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Opinión

Columnistas
Humberto Seijas Pittaluga

¿Cuántas coincidencias, no?

Estaba acopiando material para una conferencia que deberé dar próximamente y me topé con un documento —que ya tiene casi dos siglos y medio de haber sido publicado, y escrito para otras latitudes—, que he leído muchas veces en el pasado, pero que ahora se me ocurre de un paralelismo sorprendente con lo que ocurre actualmente en nuestro país. Es la declaración que hacen las trece colonias norteamericanas para explicar por qué deben separarse de Inglaterra. Invito a que hagamos una comparación entre las circunstancias que imperaban antaño por allá arrribota y las que nos tienen postrados por estos lares.

Humberto Seijas Pittaluga

El derecho de gentes

Con su más reciente intervención en la OEA, el primer yerno, quien funge de MinPoPoExteriores del régimen (que no de Venezuela), lo que hizo fue darse el auténtico tiro en un pie. El lenguaje camorrero, insultante, no solo no logró atraer votos favorables para los intereses que representa sino que, por el contrario, realizó el milagro de que algunos países que siempre habían apoyado las posiciones de la delegación venezolana —que, reitero, no son necesariamente las que convienen a Venezuela, sino a Cuba— saltaran hacia el otro lado, o por lo menos se abstuvieran.

Humberto Seijas Pittaluga

¿De cuál libertad hablan?

Todo el fin de semana pasado se llenaron las bocotas alardeando de que, como un gesto de reconciliación y facilitación del diálogo, le habían concedido la libertad a un grupo de personas encausadas por dizque “conspirar contra la estabilidad democrática” y demás zarandajadas parecidas.

Humberto Seijas Pittaluga

Colcha de retazos

La semana que recién pasó estuvo tan fecunda en noticias que uno no sabe a qué apuntarle; por lo que le toca embocar por la línea del esfuerzo mínimo, analizarlas al detal y dedicarse a hacer minicrónica de algunas de ellas. ¡Vamos allá!

Humberto Seijas Pittaluga

¡Nikolai, imita!

Ya todos sabemos qué va a pasar el próximo 20-M: la gran mayoría de los venezolanos no le haremos el juego al régimen y nos quedaremos en la casa, bien lejos de los centros de votación los cuales lucirán más desolados que en la farsa anterior, cuando designaron a una fulana constituyente que nadie reconoce y cuyos integrantes son una pila de ganapanes que son conocidos solo en las casas del Psuv. Y al igual que en esa inicua ocasión, en la noche, la muy inefable Tibi saldrá al balcón con su cara muy lavada a explicarnos que votó el 95 por ciento de la población y que la “tendencia irreversible” señala que el camarada Nicolás ganó con el ochenta y dele de los sufragios; y que, en razón de eso, será la persona que ha continuar dirigiendo lo que quede de Venezuela —si es que todavía subsiste algo después de tantos latrocinios e ineptitudes— por los próximos años.

Humberto Seijas Pittaluga

El síndrome de la infalibilidad

Para cualquier mortal debe de ser una carga muy pesada saber que nunca se ha equivocado en nada. Eso de llevar en la mente la preocupación de que pudiera perder ese record en su próxima toma de decisiones, debe ser fiero, espantoso. Menos para los del régimen, ellos saben que nada les sale mal porque para eso tienen a sus copartidarios que siempre les darán la razón legal. Eso que señalaba recientemente Moisés Naím, que en un lapso de diez años, el Estado no había perdido uno solo de los casos en que fue demandado (más de 54 mil), habla muy bien de los abogados de la Procuraduría y muy mal de los litigantes que accionan por las partes querellantes; además de que constituye un record mundial digno del libro Guinness y desafía toda la probabilidad estadística. Que toda la sapiencia jurídica esté en las mentes de un grupito de burócratas cobrasueldos debe hacer sentir muy mal a los jurisperitos más estudiados, más acreditados, que ejercen independientemente. Me imagino que a estas alturas, ninguno de ellos estará aceptando representar a clientes ante ese TSJ tan imparcial, tan lleno de lumbreras. Porque eso de llevar palo a pesar de lo sesudo y bien sustentado de las exposiciones no se lo cala nadie.

