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Hacia los 60 años del 23 de Enero

En este momento aciago de la vida venezolana, en el que la hegemonía roja impera sobre los escombros de la nación, y en el que una parte significativa de la oposición política se derrumba por causa de la miopía y, en no pocos casos, de la complicidad, hay que buscar fundamentos firmes para sostener la esperanza de que Venezuela puede ser reconstruida desde sus cimientos, en lo político, económico y social.

Satélites y quirófanos

La República Popular China, a través de su agencia espacial, le han vendido un tercer satélite al desgobierno de Maduro, y no creo que lo hayan cobrado en yuanes sino en dólares constantes y sonantes, o en petróleo prácticamente regalado, que en realidad es lo mismo. Por cierto que no se sabe bien qué es de la vida de los otros dos satélites, porque uno imagina que esta tecnología satelital tiene el objetivo de mejorar las telecomunicaciones, y éstas nunca has estado en una situación de tan evidente desmejoramiento, como la que se padece en Venezuela.

Un principio elemental

La cosa no es difícil de entender, y aunque se dice que del dicho al hecho hay mucho trecho..., este no necesariamente es el caso. El principio elemental es el siguiente: Lo que es bueno para Maduro es malo para Venezuela, y a la inversa igual: lo que es malo para Maduro es bueno para Venezuela. Y para evitar entendidos distorsionados, cuando hablo de Maduro no me refiero a la persona humana como tal, sino a la hegemonía que él representa.

Regalar dólares

La propaganda de la hegemonía, muy bien asesorada por el régimen castrista, se centra de comunicar que lo “social” es lo más importante de la llamada “revolución”. Bien se sabe que se trata de una mentira monumental, porque el país está sumido en una catástrofe humanitaria, es decir en una catástrofe social, en medio de una bonanza petrolera. En verdad, el meollo de la hegemonía, el meollo de su poder está en una dimensión completamente distinta. Está en regalar dólares...

Huracanes, terremotos, dictaduras…

El planeta y en especial el hemisferio occidental han sido acontecidos por una serie reciente de desastres naturales como los huracanes Irma, María y otros, y por diversos terremotos, siendo el más devastador, hasta ahora, el nuevo de México. En verdad, al menos en lo que se refiere a los huracanes, no se trataría de fenómenos enteramente naturales, porque el cambio climático impulsado por la acción del hombre, tendría su parte de responsabilidad, y en lo absoluto marginal.

Un diálogo surrealista

Uno de los significados de la palabra “surrealista” es lo absurdo e irracional. Por supuesto que no es mi intención afirmar que el diálogo es algo absurdo e irracional. Y mucho menos el diálogo político. De hecho, afirmar eso sí sería absurdo e irracional, porque el diálogo en la política forma parte de la esencia de la vida colectiva, y cuidado si no su parte más valiosa. Pero no se preocupe, amigo lector, que no lo voy a fatigar con abstracciones sobre el diálogo político. Lo que motiva estas líneas es el “diálogo dominicano”, que sí tiene muchas características de lo absurdo e irracional, es decir de surrealista.

Nuestra ruina económica

Hay que estar en alguna nómina de la hegemonía, sea oficial o encubierta, nacional o foránea, para refutar la afirmación de que la economía venezolana se encuentra en situación ruinosa. Nadie de buena fe puede sostener que las cosas van bien en lo económico-social, y mucho menos algunos consabidos “expertos”, cuya área de verdadero conocimiento práctico es la de sacarle provecho al erario público. La deuda externa ronda los 200 mil millones de dólares, la caída de la actividad económica puede aproximarse al 50% del PIB en los últimos años, las exportaciones privadas casi no existen, se tiene la tasa de inflación más alta del mundo, y acaso uno de los niveles salariales más bajos del mundo en cuanto a capacidad efectiva de compra, la moneda nacional de devalúa un día si y otro también, no hay inversiones extranjeras, la escasez de comida y medicinas configura una catástrofe humanitaria.

El objetivo de la “constituyente”

En general, el objetivo de una constituyente –buena, regular o maula—es la discusión, redacción, aprobación y sanción de una nueva constitución. Pero hasta ahora el objetivo de la "constituyente" que se ha instalado en Venezuela, no parece ser la elaboración de un proyecto de constitución que sustituya rápidamente a la Constitución de 1999, formalmente vigente.

