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Mondongo venenoso

En nuestro país, un mondongo es una sopa espesa que tiene por ingrediente principal la panza de res, y que es laboriosa y compleja de preparar. A mucha gente le encanta –confieso que a mi no, pero entiendo bien que un mondongo de calidad es un plato muy especial. De manera más coloquial, la palabra mondongo también se utiliza, ocasionalmente, para identificar a un enredo indescifrable. “Esto se volvió un mondongo”, a veces se dice para significar que un problema se complicó tanto que ya no hay cómo encontrarle una solución. Quizá sea una acepción anticuada y por tanto en desuso, pero no importa, igual la voy a utilizar para referirme preliminarmente a los recientes “anuncios” del señor Maduro, en relación con asuntos económicos, financieros, monetarios, etcétera, que él empaquetó con la etiqueta de “programa de recuperación y prosperidad económica”, o algo más o menos así...

No más “peros”

Los “peros” a los que me refiero son del siguiente tipo: hay que salir de Maduro, “pero” democráticamente (queriendo significar que sólo a través de unas “elecciones” o las horcas caudinas del CNE); es necesario un cambio, “pero” a través del diálogo y del voto; hay que encontrar una salida, “pero” por la vía electoral y democrática; y así hasta el infinito. Todo lo cual supone que los nombrados “peros” son la excusa para que la hegemonía roja continúe en el poder. La conjunción adversativa en verdad es adversativa de la causa democrática de los venezolanos.

El orden de los factores…

Como la lucha política es radicalmente distinta de las llamadas ciencias exactas,, no se le puede aplicar la expresión de que “el orden de los factores no altera el producto”... Al contrario, sí lo altera (no escondo, por tanto, mi escepticismo en la “mercadotecnia” de la política; escepticismo abonado por alguna experiencia). En la lista de los factores está lo político, lo jurídico, lo económico, lo social, lo comunicacional, lo internacional, etcétera.

El derrumbe petrolero de Venezuela

De acuerdo con los analistas en el tema petrolero, que los hay serios, al igual de los que pretenden serlo pero no lo son, Venezuela podría estar produciendo, hoy por hoy, cinco millones de barriles diarios, incluso más. Pero eso no es lo que ocurre. Se estima que la producción no supera el millón quinientos mil barriles diarios, y en caída. ¿Qué pasó entonces? Pasó que la hegemonía depredó la industria petrolera nacional, acabó con su potencial de expansión, destruyó inmensas posibilidades de desarrollo energético, al menos durante el siglo XXI; desbarató el sistema de refinerías nacionales y, en suma, puede llegar a producir el anti-milagro de transmutar a Venezuela en un país ex-petrolero.

Un reconocimiento justo

De María Corina Machado, por lo menos dos cosas importantes deben destacarse. Una, que es una mujer valiente. Otra, que es perseverante. A veces me parece muy acertada en sus planteamientos, en otras ocasiones, no. En algunas me luce que se equivoca de frente. Pero siempre se identifica por su valentía y perseverancia. El propio predecesor así lo sostuvo, si no declarativamente, sí con la intuición de no enfrentarla en la recordada sesión de la Asamblea Nacional, en la cual la entonces diputada Machado le puso los puntos sobre las íes.

¿Cambio de perspectiva?

Acaba de ocurrir un hecho político que, curiosamente, no ha recibido la atención que debería merecer. El nombramiento de Diosdado Cabello como presidente de la “asamblea constituyente”. La “lógica” de la hegemonía roja no es complicada: si la llamada constituyente es “plenipotenciaria”, entonces tiene más poder, en teoría, que Maduro; y si Diosdado Cabello logró que fuera nombrado jefe de esa constituyente, entonces, en teoría, tiene más poder que Maduro. En todo caso, desde el punto de vista formal, Cabello no está por debajo de Maduro en la jerarquía de la hegemonía.

Rebelión constitucional

A primera vista la expresión “rebelión constitucional” pudiera parecer una paradoja o hasta una contradicción insalvable. Después de todo, la idea de una constitución supone el establecimiento de un orden general que, necesariamente, empieza por el poder, y la idea de una rebelión supone el desconocimiento del poder establecido, con el fin de superarlo. Pero en el caso de Venezuela, la expresión “rebelión constitucional”, no sólo no es paradójica, ni tampoco contradictoria, sino que la noción que implica está expresamente consagrada en la Constitución de 1999, y no como una posibilidad dentro de los límites de unos extremos constitucionales, sino como un mandato, como una exigencia que se le hace al pueblo venezolano.

