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Sin sorpresas

Lo que está pasando con este revocatorio es muy parecido a lo que pasó con el revocatorio anterior. Todo un tributo a la manipulación política por parte del poder establecido. Cambian las fechas, algunos protagonistas –comenzando por el predecesor; cambian cierto tipo de artimañas, el contexto nacional también presenta cambios, pero en esencia los dos “procesos revocatorios” son la demostración de que la hegemonía hace y deshace lo que le da la gana. Incluso, podría razonarse, ahora con más descaro que en los años 2003-2004, época del primer revocatorio. Por lo menos en ese entonces estaban los saludos a la bandera de la OEA y el Centro Carter. Ya ni eso.

Oír todos los ruidos

En la historia venezolana, en general, el ruido del que más se habla cuando se habla de graves conflictos políticos es el llamado ruido de sables. Sólo durante dos largas épocas ello no fue tan así. Durante los lustros duros del gomecismo, donde más bien la política casi no hacía ruido, con muy pocas excepciones como los sucesos de 1928. Y durante décadas de la República Civil –hasta 1992-, donde el ruido de la política se hacía sentir, sobre todo, en las plazas y en los medios. Los venezolanos pueden dar testimonio responsable al respecto, a partir del proceso de pacificación.

Fernando Luis Egaña: Los tres tableros de Miraflores

Lo primero es una aclaratoria. Cuando coloco la palabra “Miraflores” en el título, no me refiero, solamente al viejo caserón de Misia Jacinta, sede principal del poder soberano de la República de Venezuela en otros tiempos. Me refiero, más bien, al lugar donde se reciben y se ejecutan las órdenes básicas que provienen del exterior. Las imparten los hermanos Castro Ruz desde La Habana, a veces directamente a Maduro que se lo pasa por allá, pero en todo caso se procesan en Miraflores. Triste destino para un palacio presidencial. Y esperemos, por lo demás, que ese destino cambie por completo y Miraflores se reconstituya en el sitial del poder democrático y soberano de nuestro país.

Mucho más que un desahogo

La marcha opositora del 1° de septiembre fue exitosa en varios sentidos. Hacía tiempo que no se daba una concentración tan masiva y entusiasta. Los preparativos e indicaciones de sus organizadores se fueron cumpliendo con respeto por parte de los marchistas. La cantidad de los mismos fue extraordinaria y la gente se movilizó por sus propios medios. El contraste con la coreografía de la actividad oficialista en la avenida Bolívar fue mayúsculo. Esto fue, como dicen los militares, un POV o un procedimiento operativo vigente, aquello fue una expresión libre y decidida del pueblo soberano.

Lo confirma Ban Ki-moon

Lo de la crisis humanitaria venezolana no es una especulación tendenciosa ni una argucia de opositores frontales. No. Es una realidad tan pero tan avasallante que hasta un diplomático en extremo prudente como el secretario general de la ONU, el coreano Ban Ki-moon, la ha reconocido de manera notoria, pública y comunicacional.

La guerra no convencional

Un funcionario de importante figuración en el entorno de Maduro acaba de declarar que “Venezuela es ejemplo mundial por su resistencia ante la guerra no convencional”. Y en esas declaraciones agregó que: “Venezuela es un ejemplo por la resistencia estoica, por el vigor y por la profunda moral de nuestro pueblo”. Lógicamente, mi primera impresión es que dicho funcionario, el vicepresidente de Planificación, Ricardo Menéndez, estaba mirando el espejo de los desastres de la hegemonía que representa.

Venezuela no está muerta

Hay quienes sostienen que los países no mueren. Pero los países sí mueren. La historia de la humanidad está repleta de cementerios de países, y no sólo de países sino de imperios y civilizaciones. El más reciente imperio en morir fue la Unión Soviética, a finales del siglo XX. A veces, los países no mueren en el sentido de que se extingan y desaparezcan de la faz de la tierra, sino que mueren en su vitalidad y destino. Permanecen como entidades formales, pero ya sin viabilidad, sin verdadera vida nacional.

Cambios de gabinete

Para empezar hay que decir que Maduro no ha tenido ni tiene lo que se llama un Gabinete o un Consejo de Ministros. Es decir un verdadero equipo de trabajo, entregado al servicio público y a convocar a todos los sectores para la participación en la definición de políticas públicas. Lo que al respecto ha habido y hay son unos funcionarios con títulos ministeriales, que nadie sabe exactamente qué hacen, y que los rotan o enrocan con tanta frecuencia, que en realidad suelen pasar por los cargos con pena y sin gloria.

