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“Nunca entregaremos”…

Entre tantas expresiones que rebosan de ambigüedad engañosa, nos topamos con una que es inequívoca. Es inaceptable, pero esta declaración no admite interpretación en cuánto a su significado. La verdad es que no se anda con muchos rodeos la presidenta de la pretendida constituyente de Maduro, Delcy Rodríguez, cuando manifestó, por la calle del medio, que “nunca entregaremos el poder”…

¿Saldremos de esto?

Primero hay que identificar qué significa “esto”, y para mi significa el sojuzgamiento de un país por parte de una hegemonía despótica, depredadora, envilecida y corrupta. Lo de la “nueva reconversión de la moneda” lo reconfirma plenamente. ¿Y qué quiere decir “saldremos”? Pues superarla, dejarla atrás, transmutarla en una etapa de la mala historia del país, pero no para caer en otra modalidad de tragedia política, económica y social, sino para empezar a transitar el camino de la recuperación integral de Venezuela, lo cual incluye a la república, al estado, a la democracia, a la economía productiva, a la convivencia social. ¡Casi nada! Pero es así, porque todo ello ha sido derruido hasta sus cimientos, y por lo tanto la reconstrucción tiene que comenzar en las bases fundamentales de la nación venezolana.

La misma cantaleta

En la proximidad de cada atropello “electoral”, en especial durante los últimos dos años, cuando es público, notorio y comunicacional que la hegemonía despliega todas sus malas artes para controlar los resultados, es decir para defraudar descaradamente a la voluntad popular (antes, durante y después de la fecha comicial), nunca faltan los voceros políticos, los cometas de la política, algunos “expertos” politólogos, otros “encuestadores-consultores-oráculos” y otras especies de la misma fauna, que alegan con argumentos habilidosos –cuando no abiertamente falsos— que lo más prudente es participar en las anunciadas “elecciones”, a pesar de los pesares, y que se debe negociar con la hegemonía para buscar transiciones pacíficas al menor costo posible… Esta cantaleta se repite y repite, siempre con efectos desastrosos para la causa democrática de Venezuela y para el conjunto de los venezolanos, y sin embargo en cada repetición la cantaleta se difunde como si se tratara del descubrimiento del agua tibia.

Los criminales de la emigración

El sólo hecho de que uno de los países más reconocidos del mundo –Venezuela—por su histórica apertura a la inmigración, por la inclusión de los inmigrantes en el grueso de la sociedad, por su hospitalidad y acogida a los refugiados y exiliados de cualquier parte y de cualquier ideología, haya pasado a ser, a lo largo del siglo XXI, uno de los países con mayor cantidad y calidad de emigrantes, sobre todo de las nuevas generaciones, es una prueba irrefutable de la tragedia económica, social y política que se vive: una verdadera catástrofe humanitaria. Es la explicación lógica, cerebral, desapasionada e imparcial para explicar este fenómeno de tan graves consecuencias para la nación venezolana.

El candidato de Maduro

Maduro y los suyos necesitaban un candidato de cierta resonancia en el terreno de la oposición política, para tratar de convalidar las anunciadas “elecciones presidenciales”, ahora ampliadas con votaciones para otros cargos. Si Maduro corría solo en esos “comicios” quedaban más notoriamente al descubierto como lo que son: un fraude con mayúscula de la primera a la última letra. Una operación habilidosa siempre y cuando se consiguiera un candidato de cierta resonancia que, precisamente, la resonara como una iniciativa competitiva, seguro que no plenamente democrática, pero aceptable conforme a los estándares del “esto es lo que hay”…

La agonía de un país

La agonía es el estado que precede a la muerte. Y Venezuela, sin duda, es un país en situación de agonía. Los países no necesariamente mueren en el sentido de la extinción histórica, pero sí pueden morir como naciones independientes y viables, es decir capaces de ofrecer una vida digna y humana a su población. Tal cual lo que ya ocurre en nuestra patria, pero además lo que podría convertirse en una realidad definitiva o irreversible. Pero si es cierto que la agonía suele concluir con la muerte, también lo es que se puede salir de la agonía, recuperando la salud. Traducido esto al caso venezolano, sólo superando la hegemonía roja que aún impera, es que la agonía puede dejarse atrás, y el conjunto del país enrumbarse hacia su reconstrucción integral.

Venezuela no es Maduro

Una de las argucias más abusadas por las hegemonías despóticas, es el tratar de confundir una parte con el todo. En este caso, Venezuela es el todo, y el poder que la destruye es una parte –importante por su infinita capacidad destructiva, pero una parte. Sin embargo, cuando Maduro y los suyos se refieren a las denuncias, críticas, sanciones o condenas que reciben del exterior, siempre alegan que son denuncias, críticas, sanciones o condenas en contra de Venezuela… Mentira. Son en contra de ellos, Maduro y los suyos, y por razones más que merecidas.

¿Llegadero o calle ciega?

