Opinión

Columnistas
Enrique Viloria Vera

Servicio funerario gratuito

Después de todo la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida. Mario Benedetti Esta Revolución Bolivariana no es tan peor como lo indica el siempre insidioso Imperio norteamericano. Pronto, muy pronto, en la acostumbrada y fastidiosa cadena nacional, el Designado anunciará la creación de la nueva misión revolucionaria: ENTIERRO BOLIVARIANO.

Enrique Viloria Vera

El general hambre

Algunos colegas salmantinos me manifiestan su estupefacción ante las más recientes medidas tomadas por los dirigentes de la llamada Revolución Bolivariana, a fin de intentar controlar el caos y la crisis que ellos mismos generaron en materia de alimentación y suministro de los productos básicos de la vida cotidiana, y de la dieta diaria del sufrido súbdito socialista del siglo XXI.

Enrique Viloria Vera

Enrique Viloria Vera: El cero cero: simbolo bolivariano

Queridos hermanos y camaradas: Acá en esta bolivariana patria, vamos cada vez más de cero en cero. Cero azúcar, cero pollo, cero carne, cero sal, cero pan y pan, cero futuros claros, y hasta le quitaron 3 ceros al Bolívar para hacerlo más fuerte y soberbio.

Enrique Viloria Vera

Nicolás, el malquerido

Si yo pudiera, borrar a Villa Rosa, la borraría. Aunque quisiera, también así, tachar la mía de ilusorio bienquerido Al conocer la populosa barriada margariteña nunca creí lo que me decían que era un cretino y un malnacido Pobre de mí, iluso llegué a creer que la gente de Villa Rosa me aplaudía, Todo lo contrario, me despreciaba y denigraba Soy mal querido, por la Patria socialista, que yo más quiero, aunque la sigo destruyendo.

Enrique Viloria Vera

Buenas noticias para mi hijo, el emigrante

Querido hijo: Muchos fueron los esfuerzos que hizo mi padre, el inmigrante, cuando decidió venirse a Venezuela, desde aquella su patria para entonces dividida, irreconciliable, fraccionada, partida en dos. Vino tu abuelo, en busca de pan y paz, y lo consiguió y decidió quedarse aquí, por siempre, lo saben las flores del cementerio y su partida de defunción.

Enrique Viloria Vera

El caserío y la villa en la narrativa de Guillermo Morón

“Se fundó este pueblo de Cuicas en una hondonada llamada Cambullón, donde ahora don Marco Mario tiene un mal trapiche, de esos que sirven para hacer panela, melcocha y melao.” Historia de este pueblo de Cuicas Esta ciudad de Carora toca al oriente, por donde nace el sol, en el preciso lugar donde se encuentra el sitio denominado El Yabito, porque de antiguo ha crecido allí un árbol de Yabo, un árbol ceniciento, macilento, de hojas pequeñas comestibles para los rebaños de cabras que existen en estas comarcas carorenses. Todos, a la larga, venimos del caserío, de la puebla, de la aldea, de la villa, de ese lugar remoto y muchas veces ignorado que nos da indudable sentido de pertenencia para erigirse en definitivo bastión de identidad. Guillermo Morón no es la excepción: líneas y sílabas, párrafos y hojas, innumerables folios, memoriosos libros, enjundiosas obras, apretados volúmenes, tienen como protagonista fundamental tanto al pueblón que le dio recónditas raíces al historiador como a la pequeña villa que le otorgó precoces espuelas al narrador: “tú eres español verdad, no señorita, yo soy de Carora y de Cuicas.”

Enrique Viloria Vera

Bajo sospecha

Ciudadanos, los hemos citado ante este Magno Cuerpo – no el mío que es perecedero – sino el de la Patria que encarna nuestro LÍDER, porque sobre vuestras cabezas pende la grave acusación de ser lacayos del imperio y cachorros del capital. ¿Juran UDS sobre la Bicha moribunda decir toda la verdad y nada más que la verdad? Sí es así que el LÍDER ETERNO os premie o más bien los castigue; respondan sin vacilaciones al siguiente interrogatorio preparado por nuestros asesores caribeños para obtener su pública y cochina confesión: Digan si es cierto que:

Enrique Viloria Vera

José Martí: la sencillez de la complejidad

A Juan Jesús Cabrera, martiano confeso. Yo soy un hombre sincero De donde crece la palma. Y antes de morirme quiero Echar mis versos del alma. José Martí En 1891, el errante José Martí publicó en Nueva York un poemario titulado Versos Sencillos. El propio bardo explica las circunstancias y motivaciones que privilegiaron la publicación de ese poemario, por encima de otros como Versos Libres o Versos Cubanos: “Se imprimen estos versos porque el afecto con que lo acogieron, en una noche de poesía y amistad, algunas almas buenas, los ha hecho ya públicos. Y porque amo la sencillez, y creo en la necesidad de poner el sentimiento en formas llanas y sinceras”.