Una muy pesada confusión

Una de las dimensiones más peligrosas de la crisis histórica que está agobiando a Venezuela, es la consideración de que los “problemas y dificultades” son consecuencia de fallas de gestión, de políticas públicas mal implementadas, o de poca confianza en los responsables del manejo estatal, tanto por su incompetencia, como por su improbidad, como también por sus desfases ideológicos…

Doble responsabilidad

La hegemonía roja tiene una doble responsabilidad en relación con la crisis humanitaria que padece Venezuela. Haberla causado, por una parte, y por la otra negar que exista a fin de impedir que el país pueda recibir la ayuda humanitaria que corresponde en estos casos extremos. Es un patrón de comportamiento, porque lo mismo pasa con la democracia o con el diálogo: los han destruido en los hechos, niegan que ello haya sido así, y cuando se presenta una iniciativa internacional para intentar contribuir con la reconstrucción de la democracia o del diálogo, la empantanan para que no sea capaz de producir resultados efectivos.

Padrino y la crisis humanitaria

El empoderamiento del general Padrino López no servirá de nada para encarar la crisis humanitaria que agobia al país, y en cambio lo que se busca es militarizar aún más la hegemonía roja, para tratar de darle continuismo al despotismo y la depredación. Es obvio que Maduro sólo es capaz de seguir agravando la mega-crisis, y por eso necesitan que la estructura militar trate de sostener el andamiaje de un régimen carcomido por la corrupción, por la improvisación, por la demagogia, y además repudiado con intensidad por la abrumadora mayoría de los venezolanos.

Por las buenas o las mejores

El que Maduro salga de Miraflores es una necesidad nacional. Y además es una aspiración de la abrumadora mayoría de los venezolanos, incluyendo, claro está, a muchos que apoyaron a su predecesor. Mientras Maduro siga donde está, la mega-crisis se profundizará y extenderá, y nadie sabe hasta dónde puede llegar la crisis humanitaria, con sus efectos de violencia y anarquía.

Traidores a la patria

Una acusación esa muy grave, la de traidores a la patria. Una acusación que se ha proferido con tanta malicia y frivolidad, que hasta ha llegado a perder su muy serio contenido. En realidad, los principales voceros de la hegemonía, casi desde sus inicios, usaron y abusaron tanto de la expresión que la devaluaron hasta más no poder. Comenzando porque hicieron una equivalencia entre mero opositor y traidor a la patria. Y eso ha sido y es y será inadmisible. Es una de esas “expresiones de juzgan”, al decir del periodista y lingüista español, Alex Grijelmo, al analizar las técnicas de manipulación del lenguaje por los poderes establecidos. De esa cabuya, la hegemonía tiene un largo rollo.

¿Dónde queda el llegadero?

Desde hace años se afirma que ya llegamos al llegadero, queriendo decir que el régimen bolivarista colapsó y que el cambio político de verdadera sustancia es una realidad a la vuelta de la esquina. La realidad, sin embargo, nos ha demostrado que ello no era así. O por lo menos, hasta ahora no ha sido así. Venezuela como país funcional ha colapsado, pero la hegemonía que lo ha venido destruyendo sigue en el poder. Y no en cualquier poder sino en uno que despotiza y depreda ya sin ningún disimulo. Pasa, eso también y por esa misma razón, que ya el país entró en el terreno de la crisis humanitaria, y la profundidad y extensión de la crisis social, económica y, por tanto, política, pone en el tapete el tema del llegadero.

Un pueblo desesperado

Maduro y sus colaboradores se lo pasan repitiendo que los venezolanos somos unos de los pueblos más felices del mundo. Una prueba más, si es que hacía falta alguna adicional, de que Maduro y sus colaboradores viven en una burbuja que está completamente aislada de la trágica situación que padece Venezuela. Y encima, también repiten que están haciendo una obra portentosa a favor de Venezuela, de importancia y significación planetaria. Si se creen o no esos despropósitos, es otro tema, más para el dominio de la psiquiatría que de la política. Pero lo más avasallante de la realidad de nuestro país, es que el conjunto del pueblo está desesperado.

Venezuela en conmoción

Un país cuyas principales realidades son la escasez generalizada de alimentos y medicinas, los saqueos de calle cada vez más habituales, la represión sangrienta al pueblo desesperado, la negativa rotunda del poder a permitir que se abran salidas democráticas y constitucionales a la mega-crisis, la explosión continuada y creciente de violencia criminal, y la aceleración de la depredación de recursos por parte del poder establecido, es un país que se encuentra en una gravísima situación de conmoción. Venezuela es ese país.

