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Opinión

Columnistas

¡Ríndanse!

La friísima ansiedad de volver a la patria Recientemente estuve en Venezuela, libré las garras metálicas y el husmeante hocico de la tiranía y me interné por rincones inciertos –y no tan inciertos– de nuestra geografía nacional. No diré cuándo ni cómo pero anduve por ahí no exento de una cortante –friísima– ansiedad. El riesgo fue enorme, si la dictadura me cazara me convertiría en un picadillo humano o en el mejor caso en un trofeíto “conspirador” para ser encarcelado y torturado.

La rara galaxia de la esperanza

“Sólo encuentro en la oscuridad lo que me une a la ciudad de la furia” Soda Stereo La imperfección de nuestro tiempo Imagino que se habrán dado cuenta que en mis entregas por lo general se me escapa una que otra imprecisión verbal, una palabra repetida, dos artículos (uno definido y otro indefinido) acompañando al mismo sustantivo o una letra que obviamente no se corresponde con la voz que pronuncia. Me pasa mucho, lo sé; no me preocupa.

Chavismo, el rostro de la maldad

La primera mirada inteligente Mi otra patria es Michoacán, sobrecogedor pero imponente estado enclavado en el centro de México. Los momentos más intensos de mi niñez los viví ahí.

MUD: ¿negociación o negocio?

La trampa Mi título es una trampa, sólo quería captar tu atención. Lo hice porque me siento, como tú, atrapado en el centro de una golpiza de entre activistas opositores que ha sido tan feroz como inútil.

La conmovedora fuga de Ledezma

Al borde del precipicio Desde que el chavismo secuestró a Venezuela, los venezolanos vivimos al borde de un precipicio.

Venezuela, la orilla de la ebriedad…

A mi admirado Freddy Guevara El laberinto de la soledad Es improbable que el poeta mexicano Octavio Paz haya pensado en la oposición venezolana cuando escribió una de sus obras cumbres El laberinto de la soledad.

Clavar el corazón al muro de nuestro tiempo

Volver a la palabra silencio Uno vuelve con vergüenza a la poesía después de un largo silencio. Escribo silencio y me detengo, no fue un silencio, ha sido una temporada de proclamas, gritos y también de estrangulamientos.

“Mea –sobre la– culpa”

¿Auditar una elección? La mayoría de los que hemos estado involucrados en la defensa del voto contra la peste chavista, lamentablemente, estamos en el exilio o presos.

La rebelión cansada y perdida

El eterno retorno Hemos votado, marchado, protestado, lanzado piedras, tragado humo, vuelto a votar, mentado madres, caceroleado, bailado (como terapia infeliz), cerrado calles, votado de nuevo, quemado cauchos, bañado de **** a nuestros represores (como terapia feliz), ido y venido, vuelto a ir, vuelto a venir, votado otra vez, y nada; por hacerlo, por oponernos a la dictadura, nos han perseguido, expropiado, encarcelado, torturado, desterrado o asesinado. Somos un pueblo mal herido, que agoniza.

La lucha libre electoral

“Now did you read the news today They say the danger is gone away” Genesis (Land of confusion) Los rituales del caos Así como los circos, en mi infancia –sin Internet ni Iphone– me entretenía la lucha libre. No era una pasión embriagadora como sí lo era el fútbol o el boxeo, pero debo reconocer que los golpetazos, patadas voladoras, llaves maestras de estrangulamiento y acrobacias arrolladoras me pasmaban frente a la televisión. En más de una ocasión mi papá me llevó a una de esas batallas de malabarismos noqueadores que era la lucha libre y que mi amigo, el singular Carlos Monsiváis, definió en su celebrado libro Los rituales del caos como: “el rito de la pobreza, de los consuelos peleoneros dentro del gran desconsuelo que es la vida, la mezcla exacta de tragedia clásica, circo, deporte olímpico, comedia, teatro de variedad y catarsis laboral”, y pude constatar con mis propios ojos y angustia la ferocidad de aquellas peleas. Un día hasta la sangre que brotaba de la cabeza descalabrada del Huracán Ramírez me salpicó.

