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Opinión

Columnistas

Peor que una soberanía pisoteada

Afirmar que la soberanía de Venezuela se encuentra pisoteada es una subestimación de la realidad. Porque ello implicaría, que aún pisoteada o maltratada, queda algo de soberanía. Y no, en nuestro país no queda nada de soberanía nacional. Nada.

Teodoro

La muerte de Teodoro Petkoff es un gran pesar para Venezuela y para muchos círculos políticos e intelectuales de América Latina, y más allá. Teodoro fue uno de los venezolanos más importantes de nuestra historia contemporánea. Lo fue tanto como luchador político democrático, como por intelectual innovador, como por incansable servidor público, como por periodista valiente y veraz. Los que tuvimos el privilegio de conocerle, de tratarle e incluso de trabajar a su lado, tenemos el compromiso de darlo a conocer a las nuevas generaciones, para que éstas no sólo adquieran un conocimiento cierto de su valor y de su trascendencia, sino para que también sientan el orgullo de contar a Teodoro Petkoff como un ejemplo de honradez, de trabajo, de entrega por las mejores aspiraciones de Venezuela y su gente.

El poder y la miseria

No creo que vaya a decir nada nuevo. Pero el problema no es decir cosas nuevas, sino que las cosas que expresan la realidad sean atendidas y, mejor aún, entendidas. De eso hay bastante, no hay duda, pero hay muchos oídos que no quieren escuchar, y por eso hay que insistir y perseverar. Y claro, me refiero a los oídos de quienes deberían escuchar pero no lo hacen porque, a veces, el mensaje no les llega, o si les llega algo del mensaje, les llega sin fuerza persuasiva. Hay otros oídos que no quieren escuchar, porque no les conviene: porque se sienten amenazados en su impune depredación. Esos no tienen ni la disposición ni el interés de escuchar nada que vaya en contra de sus intereses. Esperemos que, más temprano que tarde, no puedan dejar de escuchar sus sentencias condenatorias…

Insostenible, pero…

Por definición, algo insostenible no se puede sostener, es decir que si se sostiene, entonces no es insostenible. Esto, desde luego, parece un mero juego de palabras –no muy agudo, por cierto; pero en el caso de la realidad venezolana es mucho más que eso: es la esencia de la tragedia que nos destruye como nación.

El libro rojo de la hegemonía

Durante la última dictadura convencional o típica que padeció Venezuela, en la década de los años cincuenta del siglo XX, un valiente venezolano, el legendario editor José Agustín Catalá, emprendió la tarea de recopilar, clandestinamente, la mayoría de los crímenes del régimen político, editar el copioso material, y publicarlo con el título: “Venezuela bajo el signo del terror: el libro negro de la dictadura”.

¿Venezuela post-petrolera?

Se supone que la expresión “post-petrolero” se refiere, básicamente, a dos cosas: o que un país petrolero se quedó sin petróleo, y tuvo que prepararse para sobrevivir por otros medios –como algunas entidades del Golfo Pérsico; o que el petróleo perdió vigencia como fuente de energía y entonces estamos ante un mundo post-petrolero. Lo segundo no ha pasado, y lo primero tampoco le pasó a Venezuela. Le pasó algo peor. Le queda muchísimo petróleo, pero el poder establecido no sabe ni puede extraerlo, en términos adecuados. Por el contrario, Venezuela se está transmutando en un país “post-petrolero”, a pesar de sus inmensos yacimientos. No hay nada parecido en nuestro planeta. Nada.

Naufragio

No piensen los amables lectores que estas líneas pretenden evadir la noticia del momento, o las referencias de Trump al régimen venezolano en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, y la reacción de Maduro y los suyos al respecto. Ya tendremos pronta ocasión de referirnos al tema. Pero como ya tenía perfilada la presente y breve nota, no quiero descartarla, aunque luzca un tanto desfasada de los acontecimientos que se avecinan. De hecho, no lo está, porque la catástrofe que destruye a Venezuela es la clave que descifra todo lo demás.

La intervención extranjera ya ocurrió

A veces, en verdad, muchas veces, lo que queda de debate público en Venezuela es una especie de teatro del absurdo. Los voceros de la hegemonía se rasgan las vestiduras por algunos planteamientos en relación con una imaginaria y futura intervención extranjera en Venezuela. Y no pocos voceros de la llamada “oposición política” tampoco pierden la oportunidad de rasgarse las vestiduras, no se sabe si por algo que se parezca a convicción o más bien a conveniencia.

