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Colapso eléctrico

Cuando el predecesor de Maduro inició su primer "gobierno", a principios de 1999, Venezuela se abastecía plenamente de energía eléctrica, exportaba a Colombia y concluían los trabajos de conexión para exportar al norte del Brasil. En 1998, el entonces presidente Caldera inauguró la Central Hidroeléctrica Macagua II, en Ciudad Guayana y la bautizó "23 de Enero". Así mismo dejó avanzadas las obras de otra Central Hidroeléctrica, Caruachi.

Un avestruz en Miraflores

(artículo escrito antes del apagón nacional del 7 y 8 de marzo) La creencia popular afirma que los avestruces esconden su cabeza en el suelo ante la proximidad de un peligro. Así, continúa la creencia, evaden la realidad al no reconocerla. Según entiendo, el proceder del avestruz es muy distinto, pero a los fines de estas breves y sencillas líneas, vamos a seguir la creencia popular.

Una crisis definitiva

Algo definitivo es algo que decide, resuelve, concluye. Por eso la catástrofe que padece Venezuela es una crisis que decide, resuelve y concluye el trágico período en que ha imperado la hegemonía roja en nuestro país. En especial, los años más recientes que han sido los más agobiantes. Pero eso no significa que la superación de la hegemonía tenga un término inmediato. Eso no necesariamente es así. Puede serlo, pero, repito, no de manera inexorable.

El camino de los caminos

Una encrucijada es un cruce de caminos. Pueden ser pocos, al menos dos, o pueden ser muchos. A veces, una crisis generalizada en un determinado país se asemeja a la idea de una encrucijada. Se puede salir de ella por un camino o por otro. Pero ese no es el caso de Venezuela. No estamos ante una encrucijada, en lo que se refiere a la posibilidad de superar la hegemonía. No estamos, por tanto, ante un cruce de caminos. No. Hay un sólo camino.

Váyanse

Lo único positivo que Maduro y los suyos podrían hacer es irse del poder. Permitir que de esa manera se abra una nueva etapa que facilite cambios políticos, económicos y sociales de fondo. Ya está bueno ya... como se dijo en otros tiempos. Este presente es un tormento y su prolongación sería un tormento más doloroso. Los jefes de la hegemonía llevan dos décadas deshaciendo a su antojo, y lo que tenemos salta a la vista: una Venezuela destruida, y urgida de ayuda humanitaria en medio de una bonanza petrolera. Nada de eso tiene ni la más remota posibilidad de cambiar, si está jefatura no se va.

El tesoro del tiempo

El señor Maduro y los suyos están desesperados buscando una cosa: tiempo... Es el más preciado tesoro que requieren. Más que divisas, más que oro, más que reconocimientos de países extranjeros. Más que cualquier cosa. Tiempo es lo que necesitan. Tiempo es lo que buscan. Y andan en eso. Cuidado.

Tic tac…

El tiempo apremia y la presión aumenta. La hegemonía se descompone en medio de un abrumador rechazo nacional y un creciente rechazo de la comunidad democrática internacional. Si sus jefes fueran revolucionarios en el sentido de comprometidos de manera radical con una ideología revolucionaria, estarían dispuestos a resistir. Pero son cualquier cosa menos revolucionarios.

¿Dos Presidentes?

No es verdad que en Venezuela haya dos Presidentes. Hay un Presidente interino, Juan Guaidó, quien se juramentó como tal debido a su condición de Presidente de la Asamblea Nacional, y ante la notoria usurpación del poder por parte de Nicolás Maduro. Y hay un señor que se presenta como Jefe de Estado, siendo que carece de legitimidad de origen y de desempeño para ello, y que por tanto también carece de legitimidad para estar donde pretende seguir estando.

La transferencia principal

Hace años la palabra "transferencia" era completamente ajena al vocabulario coloquial del venezolano. Incluso, es probable que muchos no tuvieran ni idea de sus significados. En el presente, esa misma palabra se ha hecho ubicua. Es difícil que haya una conversa en la cual no se use. Es imposible que haya un intercambio económico --por más modesto que sea-- en el cual la palabra "transferencia" no sea la palabra clave.