Rafael Lacava, el enano del circo…

Las estrellas circenses Me hechizaban los circos, no me perdía uno de niño. Esas carpas itinerantes me parecían espacios únicos donde el embrujo y la fascinación lo cercaban a uno en un mundo de excentricidad y magia electrizantes desde el mismísimo momento en que nos internábamos en sus graderías. El color, el aroma, la tensa tonalidad que nos invadía cuando penetrábamos sus toldos eran tan peculiares como fantásticos. No había nada en el planeta que me extasiara más –nada, ni el fútbol– como un circo. Tragafuegos, payasos, trapecistas, temerarios domadores de leones, hombres bala, malabaristas, escapistas, fortachones, magos, contorsionistas, motorizados de fuego, acróbatas, personajes inconcebibles, jirafas, osos, panteras, pumas, perros bailarines, monstruosidades, adefesios, extrañezas, osadías inverosímiles, todas en vivo. Fui un niño anonadado ante ellos.

Yo soy Venezuela

Venezuela y los malecones del espíritu La patria es una palabra hinchada, regordeta, celulitosa. La usan tanto los dictadores como los poetas; los presos políticos y los burócratas. A mí la palabra “patria” me pesa, no me gusta, nunca me ha gustado. Esa petulante y cursi manera como la usan las tiranías -escupen maní masticado cada vez que la anuncian- me abochorna, hay que esquivar sus babas mientras los tiranos la usan si no queremos quedar embarrados. Prefiero la palabra Venezuela, me parece una voz bellísima. Su pronunciación: Venezuela, a un tiempo dócil e implacable, con algo de volátil y etérea, sensual en su entonación final, rigurosa y cautivadora en su primera sílaba, me inflama y fortalece al articularla. No sé si les ocurra, imagino que sí, pero cada vez que subrayo: soy venezolano, un huracán se aviva en mi voz, algo conmovedor y recio estalla en mis cuerdas vocales.

No todo está perdido…

Pienso en ti He pensado mucho en la Alemania de la Segunda Guerra Mundial, en la resistencia francesa a la invasión nazi y en la batalla total de Churchill contra Hitler de aquellos años. Pienso en sus pueblos, en sus emociones, su agobiante desconsuelo y su terror. Pienso en aquella vivencia brutal y sanguinaria, en la gente arrinconándose con sus hijos y abuelos entre escombros y recovecos, escuchando el chasquido energúmeno de las explosivos y las metrallas, sintiendo los temblores perennes en la tierra bajo sus pies por los bombazos, los gritos de desesperación y los llantos, pienso en el hambre y la sed de aquellos años, en las enfermedades, en la falta absoluta de medicina y en el miedo, sobre todo en el miedo, ese miedo que se entraña cuando cunde la desesperanza y el agobio.

El secuestro y el huracán

El secuestro y la política El chavismo tiene una pistola colocada sobre la sien de Leopoldo López. Una sobre la de él y otra sobre la de su esposa, la admiradísima Lilian Tintori. Están secuestrados. Todo en torno a ellos es criminal: la extorsión, el chantaje, la intimidación. Son víctimas notorias de tortura. El trato que han recibido durantes los últimos tres años es cruel e inhumano. Si no hacen esto o aquello, el gatillo se dispara. Así tienen que vivir; así viven. Su sacrificio y tensión son superlativos. Exceptuando a la familia del general Raúl Baduel, pocos han sido tratados con semejante saña. En tales condiciones, es difícil o más bien imposible operar. Me resulta sorprendente que no nos demos cuenta.

¡Muerte a la dictadura!

El pellejo que les queda Japón, potencia mundial, hace una alianza estratégica militar con los Estados Unidos para proteger a su pueblo de Corea del Norte y de China. Francia, Italia, Alemania, España, Inglaterra hacen lo mismo pero para defenderse de Rusia. Corea del Sur, Egipto o Israel también tienen su pacto con los gringos; tienen pellejo todavía por haberlo realizado. Colombia, pueblo hermano, logró derrotar al terrorismo porque entendió que no se puede luchar sola contra las guerrillas del narcotráfico.