Humberto Seijas Pittaluga

El segundo advenimiento

El domingo pasado, Manuel Barreto Hernaíz, un querido amigo y un prolífico escritor, trajo a nuestra memoria algo dicho por Hannah Arendt: “'El súbdito ideal del régimen totalitario es el individuo para el cual la distinción entre realidad y ficción, entre verdad y mentira, no existe”. Es a ese tipo de gente a la cual se dirige (y en la cual se apoya) el ilegítimo que busca se reelección: la gente que sigue creyendo que estamos en el mejor de los mundos posibles, que aquí todo marcha a la perfección, que el punto de mira del fulano es el logro de la mayor cantidad de felicidad. Y que si eventualmente pareciera haber problemas con suministro de comida, medicinas, repuestos, dinero en efectivo, seguridad, salud pública, etc., se debe a que algunos malos hijos de la patria se han complotado con los representantes del imperialismo para declararnos la guerra económica. Pero, por lo demás, estamos en el verdadero Shangri-la, en una utopía hecha realidad, una tierra donde la felicidad es permanente y donde se puede (y se debe) vivir aislado del mundo exterior. Todo ello, hechura del muerto viviente y consolidada por su heredero. Tal tipo de gente crédula, acrítica —aparte de una cúpula militar igualita a la canción de Shakira: “bruta, ciega, sordomuda, torpe, traste y testaruda”—, es la que sostiene al régimen. Afortunadamente, cada vez son menos. Pero que todavía abundan, abundan.

Humberto Seijas Pittaluga

Tibi, léete la ley completa…

Mi muy eficiente, ecuánime e imparcial presidenta del CNE, le confieso que un reciente anuncio suyo — ese en el cual amenazaba sancionar a quienes desestimulen el ejercicio del voto— me obligó a revisar la Ley de Procesos Electorales aprobada en la Asamblea Nacional cuando la camarada Cilita era su presidenta. Personalmente —y por aquello de nulla poena sine lege–, creo que sobraba esa aseveración suya de intentar castigar con las sanciones que la ley establece a quienes promuevan la abstención en las elecciones del 20M. Aunque, pensándolo mejor y sabiendo toda la ciudadanía de algunas “prácticas” usuales en los organismos de “seguridad”, tampoco es que sobre mucho su admonición. Esa, se la concedo. Pero, con lo que absolutamente no puedo concordar con usted, es en eso de que “se ha dado cumplimiento a todas las garantías acordadas en República Dominicana para el buen desenvolvimiento del proceso electoral”. Si se pone la mano en el pecho y no se deja llevar por los susurros de Jorgito Rodríguez, tendrá que reconocer que en Santo Domingo no se firmó nadita de nada.

Humberto Seijas Pittaluga

Un enemigo más con cada día que pasa

Ahora le tocó a Panamá. Como el gobierno de ese país tuvo la decencia (y la valentía) de alertar a su sistema bancario de que no era conveniente tener tratos con algunos venezolanos vinculados al lavado de capitales y a los financiamientos con fines oscuros, y como resultó que 55 eran burócratas del madurismo y 15 eran empresas vinculadas con familiares de la primera combatiente, ya salió el mil veces ilegítimo a caerle a denuestos al presidente Varela y a decretar prohibiciones que afectan más a los venezolanos que a los panameños.

Humberto Seijas Pittaluga

Octogenario, ¿y qué?

Esta semana quiero dejar de lado a los blancos de siempre en mis escritos, los rateros rojos, porque me toca parafrasear el título del libro de Neruda: “Confieso que he vivido”.

Humberto Seijas Pittaluga

Lo repito, yo quiero un gobierno aburrido

Hace exactamente diez años yo redacté un artículo —en esos tiempos escribía para Notitarde, un buen diario interiorano, hoy convertido en un pasquín gobiernero— dándole la razón a un comentarista español que opinaba que los gobiernos tediosos eran los mejores. Y explicaba que eso era sí porque “casi siempre tienen al frente gobernantes comedidos, sin afán de figuración, sin fobias, y sin manías. Sólo mandatarios que se dedican a tratar de hacer aburridamente felices a sus pueblos”. Añado hoy que lo que buscan es obtener para sus paisanos el máximo de felicidad con el mínimo de sobresaltos, carencias y contingencias.

