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Opinión

Columnistas

La peste chavista contagia México

Es innegable que Chávez tuvo el arrojo de hacer historia. Eso enaltece”. Andrés Manuel López Obrador Aterrizar en la úlcera de nuestra era Estoy preocupado, muy preocupado, aterrizo en la Ciudad de México y no doy crédito a lo que veo y escuchó: la peste ideológica del siglo XXI, el chavismo, ha logrado pervertir el debate político mexicano y viciar, con sus cancerígenas células populistas, a su maravilloso pueblo.

Chavismo: La peste del siglo XXI (video)

Hemos sito víctimas de un tragedia que ha lacerado nuestra conciencia histórica. Nuestro espíritu muestra –abiertas– sus llagas. Sin embargo, hemos resistido el agravio. Estamos de pie. La resistencia en nuestro caso es una palabra tallada con aire, nada nos golpea. Estamos vivos, no nos han doblegado. Ahora ni muertos podrán hacerlo, hemos respondido a sus balas con ideas, a sus tanques con conciencia crítica.

La libertad muestra los dientes

El renacimiento de la oposición Celebremos, hemos vuelto a ser oposición, recuperamos la senda del desafío y la lucha, comenzamos a reinventar nuestra rabia y a organizarla de nuevo en acciones de protesta y de reivindicación de la justicia.

El retaco espionaje en Madrid

El retaco estereotipo de la maldad La maldad no tiene aspecto físico, prueba de ello es que en Venezuela una manada de retacos y mofletudos han ocupado el poder político por veinte años y han instaurado en ella una despiadada tiranía.

Zoológico para el chavismo

Dime si eres chavista y te diré quién eres Siempre he sentido intolerancia al chavismo. Es algo entre biológico y psicosomático, me dan un poco de repugnancia, lo reconozco. Su despreciable criminalidad, su barrigón nuevo riquismo y su vulgar pobreza intelectual me producen náusea.

Henri Falcón y los pies de la tiranía…

Nuestra arma: el desprecio Algunos debemos sentirnos orgullosos, hemos luchado con empeño contra el chavismo desde el primer día. No nos han doblegado ni comprado, resistimos de pie.

Ser o no ser, el frente amplio

Chacales y mulas En este momento me siento más afín conceptualmente y en sus visiones de país con la asamblea de voces y espíritus vinculados con Soy Venezuela que con el desvencijado y maltrecho carnaval de personalidades que observo en el Frente Amplio: prefiero no reunirme con chacales, muerden por la espalda, ya me han mordido (y duro). Estoy consciente además de que las mulas cansadas de la política, son eso, mulas: nos detienen, nos amontonan, nos pasman. Lo han demostrado una y otra vez, no han hecho otra cosa que detener el urgido cambio de nuestro tiempo, no creen en la movilización, les cuesta moverse políticamente fuera de los corrales donde la dictadura los ha encerrado. ¿Coordinadora Democrática, Mesa de la Unidad Democrática, Frente Amplio? ¿Cuál será el próximo nombre?

El pirata, antropología de la maldad chavista

Sobrevivir Desde los orígenes de la civilización, el peor enemigo de la humanidad ha sido el hombre. No ha habido terremoto, epidemia o catástrofe natural que haya causado tanta muerte, ruina y calamidad como las que nos hemos causado los hombres entre nosotros mismos.

Piratas, colectivos y el chavismo

El rostro enterrado de la monstruosidad Este será un artículo áspero, tocará tu entraña y la mía. Deriva de una búsqueda intestina que hice sobre lo que somos los venezolanos, sobre lo que eres tú, sobre lo que soy yo, sobre las raíces antropológicas de nuestra sociedad.

Cansan, confunden, condenan…

Entre taras y tinieblas Conocen bien mi desdén por la intelectualidad y la academia venezolana, sobre todo por aquella que ha prevalecido en los últimos cuarenta años de la vida política del país; lo he señalado y subrayado con insistencia. Los responsabilizo, en alguna medida, de nuestra ruina histórica. Chávez los pisoteó generacionalmente. Fracasaron.

Chávez y su sadismo de Estado…

La noche del 11 de abril de 2002 Cuando llegué a casa y recargué mi celular amontonaba decenas de llamadas de Mohamed Merhi, a quien me había encontrado horas antes en la masacre de la avenida Baralt junto a su hijo Jesús. Era la noche del 11 de abril de 2002.

El eterno retorno del voto perdido

En búsqueda de una coincidencia Creo que el principal esfuerzo que debemos hacer los venezolanos -en esta categoría no incluyo a los chavistas, mercenarios del narcotráfico- es dejar de insultarnos entre nosotros mismos. Tenemos que buscar coincidencias, una, dos, las que sean, pero coincidencias.

¿Y si no lo hubiesen masacrado?

Uno de esos personajes de leyenda Lo conocí poco, comentó algunos de mis artículos y compartimos en una larga conversación la Venezuela de nuestros ideales y sueños. Me llamaba poeta; yo a él, Mariscal. Aunque no lo traté mucho siempre supe que Oscar Pérez era uno de esos personajes de leyenda que uno no cree que existan sino hasta haber incrustado nuestro dedo en alguna de las llagas de su costado y haber tocado su corazón palpitantemente venezolano. Era un idealista; sí, en Venezuela todavía existen algunos de ellos.

¡Ríndanse!

La friísima ansiedad de volver a la patria Recientemente estuve en Venezuela, libré las garras metálicas y el husmeante hocico de la tiranía y me interné por rincones inciertos –y no tan inciertos– de nuestra geografía nacional. No diré cuándo ni cómo pero anduve por ahí no exento de una cortante –friísima– ansiedad. El riesgo fue enorme, si la dictadura me cazara me convertiría en un picadillo humano o en el mejor caso en un trofeíto “conspirador” para ser encarcelado y torturado.

