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¿La última orden de Fidel?

No me gusta especular en los escritos, y prefiero hacer afirmaciones demostrables o sobre temas que sean públicos, notorios y comunicacionales. Pero la negativa de la hegemonía a permitir que se realicen las consultas populares, elecciones o referendos dispuestos en la Constitución, bien pudo haber sido una “recomendación” final del finado Fidel Castro para sus delegados en Venezuela.

Oscuridad económica

Hablar de la economía venezolana es hablar de un chiste cruel. Pero cruel para el conjunto de la población, para los más pobres, para lo que queda de clase media. Un país depauperado por la depredación más implacable que haya sufrido país alguno en América Latina, al menos en la historia contemporánea. Pero el chiste no es nada cruel sino muy confortable para el grupo de los beneficiarios del poder, que harían palidecer en patrimonio a las mafias rusas o a los jeques árabes.

Elecciones, puntos suspensivos…

Vamos a hablar claro. La última elección respetable que se realizó en Venezuela fue en 1998. De entonces a las votaciones del 2000, se celebraron elecciones y referendos que si bien no fueron fraudulentos en sentido ortodoxo, si fueron irrespetados por el ventajismo del régimen chavista. Y desde el revocatorio del 2004, todas las votaciones han estado manchadas por el fraude, unas más que otras, sin duda.

Huérfanos de padre y madre

El diccionario tiene varias acepciones de la palabra “huérfano”, pero la que me parece pertinente para estas líneas es la de “falto de amparo”, o lo que es lo mismo: desamparado. Un huérfano suele ser un desamparado, y tengo la impresión que así se siente una gran parte de los venezolanos. Se sienten desamparados en materia de representación política. Y se sienten así, porque lo están así: desamparados, huérfanos.

El pasaje de Monseñor Celli

Recién se anuncia que el enviado vaticano para el supuesto "diálogo consensuado" en Venezuela, monseñor Claudio María Celli, ha optado por no venir por ahora. El pasaje lo dejará pendiente, en principio, para una próxima ocasión, pero en verdad no se sabe. Lo que sí se sabe es que este "diálogo consensuado" fue y es un show político con beneficios efectivos para la hegemonía.

El abandono más notorio

No me refiero, exclusivamente y ni siquiera principalmente, a la iniciativa de la Asamblea Nacional de declarar el abandono del cargo del señor Maduro. El tema me recuerda, por cierto, cuando se hacen o dicen cosas en las que no se cree, más bien para salvar ciertas apariencias, o para no hacer o decir lo que de verdad se necesita para producir un cambio efectivo. Lo que en lenguaje coloquial se llama “saludo a la bandera”.

¿Nuevo elenco?

Es muy difícil que la palabra "nuevo" pueda asociarse con el señor Maduro. Los recientes "cambios" en el "gabinete" así lo confirman, por enésima vez. No sólo se trata, en principio, de más de lo mismo. Se trata de peor de lo mismo. Quizá uno de los peores "gabinetes" en el siglo XXI, lo que ya es mucho decir.

Un reclamo nacional

Por todas partes se escucha lo mismo: la oposición tiene que ser más activa, más beligerante, más comprometida con superar a la hegemonía. Ello se comprende, porque el año 2016, que prometía mucho al principio en materia de cambio político, terminó más bien en una gran frustración al respecto. Ni revocatorio, ni elecciones, ni autonomía de poder para la Asamblea, ni nada que sea, en efecto, un cambio de verdad.

¿Feliz Navidad y próspero año nuevo?

La tradicional expresión de estos días decembrinos, suena, en esta Venezuela menguada, a chiste de mal gusto, si no a punzante ironía. No hay derecho a que ello sea así. Pero la hegemonía despótica y depredadora que aún impera ha conducido al país a una gran crisis humanitaria en medio de una bonanza petrolera. Y en este mes de diciembre, todo se ha hecho más notorio por las “loqueteras monetarias” que han dejado a gran parte de la población sin efectivo.