Humberto Seijas Pittaluga

Ruido de sables

Toda la semana que pasó estuvo llena de rumores acerca del descontento entre los mandos militares venezolanos y las posibilidades de que estos condujeran a un golpe de Estado o, por lo menos, a un pronunciamiento. Los tuits y los guasaps —más la tradicional radio-bemba— abundaron. Pero para la mayoría de los periódicos, las televisoras y las emisoras de radio tales reportes y murmuraciones no existen. Y es comprensible, casi todos los medios han sido comprados por el régimen o algunos mascarones de proa que tienen mucho dinero por los contratos que les han sido asignados de forma “digitalizada” por la nomenklatura. Para nada, porque el Sebin y la Dgsim se encargaron —con sus despliegues fachendosos de siempre— de asegurarse de que todos supiésemos de las detenciones de varios comandantes de unidades tácticas y superiores. Más las de un par de generales retirados que hasta apenas ayer tuvieron mucho poder dentro del desmadre robolucionario. Y la búsqueda de un tercero, famosísimo por el abuso del mando, pero que hoy hasta una carta pública se atreve a publicar, supuestamente para defender la incolumidad de la institución armada.

Humberto Seijas Pittaluga

La indispensable unidad

Ya don Simón, desde hace unos doscientos años nos exhortaba: “¡Unión! ¡Unión! ¡O la anarquía os devorará!” Y en otra ocasión explicaba que: “La unión debe salvarnos, como nos destruirá la división si llega a introducirse entre nosotros”. Pero eso pareciera que en estos días que corren algunos no lo entienden. Y dedican bastante tiempo en criticar los esfuerzos que se hacen en favor de la unidad. Pero sobre todo a los actores que buscan la amalgama de la mayoría de los venezolanos que desean una Venezuela mejor que la que estamos viviendo. Todos tienen defectos, todos tienen tachas, no hay nadie sano para esos catones de a tres por locha. Que algunos tienen máculas y agendas personales, los hay. Pero achacarles esas máculas a todos es un ejercicio de estereotipación llevada al extremo.

Humberto Seijas Pittaluga

Actitudes que retratan al régimen

No importa como lo denominemos —dictadura, tiranía, democradura, o lo que sea— la verdad es que este régimen es cualquier cosa menos una democracia. Es algo en lo cual la cabeza visible (pero muy poco pensante) del gobierno diariamente se pasa por la bragueta la Constitución vigente, esa que alguna vez dijeron que era “la mejor del mundo”. Y nadie de estatura reclama. Empezando por quienes conforman los otros poderes, supuestamente coiguales con el Ejecutivo, que agachan perrunamente la testuz y convalidan, justifican y cohonestan todas las barrabasadas que inventen los extranjeros que comandan al ilegítimo. El bárbaro sabanetense, en su afán de ser distintos a los demás, decidió enmendarle la plana a Kelsen e inventó dos poderes más, el ciudadano y el electoral, que iban a complementar los clásicos, los que tienen todos los demás estados del orbe: judicial, legislativo y ejecutivo. Siendo así, y aplicando una matemática elemental, se supone que en Venezuela los checks & balances deben ser por lo menos un cuarenta por ciento mejores que en otros países. Pero no son. Porque son compañeritos de partido y de ruta del nortesantandereano, porque tienen miedo de desatar la furia de este si se atreven a contradecirlo, o simplemente porque han sido comprados. Mientras más contra legem sea lo que dice y ordena Nikolai, más silentes se quedan. Pongo algunos ejemplos.

Humberto Seijas Pittaluga

Cuatro temas cuasimilitares

Les habrá llamado la atención el prefijo que empleé en la última palabra del título, pero es que lo que pienso tratar hoy solo marginalmente tiene que ver con lo castrense, ya sea porque quienes cometieron el hecho usan o usaban uniforme, o porque ocurrió en la presencia de mandos militares.

Humberto Seijas Pittaluga

Ya me decidí

Sí, ya tomé la determinación. Y les consta que me costó mucho definirme. Porque, civilista hasta la cacha, siempre he pensado que el voto es el arma del hombre civilizado.

