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Opinión

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Suecia o Noruega es lo mismo…

No me refiero, desde luego, a que sean idénticas estas naciones escandinavas, que no lo son, a pesar de las semejanzas. Me refiero a la localización del supuesto proceso de negociación entre el oficialismo y la oposición política de reconocimiento internacional. No cambia nada que esto se lleve a cabo en Oslo o en Estocolmo. Y no cambia, porque el poder establecido se beneficia en ambos casos, y en ambos casos se perjudica la causa democrática de Venezuela. No parece difícil de entenderlo, porque así ha sido siempre con los llamados "procesos de negociación" entre la hegemonía roja y sus adversarios.

Cuatro temas

Puras mentiras De los principales voceros de la hegemonía roja sólo provienen mentiras. Unas más notorias, otras más insidiosas, pero todo lo que declaran es mentira. Sí, todo. Puede ser que una determinada mentira tenga un núcleo o un lateral de verdad, pero eso no la hace menos mentira. Al contrario, la hace más peligrosa, porque puede mercadearse de una manera más fluida. Esto viene siendo así, desde que la hegemonía se constituyó. De hecho, el predecesor era mucho más habilidoso con la mentira que el sucesor.

Trump vs López Obrador (y Venezuela)

Era inevitable. Más temprano que tarde tenían que chocar. Dos gobernantes temperamentales y poco respetuosos de la civilidad política, no podían coexistir en buena paz. De hecho, Trump empezó su campaña hacia la Casa Blanca con la promesa del muro fronterizo para detener la inmigración ilegal. Es decir empezó con un tema mexicano. López Obrador, es justo reconocerlo, había sido prudente en relación con Trump, pero éste es cada vez más beligerante. El anuncio del aumento de los aranceles es una declaración de guerra comercial. No hay duda al respecto.

Cinco temas

¿Y ahora qué? No se sabe si esta pregunta tiene respuesta. Al menos una respuesta satisfactoria para los que luchan o tienen esperanza en la causa democrática de Venezuela. Me parece que cuando se plantea que hay diversas opciones "sobre la mesa" y que todas son válidas, y que todas pueden proseguirse de manera simultánea, se están diciendo falsedades. O se está utilizando un lenguaje que no suena mal, pero que no está conectado con la realidad, ni con las posibilidades que se puedan derivar de ésta. Eso se ha dicho otras veces y ya sabemos que la causa democrática de Venezuela sigue esperando su hora.

El tremedal

Un tremedal, en el ámbito político, es un terreno pantanoso que estanca las iniciativas de cambio. En Venezuela estamos en un tremedal, luego de un empuje dinámico que suscitó muchas expectativas. Un tremedal político no suele hacerse por sí mismo. Es consecuencia de factores diversos que confluyen para acuerpar la charca, es decir el tremedal. Ello no significa, en el caso venezolano, que se afianza la hegemonía roja, pero sí que obtiene lo que más necesitaba: tiempo y margen de maniobra. En realidad, ya no hay vuelta atrás, en términos de retornar a los tiempos populares de la hegemonía. Esos tiempos no volverán. Pero eso no implica, de forma inexorable, que la hegemonía no pueda prolongarse a costa de terminar de sacrificar lo que queda de país.

El poder de los gringos

Los políticos gringos, sea cual sea su orientación ideológica, tienen la seguridad de que pueden determinar lo que pase o no pase en cualquier país del mundo. Pero la influencia que ellos creen es todopoderosa es ciertamente una exageración y, en algunos casos, una ilusión. ¿Quién recuerda, por ejemplo, la fallida "primavera árabe"?... Y es que las dinámicas internas de muchos países son sumamente complejas y rebasan los diagramas burocráticos de la Casa Blanca, el Congreso de EEUU, el Pentágono o el Departamento de Estado. Y ni hablar del "complejo mediático", en lineas generales, cada vez más superficial y distorsionante. Eso se ha visto una y otra vez, así como también se ha visto que una intervención de Washington también puede producir efectos muy concretos. Existe de todo.

Cinco temas

El poder de los gringos Los políticos gringos, sea cual sea su orientación ideológica, tienen la seguridad de que pueden determinar lo que pase o no pase en cualquier país del mundo. Pero la influencia, que ellos creen es todopoderosa, es ciertamente una exageración y, en algunos casos, una ilusión. Las dinámicas internas de muchos países son sumamente complejas y rebasan los diagramas burocráticos de la Casa Blanca, el Congreso de EEUU, el Pentágono o el Departamento de Estado. Eso se ha visto una y otra vez, así como también se ha visto que una intervención de Washington también puede producir efectos muy concretos.