Tenemos por delante, básicamente, dos opciones. Terminar de llegar al llegadero, con las consecuencias catalizadoras de un cambio que ello podría implicar. O quedar bloqueados en una calle ciega, atrapados en el entramado de la hegemonía despótica, sin salida probable o por lo menos no a la vista. En ese sentido, entendemos por llegadero, el punto, la encrucijada, la circunstancia principal que, finalmente, supone el arribo al final de una etapa trágica –la revolución bolivarista, y el inicio, así sea sumamente complejo, de una etapa distinta que nos pueda conducir a la reconstrucción de la república, de la democracia, del estado, de la convivencia, de la economía, en suma: a la reconstrucción de Venezuela.

Arístides Calvani

En medio de la catástrofe venezolana, tanto política, económica y social, no faltará quién pregunte –con todo derecho--, por qué dedicar unas líneas al centenario del nacimiento del canciller Calvani. ¿Por qué ponderar a un personaje tan aparentemente remoto, cuando lo necesario es pensar en el presente y en el futuro? Pues bien, ese tipo de preguntas implican ya la respuesta. Y es que si desconocemos lo afirmativo de la trayectoria venezolana, no encontraremos asidero para superar la tragedia que padece la nación, y tampoco lograremos que el país se encamine hacia un destino digno y humano. Así de sencillo.

¿Qué hay? ¡No hay!

La escasez rampante y creciente, y los precios de hiperinflación de lo que a duras penas se podría conseguir, lo que hace que esos pocos productos sean muy difíciles o imposibles de adquirir, lleva a la gran mayoría de la población a preguntarse: ¿y qué hay?

No se puede o sí se puede

A cada rato uno se topa con declaraciones de personas reconocidas, sobre todo en el campo del derecho, en las cuales afirman, a veces no sin cierta jactancia, que tal anuncio de la hegemonía no se puede llevar a cabo porque es ilegal o inconstitucional, o que tal ejecutoria de la hegemonía no se puede continuar por las mismas razones, o que tal hecho cumplido de la hegemonía no se puede aceptar y tiene que ser revertido de inmediato, por las razones ya expuestas.

Radicales y fanáticos

En Venezuela hay un “debate”, por llamarlo de alguna manera, en el cual se cataloga a los participantes de la dinámica política en moderados o radicales. Los primeros serían los prudentes, los sensatos, los incluyentes, los que mejor entienden lo que pasa y debe pasar; los segundos serían los extremistas, los intolerantes, los polarizantes, los que son incapaces de ver más allá de su estrecho radio de opiniones o actitudes.

Negociación y acuerdo

En relación con el "diálogo dominicano", previsto a continuar formalmente en estos días, según han señalado, al alimón, voceros del oficialismo y de la oposición política oficial, hay que reiterar, por enésima vez, que para Maduro y los suyos lo importante no son los acuerdos que se pudiesen alcanzar (que de todos modos nunca han estado dispuestos a cumplir). No. Lo importante es la supuesta negociación como tal.

El 2018…

Mucho me gustaría repetir de manera sincera, el popular deseo de un “Feliz y Próspero Año 2018”, pero hacerlo sería una mentira descarada. Si ya las “Navidades” del 2017 fueron una absoluta catástrofe, sin precedentes en la memoria colectiva de los venezolanos, ¿qué se puede esperar del 2018? Si ya el 2017 fue peor que el 2016 –lo cual parecía imposible, y el 2016 fue peor que el 2015, y así hacía atrás durante varios años, ¿qué nos queda para el 2018?

Los huérfanos de la calle

Hace muchos años, el predecesor tuvo una fijación con el tema de los niños de la calle. A pesar de sus consabidas exageraciones y de su infaltable demagogia, se trataba de un tema nuclear para las nociones más elementales de la justicia social, y por eso, entre otras razones, alcanzó una gran resonancia en la opinión pública. Los niños de la calle que había en algunas ciudades importantes de Venezuela, no disminuyeron sino que aumentaron. Los supuestos centros de atención que fueron inaugurados en cadena nacional, se los tragó la incuria y el abandono. En la actualidad, los niños de la calle no son un mero tema que merezca una mejor atención del Estado y la sociedad en su conjunto. No. Es una tragedia de proporciones calamitosas, que va a la par con la catástrofe humanitaria que padece Venezuela, en plena bonanza de los precios petroleros en el mercado mundial.

¿Combatiendo la corrupción?

Mucho de que hablar –y escribir, está dando la pretendida campaña contra la corrupción que de manera pública, notoria y comunicacional se lleva a cabo por parte de Maduro y los suyos. Al respecto, lo primero es lo primero: una hegemonía política que es esencialmente corrupta no puede combatir la corrupción. Puede tratar de dar la impresión de que lo hace. Puede incluso ser eficaz en proyectar tal mensaje. Pero un combate serio, integral y a fondo de la corrupción es un imposible lógico para la hegemonía roja. Y no del presente sino desde el primer día. Una revisión objetiva, por ejemplo, de las ramificaciones del caso de los “narco-sobrinos”, recién sentenciados, daría suficiente cuenta de ello.

