de la izquierda, titulado “Sueldo de médicos”, a uno de estos, con cara de enfado, sosteniendo una bolsita de bolívares; en el del lado derecho, rotulado “Sueldo de militares”, muestra a un obeso general —todos muestran adiposidades; ¡claro, son de los pocos que comen completo aquí!— sentado sobre un inmenso saco de dólares.

Humberto Seijas Pittaluga

Angostura, los militares y la quema de la ayuda

Uno vio a la cúpula militar rodeando al obeso usurpador celebrando el bicentenario del discurso que pronunciara el Libertador en Angostura. Y ya desde ese mismo día uno se preguntaba: “¿Pero será que alguno de esos mofletudos almirantes y generales habrá leído ese histórico documento?”

Humberto Seijas Pittaluga

La ideología antes que el amor a la patria

Pareciera que los altos mandos militares están sufriendo de ese morbo; que prefieren olvidar aquello que dijo Bolívar —al cual tanto adoran de boca para afuera—: “el amor a la patria es primero”. Claro que dentro de quienes sufren esa ceguera voluntaria hay que incluir a una cuerda de avispados que son movidos, no por la doctrina, sino por el afán crematístico. Y a los que son una mezcla de ambos: que creen de buena fe que hay que seguir las órdenes de Cuba porque es lo que redimirá a la humanidad, pero que, mientras se logra eso, hay que obtener la mayor cantidad de proventos posibles. Parafrasean aquello de San Agustín: “hazme casto, pero no muy pronto”; pero con perversión: “que venga el comunismo, mientras tanto, acaudalo como capitalista”.

Humberto Seijas Pittaluga

Si no capitula, monda

Muchos zulianos alzarán una ceja al leer la frase que hoy pongo como título porque es una muy estimada por los naturales de ese poderoso estado, ya que pasó a la Historia de Venezuela desde que la pronunció una nativa de Los Puertos de Altagracia, Ana María Campos, en los tiempos de la Guerra de Independencia.

Humberto Seijas Pittaluga

De dux militum

Ahora está de moda hablar de los militares venezolanos. Y se ha repetido hasta el cansancio aquella perogrullada —que le fue atribuida a Luis Herrera— de que “los militares son leales hasta que dejan de serlo”. Dicha “moda” tiene razón en la actualidad porque muchos anhelamos ver a los uniformados actuando de manera institucional, alejados de comportamientos que le están expresamente prohibidos por las normas constitucional y legal, apegados a la letra y el espíritu de la Ley, teniendo por norte la patria y sus instituciones, y alejados del oportunismo, la mera conveniencia crematística y hasta (en muy poquitos) la ceguera ideológica. Mientras eso no suceda, no tendremos república. Mientras las Fuerzas Armadas sigan siendo una mesnada que, aupada por comisarios militares extranjeros, avasalla a sus paisanos y se comporta como la canción de Shakira — “bruta, ciega, sorda y muda; torpe, traste y testaruda” —, el desarrollo pacífico, civilizado se irá poniendo cada vez más lejos, como una meta que se mueve delante de los corredores.

Humberto Seijas Pittaluga

Acerca de algunas declaraciones recientes

Cuando uno creía que ya había escuchado todas las sandeces, hete aquí que surgen individualidades que emiten unos criterios que lo dejan a uno patidifuso, por decir lo menos. Rabioso, por decir lo más. La semana pasada fue opulenta en intervenciones que lo único que hacen es tirar la burra pa’l monte. Propongo cuatro de ellas para criticarlas; pero hubo otras, muchas más.

Humberto Seijas Pittaluga

Y todo por una llamada…

Bien dice el adagio cuando explica que “a pequeñas causas, grandes efectos”. Todo este estado de cosas que tiene de cabeza al país pudo haberse evitado si el régimen en el 2015, hubiese aceptado aunque fuese a regañadientes que había perdido la mayoría absoluta en las elecciones parlamentarias. ¡Pero no! Ellos son vivísimos. Por eso buscaron la manera de evitar que la oposición ejerciera las acciones para las cuales estaba facultada de acuerdo a “la mejor Constitución de mundo”, e inventaron la fulana llamada que apareció grabada en manos de un juez. Una intercepción de una comunicación que a todas luces configura lo que en buen derecho se denomina “el fruto del árbol prohibido” porque, primero, fue realizada en contra de la garantía que establece el Art. 48 de la carta magna vigente: “Se garantiza el secreto y la inviolabilidad de las comunicaciones privadas en todas sus formas…”; y, segundo, porque en la susodicha comunicación no se determina certeramente quienes son las personas que conversan; no se puede evidenciar la responsabilidad por el supuesto hecho, no se pudiera haber imputado a nadie.