Humberto Seijas Pittaluga

Barájemela más despacio…

Si la semana pasada titulaba “Ya no estoy tan seguro”, hoy estoy más confundido aún. Porque eso de que el mismo personaje —en la triple acepción del diccionario— que afirmó que las condiciones de equidad electoral buscadas en la República Dominicana no se habían logrado y por eso se retiraban de las reuniones, haya afirmado después, en una entrevista con César Miguel Rondón, que su partido y otros de los que fueron a Santo Domingo están pensando inscribir un candidato para las elecciones del 22-A, y que “hay que tomar esta decisión en cuestión de horas”, le saca a uno la alfombra debajo de los pies.

Humberto Seijas Pittaluga

Ya no estoy tan seguro…

Siempre he preconizado al voto como el recurso ideal para el perfeccionamiento de la vida en comunidad —a los que han sido consecuentes en la lectura de mis escritos (si es que hay alguno) les consta—, pero ya no más. No, por lo menos, en la circunstancia venezolana actual. Creo sinceramente que, si la situación no cambia radicalmente en las próximas semanas, lo sensato será abstenerse. Nunca creí que fuese algún día a escribir una justificación de la renuncia de un derecho esencial para la vida republicana. Pero hoy lo hago porque no podemos seguir como unos modernos Sísifos, castigados a empujar una roca cerro arriba para que, antes de lograr colocarla en la cima, volviese a rodar cuesta abajo, una y otra vez, en un frustrante proceso. Y es en eso lo que las sinvergüenzuras que inventan a diario los de la comandita en el poder han reducido la vía electoral. No son las “ilustres damas” del CNE, no es el nieto putativo de Fidel, no son los cavernícolas del PUS; son todos ellos de consuno. Gente que íntimamente no cree en la democracia pero que de bocas para afuera cantan loas, recitan alabanzas y escriben (los pocos de ellos que saben hacerlo) panegíricos a ella. Mientras, diariamente socavan la institucionalidad y achican el poder del pueblo que dicen amar tanto. Todo, por tratar de eternizarse en el poder sin escrúpulo ni recato algunos.

Humberto Seijas Pittaluga

Si vas pa’ la playa…

Venezuela se encuentra desde hace mucho tiempo ante un típico juego de suma cero: todo lo que el conjunto político rojo hace para ganar, lo hace a costa de la pérdida del otro sector —aquel que desea preservar la vida democrática ordenada, con reglas, para la nación. Toda ganancia del régimen es llevada a cabo, ex profeso, a costa de una consecuente humillación del adversario. Lo suyo es una forma despiadada de confrontación y competencia. Si tiene que cargarse o desvirtuar las reglas de convivencia que se ha dado la república, ¡pues sea! Conciben la obtención y conservación del poder como una permanente lucha sin piedad para con el contrario. Mientras que los adversarios insisten en el juego limpio y el apego a la legalidad, ellos deforman la letra, espíritu y razón de las normas para hacerse un traje a la medida. Las leyes no las interpretan de acuerdo a la recta razón sino a lo que es conveniente para ellos.

Humberto Seijas Pittaluga

Hay que vencer la apatía

Son muchos los síntomas que dejan ver que este régimen está boqueando: la exacerbación de las peleas entre ellos es uno, la apetencia por terminar de cogerse hasta la última puya que quedaba en el erario es otra; pero la gota que debe haber rebozado la totuma —porque esos carajos, así tomen en las copas de cristal de Bohemia que les regalaron sus secuaces en la corrupción, siguen teniendo el gusto cerril, basto— es el descaro con el cual cometen los crímenes políticos últimamente. Me refiero, no solamente a la masacre de El Junquito, sino a los otros que resultaron en homicidios alevosos en contra de adversarios (que ellos siguen creyendo “enemigos”). Hasta los socios chuleadores, aunque no se han sumado a las protestas de cuanto gobierno civilizado existe, por lo menos han tenido la decencia de quedarse callados.

Humberto Seijas Pittaluga

Palabras nuevas, actitudes viejas

La Fundación del Español Urgente, una entidad patrocinada por la Agencia Efe y el BBVA, tiene varios años escogiendo la palabra del año entre algunos términos que han tenido resonancia por la actualidad informativa y por el interés que generan desde el punto de vista lingüístico.