Se alborotó el avispero

La verdad sea dicha, el avispero oficialista siempre ha estado alborotado a lo largo del siglo XXI, e incluso durante el año constituyente de 1999. Sólo que en vida del predecesor, éste lograba mantener por dentro la procesión de las discordias, y cuando ya se agotaba el disimulo, se apelaba a las purgas, algunas definitivas y otras con ticket de retorno. Las historias e historietas son tantas, que la brevedad de las presentes líneas no permite abundar en ellas, ni siquiera hacer una relación más o menos significativa. El cementerio de los purgados es un erial extenso, y muchos de los que “resucitaron” siguieron siendo o se convirtieron en boliplutócratas.

Bonanza petrolera y catástrofe humanitaria

Durante el siglo XXI se ha producido la bonanza de precios petroleros en el mercado mundial, más caudalosa y prolongada de la historia. Desde luego que con sus períodos de excepción, pero en general la bonanza de precios ha sido un signo característico de estos largos años. Al mismo tiempo, Venezuela, cuyo “Estado” ha recibido y despachado una cantidad sideral de petrodólares, está sumida en una catástrofe humanitaria sin precedentes, al menos en nuestra trayectoria como país petrolero, y todos los indicadores señalan que ésta se profundizará y extenderá aún más, tanto en lo económico como en lo social.

Ledezma en libertad

Antonio Ledezma conquistó la libertad que sus captores le negaban arbitrariamente. Es delirante que el segundo funcionario electo más importante del país, de acuerdo a la importancia que la Constitución le otorga al Alcalde Metropolitano de Caracas, haya sido perseguido, apresado, enjuiciado políticamente, condenado sin garantías de defensa, y todo ello ante la impavidez de una hegemonía cada vez más despótica. “Prófugo de la justicia”, le espetan desde el oficialismo… ¡Habrase visto semejante descaro!

Se tiene que ir

El colapso de Venezuela se parece a un agujero galáctico que se expande a gran velocidad, llevándose por delante lo que sea, incluso la viabilidad misma del país como una nación independiente y capaz de ofrecer una vida humana y digna a su población. No, no se trata de un colapso de la economía, o de la mínima convivencia social, o de las estructuras básicas del Estado, o de la capacidad elemental para frenar la violencia criminal. Es todo eso y mucho más. Por eso es un colapso integral. Un colapso nacional.

Legítima y necesaria

En la Venezuela que la hegemonía roja está destruyendo sin nada de piedad y con mucho de odio, la forma más legítima y constitucional para hacer valer el descontento nacional y la necesidad de cambios efectivos, es la protesta social, la protesta popular, la protesta venezolana. Si en el país hubiese elecciones libres, justas y transparentes, cuyos resultados, además fueran reconocidos en términos de los contrapesos del poder, quizá la protesta social no tendría la gran legitimidad que ahora adquiere. Pero no tenemos elecciones que respeten y hagan respetar la voluntad popular, por lo tanto la protesta es la salida constitucional por excelencia, incluso por mandato.

La deuda roja

Es evidente que la deuda externa de Venezuela, contraída en el siglo XXI, es impagable. Hasta ahora se ha pagado porque los chinos arriman el hombro, con dólares a precio de usura y a cambio de más y más hipotecas de los recursos naturales del país, comenzando por los yacimientos petroleros y auríferos. Y también el "Estado nacional" (si es que se puede llamar así) ha pagado los intereses de la colosal deuda, de los más elevados del planeta, porque una porción significativa de los tenedores de esa deuda, es decir de sus beneficiarios, son los jerarcas de la boliplutocracia. En pocas palabras: se han pagado y dado el vuelto.

Dos catástrofes

Venezuela padece dos catástrofes en el ámbito político. Padece muchas más en el campo económico y social, todas las cuales se acuerpan en una mega-crisis humanitaria que se profundiza y extiende día a día, pero en el ámbito propio de la conformación política padece, al menos, dos catástrofes: una en lado del oficialismo, cuyo proceder es catastrófico para Venezuela; y otra en la acera o aceras de la oposición política, cuyos costosos errores –además de no pocas y negociosas actuaciones—han devenido en una realidad muy dañosa para la posibilidad de construir una alternativa política a la hegemonía roja.

Hacia los 60 años del 23 de Enero

En este momento aciago de la vida venezolana, en el que la hegemonía roja impera sobre los escombros de la nación, y en el que una parte significativa de la oposición política se derrumba por causa de la miopía y, en no pocos casos, de la complicidad, hay que buscar fundamentos firmes para sostener la esperanza de que Venezuela puede ser reconstruida desde sus cimientos, en lo político, económico y social.

Satélites y quirófanos

La República Popular China, a través de su agencia espacial, le han vendido un tercer satélite al desgobierno de Maduro, y no creo que lo hayan cobrado en yuanes sino en dólares constantes y sonantes, o en petróleo prácticamente regalado, que en realidad es lo mismo. Por cierto que no se sabe bien qué es de la vida de los otros dos satélites, porque uno imagina que esta tecnología satelital tiene el objetivo de mejorar las telecomunicaciones, y éstas nunca has estado en una situación de tan evidente desmejoramiento, como la que se padece en Venezuela.


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