Humberto Seijas Pittaluga

Nueva carta al jefe del Seniat

Muy despreocupado señor: ya casi se cumplen diez años de haberle enviado yo una carta a uno de sus antecesores, de apellido Prieto, ¡y nada que ustedes actúan!, ni para contestar mi requerimiento (cosa obligada, según la Ley de Procedimientos Administrativos) ni para corregir los hechos denunciados, que no son poca cosa porque los errores todavía persistentes siguen haciéndonos quedar muy mal ante muchas personas –no solo a ustedes los del régimen que no termina de morirse, sino a todos los venezolanos, que pasamos vergüenzas por las autoridades que tenemos, déspotas, poco ilustradas, ineptas y ladronazas.

Humberto Seijas Pittaluga

Tristeza y enojo

Una mezcla de ambos sentimientos me ha abrumado los últimos días. Y no sabría decir cuál de los dos es el más enajenante, pero sospecho que la rabia con “a” es la que predomina. Porque, algunas “actividades recientes y actuales” (para ponerlo en el lenguaje de los reportes de inteligencia) dejan ver hasta dónde ha claudicado la cúpula militar ante las imposiciones de los colonizadores cubanos y del valido que sirve de perifoneador de estos desde el palacio de Ciliaflores.

Humberto Seijas Pittaluga

¡Qué vergüenza, Ministro!

Las más recientes apariciones del MinPoPo Defensa causan pena ajena. Que quien tiene las más alta gradación en el escalafón militar y la representación de las Fuerzas Armadas en el gabinete ejecutivo salga, con un chorro de babas, pero primero que todo, aclarar que no fueron cuatro los militares asesinados sino tres, como para disminuir el efecto de la acción de unos irregulares extranjeros dentro del suelo patrio, ya deja mucho que desear.