Ilegítimo con mayúscula

Lo legítimo es lo conforme a las leyes, lo lícito, genuino, verdadero. Por oposición, lo ilegítimo es exactamente lo contrario. Y está claro que Maduro encarna lo ilegítimo. Su presencia en Miraflores se fundamenta en dos fraudes electorales. Ambos notorios, aunque el segundo, el de mayo de 2018, fue mucho más grotesco. Pero es que antes, sucedió a su predecesor en un laberinto de falsedades y violaciones constitucionales, que no resistirían un repaso conforme a la realidad de los hechos. Por cierto, una parte significativa de los colaboradores de su predecesor (y algunos suyos), así lo sostienen.

El “nuevo año” y Maduro

Por definición y por experiencia con el señor Maduro no pueden haber "años nuevos", sino solamente años viejos. Años marchitos por la ruina económica, la catástrofe social, el despotismo político, la rampante corrupción, y la destrucción generalizada de la nación venezolana. Quién no se haya dado cuenta de esto, no se ha dado cuenta de nada.

La emigración y la hegemonía

Hasta hace poco, el tema de la emigración masiva de venezolanos se apreciaba, principalmente, como un asunto socio-económico, derivado de la catástrofe humanitaria que padece Venezuela, a su vez causada por la hegemonía despótica y depredadora que destruye al país. Pero la moneda de la emigración masiva tiene otra cara: una cara política, es decir, la cara de sus consecuencias políticas en relación con países vecinos y en relación con la propia hegemonía.

Venezuela postrada

Todo proyecto de dominación nacional necesita debilitar a la nación que pretende dominar. Y mientras más la debilite, más oportunidad de consolidación y continuismo tendrá el proyecto de dominación. En síntesis, esa es la trágica historia de Venezuela durante el siglo XXI, es decir durante el despliegue de la hegemonía despótica, depredadora y corrupta que ha venido destruyendo a la nación venezolana.

¿Y quién se salva?

Venezuela está sumida no sólo en una catástrofe humanitaria, sino en una catástrofe de corrupción. Dos dimensiones, por cierto, de una misma tragedia, que es el prolongado dominio de la hegemonía despótica, depredadora y envilecida que está destruyendo al país.

Fechas y sospechas

En algunos ámbitos políticos distintos al oficialismo se viene planteando que Maduro perderá su legitimidad como presidente el próximo 10 de enero, fecha en la cual le correspondería asumir, de nuevo, el cargo por otro período de 6 años. La consecuencia de ello, sostienen, es que se activarán los mecanismos de sucesión y Maduro, en consecuencia, saldrá de la escena miraflorina. El fundamento de todo el referido razonamiento, repito, es que el 10 de enero del 2019, Nicolás Maduro pierde su legitimidad presidencial.

El mensaje del Cardenal

Hace poco tiempo, el Arzobispo de Mérida, Cardenal Baltazar Porras Cardozo, fue designado Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Caracas, luego que al Arzobispo titular, Cardenal Jorge Urosa Savino, le fuera finalmente aceptada su renuncia por razones de edad, tal y como lo estipula la norma vaticana. El Cardenal Porras es un hombre de medios. Con reconocida experiencia al respecto. Conoce los procesos comunicacionales y en muchas etapas de su trayectoria como dignatario de la Iglesia, ha logrado proyectar con fuerza su mensaje en la opinión pública.

No podrán escapar de la justicia

La justicia humana, sobre todo en relación a los delitos de corrupción, los llamados delitos “contra la cosa pública”, a veces tarda mucho, pero suele llegar, así sea “tuerta”... Se alega, y tiene mucho de cierto, que una justicia tardía no es una verdadera justicia. Pero es preferible la justicia tardía a la falta de justicia. Todo esto viene a cuento por la gran cantidad de casos de corrupción que se están ventilando en fiscalías y tribunales extranjeros, en especial de Estados Unidos y Europa, y que involucran directamente a funcionarios de la hegemonía y a sus testaferros. Casos que corresponden al muy menguado siglo XXI venezolano.