Enrique Viloria Vera

De los Médanos del Llano de Coro y otros gazapos bolivarianos

La ignorancia no es no saber sino no querer saber. En las crecientes oficinas públicas venezolanas, en las embajadas y consulados bolivarianos, en los Simoncitos, en los liceos bolivarianos, en las escuelas públicas y privadas, en las universidades del Proceso y en la Misión Robinson, está colgado el nuevo y esplendoroso mapa de la República Bolivariana de Venezuela, donde, por obra de la mano imperial, se imprimieron dos millones de mapas certificados por el Ministerio del Poder Popular para la Cartografía Nacional y por el Designado que conoce más la geografía cubiche que la venezolana - como lo demuestra su mención de los Médanos de los Llanos, de la planicie y los pantanos de Coro - con los siguientes estados y capitales bolivarianas:

Enrique Viloria Vera

¡ Comé yuquita !

"Un hombre hambriento es un hombre enojado", James Howell La célebre frase maracucha ¡Comé Yuquita!, se escuchaba con jocosa frecuencia en aquellas opíparas parrilladas de la IV República, cuando no faltaba nada de nada. Jugosas puntas de trasero, crujientes chuletas de cerdo, morcillas, salchichas, chinchurrias y chorizos al punto, eran acompañados con sendas y bien nutridas ensaladas mixtas de frescas lechugas y sabrosos tomates - con la cebolla justa - para que el aceite de oliva y el de Módena realzaran su sabor; las mazorcas, las hallaquitas, los patacones con Kétchup, la yuca en su justa cocción, y la bien triturada y aliñada guasacaca, también hacían acto de presencia en mesas rebosantes de condumios y alegrías alimentadas por la amistad y una que otra bien fría, sin importar que fuera Zulia o Polar. Cuando alguien se servía exageradamente no faltaba la inevitable chacota marabina, la guasa zuliana, para aconsejarle que más bien ¡comiera yuquita!

Enrique Viloria Vera

El ‘Locus standi’ de Muñoz Quirós

Voy muchas veces a zaga de mí mismo, persiguiéndome, acechándome siempre. No veo el sentido que tiene todo este vivir en el vacío, en el hondo pozo de mis días. Voy, lo sé, sacrificando todo por ser, por existir, por estar cerca de espejos invisibles y caídos. Frágil es el camino que no retorna nunca. José María Muñoz Quirós El más reciente poemario de José María Muñoz Quirós es un canto a la existencia, una reflexión lírica sobre los talentes básicos del ser humano que se reconoce, reconoce y es reconocido, sabiéndose incluso competente para representarse a sí mismo y ejercer el locus standi, es decir, el derecho a exigir la felicidad personal, la alegría de vivir plenamente, el contento de estar en el mundo. El poeta afirma que con frecuencia: “caminamos vacíos, sin darnos cuenta / de quién nace o quién muere. Somos / partícipes del incierto destino, / de las cosas que huelen a desgana. / En este juego ganamos la partida.”, y a ganador apuesta. El libro Locus standi, Editorial Polibea, Madrid 2016, es genuina expresión de una poesía vivencial, en la que Muñoz Quirós asume por igual su allá y entonces y su aquí y ahora; dimensiones fundamentales de un existente que tiene plena conciencia de donde viene y donde está, el escritor expresa sin remilgos: “descubro lo que en mí estaba oculto / y lo que ahora reconoce su voz / en un frágil paisaje / dormido en mi memoria”. Recuerda, invoca, rememora el poeta para que el olvido y la desmemoria – “donde yo vivo nace la nostalgia / de lo que ya se ha ido” - no avasallen al presente que desea disfrutar a plenitud. Carpe diem es el lema implícito de los versos de Muñoz Quirós, quien, a verso pleno, confiesa: “me he acostumbrado a apresar / el lento pálpito de los días / Así nos acercamos hasta el borde, / a la orilla tibia de las horas, / hasta el oculto misterio del misterio” y aconseja: “VIVE así, bebiéndote los días en el vaso del tiempo”. El escritor disfruta enormemente de las bondades que ofrece el entorno de su existencia: la luz y su extraña presencia., los pájaros que huyen en bandada, las sombras que habitan en los páramos desnudos, la nieve blanca como el pan que sacia el hambre de todos los días, las cumbres de Gredos, el verano y el invierno, la lluvia y la sequía, el olor de la tierra, el fulgor del frío, el cauce del Tormes, el surco en el barbecho y la furtiva neblina, en fin, nuestro poeta no vive en vano, ni pasa despistado por la existencia, incapaz de saborear el placer que ofrece lo cotidiano, su emoción le permite tomar conciencia de lo que lo entorna y contribuye a definir su presencia en esta tierra. Muñoz Quirós, en su madurez de hombre y de poeta, sabe muy bien a qué atenerse, sin aspavientos ni melindres asume a cabalidad el futuro que intuye y desea: “Lo que espero está escrito en esa cima / que se somete a la tarde / creciendo entre las sombras. No me duele su muerte, / no me daña la pregunta / que indaga y brota en el fondo / del día cuando cesa y se pierde. / Espero que esos dedos invisibles / me desnuden el alma. No he tenido / más libertad jamás. Cuando me ahogo / en esa paz, renazco, habito / otro incierto momento. / Espero que esta altura me transforme / en el frágil silencio que me alcanza”.