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La faena de Almagro

El socialista uruguayo, Luis Almagro, canciller en el gobierno del antiguo líder guerrillero-montonero, Pepe Mujica, está demostrando ser el Secretario General que necesitaba la OEA. No hace falta valorar a algunos de sus predecesores para saberlo. En todo caso, Almagro se muestra decidido a asumir con seriedad sus responsabilidades, una de ellas, acaso la principal, velar porque el compromiso con la democracia no quede en letra muerta o, peor, acomodaticia.

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¿Unidad cívico-militar?

Por lo general, en las democracias no se estila el uso y abuso de la expresión “unidad cívico-militar”, para caracterizar los fundamentos del Estado. Pero en las hegemonías despóticas, de diversa índole, pasa otra cosa. Por eso es que en la retórica oficial de nuestro país, abunda la referida expresión para definir la amalgama política que ha servido de sostén a la denominada “revolución bolivarista”.

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El dictadorzuelo y la Constitución

No ha sido cualquier palabra la utilizada por el secretario general de la OEA, el socialista uruguayo Luis Almagro, para referirse a Nicolás Maduro. “Dictadorzuelo” es un peyorativo de dictador, una especie de sátrapa con mucha pena y sin ninguna gloria, más o menos al estilo de tantos y tantos tiranuelos que han azotado la historia de América Latina, lo que además Almagro hizo notar expresamente en su declaración formal en respuesta a Maduro, por la acusación de que el excanciller de Pepe Mujica era un agente de la CIA.

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Pura burla. ¿Hasta cuándo?

El oficialismo rojo es incansable en esto de burlarse del pueblo venezolano. En el presente, por cierto, la burla está en un verdadero pico. La denominada "revolución" repite y repite que con ella "manda el pueblo", pero resulta que la mayoría del pueblo votó por la oposición en las elecciones legislativas, y si le tienen el juego trancado a la Asamblea Nacional, entonces se lo tienen trancado al pueblo, y entonces es una burla lo de que mande el pueblo...

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El laberinto

Un laberinto, todos lo sabemos, es una cosa confusa y enredada. Y la hegemonía hizo del proceso de referendo revocatorio previsto en la Constitución, precisamente eso: una cosa confusa y enredada. Y estamos hablando del revocatorio que a trancas y barrancas se llevó a cabo durante el bienio 2003-2004. Ahora está pasando más o menos lo mismo, con el revocatorio de Maduro. Y no podía ser de otra manera, porque el asunto está en manos de Tibisay Lucena y Jorge Rodríguez.

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José María Vargas y Nicolás Maduro

No se me pasa por la cabeza hacer alguna similitud comparativa entre José María Vargas y Nicolás Maduro. Aquel era un sabio que dejó una obra inmensa de academia y civilidad. A este prefiero no calificarle... Lo que sí vale la pena esbozar es el contraste radical de lo que ambos significan. Y ello, particularmente, por las recientes órdenes gubernativas de suspensión laboral y estudiantil que, prácticamente, dejan a Venezuela sin estudio y sin trabajo.

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El mito de la revolución social

Así como el castrismo cubano fabricó el mito de los “grandes avances en educación y salud”, y lo logró mercadear políticamente por medio mundo –gracias a la cooperación, por cierto, de sectores políticos y mediáticos de las democracias occidentales--, así también la hegemonía venezolana ha conseguido fabricar el mito de una “revolución social”, que ha proyectado con variable intensidad en muchos ambientes globales, hasta el punto de que hoy se puede escuchar que sí, que en Venezuela se violan algunos derechos políticos y civiles, pero que también se promueven los derechos sociales y que acaso lo segundo compensa lo primero.

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Más voluntad política

Sostener que en el conjunto de la oposición política de Venezuela no hay voluntad política de cambio, sería una gran injusticia. Pero sostener que la voluntad existente es suficiente para producir un cambio político sustancial, sería faltar a la verdad. A ver, hay que ser justos para no errar, y no estamos como para errores irreparables.

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Dos tiempos distintos

Muchas veces los tiempos del “país nacional” y del “país político”, para usar unas categorías que pueden ser impropias pero didácticas, tienden a separarse, y de manera muy distante, es decir, peligrosa. Eso está pasando en la Venezuela del presente, y además ello es muy notorio.

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