Cataratas de corrupción

Comienzo estas líneas con una afirmación, no una hipótesis, sino una afirmación: la hegemonía que impera en Venezuela es el régimen más corrupto del mundo. Sí del mundo. Del planeta tierra. Y acaso el más corrupto de los anales documentados de la corrupción.

La razón de Andrés Pastrana

El ex-presidente de Colombia, Andrés Pastrana, ha sido y es un amigo leal de la causa de la democracia venezolana. Se podrá estar de acuerdo o no con algunas o muchas de sus ejecutorias como mandatario de su país, en el período 1998-2002, pero no se puede disputar con seriedad la afirmación de que Pastrana ha expresado y expresa un compromiso decidido a favor de la reconstrucción democrática de Venezuela. Y un compromiso hecho realidad no desde declaraciones de prensa en remotos lugares, sino mediante su constante presencia en territorio venezolano, conociendo bien los riesgos que ello comporta.

El breve espacio en que no estás

El título de estas líneas lo tomo prestado de una maravillosa canción de Pablo Milanés –de los tiempos idos de la “Nueva Trova Cubana”, pero que esta vez no tiene ninguna referencia con temas románticos, sino con la tragedia continuada de Venezuela, que, al parecer del horizonte que se atisba, va a seguir padeciendo, seguro que de manera agravada.

El otro fraude…

Cuando en Venezuela se habla de fraude, casi todo el mundo mira hacia el CNE y hacia quienes lo manejan, sea desde Miraflores o desde el Psuv. El fraude electoral es el más notorio, el que no se puede esconder, el que está a la vista de quien quiera ver. Tanto, que hasta el propio representante de Smartmatic, en relación a lo acontecido con las votaciones del 30 de julio, declaró que se había producido una “manipulación” de la situación, que es, digamos, una forma habilidosa de denunciar un fraude. Y al parecer, en esa temática hay experiencia y competencia.

Un instrumento ciego

Cuando en Venezuela había educación primaria y secundaria, y no un simple remedo de éstas, uno aprendía de memoria las más sonoras frases de Simón Bolívar, una de las cuales reza así: Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción… La frase corresponde a una consideración más amplia que forma parte del Discurso ante el Congreso de Angostura, de fecha 15 de febrero de 1819, mejor conocido como el “Discurso de Angostura”. Allí Bolívar expresó la citada frase en el siguiente contexto: “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia”.

La comparación de Marco Rubio

La declaración del senador estadounidense, Marco Rubio, sobre el diputado venezolano, Diosdado Cabello, en el sentido de que éste es el “Pablo Escobar de Venezuela”, es cualquier cosa menos una crítica inofensiva. La mente humana se mueve a través de analogías, y por eso la mención de Escobar junto a Cabello, es como una carga explosiva para todo tipo de conjeturas.

Ni paz ni democracia

En Venezuela hay cualquier cosa menos paz y democracia. Por eso mismo, es que la abrumadora mayoría de la población aspira a vivir en un país en el que prevalezca la paz y la democracia. Pero la hegemonía que sojuzga a Venezuela no está interesada en ello, sino solamente en preservar el poder para seguir depredando a la nación. Eso es lo que explica el despotismo, la represión y la violencia que signan sus ejecutorias.

El asalto a la Asamblea

Lo ocurrido el 5 de Julio en el recinto de la Asamblea Nacional, o el asalto violento perpetrado por la hegemonía roja –vía sus colectivos armados y custodiados por “efectivos militares--, es algo barbárico y brutal, pero no es algo nuevo. Variaciones de lo mismo, con más o menos violencia física e institucional, vienen aconteciendo desde principios del siglo XXI. Espero que la razón ya no sea difícil de entender: la hegemonía roja es radicalmente incompatible con la democracia, y lo ha sido así desde el principio, por lo que todo aquello que represente una oposición democrática es considerado como un enemigo que tiene que ser destruido. Y no sólo en su acepción más usual, sino también en el sentido de anular, inhabilitar, impedir que el contrario pueda surgir como un contrapeso efectivo al ejercicio del poder despótico y depredador.

Poder tiránico y pueblo en rebeldía

A estas honduras de la tragedia nacional, todavía hay voceros políticos y comunicacionales que se expresan en términos de las “amenazas, obstrucciones o restricciones” a la democracia venezolana. Lo cual, obviamente, implica que hay una democracia en Venezuela. Pero se equivocan de cabo a rabo, porque en nuestro país no hay un sistema de gobernanza democrática desde principios del presente siglo. Quien no se ha dado cuenta, no es porque no ha podido sino porque no ha querido.