No hay vuelta atrás

La crisis de Venezuela, en el sentido específico de la crisis del poder establecido en Venezuela, es definitiva. Hay que repetirlo porque es así. No tiene reversión. No es posible que se revivan los tiempos en que la hegemonía roja era aplaudida por una parte muy significativa del país. Esos tiempos se acabaron para siempre. ¿Cuándo y cómo será superada la hegemonía? No lo sabemos. En realidad, nadie lo sabe con certeza. Pero todo el mundo sabe que sucederá.

No se debe transigir

De que se puede se puede. Pero de que no se debe no se debe. Transigir o pactar o negociar una cohabitación oficial con la hegemonía roja sería un despropósito. Sería entregarle en bandeja todos los activos de la lucha política democrática de 2019, en buena parte cimentados en años anteriores. Sería una agresión despiadada con el pueblo venezolano, que sufre de una manera radical la catástrofe humanitaria que asola al país, y que es consecuencia directa del despotismo y la depredación de la hegemonía.

¿Hacia dónde vamos?

La crisis de la hegemonía roja es definitiva. No tiene vuelta atrás. No tendrá un retorno a tiempos menos espinosos. Va de frente hacia la superación del régimen imperante. Pero eso es una cosa y otra muy distinta es que aquello ocurra mañana o pasado mañana. La crisis de la hegemonía tiene por sustento principal a la catástrofe humanitaria que padece el país, causada por la hegemonía misma, que sumió a Venezuela en esta tragedia en medio de una bonanza petrolera. Sobre esa catástrofe, abrumadoramente sufrida y repudiada por la población, es que se han acuerpado las numerosas iniciativas de respaldo internacional y nacional a la causa democrática de Venezuela.

Un pueblo de esclavos

Detrás de la parafernalia de "palabras largas" como libertad, liberación, soberanía, independencia, justicia, democracia protagónica, y tantas otras, lo que había era la intención de someter a la nación venezolana al dominio de una hegemonía despótica y depredadora, representada por el predecesor y el sucesor, y monitoreada, día a día, desde La Habana. Una afirmación semejante habría suscitado escándalo hace 20 años, polémicas diversas hace 10, pero ahora la realidad se ha desvelado en toda su crudeza, y ya casi no hay campo para seguir con la farsa de una revolución justiciera y democrática.

El “apoyo” de China y Rusia

Los "expertos instantáneos" que abundan entre nosotros, y que muchas veces se manifiestan con obsesión a través de las redes sociales, le han dedicado bastante cuerda al tema que sugiere el título de estas breves líneas. Al respecto, sería oportuno realizar algunas consideraciones, también breves.

Venezuela no laborable

Ya el predecesor de Maduro dejó a Venezuela en debacle general, pero con ciertos disimulos derivados del colosal endeudamiento que se estaba contratando, del chorro de petrodólares que aún entraba por causa de la bonanza petrolera internacional, y de la muy habilidosa demagogia con que él y Fidel Castro lograron ir montando, poco a poco, a la llamada "revolución bolivariana"...

Afirmación o pregunta

Una expresión que se escucha por todas partes es "vamos bien"... En especial desde que Guaidó la hizo su santo y seña. Mucha gente afirma la expresión: ¡vamos bien! No hay duda sino seguridad de que el cambio de fondo -que implica, desde luego, la salida de Maduro y los suyos- está muy próximo. Otros, en cambio, plantean la expresión como una interrogante: ¿vamos bien? En la esperanza, claro está, de que la respuesta sea afirmativa.

Colapso eléctrico

Cuando el predecesor de Maduro inició su primer "gobierno", a principios de 1999, Venezuela se abastecía plenamente de energía eléctrica, exportaba a Colombia y concluían los trabajos de conexión para exportar al norte del Brasil. En 1998, el entonces presidente Caldera inauguró la Central Hidroeléctrica Macagua II, en Ciudad Guayana y la bautizó "23 de Enero". Así mismo dejó avanzadas las obras de otra Central Hidroeléctrica, Caruachi.

Un avestruz en Miraflores

(artículo escrito antes del apagón nacional del 7 y 8 de marzo) La creencia popular afirma que los avestruces esconden su cabeza en el suelo ante la proximidad de un peligro. Así, continúa la creencia, evaden la realidad al no reconocerla. Según entiendo, el proceder del avestruz es muy distinto, pero a los fines de estas breves y sencillas líneas, vamos a seguir la creencia popular.