Humberto Seijas Pittaluga

Cuando esto termine…

Porque ha de terminar —y ojalá sea más pronto que tarde—, desde el mismo día siguiente habrá que tomar medidas heroicas que aseguren el regreso de Venezuela a la senda de las naciones serias, generadoras de progreso, con instituciones que demuestren un profundo respeto al ciudadano. Ese retorno a la civilidad, al buen orden societario, al Estado de Derecho no será fácil. Implicará sacrificios de parte de todos. Y nadie podrá decir: “Señor, aparta de mí este cáliz”. El amor a la patria (en el correcto sentido de una palabra que ha sido prostituida por este régimen) nos exigirá que traguemos grueso, sigamos con el cinturón apretado hasta el último huequito y todos empujemos en un solo sentido. Eso lo sabemos todos. También sabemos que las primeras medidas del nuevo gobierno serán solo parches para solucionar lo urgente, no lo verdaderamente importante. El acometimiento de lo que en verdad es crucial para el progreso de la República es el siguiente paso. Pero para eso se requiere un basamento en verdades no fácilmente aprehensibles; implica el desbrozar la hojarasca y llegar al meollo de lo verdaderamente importante. Y para eso, no basta con agarrar un puño de estadísticas demoscópicas que, en la mayoría de los casos, tienden a mostrar lo que la gente quiere —casi siempre orientadas por lo que los griegos clásicos llamaban deseos concupiscentes—, no lo que de veras es necesario. De esas “verdades” estadísticas, de diagnósticos que se quedan en solo eso: en meras definiciones del problema, los tenemos por centenas. Pero ya no existe en el país un grupo formado por personas instruidas, honorables, con destrezas gerenciales y sin afanes de lucro personal que se dedique a pensar el futuro posible y el sendero crítico que ha de seguirse para llegar a él. Algo así como la Comisión para la Reforma del Estado (Copre) que funcionó en los 80 y los 90 y que logró hacerle ver a los partidos (aunque tuvieron que torcerles el brazo) qué era lo esencial para el progreso. De ahí se lograron adelantos como la descentralización de competencias, que la toma de decisiones estuviese más cerca del punto de aplicación de la fuerza (para emplear una frase medio ingenieril, medio militar), como la elección directa de alcaldes y gobernadores. Y el país dio un salto adelante; la provincia avanzó, se saneó a muchas de las instituciones. Eso no puede negarlo nadie, ni el más sectario de los maduristas. Pero, parodiando la letra de una trova cubana, “llegó el comandante y mandó a parar”. Todo regresó a la primera mitad del siglo XX, cuando todo se decidía en Caracas. Nada se movía sin que un burócrata de tercera, desde un escritorito gris en alguna oficina del Centro Simón Bolívar, lo autorizara. Cuando un funcionarito de medio pelo era quien decidía que —pongo un ejemplo tomado de la realidad— se comprara grúas porta-contenedores para un puerto como el de Güiria, que no las necesita porque es uno eminentemente pesquero y que no mueve carga contenerizada. Cosas como esas acontecen de nuevo desde hace veinte años y tiene trancado todo en Venezuela. Un Estado que tiene que preocuparse, indebidamente, hasta de que las camareras (que ahora son empleadas públicas) cambien las sábanas de los hoteles estatizados con abuso de poder. Lo que hay hoy es un centralismo emasculador de las iniciativas y la pujanza interiorana. Hoy los gobernadores y los alcaldes, sin importar cuán cercanos al solio ciliaflorino sean, no son sino meros pagadores de nómina. Y sisadores del presupuesto en la mayoría de los casos, claro... Regreso de la digresión: para la toma de decisiones trascendentales para el futuro del país se requerirá de un grupo humano muy calificado —parecido a la Copre en eso de que había más independientes que gente de partidos y en que todos tenían conocimientos profundos, buenas intenciones y mucha sensatez— que defina tanto los objetivos a ser logrados a cinco y diez años como la ruta para su consecución. Entiendo que algunos partidos de la oposición tienen algunos trabajos en ese sentido, pero sufren de un pecado original: son visiones teñidas de la conveniencia partidista (o de los planificadores). No por eso son desechables; pueden ser aportes sobre los cuales discutir, pero fuera de los conciliábulos partidistas, en el seno de esa nueva Copre. En ese acervo deben estar, como contribución importantísima, los hallazgos obtenidos por una magnífica iniciativa de la Universidad Católica Andrés Bello que se denomina “Reto País”. Las personas que componen ese grupo, liderado por el padre Virtuoso y contando con el concurso de diferentes entes interioranos —representantes de la academia, el empresariado, los estudiantes y las asociaciones de vecinos, por mencionar solo los más conspicuos— se mueve por todo el territorio nacional acopiando información que va más allá de lo meramente demoscópico. A esta, después, se le aplicará técnicas muy nuevas de análisis para concluir en cómo sería la Venezuela deseable y posible para el 2030. Cuando esto termine, todos deberemos pasar de la esperanza hacia la acción productiva de logros. Y eso se logrará solo mediante el compromiso pundonoroso de la mayoría de los venezolanos. ¡Sí se puede! [email protected]

Humberto Seijas Pittaluga

Odio que genera violencia

Fue Cicerón quien nos explicó que no hay nada más opuesto a la justicia que la violencia. Y, desafortunadamente, de injusticias y de violencia es que se encuentra ahíta la nación venezolana. A quienes les debiera interesar más que hubiese paz, concordia, entre los ciudadanos es a las autoridades; pero desde el mismo primer día lo que han hecho durante veinte años es concitar el rencor, la animadversión, la tirria, entre los venezolanos. Desde el mismo momento de la infortunada amenaza de freír en aceite la cabeza de los adecos, lo que ha abundado en Venezuela es la incitación el odio. Entre los distintos grupos sociales, las diferentes pigmentaciones de la piel, las distintas denominaciones religiosas. Todo ello, incitado por el pitecántropo barinés que no podía, no le interesaba, buscar la armonía en las comunidades. De allí que una de sus primeras afirmaciones atrabiliarias fue eso de que “robar no es malo”. El muy imbécil podía haber dicho que si se tenía hambre había varias alternativas para paliarla; desde trabajar más, que es la más sensata posibilidad, pasando por pedir prestado, rogar favores (ambas incómodas), y hasta mendigar (la menos deseable, pero alternativa al fin). Pero “robar” implica —si mal no me acuerdo de las primeras clases de Derecho Penal que recibí, aunque de eso hace más de medio siglo— “quitarle con violencia algo a alguien y tomarlo para sí”. No dijo “hurtar”, que también es y siempre será delito, porque implica el tomar algo que es ajeno, en contra la voluntad de su dueño, pero sin utilizar ni intimidación ni fuerza; solo la malicia, el sigilo.