Doble presión

La presión externa sin una correspondiente presión interna, es insuficiente. Y la presión interna, sin una decidida presión externa, también lo es. Lo que toca, entonces, es una combinación de la presión interna con la presión externa. Una doble presión.

¿Qué puede hacer Ramón Guillermo Aveledo?

Puede hacer mucho o puede hacer muy poco. Todo depende de si mantiene o no su posición de que la única vía aceptable para encontrar una salida a la tragedia venezolana es la ruta electoral. Si mantiene esa posición, hará muy poco o casi nada, como decía una vieja canción. Si la cambia, y se abre a otros caminos constitucionales, entonces es posible que pueda hacer mucho por la causa democrática de Venezuela, en la medida que ayude a persuadir a sus colegas de variados partidos y otras organizaciones.

No reconozco, pero…

Si un candidato afirma que no reconoce los resultados de los comicios en los que acaba de participar, y además sostiene que no los reconoce porque tiene evidencias de que fueron fraudulentos, entonces está obligado a asumir una actitud general de no-reconocimiento a la situación política emanada de esos comicios. Si ello no es así, entonces la referida afirmación se disuelve en la nada, y con ella lo que tenga de credibilidad la figura política de que se trate.

Nuestra guerra económica

Todos conocemos el eslogan oficialista: “guerra económica”. Es lo que el G-2 cubano inventó para justificar el caos socio-económico que padece el país, y echarle la culpa de ello al imperialismo y sus etcéteras. Maduro y sus voceros no se cansan de repetir el eslogan y de buscar cualquier alegato para tratar de darle sustento. No parece que hayan convencido como convencía el predecesor, pero el efecto de la propaganda masiva y la combinación de censura con autocensura, no se puede despreciar.

Anarquía nacional y despotismo mafioso

Mucha gente piensa, equivocadamente, que el despotismo político-militar implica la existencia de un orden generalizado en la sociedad, en la que ese despotismo impera. No es así. De hecho, puede ser exactamente lo contrario. La situación de Venezuela lo expresa. Aquí impera un despotismo, pero al mismo tiempo el país se deshace en un caos que lo abarca todo. En el imaginario popular se conserva la noción de que los regímenes de Gómez o Pérez Jiménez, en Venezuela, alcanzaron un orden social que estaba asociado con el despotismo, o la llamada “mano dura”. Pero ello no tiene nada que ver con el presente.

Dejó la presidencia, pero no el poder

Los medios informan que ha ocurrido un “traspaso de mando” en Cuba. Pero, ¿en verdad ha ocurrido? En circunstancias ordinarias, no valdría la pena dedicarle un breve artículo al presidente títere de Cuba, Miguel Díaz-Canel, quien en su país es conocido como “Migue”. Pero claro, no vivimos en circunstancias ordinarias, sino trágicamente extraordinarias, porque Venezuela ha devenido en una colonia de la Cuba castrista, y todo lo que pase allá, lógicamente, repercute acá. De allí la pertinencia del tema, sobre todo con miras a la farsa electoral que se monta en Venezuela. Ciertamente, el general Raúl Castro Ruz le dejó la presidencia del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros a Miguel Díaz-Canel, un burócrata nacido y "formado" durante la "revolución cubana". Y Maduro no perdió tiempo para irlo a visitar en La Habana. Acaso como excusa para poderse reunir con el jefe de ambos… ¿Pero el general Castro dejó el poder? No parece, porque se queda como primer secretario del partido, es decir como jefe del partido. Y en Cuba el Estado depende del Partido Comunista, que a su vez depende de la familia Castro. En la “conmemoración” habanera del 1° de Mayo, el protocolo colocó en primer lugar al general Castro, después a Díaz-Canel. Y más allá de las ponderaciones protocolares, tan importantes en los regímenes comunistas, el poder real, efectivo, sustancial, sigue en las manos de Castro Ruz. Cierto que Díaz-Canel pertenece a una nueva generación, pero no creo que se justifiquen demasiadas expectativas con la referida “sucesión presidencial”. La reconocida blogera Yoani Sánchez ha escrito, desde la capital cubana, que todo esto sólo ha continuado la apatía habitual de la población, en especial de los más jóvenes, que no imaginan un futuro de oportunidad, sino fuera de Cuba. Podría argumentarse que el crimen de mayor calado que el castrismo ha perpetrado en Cuba, es apagar la esperanza natural que suele existir en los países cuya historia todavía es relativamente joven. Que la falta de esperanza sea irreversible o no, está por verse, pero al menos en los tiempos que corren, no hay espera de bienes futuros en la sufrida nación cubana. Ahora bien, ya casi nonagenario, es natural que el general Raúl Castro tenga un horizonte de vida muy limitado. Aún quedan otras figuras, de las llamadas “históricas”, en cuanto a su participación en la “revolución cubana”, que hasta son mayores que Castro Ruz. En pocos años, probablemente, ya habrán seguido el destino final del “líder máximo”, Fidel Castro. ¿Y entonces?