Una crisis definitiva

Algo definitivo es algo que decide, resuelve, concluye. Por eso la catástrofe que padece Venezuela es una crisis que decide, resuelve y concluye el trágico período en que ha imperado la hegemonía roja en nuestro país. En especial, los años más recientes que han sido los más agobiantes. Pero eso no significa que la superación de la hegemonía tenga un término inmediato. Eso no necesariamente es así. Puede serlo, pero, repito, no de manera inexorable.

El camino de los caminos

Una encrucijada es un cruce de caminos. Pueden ser pocos, al menos dos, o pueden ser muchos. A veces, una crisis generalizada en un determinado país se asemeja a la idea de una encrucijada. Se puede salir de ella por un camino o por otro. Pero ese no es el caso de Venezuela. No estamos ante una encrucijada, en lo que se refiere a la posibilidad de superar la hegemonía. No estamos, por tanto, ante un cruce de caminos. No. Hay un sólo camino.

Váyanse

Lo único positivo que Maduro y los suyos podrían hacer es irse del poder. Permitir que de esa manera se abra una nueva etapa que facilite cambios políticos, económicos y sociales de fondo. Ya está bueno ya... como se dijo en otros tiempos. Este presente es un tormento y su prolongación sería un tormento más doloroso. Los jefes de la hegemonía llevan dos décadas deshaciendo a su antojo, y lo que tenemos salta a la vista: una Venezuela destruida, y urgida de ayuda humanitaria en medio de una bonanza petrolera. Nada de eso tiene ni la más remota posibilidad de cambiar, si está jefatura no se va.

El tesoro del tiempo

El señor Maduro y los suyos están desesperados buscando una cosa: tiempo... Es el más preciado tesoro que requieren. Más que divisas, más que oro, más que reconocimientos de países extranjeros. Más que cualquier cosa. Tiempo es lo que necesitan. Tiempo es lo que buscan. Y andan en eso. Cuidado.

Tic tac…

El tiempo apremia y la presión aumenta. La hegemonía se descompone en medio de un abrumador rechazo nacional y un creciente rechazo de la comunidad democrática internacional. Si sus jefes fueran revolucionarios en el sentido de comprometidos de manera radical con una ideología revolucionaria, estarían dispuestos a resistir. Pero son cualquier cosa menos revolucionarios.

¿Dos Presidentes?

No es verdad que en Venezuela haya dos Presidentes. Hay un Presidente interino, Juan Guaidó, quien se juramentó como tal debido a su condición de Presidente de la Asamblea Nacional, y ante la notoria usurpación del poder por parte de Nicolás Maduro. Y hay un señor que se presenta como Jefe de Estado, siendo que carece de legitimidad de origen y de desempeño para ello, y que por tanto también carece de legitimidad para estar donde pretende seguir estando.

La transferencia principal

Hace años la palabra "transferencia" era completamente ajena al vocabulario coloquial del venezolano. Incluso, es probable que muchos no tuvieran ni idea de sus significados. En el presente, esa misma palabra se ha hecho ubicua. Es difícil que haya una conversa en la cual no se use. Es imposible que haya un intercambio económico --por más modesto que sea-- en el cual la palabra "transferencia" no sea la palabra clave.

Ilegítimo con mayúscula

Lo legítimo es lo conforme a las leyes, lo lícito, genuino, verdadero. Por oposición, lo ilegítimo es exactamente lo contrario. Y está claro que Maduro encarna lo ilegítimo. Su presencia en Miraflores se fundamenta en dos fraudes electorales. Ambos notorios, aunque el segundo, el de mayo de 2018, fue mucho más grotesco. Pero es que antes, sucedió a su predecesor en un laberinto de falsedades y violaciones constitucionales, que no resistirían un repaso conforme a la realidad de los hechos. Por cierto, una parte significativa de los colaboradores de su predecesor (y algunos suyos), así lo sostienen.

El “nuevo año” y Maduro

Por definición y por experiencia con el señor Maduro no pueden haber "años nuevos", sino solamente años viejos. Años marchitos por la ruina económica, la catástrofe social, el despotismo político, la rampante corrupción, y la destrucción generalizada de la nación venezolana. Quién no se haya dado cuenta de esto, no se ha dado cuenta de nada.


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