La Nasa y la extinción de Venezuela

Un científico asociado a la Nasa acaba de suscitar algunos titulares de prensa, al sostener la probabilidad remota, pero probabilidad al fin, de que el planeta sea embestido por un meteoro que pueda generar niveles de extinción generalizada de la vida. El tema parece propio de una película de ciencia ficción, pero no lo es porque ya ocurrió hace millones de años.

La hegemonía sin Fidel

No me refiero al régimen castrista que viene imperando en Cuba desde 1959. Ese será tema para una próxima ocasión. Me refiero a la hegemonía despótica y depredadora que aún impera en Venezuela, fórmula habilidosa que fue montándose paulatinamente por Fidel y Chávez –acaso en ese orden, que Maduro y los suyos han continuado, y que ha tenido la “hazaña” de transmutar a Venezuela en una trágica crisis humanitaria, en medio de la bonanza petrolera más prolongada y caudalosa de la historia.

Tres mentiras

En el charquero de confusiones, matrices distorsionadas, simplificaciones erradas, opiniones tan consagradas como superficiales y, en general, numerosas manipulaciones que caracterizan a la opinión pública y publicada o transmitida en Venezuela –al respecto no se debe subestimar la labor tozuda del G-2 cubano, al menos resaltan tres mentiras que son de carácter monumental. Tres mentiras que se repiten y repiten, abierta o encubiertamente, y que van asentándose en las percepciones colectivas con consecuencias nefastas para Venezuela, y beneficiosas para la hegemonía despótica y depredadora que la sojuzga.

Un naufragio en medio del océano

Hay naufragios de naufragios. Cuando se producen cerca de tierra firme, e incluso cerca del puerto de destino, el naufragio puede ser menos oneroso, menos trágico. Hay más posibilidades de auxilio, hay más posibilidades para que se mantenga la esperanza de salir con bien. Pero si se produce en la mitad del océano, aún con los avances en la tecnología de las comunicaciones y los sistemas de rescate, el naufragio tiene una gran probabilidad de que sea completamente ruinoso.

La parábola del campo de concentración

Se trata de una “exageración pedagógica”, pero que en lo esencial ayuda a comprender la tragedia en que está sumida Venezuela. Como se sabe, una parábola, en la acepción de estas líneas, suele ser la narración de un suceso fingido, del cual se deduce, sin embargo, una verdad importante. Así nos lo enseña el principal diccionario de nuestra lengua.

¿Quién gana y quién pierde?

Con el tema del denominado “diálogo consensuado”, por lo menos en esta etapa, llevamos cerca de un año. Ha habido de todo un poco. Reuniones reservadas, informales, semi-formales, formales; anuncios de todo tipo, mediaciones de personajes políticos extranjeros, actuaciones del Vaticano, encuentros en República Dominicana; comentarios de la más diversa índole, críticas, apoyos, en fin, ¿qué no ha habido con el “diálogo consensuado” en esta etapa?

Aumentar la presión

Sí, es positivo para el país y para la causa de la reconstrucción de la democracia, que se le esté aumentando la presión a la hegemonía roja. Eso es lo que quiere la gran mayoría de venezolanos, que aprecia con esperanza la posibilidad de un cambio sustancial, que, al menos, empiece a sacar a la nación del foso.

Un craso error

Mucha gente, incluso con buena voluntad, sostiene que lo que hace falta es un proceso de diálogo bien concebido y concertado para que del mismo salga humo blanco, es decir, una transición relativamente ordenada que permitirá al país entrar en una etapa de democracia pluralista, hacer realidad la reconciliación de los sectores políticos, e impulsar el ascenso definitivo de Venezuela por el camino de la paz y la prosperidad. Gente de excelente formación y de incuestionable espíritu de servicio así lo considera.

La agonía de una ilusión

Con el debido respeto a los invidentes, verdaderos héroes de la humanidad, me permito recordar un viejo refrán popular: no hay peor ciego que el que no quiere ver… Y muchos se resisten a ver las realidades que no sólo están claras ante sus ojos, sino que las hemos y estamos padeciendo de manera implacable.