Potencia o chatarra

Una de las consignas publicitarias más favorecida por los voceros de la hegemonía roja, comenzando por el predecesor y continuando por el sucesor, es la de “Venezuela Potencia”, esto es, uno supone, el convertir a Venezuela en un país potencia, en una potencia regional, sobre todo en lo económico y social.

Mil millones de bolívares por un dólar

La tasa de cambio real, efectiva, de estos días es prácticamente –y sin el prácticamente-, mil millones de bolívares por un solo dólar. La cuenta es sencilla, si continuamos la numeración monetaria que existía cuando el predecesor de Maduro empezó su primer gobierno, entonces la tasa no es de un millón de bolívares por dólar sino de mil millones de bolívares por dólar. Recordemos que la “reconversión monetaria” le quitó tres ceros al bolívar.

¿Antesala de cuál cambio?

Se oye por todas partes que la situación venezolana es insostenible y que en cualquier momento ocurrirá un cambio político en relación con el poder. Lo que pasa es que eso se viene oyendo desde hace bastante tiempo, y tal cambio no ha ocurrido, y ni siquiera la situación catastrófica que sufre Venezuela ha sido debidamente tomada en cuenta para tratar de producir el ansiado cambio.

Un caos económico y social

¿Qué pasa cuando un médico pirata y pesetero le pone la mano a un paciente que puede estar en relativo buen estado de salud? Es probable que hasta consiga matarlo, pero en todo caso bien no le hará, sino mucho mal, llegando incluso al extremo de producirle la muerte. Cambiando lo cambiable eso es lo que ha pasado en la Venezuela de estos años, y sobre todo en los largos y penosos años en los que Maduro ha estado en Miraflores. El caos económico y social avasalla sin clemencia, y los más pobres son lo que sufren más. En el ámbito político y cultural pasa lo mismo o peor, pero ello será tema para otras líneas.

“Nunca entregaremos”…

Entre tantas expresiones que rebosan de ambigüedad engañosa, nos topamos con una que es inequívoca. Es inaceptable, pero esta declaración no admite interpretación en cuánto a su significado. La verdad es que no se anda con muchos rodeos la presidenta de la pretendida constituyente de Maduro, Delcy Rodríguez, cuando manifestó, por la calle del medio, que “nunca entregaremos el poder”…

¿Saldremos de esto?

Primero hay que identificar qué significa “esto”, y para mi significa el sojuzgamiento de un país por parte de una hegemonía despótica, depredadora, envilecida y corrupta. Lo de la “nueva reconversión de la moneda” lo reconfirma plenamente. ¿Y qué quiere decir “saldremos”? Pues superarla, dejarla atrás, transmutarla en una etapa de la mala historia del país, pero no para caer en otra modalidad de tragedia política, económica y social, sino para empezar a transitar el camino de la recuperación integral de Venezuela, lo cual incluye a la república, al estado, a la democracia, a la economía productiva, a la convivencia social. ¡Casi nada! Pero es así, porque todo ello ha sido derruido hasta sus cimientos, y por lo tanto la reconstrucción tiene que comenzar en las bases fundamentales de la nación venezolana.