Humberto Seijas Pittaluga

Día de la Nobleza Autóctona

Fue Boves II, tan empachado de indigenismo en un país en el cual los aborígenes no llegan ni al uno por ciento de la población, quien inventó el “Día de la Resistencia Indígena”. Muy al estilo de los revolucionarios de 1789, buscaba suplantar los nombres anteriores con los que se conoce a la fecha en que se conmemora el momento en el cual, por vez primera, un europeo y un americano se miraron a los ojos.

Humberto Seijas Pittaluga

Con cada día que pasa, una función menos

Hace días, Delcy Eloína, alias “Miss Simpatía”, generó titulares en los pocos periódicos que quedan cuando anunció que había “nacido la policía migratoria para preservar la seguridad ciudadana y el control migratorio”. O, por lo menos, eso es lo que cree ella. Añadió que será un nuevo cuerpo adscrito a la Policía Nacional Bolivariana y estará presente en los puntos de control que existen en lugares de la frontera terrestre, los puertos y los aeropuertos del país. Asimismo, agregó que estará integrado por personal de la Policía Nacional Bolivariana ya que dicho organismo está contemplado en la Ley del Servicio de Policía y del Cuerpo Nacional de Policía.

Humberto Seijas Pittaluga

Cuidado con pasarse de rosca…

La noticia pasó desapercibida para gran parte de la población. O, por lo menos, esta no se sintió preocupada por ella. Debe ser por la proliferación de afirmaciones altisonantes, a la ligera, que desde la cintura disparan los miembros de la cúpula militar en materia de relaciones exteriores. Cosa que, en países más serios, es solo prerrogativa de la Cancillería, o de más arriba.

Humberto Seijas Pittaluga

¡Cuidado con la frivolidad!

En estos días, la conversación de moda es acerca de la “invasión de los marines” y si se está o no de acuerdo con ella. Algunos más “cultos” (dicen ellos) en materias militares, agregan que será una guerra en la que el esfuerzo principal lo llevarán Brasil y Colombia, que ya están anotados como aliados del imperio. Que el poderío estadounidense se sentirá, más que todo, por bombardeos selectivos realizados mediante drones que son manejados, como si fuesen juegos de Nintendo, por un poco de nerds desde Colorado Springs. Que ya los americanos están escamados con lo que les ha pasado de Vietnam para acá, incluyendo a Irak, Libia y Siria, y que prefieren que los muertos los pongan otros. Quizá es en esto que están de acuerdo tanto un grupo frondoso de opositores como las gavillas de áulicos del régimen. Claro que a este último le interesa mantener caliente esa idea: destapa nuevamente aquello de “la planta insolente del extranjero” y mantiene a la población distraída de todos los padecimientos que sobrelleva por culpa, precisamente, de los desaciertos y latrocinios de la nomenklatura. Unos y otros, piensan que los muertos los van a poner “los otros”, que esta va a ser una “guerra por poder” (by proxy, dicen los más sofisticados), y que sí es así, bien vale la pena entrar en esa refriega. Ilusos, nadie sabe cómo ni cuándo termina una guerra.

Humberto Seijas Pittaluga

La culpa es de los jefes

El viejo aforismo militar explica que “el comandante es el responsable de todo cuanto haga o deje de hacer su unidad”. Y digo esto porque muchos venezolanos hemos notado con grima y disgusto una tendencia (pequeña, es verdad, pero no por eso menos preocupante) a la comisión de delitos comunes por parte de mandos medios de las Fuerzas Armadas.


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