Enrique Viloria Vera

De Caraccas pa’ Cúcuta

¡Cuando el pobre lava, llueve! Afortunadamente un buen vecino que se encuentra en cama por efecto del Zika, me prestó la batería de su carro, ya que el mío no tiene desde hace más de seis meses, no la consigo sino a precios exorbitantes que con mi menguado sueldo de profesor universitario no puedo comprar.

Enrique Viloria Vera

Una canción de la Guerra Civil Española en homenaje a los revolucionarios bolivarianos

Ya se fue el verano, ya viene el invierno. Dentro de muy poco caerá el gobierno.

Enrique Viloria Vera

Uslar Pietri y Nueva York

Todas las formas de su vida están condicionadas por esta sensación pánica de la presencia imperiosa del tiempo Arturo Uslar Pietri

Enrique Viloria Vera

Caracas la horrible es roja, rojita

A Salazar Biondy, in memoriam

Jorge mató a Wilmer Pedro mató a Jorge Leandro mató a Pedro entre cinco acribillaron a Leandro y también murió con un huequito en el pecho y el plomo rebotando entre las costillas y los pulmones la niña Belkis quien jugaba íngrima saltando compartimientos de ilusión y de tiza y ahora ni siquiera el presidente de la república sabe quien va a ver la telenovela conmigo todas estas largas noches que le quedan al municipio. José Pulido.

La capital de la Bolivariana Patria es roja por los cuatro costados y a toda hora. Día tras día se colorea más y más y más de rojo, no el de las franelas y boinas que es la vestidura impuesta por la intolerancia, sino del color propio de la sangre que brota indetenible de cuerpos y más cuerpos que una morgue precaria y abarrotada difícilmente puede recibir y autopsiar. En Caracas la horrible, la sangre no se analiza ya por factores sanguíneos, el ORH positivo o negativo es asunto clínico del pasado cuartorepublicano, ahora, en la revolución bolivariana, se distingue la sangre por edades, sexo, oficio o profesión. Inveteradamente, cada mañana la urbe amanece salpicada de sangre ajena e inocente, calles, escaleras, centros comerciales y avenidas, reciben a mansalva litros de sangre proveniente de los jóvenes masacrados por ajustes de cuentas, de los chóferes de taxis o autobusete que fueron asesinados en plena ruta y a la vista de todos los pasajeros, de los niños y adolescentes que se resistieron al atraco o se interpusieron en el camino de una pérdida bala, de los resistidos a los secuestros express, de la de los escuálidos que quedan a merced de la justiciera respuesta de los armados círculos y escuadrones encargados de defender la Revolución. De seguir la matazón indiscriminada y generalizada – culpa exclusiva de la sociedad y no de un gobierno que acumula más de cien mil víctimas - Caracas, la horrible, será por siempre la querida y anhelada por nuestros gobernantes: roja de noche, rojita de día, roja, rojita a toda hora y en todo lugar Roja rojita la calle, rojo rojito el dolor, roja rojita la rabia, rojo rojito un futuro que nadie quiere porque al no poder hacerse más la vista gorda, los caraqueños se han convertido en recientes daltónicos que ya no aprecian el rojo – rojito, y andan en busca de otros colores que pacifiquen la monstruosidad en esta horrible ciudad, la horrible Caracas ¡Hecha en socialismo!