Maduro en China… otra vez

“Ay que fastidio”… pensará y hasta dirá el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, cada vez que le confirman que el señor Maduro quiere visitarlo por enésima ocasión. “Y no tendrá otra cosa que hacer que estarse viniendo para Beijing”… pensará y hasta dirá Xi Jinping, con cara no sólo de aburrido por otro viaje de Maduro, sino también con talante de cierta molestia, porque el motivo de la larga travesía siempre es el mismo: pedir cacao, como se dice en venezolano, o pedir más dólares como se dice en mandarín.

Regañando al espejo

El otro día, por casualidad, escuché una intervención del señor Maduro, en la cual hizo una mención relativamente descarnada sobre la realidad económica y social del país antes del primer anuncio sobre su supuesto programa de recuperación, crecimiento y prosperidad... Mencionó que el valor del salario mínimo era de un dólar al mes, y que con ello la gente apenas podía adquirir un solo producto. De seguidas se sumergió en la charca de la propaganda roja al manifestar que el pueblo venezolano había demostrado una gran resistencia ante los embates de la guerra económica...

Esquizofrenia

En términos coloquiales la esquizofrenia equivale a una desconexión con la realidad, a una contradicción notoria entre lo que se piensa, lo que se dice, y lo que se hace; una percepción disociada de los valores y prácticas de la vida. En términos científicos el asunto es más complejo, y no me adentro en ese terreno porque carezco de conocimientos apropiados, es decir de autoridad. Pero lo coloquial vale para los fines de estas líneas.

El plan de Maduro

El “plan” de Maduro no es de Maduro, y ni siquiera es propiamente de su predecesor. Es de los castristas que lograron colonizar al Estado venezolano, y destruir, poco a poco, a ese mismo Estado, a la República, a la democracia, a la economía productiva, y a la vitalidad de nuestra nación, hoy a medio camino entre la emigración masiva y la resignación angustiosa.

Un abismo en el abismo

A veces escucho o leo a algunas personas, supuestamente informadas, expresar que Venezuela está al borde del abismo. Cuando eso pasa, de inmediato pienso que esas personas deben morar en la luna, porque nuestro país viene cayendo por un abismo a lo largo del siglo XXI. Para recordar un chiste de hace muchos años, el predecesor llevó a Venezuela al borde del abismo, y luego dio un paso al frente... Sin embargo, durante algún tiempo aquello no resultó ser obvio. Los caudales de petrodólares compensaban muchas cosas y creaban una “sensación de bienestar” que, ya lo sabemos, se desvaneció por completo.

¿Hay o no hay salida?

Hay preguntas que se hacen sin esperar una respuesta específica. Se formulan como un recurso del lenguaje que de pronto pretenden suscitar alguna reflexión, quedar así como en el aire, sin necesidad de una contestación satisfactoria. A ese tipo de preguntas se les suele llamar “preguntas retóricas”. En consecuencia, en lo que me concierne, la pregunta que sirve de título a estas líneas no tiene absolutamente nada de retórica. No busca adentrarse en las miasmas de la inutilidad, ni provocar algún ejercicio de dibujo libre, ni quedar, en definitiva, como una pregunta que no acepta respuestas claras. Todo lo contrario.

Hecatombe en Venezuela

No. Ya Venezuela no padece una mega-crisis, y ni siquiera una catástrofe humanitaria. Es algo peor, si es que puede haberlo: una hecatombe nacional o una tragedia destructiva. Es así, y todo el mundo en Venezuela lo sabe, incluyendo a los potentados de la hegemonía, cuyo despotismo y depredación han despeñado al país por un abismo que aún no se le encuentra fondo.

Mondongo venenoso

En nuestro país, un mondongo es una sopa espesa que tiene por ingrediente principal la panza de res, y que es laboriosa y compleja de preparar. A mucha gente le encanta –confieso que a mi no, pero entiendo bien que un mondongo de calidad es un plato muy especial. De manera más coloquial, la palabra mondongo también se utiliza, ocasionalmente, para identificar a un enredo indescifrable. “Esto se volvió un mondongo”, a veces se dice para significar que un problema se complicó tanto que ya no hay cómo encontrarle una solución. Quizá sea una acepción anticuada y por tanto en desuso, pero no importa, igual la voy a utilizar para referirme preliminarmente a los recientes “anuncios” del señor Maduro, en relación con asuntos económicos, financieros, monetarios, etcétera, que él empaquetó con la etiqueta de “programa de recuperación y prosperidad económica”, o algo más o menos así...