Castro y Maduro

En estos días he escuchado algunas opiniones en el sentido de que se exagera la influencia de Cuba en los asuntos internos de Venezuela. La verdad es que no entiendo qué significa eso. Me parece obvio que las decisiones decisivas sobre el poder en Venezuela no se toman en Caracas sino en La Habana. Y esa obviedad se fundamenta, entre otras razones, en que Maduro se lo pasa viajando para allá a reunirse con Raúl Castro.

Peor que una soberanía pisoteada

Afirmar que la soberanía de Venezuela se encuentra pisoteada es una subestimación de la realidad. Porque ello implicaría, que aún pisoteada o maltratada, queda algo de soberanía. Y no, en nuestro país no queda nada de soberanía nacional. Nada.

Teodoro

La muerte de Teodoro Petkoff es un gran pesar para Venezuela y para muchos círculos políticos e intelectuales de América Latina, y más allá. Teodoro fue uno de los venezolanos más importantes de nuestra historia contemporánea. Lo fue tanto como luchador político democrático, como por intelectual innovador, como por incansable servidor público, como por periodista valiente y veraz. Los que tuvimos el privilegio de conocerle, de tratarle e incluso de trabajar a su lado, tenemos el compromiso de darlo a conocer a las nuevas generaciones, para que éstas no sólo adquieran un conocimiento cierto de su valor y de su trascendencia, sino para que también sientan el orgullo de contar a Teodoro Petkoff como un ejemplo de honradez, de trabajo, de entrega por las mejores aspiraciones de Venezuela y su gente.

El poder y la miseria

No creo que vaya a decir nada nuevo. Pero el problema no es decir cosas nuevas, sino que las cosas que expresan la realidad sean atendidas y, mejor aún, entendidas. De eso hay bastante, no hay duda, pero hay muchos oídos que no quieren escuchar, y por eso hay que insistir y perseverar. Y claro, me refiero a los oídos de quienes deberían escuchar pero no lo hacen porque, a veces, el mensaje no les llega, o si les llega algo del mensaje, les llega sin fuerza persuasiva. Hay otros oídos que no quieren escuchar, porque no les conviene: porque se sienten amenazados en su impune depredación. Esos no tienen ni la disposición ni el interés de escuchar nada que vaya en contra de sus intereses. Esperemos que, más temprano que tarde, no puedan dejar de escuchar sus sentencias condenatorias…

Insostenible, pero…

Por definición, algo insostenible no se puede sostener, es decir que si se sostiene, entonces no es insostenible. Esto, desde luego, parece un mero juego de palabras –no muy agudo, por cierto; pero en el caso de la realidad venezolana es mucho más que eso: es la esencia de la tragedia que nos destruye como nación.

El libro rojo de la hegemonía

Durante la última dictadura convencional o típica que padeció Venezuela, en la década de los años cincuenta del siglo XX, un valiente venezolano, el legendario editor José Agustín Catalá, emprendió la tarea de recopilar, clandestinamente, la mayoría de los crímenes del régimen político, editar el copioso material, y publicarlo con el título: “Venezuela bajo el signo del terror: el libro negro de la dictadura”.

¿Venezuela post-petrolera?

Se supone que la expresión “post-petrolero” se refiere, básicamente, a dos cosas: o que un país petrolero se quedó sin petróleo, y tuvo que prepararse para sobrevivir por otros medios –como algunas entidades del Golfo Pérsico; o que el petróleo perdió vigencia como fuente de energía y entonces estamos ante un mundo post-petrolero. Lo segundo no ha pasado, y lo primero tampoco le pasó a Venezuela. Le pasó algo peor. Le queda muchísimo petróleo, pero el poder establecido no sabe ni puede extraerlo, en términos adecuados. Por el contrario, Venezuela se está transmutando en un país “post-petrolero”, a pesar de sus inmensos yacimientos. No hay nada parecido en nuestro planeta. Nada.

Naufragio

No piensen los amables lectores que estas líneas pretenden evadir la noticia del momento, o las referencias de Trump al régimen venezolano en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, y la reacción de Maduro y los suyos al respecto. Ya tendremos pronta ocasión de referirnos al tema. Pero como ya tenía perfilada la presente y breve nota, no quiero descartarla, aunque luzca un tanto desfasada de los acontecimientos que se avecinan. De hecho, no lo está, porque la catástrofe que destruye a Venezuela es la clave que descifra todo lo demás.


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