Enrique Viloria Vera

Kousey Tekenaka: maestro de maestros

Qué, finalmente. Había un camino Que debía seguir, Ya me lo habían dicho, Pero yo no pensaba. Que sería hoy o mañana. Ariwara – no -Narihira Siglo IX

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Enrique Viloria Vera

Podemos: El chavismo español

No sería extraño que en Marte haya habido civilización, pero a lo mejor llegó allá el capitalismo, llegó el imperialismo y acabo con ese planeta. Hugo Chávez

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Enrique Viloria Vera

Mañana dejaremos zarzura

Las regiones desconocidas de la tierra; aún no pisadas; las nuevas posibilidades del ser; los nuevos prodigios de la naturaleza… a ellos se dirige desde antiguo la nostalgia de la humanidad, eternamente afanosa. Ladislaus E. Alamásy

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Enrique Viloria Vera

La República Bolivariana de nadalandia

Nada es más real que nada. Samuel Beckett La República Bolivariana de Venezuela, luego de menos de dos décadas de fugaz y consternada existencia, acaba de fallecer; los organismos internacionales que certificaron su muerte prematura coinciden en que sucumbió de Socialismo del siglo XXI, y que su defunción fue un grosero y vil asesinato perpetrado por un grupo de facinerosos neo comunistas que la convirtieron en conejillo de Indias de sus fantasías utópicas y decimonónicas, mientras depredaban y destruían todo lo construido a lo largo de una larga historia institucional que iniciaron los Padres de la Patria.

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Enrique Viloria Vera

El despeñadero venezolano

El orgullo engendra al tirano, cuando inútilmente ha llegado a acumular imprudencias y excesos, remontándose desde el más alto pináculo, se precipita en un abismo de males, del que no hay posibilidad de salir. Sócrates El despeñadero ha jugado un papel importante en la historia de algunas naciones como es el caso de España, donde el mismo ha sido instrumento de justicia, de venganza, verdadero ejemplo de lo que puede ocurrir cuando las pasiones se desbordan y la racionalidad se va de viaje.

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Enrique Viloria Vera

John c. Lennox: los nuevos ateos disparando contra Dios sin dar en el blanco

Probablemente Dios no existe, deja de preocuparte y disfruta la vida. Eslogan de una campaña publicitaria en los autobuses británicos Los jardines de verdad no se crean solos: tienen jardineros y dueños. Ocurre algo parecido con el universo: no se generó solo. Tiene un creador; y un dueño. John C. Lennox

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Enrique Viloria Vera

Fermín Herrero: el periodismo y la verdad

A propósito de los abismos que abre la verdad y que la hace socialmente insoportable en todo tiempo y lugar no puedo resistirme aquí, en Salamanca, a sacar a colación aquella escena tan unamuniana de ‘San Manuel Bueno, mártir’: “No me olvidaré yo jamás del día en que diciéndole yo: “pero Don Manuel, la verdad, la verdad ante todo” y él temblando me susurró al oído –y eso que estábamos solos en medio del campo- “¿La verdad? La verdad, Lázaro, es acaso algo intolerable, algo terrible, algo mortal, la gente sencilla no podría vivir con ella” Fermín Herrero

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Enrique Viloria Vera

Las crónicas de indias

Después del descubrimiento de América por los españoles, se conoció un conjunto de relatos llamados Crónicas de Indias que informaban sobre la geografía y el modo de vida de los pobladores americanos y de las colonias. Estas crónicas fueron sin duda reflejo de la realidad del Nuevo Mundo vista con los ojos del imaginario medieval que los conquistadores habían alimentado en la vieja Europa, fruto de las lecturas de los bestsellers de la época: las novelas de caballerías.

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Enrique Viloria Vera

La envidia socialista a la eficiencia capitalista

La envidia es una declaración de inferioridad. Napoleón Bonaparte Cuentan que en una ocasión Sir Winston Churchill fue al baño del Parlamento británico, al llegar al urinario su ubicó en el extremo opuesto al lugar donde se encontraba un par de diputados laboristas, éstos conminaron a Churchill a que los acompañara, a lo que Sir Winston ripostó: ¡No gracias, porque Uds. los laboristas cuando ven algo grande y eficiente lo expropian!

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