Los escupitajos de fuego

Descansé en paz La dictadura de Nicolás está muerta. Los venezolanos lo hemos decidido así y también América Latina y el Mundo. La estrecha vinculación del régimen con las fuerzas más nocivas de la modernidad: narcotráfico, terrorismo y corrupción, la estigmatizan y marginan como los criminales que son. En este momento al chavismo sólo lo sostiene la delincuencia.

Elecciones, el gran engaño…

Preguntas sin respuesta Seamos lógicos (sólo un poquito): si el argumento para participar en elecciones, pese a que son fraudulentas, es que hay que “recuperar espacios” o que hay que luchar en todos los terrenos, ¿por qué nuestros genios políticos no participaron en las elecciones para formar parte de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC)?

¿Qué pasa con quien se cansa?

Las pavorosas condiciones de vida No soy abstencionista, jamás lo he sido. Pienso, como activista de la noviolencia, que las elecciones pueden ser un estímulo para movilizar social y políticamente a las sociedades que padecen dictaduras. Las sociedades tienden a paralizarse y tullirse ante la represión dictatorial. La movilización es liberadora.

¿Y ahora qué?

La emigración hacia nosotros mismos Hemos sido derrotados en esta batalla, qué duda cabe. Engañarnos es peor. Yo no lo haré. No acostumbro mentir, mucho menos a mí mismo.

¿Luchamos o nos rendimos?

El animal que se muerde la cola La oposición –me incluyo– es como un animal que gira sobre sí mismo frenéticamente para morder su propia cola. En vez de plantarse frente a la perra tiranía para desafiarla, clavarle los colmillos de la justicia en el cuello y vencerla, persiste en dar extravagantes vueltas en círculo para evitar lo inevitable: la confrontación final con el chavismo para erradicarlo del poder.

Asesinos contra libertadores: ¿quién vencerá?

¿Prisioneros y esclavos? Esta quizá sea la entrega más delicada que haya escrito en mi vida, la escribo angustiado, muy angustiado. Debo pensar cada palabra, medir cada sentimiento, alzar la mirada, cerrar los ojos, respirar profundo, profundísimo, y escribir…, manchar mi pluma en el tintero de mi alma venezolana, reflexionar mientras humedezco mis ideas, mientras las aireo, y escribir…, escribir con angustia pero firmeza.

Hora cero, sé Libertador

La hora sublime Todas las interrogantes de este tiempo se amontonan en un solo acto: la rebelión civil. ¿La lograremos? Pienso que sí, pienso que Venezuela entrará pronto en el siglo XXI. Llegamos tarde, pero al fin llegamos.

Katherine Harrington, la última mastodonta (bis)

La limpia pocetas En agosto de 2005, hace dos años, publiqué este artículo. Decidí repetirlo -como los cantantes repiten sus clásicos- porque su vigencia es desconcertante. Cuando lo lean pensarán que lo escribí ayer.

La batalla final

Intoxicados de dolor No sé qué estén expresando otros articulistas sobre el horror venezolano. No me interesa. No los leo, he decidido no hacerlo, no quiero intoxicarme de dolor, más dolor, tengo suficiente con el mío.

¡Asesinos!

Dardos de honor Reconozco que a veces mi uso de la palabra como filosa hacha demoledora de inmorales, injustos y criminales me excede; no me controlo. Son tantas las injusticias chavistas, tantas las inmoralidades, tantos sus crímenes que es imposible contenerse. Poeta maldito o maldito poeta, soy humano, demasiado humano, suelo atropellar para honrar mi propia naturaleza cimarrona de venezolano que no se doblega ni se hinca; de venezolano que se rebela ante la tiranía socialista; de venezolano blasfemo que jode con fruición al chavismo.


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