Humberto Seijas Pittaluga

Yo no olvido al año viejo

La canción que comienza así, como aparece en el título, es un clásico en las fiestas de fin de año en muchos países de Hispanoamérica y el Caribe. Pero, desafortunadamente, y por vez primera, la mayoría de los venezolanos no podremos pasar de la primera estrofa. Porque eso de continuar diciendo: “que me ha dejado cosas muy buenas…” es algo que muy pocos paisanos podrán afirmar. A menos que sean de los enchufados, claro. Para los demás, este ha sido un año de amarguras, de desasosiego, de escaseces, de angustias por la medicina que no se consigue, de adioses a miembros de nuestras familias a quienes, quizá, no volvamos a ver, de gente que se queda sin trabajo porque a la empresa no le quedó sino cerrar, de comerciantes que ven con dolor cómo el esfuerzo de muchos años quedó desvalijado por las turbas azuzadas por los mismos uniformados que debieran, más bien, mantener el orden interno. Todo lo anterior, maquinado por mentes siniestras (y para colmo, extranjeras) que necesitan seguir como las garrapatas: chupando del animal, al cual desangran hasta que muere. Pero, peor, ejecutado por venezolanos que se han regalado a esos extranjeros y que están más pendientes de que en La Habana no falte petróleo que en Caracas comida.

Humberto Seijas Pittaluga

Cuando los malos son más que los buenos…

Desde mucho antes de que una de las arpías diera los resultados en la noche del domingo 10, ya estaba fija en mi mente una cuarteta que algún español inventó hace más de diez siglos: “Vinieron los sarracenos / y nos molieron a palos, / que Dios ayuda a los malos / cuando son más que los buenos”. Porque algo parecido es lo que nos está sucediendo a quienes creemos de veras en la democracia y en que aquí no habrá progreso ni paz mientras sean las primeras minorías quienes obtengan el poder. Cada vez, nos ganan con menos votos. Pero que son contados. Que es lo que ha estado sucediendo en Venezuela desde hace mucho tiempo. Es la demoscopia la que se ha encargado de probarnos que quienes se abstienen —porque ingenuamente creen que su voto no hace falta, por flojera, o por lo que sea—, si hubiesen ido a sufragar, le hubiesen volteado la tortilla al entonces ganador.

Humberto Seijas Pittaluga

Es el tiempo de la economía del voto

El fenómeno está aconteciendo en toda Venezuela y puede dar al traste con las aspiraciones de seguir rebanando las esferas de poder que todavía mantiene el régimen por la complicidad de dos poderes que se supone deben ser autónomos pero que, en la realidad, no pasan de ser oficinas subordinadas al Ejecutivo: el Tribunal de la Suprema Injusticia y el ministerio electoral donde mangonean a sus anchas las “honorables damas” designadas por el PUS para que lo favorezcan desvergonzadamente en sus trácalas comiciales. Como yo lo veo, ese fenómeno es una consecuencia de la pérdida de prestigio que ha venido sufriendo la MUD por las ya no tan ocultas negociaciones de algunos de sus líderes con el régimen. En razón de eso, ¿ex profeso?, en la mayoría de los municipios no hay un solo candidato que represente a los opositores, sino que hay una inmensa cantidad de aspirantes; unos con cierto reconocimiento popular, liderazgo y sapiencia de la gerencia pública, y otros que son perfectos desconocidos pero que quieren hacerse célebres, o que reciben el apoyo solapado de ciertas organizaciones para aprovecharse del río revuelto. En uno y otro caso, el resultado serán la división de la votación que hace desperdiciar los sufragios y el mantenimiento de los rojos en el desgobierno de muchos municipios.

Humberto Seijas Pittaluga

Límite y frontera

Yo debiera estar abordando otro tema porque faltan escasos días para las elecciones de alcalde — esas en las cuales, las arpías del ministerio electoral del régimen no nos dejaron escoger concejales, igualito que en las anteriores, cuando nos afanaron los diputados regionales—, pero es que he recibido tanto correo relacionado con lo que aseveré en mi anterior artículo que ni Carabobo ni Valencia son fronterizos con países del exterior, que creo que debo extenderme un poco más en mi afirmación.


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