Pompeyo, un gran ministro

Pompeyo Márquez (1922-2017) fue uno de los más importantes luchadores democráticos de toda nuestra historia. Y en esta afirmación no hay un átomo de hipérbole. Sus luchas políticas empezaron cuando todavía era un niño en tiempos del general Gómez, y no terminaron sino hasta su reciente muerte. Y bueno, terminaron en un sentido pero en otro no, porque su ejemplo continúa y acaso inspirando con más vitalidad que nunca.

Restablecer el orden constitucional

¿Qué le pasa a un país cuando el orden constitucional, siquiera básicamente democrático, se desintegra por causa del poder establecido? Pasa que ese poder se transmuta en tiranía, y si además de despótica, también es depredadora, envilecida y corrupta, pasa que ese país se hunde en un abismo político, económico y social, de consecuencias trágicas para la población. Es lo que ha pasado en Venezuela durante el siglo XXI, y en particular en los años más recientes.

La vulnerabilidad de la hegemonía

No es una expectativa ilusoria, es una realidad. En toda su trayectoria, la hegemonía roja nunca ha estado más vulnerable que en el presente. La crisis económica y social pasó de grave a catastrófica y ya entra en los terrenos de la crisis humanitaria. Los conflictos internos del oficialismo son cada vez más externos y la guerra es sin cuartel al interior del poder establecido. El frente internacional está muy erosionado, al menos si le compara con épocas relativamente recientes. La oposición política se encuentra más sintonizada con las aspiraciones populares, y el rechazo a Maduro y los suyos supera el 80% de la población. Las protestas se acuerpan y el compromiso social por el cambio de fondo, también. Si esto no es vulnerabilidad, nada es vulnerabilidad.

Barbárica represión

La barbárica represión que el poder ejecuta en contra de la población, no sólo ahora sino por lo menos desde hace 15 años, no es de factura nacional o venezolana, sino de procedencia foránea o castrista. Me refiero, claro está, al concepto de la represión masiva, completamente desproporcionada y con una violencia que busca atemorizar y extinguir la protesta. No lo consiguen porque la realidad de Venezuela no es la de Cuba. Pero la intención y la estrategia son muy parecidas.

La fuerza es la clave

Para vencer a una hegemonía despótica, depredadora, envilecida y corrupta, como la que aún impera en Venezuela, es decir, para superarla por las puertas abiertas de la Constitución formalmente vigente, hay que sostener el esfuerzo desde una posición de fuerza. De fuerza perseverante, intensa, creciente y que conlleve, necesariamente, a una coyuntura final en la que la hegemonía deba abrirle paso a una nueva etapa. No lo hará, desde luego de buena gana o por obra de su mera voluntad. Lo hará por causa de la presión popular. Lo hará de manera inducida. Pero lo importante es que lo haga, que la hegemonía, pues, sea superada.

El padrino del caos

El general Vladimir Padrino López acaba de declarar que no permitirá que el país “caiga en el caos”. Habría que responderle, que el país cayó en el caos hace ya muchos años, y que el siglo XXI, en líneas generales, ha sido una época de creciente y accidentado caos. De hecho, quienes llevaron a Padrino López a las máximas posiciones militares, son los principales responsables de haber sumido a Venezuela en el caos. Y me refiero, claro está, al señor Maduro y a su predecesor.

Los dueños de la violencia

Una hegemonía despótica, depredadora, envilecida y corrupta es por esencia violenta. Más aún, extremadamente violenta. Y ello se agrava, al menos, por dos razones: una, la imbricación entre la hegemonía y la delincuencia organizada, lo cual intensifica la violencia del poder. Otra, por la aplicación del modelo castrista de represión, que se fundamenta en el principio de que “no hay enemigo pequeño”, y que la represión a la crítica y a la disidencia tiene que ser lo suficiente brutal como para extinguir sus manifestaciones externas.

Miserables

No me gusta utilizar palabras que juzgan, palabras que, en sí mismas, ya implican una connotación evidentemente negativa. Y no me gusta hacerlo, básicamente, por dos razones. Una, porque se coloca en un segundo plano el análisis de los hechos, la argumentación, la demostración de las cosas. Dos, porque tampoco me gusta que utilicen contra mí, palabras que juzgan; uno se siente como sin derecho a la defensa, como condenado de antemano. Y eso, estoy seguro, no le gusta a nadie.


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