El “no”colombiano

Al presidente Santos le dieron el Premio Nobel de la Paz, pero los colombianos están dedicados a comprender qué significó, significa y significará el triunfo del “no” en el llamado “plebiscito por la paz”. Y quien debe tratar de comprender con mayor ahínco es el inquilino principal de la Casa de Nariño. Por lo pronto, debería estar claro que el estrecho margen a favor del “no”, no quiere decir que la mayoría de los electores estén en desacuerdo con la paz y prefieran la guerra. Concluir algo así sería absurdo.

Puro descaro

Hay gente que es cínica, y hace falta una cierta inteligencia para eso. Pero hay otros, también de mala fe, que no son cínicos sino descarados. Es decir crasos, acaso con no muchas luces en las entendederas, pero sí capaces de decir y proceder de manera absolutamente descarada: sin respeto por los demás ni tampoco por sí mismos. Todo ello viene a cuento porque algunos voceros del oficialismo alegan que no deben realizarse las elecciones regionales, porque son muy costosas, y el dinero debe destinarse al abastecimiento de alimentos... Son varios los que andan planteando eso, lo que significa que no es una iniciativa particular o una ocurrencia personal, sino muy probablemente una decisión política que están tanteando para luego anunciarla con más formalidad.

Sin sorpresas

Lo que está pasando con este revocatorio es muy parecido a lo que pasó con el revocatorio anterior. Todo un tributo a la manipulación política por parte del poder establecido. Cambian las fechas, algunos protagonistas –comenzando por el predecesor; cambian cierto tipo de artimañas, el contexto nacional también presenta cambios, pero en esencia los dos “procesos revocatorios” son la demostración de que la hegemonía hace y deshace lo que le da la gana. Incluso, podría razonarse, ahora con más descaro que en los años 2003-2004, época del primer revocatorio. Por lo menos en ese entonces estaban los saludos a la bandera de la OEA y el Centro Carter. Ya ni eso.

Oír todos los ruidos

En la historia venezolana, en general, el ruido del que más se habla cuando se habla de graves conflictos políticos es el llamado ruido de sables. Sólo durante dos largas épocas ello no fue tan así. Durante los lustros duros del gomecismo, donde más bien la política casi no hacía ruido, con muy pocas excepciones como los sucesos de 1928. Y durante décadas de la República Civil –hasta 1992-, donde el ruido de la política se hacía sentir, sobre todo, en las plazas y en los medios. Los venezolanos pueden dar testimonio responsable al respecto, a partir del proceso de pacificación.

Los tres tableros de Miraflores

Lo primero es una aclaratoria. Cuando coloco la palabra “Miraflores” en el título, no me refiero, solamente al viejo caserón de Misia Jacinta, sede principal del poder soberano de la República de Venezuela en otros tiempos. Me refiero, más bien, al lugar donde se reciben y se ejecutan las órdenes básicas que provienen del exterior. Las imparten los hermanos Castro Ruz desde La Habana, a veces directamente a Maduro que se lo pasa por allá, pero en todo caso se procesan en Miraflores. Triste destino para un palacio presidencial. Y esperemos, por lo demás, que ese destino cambie por completo y Miraflores se reconstituya en el sitial del poder democrático y soberano de nuestro país.

Mucho más que un desahogo

La marcha opositora del 1° de septiembre fue exitosa en varios sentidos. Hacía tiempo que no se daba una concentración tan masiva y entusiasta. Los preparativos e indicaciones de sus organizadores se fueron cumpliendo con respeto por parte de los marchistas. La cantidad de los mismos fue extraordinaria y la gente se movilizó por sus propios medios. El contraste con la coreografía de la actividad oficialista en la avenida Bolívar fue mayúsculo. Esto fue, como dicen los militares, un POV o un procedimiento operativo vigente, aquello fue una expresión libre y decidida del pueblo soberano.

Lo confirma Ban Ki-moon

Lo de la crisis humanitaria venezolana no es una especulación tendenciosa ni una argucia de opositores frontales. No. Es una realidad tan pero tan avasallante que hasta un diplomático en extremo prudente como el secretario general de la ONU, el coreano Ban Ki-moon, la ha reconocido de manera notoria, pública y comunicacional.