La misma cantaleta

En la proximidad de cada atropello “electoral”, en especial durante los últimos dos años, cuando es público, notorio y comunicacional que la hegemonía despliega todas sus malas artes para controlar los resultados, es decir para defraudar descaradamente a la voluntad popular (antes, durante y después de la fecha comicial), nunca faltan los voceros políticos, los cometas de la política, algunos “expertos” politólogos, otros “encuestadores-consultores-oráculos” y otras especies de la misma fauna, que alegan con argumentos habilidosos –cuando no abiertamente falsos— que lo más prudente es participar en las anunciadas “elecciones”, a pesar de los pesares, y que se debe negociar con la hegemonía para buscar transiciones pacíficas al menor costo posible… Esta cantaleta se repite y repite, siempre con efectos desastrosos para la causa democrática de Venezuela y para el conjunto de los venezolanos, y sin embargo en cada repetición la cantaleta se difunde como si se tratara del descubrimiento del agua tibia.

Los criminales de la emigración

El sólo hecho de que uno de los países más reconocidos del mundo –Venezuela—por su histórica apertura a la inmigración, por la inclusión de los inmigrantes en el grueso de la sociedad, por su hospitalidad y acogida a los refugiados y exiliados de cualquier parte y de cualquier ideología, haya pasado a ser, a lo largo del siglo XXI, uno de los países con mayor cantidad y calidad de emigrantes, sobre todo de las nuevas generaciones, es una prueba irrefutable de la tragedia económica, social y política que se vive: una verdadera catástrofe humanitaria. Es la explicación lógica, cerebral, desapasionada e imparcial para explicar este fenómeno de tan graves consecuencias para la nación venezolana.

El candidato de Maduro

Maduro y los suyos necesitaban un candidato de cierta resonancia en el terreno de la oposición política, para tratar de convalidar las anunciadas “elecciones presidenciales”, ahora ampliadas con votaciones para otros cargos. Si Maduro corría solo en esos “comicios” quedaban más notoriamente al descubierto como lo que son: un fraude con mayúscula de la primera a la última letra. Una operación habilidosa siempre y cuando se consiguiera un candidato de cierta resonancia que, precisamente, la resonara como una iniciativa competitiva, seguro que no plenamente democrática, pero aceptable conforme a los estándares del “esto es lo que hay”…

La agonía de un país

La agonía es el estado que precede a la muerte. Y Venezuela, sin duda, es un país en situación de agonía. Los países no necesariamente mueren en el sentido de la extinción histórica, pero sí pueden morir como naciones independientes y viables, es decir capaces de ofrecer una vida digna y humana a su población. Tal cual lo que ya ocurre en nuestra patria, pero además lo que podría convertirse en una realidad definitiva o irreversible. Pero si es cierto que la agonía suele concluir con la muerte, también lo es que se puede salir de la agonía, recuperando la salud. Traducido esto al caso venezolano, sólo superando la hegemonía roja que aún impera, es que la agonía puede dejarse atrás, y el conjunto del país enrumbarse hacia su reconstrucción integral.

Venezuela no es Maduro

Una de las argucias más abusadas por las hegemonías despóticas, es el tratar de confundir una parte con el todo. En este caso, Venezuela es el todo, y el poder que la destruye es una parte –importante por su infinita capacidad destructiva, pero una parte. Sin embargo, cuando Maduro y los suyos se refieren a las denuncias, críticas, sanciones o condenas que reciben del exterior, siempre alegan que son denuncias, críticas, sanciones o condenas en contra de Venezuela… Mentira. Son en contra de ellos, Maduro y los suyos, y por razones más que merecidas.

¿Llegadero o calle ciega?

Tenemos por delante, básicamente, dos opciones. Terminar de llegar al llegadero, con las consecuencias catalizadoras de un cambio que ello podría implicar. O quedar bloqueados en una calle ciega, atrapados en el entramado de la hegemonía despótica, sin salida probable o por lo menos no a la vista. En ese sentido, entendemos por llegadero, el punto, la encrucijada, la circunstancia principal que, finalmente, supone el arribo al final de una etapa trágica –la revolución bolivarista, y el inicio, así sea sumamente complejo, de una etapa distinta que nos pueda conducir a la reconstrucción de la república, de la democracia, del estado, de la convivencia, de la economía, en suma: a la reconstrucción de Venezuela.


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