La rara galaxia de la esperanza

“Sólo encuentro en la oscuridad lo que me une a la ciudad de la furia” Soda Stereo La imperfección de nuestro tiempo Imagino que se habrán dado cuenta que en mis entregas por lo general se me escapa una que otra imprecisión verbal, una palabra repetida, dos artículos (uno definido y otro indefinido) acompañando al mismo sustantivo o una letra que obviamente no se corresponde con la voz que pronuncia. Me pasa mucho, lo sé; no me preocupa.

Chavismo, el rostro de la maldad

La primera mirada inteligente Mi otra patria es Michoacán, sobrecogedor pero imponente estado enclavado en el centro de México. Los momentos más intensos de mi niñez los viví ahí.

MUD: ¿negociación o negocio?

La trampa Mi título es una trampa, sólo quería captar tu atención. Lo hice porque me siento, como tú, atrapado en el centro de una golpiza de entre activistas opositores que ha sido tan feroz como inútil.

La conmovedora fuga de Ledezma

Al borde del precipicio Desde que el chavismo secuestró a Venezuela, los venezolanos vivimos al borde de un precipicio.

Venezuela, la orilla de la ebriedad…

A mi admirado Freddy Guevara El laberinto de la soledad Es improbable que el poeta mexicano Octavio Paz haya pensado en la oposición venezolana cuando escribió una de sus obras cumbres El laberinto de la soledad.

Clavar el corazón al muro de nuestro tiempo

Volver a la palabra silencio Uno vuelve con vergüenza a la poesía después de un largo silencio. Escribo silencio y me detengo, no fue un silencio, ha sido una temporada de proclamas, gritos y también de estrangulamientos.

“Mea –sobre la– culpa”

¿Auditar una elección? La mayoría de los que hemos estado involucrados en la defensa del voto contra la peste chavista, lamentablemente, estamos en el exilio o presos.

La rebelión cansada y perdida

El eterno retorno Hemos votado, marchado, protestado, lanzado piedras, tragado humo, vuelto a votar, mentado madres, caceroleado, bailado (como terapia infeliz), cerrado calles, votado de nuevo, quemado cauchos, bañado de **** a nuestros represores (como terapia feliz), ido y venido, vuelto a ir, vuelto a venir, votado otra vez, y nada; por hacerlo, por oponernos a la dictadura, nos han perseguido, expropiado, encarcelado, torturado, desterrado o asesinado. Somos un pueblo mal herido, que agoniza.

La lucha libre electoral

“Now did you read the news today They say the danger is gone away” Genesis (Land of confusion) Los rituales del caos Así como los circos, en mi infancia –sin Internet ni Iphone– me entretenía la lucha libre. No era una pasión embriagadora como sí lo era el fútbol o el boxeo, pero debo reconocer que los golpetazos, patadas voladoras, llaves maestras de estrangulamiento y acrobacias arrolladoras me pasmaban frente a la televisión. En más de una ocasión mi papá me llevó a una de esas batallas de malabarismos noqueadores que era la lucha libre y que mi amigo, el singular Carlos Monsiváis, definió en su celebrado libro Los rituales del caos como: “el rito de la pobreza, de los consuelos peleoneros dentro del gran desconsuelo que es la vida, la mezcla exacta de tragedia clásica, circo, deporte olímpico, comedia, teatro de variedad y catarsis laboral”, y pude constatar con mis propios ojos y angustia la ferocidad de aquellas peleas. Un día hasta la sangre que brotaba de la cabeza descalabrada del Huracán Ramírez me salpicó.

Rafael Lacava, el enano del circo…

Las estrellas circenses Me hechizaban los circos, no me perdía uno de niño. Esas carpas itinerantes me parecían espacios únicos donde el embrujo y la fascinación lo cercaban a uno en un mundo de excentricidad y magia electrizantes desde el mismísimo momento en que nos internábamos en sus graderías. El color, el aroma, la tensa tonalidad que nos invadía cuando penetrábamos sus toldos eran tan peculiares como fantásticos. No había nada en el planeta que me extasiara más –nada, ni el fútbol– como un circo. Tragafuegos, payasos, trapecistas, temerarios domadores de leones, hombres bala, malabaristas, escapistas, fortachones, magos, contorsionistas, motorizados de fuego, acróbatas, personajes inconcebibles, jirafas, osos, panteras, pumas, perros bailarines, monstruosidades, adefesios, extrañezas, osadías inverosímiles, todas en vivo. Fui un niño anonadado ante ellos.

Yo soy Venezuela

Venezuela y los malecones del espíritu La patria es una palabra hinchada, regordeta, celulitosa. La usan tanto los dictadores como los poetas; los presos políticos y los burócratas. A mí la palabra “patria” me pesa, no me gusta, nunca me ha gustado. Esa petulante y cursi manera como la usan las tiranías -escupen maní masticado cada vez que la anuncian- me abochorna, hay que esquivar sus babas mientras los tiranos la usan si no queremos quedar embarrados. Prefiero la palabra Venezuela, me parece una voz bellísima. Su pronunciación: Venezuela, a un tiempo dócil e implacable, con algo de volátil y etérea, sensual en su entonación final, rigurosa y cautivadora en su primera sílaba, me inflama y fortalece al articularla. No sé si les ocurra, imagino que sí, pero cada vez que subrayo: soy venezolano, un huracán se aviva en mi voz, algo conmovedor y recio estalla en mis cuerdas vocales.


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