No más “peros”

Los “peros” a los que me refiero son del siguiente tipo: hay que salir de Maduro, “pero” democráticamente (queriendo significar que sólo a través de unas “elecciones” o las horcas caudinas del CNE); es necesario un cambio, “pero” a través del diálogo y del voto; hay que encontrar una salida, “pero” por la vía electoral y democrática; y así hasta el infinito. Todo lo cual supone que los nombrados “peros” son la excusa para que la hegemonía roja continúe en el poder. La conjunción adversativa en verdad es adversativa de la causa democrática de los venezolanos.

El orden de los factores…

Como la lucha política es radicalmente distinta de las llamadas ciencias exactas,, no se le puede aplicar la expresión de que “el orden de los factores no altera el producto”... Al contrario, sí lo altera (no escondo, por tanto, mi escepticismo en la “mercadotecnia” de la política; escepticismo abonado por alguna experiencia). En la lista de los factores está lo político, lo jurídico, lo económico, lo social, lo comunicacional, lo internacional, etcétera.

El derrumbe petrolero de Venezuela

De acuerdo con los analistas en el tema petrolero, que los hay serios, al igual de los que pretenden serlo pero no lo son, Venezuela podría estar produciendo, hoy por hoy, cinco millones de barriles diarios, incluso más. Pero eso no es lo que ocurre. Se estima que la producción no supera el millón quinientos mil barriles diarios, y en caída. ¿Qué pasó entonces? Pasó que la hegemonía depredó la industria petrolera nacional, acabó con su potencial de expansión, destruyó inmensas posibilidades de desarrollo energético, al menos durante el siglo XXI; desbarató el sistema de refinerías nacionales y, en suma, puede llegar a producir el anti-milagro de transmutar a Venezuela en un país ex-petrolero.

Un reconocimiento justo

De María Corina Machado, por lo menos dos cosas importantes deben destacarse. Una, que es una mujer valiente. Otra, que es perseverante. A veces me parece muy acertada en sus planteamientos, en otras ocasiones, no. En algunas me luce que se equivoca de frente. Pero siempre se identifica por su valentía y perseverancia. El propio predecesor así lo sostuvo, si no declarativamente, sí con la intuición de no enfrentarla en la recordada sesión de la Asamblea Nacional, en la cual la entonces diputada Machado le puso los puntos sobre las íes.

¿Cambio de perspectiva?

Acaba de ocurrir un hecho político que, curiosamente, no ha recibido la atención que debería merecer. El nombramiento de Diosdado Cabello como presidente de la “asamblea constituyente”. La “lógica” de la hegemonía roja no es complicada: si la llamada constituyente es “plenipotenciaria”, entonces tiene más poder, en teoría, que Maduro; y si Diosdado Cabello logró que fuera nombrado jefe de esa constituyente, entonces, en teoría, tiene más poder que Maduro. En todo caso, desde el punto de vista formal, Cabello no está por debajo de Maduro en la jerarquía de la hegemonía.

Rebelión constitucional

A primera vista la expresión “rebelión constitucional” pudiera parecer una paradoja o hasta una contradicción insalvable. Después de todo, la idea de una constitución supone el establecimiento de un orden general que, necesariamente, empieza por el poder, y la idea de una rebelión supone el desconocimiento del poder establecido, con el fin de superarlo. Pero en el caso de Venezuela, la expresión “rebelión constitucional”, no sólo no es paradójica, ni tampoco contradictoria, sino que la noción que implica está expresamente consagrada en la Constitución de 1999, y no como una posibilidad dentro de los límites de unos extremos constitucionales, sino como un mandato, como una exigencia que se le hace al pueblo venezolano.

Doble presión

La presión externa sin una correspondiente presión interna, es insuficiente. Y la presión interna, sin una decidida presión externa, también lo es. Lo que toca, entonces, es una combinación de la presión interna con la presión externa. Una doble presión.

¿Qué puede hacer Ramón Guillermo Aveledo?

Puede hacer mucho o puede hacer muy poco. Todo depende de si mantiene o no su posición de que la única vía aceptable para encontrar una salida a la tragedia venezolana es la ruta electoral. Si mantiene esa posición, hará muy poco o casi nada, como decía una vieja canción. Si la cambia, y se abre a otros caminos constitucionales, entonces es posible que pueda hacer mucho por la causa democrática de Venezuela, en la medida que ayude a persuadir a sus colegas de variados partidos y otras organizaciones.

No reconozco, pero…

Si un candidato afirma que no reconoce los resultados de los comicios en los que acaba de participar, y además sostiene que no los reconoce porque tiene evidencias de que fueron fraudulentos, entonces está obligado a asumir una actitud general de no-reconocimiento a la situación política emanada de esos comicios. Si ello no es así, entonces la referida afirmación se disuelve en la nada, y con ella lo que tenga de credibilidad la figura política de que se trate.


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