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Opinión

Columnistas
Enrique Meléndez

Jorge Rodríguez padre vs Fernando Albán

Estamos ante un terrorismo de Estado. Hemos llegado a la disolución absoluta de nuestra institucionalidad. Obsérvese la reacción de dos crímenes que ocurren en nuestras cárceles venezolanas. Allá en la distancia: la de Jorge Rodríguez; hoy la de Fernando Albán.

Enrique Meléndez

Lo nuevo en materia de cola

Ahora en Venezuela hay cola para todo. Antes era sólo para comprar harina de maíz; que fue lo primero que comenzó a escasear hace cosa de unos cuatro años atrás, y que luego se extendió a otros productos, como el aceite, la leche, el azúcar, y entre tanto el precio de los productos subía a ritmo geométrico; justo desde que se inició el gobierno de Nicolás Maduro; pues Chávez, que es en verdad el autor de este desastre, contó con la suerte de tener unos precios petroleros que contenían la inflación y le permitían traer productos e insumos importados; teniendo presente que poco a poco se había dedicado a destruir el aparato productivo a raíz de la confiscación de las principales fincas agropecuarias; cuya producción llegó a tener el país en materia de seguridad alimentaria; que fue una de las grandes demagogias de Hugo Chávez, y que fue lo que le dio motivo para comenzar a llevar a cabo las confiscaciones, para luego dárselas a gente que entonces se conocía como los sin techos, y que se dedicaban a invadir propiedades.

Enrique Meléndez

Un hombre demodé en la ONU

Fue desconsolador aquello. Uno diría que Nicolás Maduro hablaba para la casa; para la delegación que se había llevado; donde no dejaban de participar los hermanitos Rodríguez, y delegación que se venía en aplausos cada vez que el susodicho lanzaba una de esas frases pletóricas de revolucionarismo, que estos sujetos han venido cultivando con su credo populista; que sería la parte que más conmiseración daba, sobre todo, porque estamos ante un lenguaje, que a esta altura de la historia resulta demasiado decadente; lo que habla ya de una desvinculación de esta gente con respecto a la realidad mundial.

Enrique Meléndez

La guerra perpetua

La verdad es que este ha sido un país que ha vivido una guerra perpetua. No sin razón Vallenilla Lanz llegó a considerar nuestra guerra de independencia, como una guerra civil, quizás, por un cierto igualitarismo, que llevamos en la sangre; producto de unas relaciones sociales, condicionadas por el mestizaje racial; que es lo que llevó a Juan Vicente González a calificar a José Tomás Boves como el primer demócrata de Venezuela, a propósito de la forma como sublevó a los esclavos, en su resentimiento contra los blancos, hasta llegar a concebir la idea de un régimen de esclavos libertos, donde los blancos se excluían por completo, y que es un sustrato que ha quedado en nuestro inconsciente colectivo; lo que explica que hayamos tenido un siglo, como fue ese iracundo siglo XIX; donde sólo se conoció paz por unos cuatro días, hasta que llegó un señor de nombre Juan Vicente Gómez; quien estableció una sociedad pacificada, sólo que en estado de abulia.

Enrique Meléndez

En la mentira está la verdad

El mundo queda asombrado a raíz de esas mentiras que sueltan quienes nos gobiernan, a propósito de la manera como niegan que tenemos una fuga masiva de venezolanos hacia los países vecinos. Y la verdad es que esto forma parte de su estrategia política: mentir descaradamente para que se vea quien es el dueño de la situación; falsear la realidad, porque me da la gana. No hay que perder de vista que el mentiroso ignora al prójimo o ve en el prójimo un espejo, donde proyectar su supuesta verdad, y de aquí la famosa frase de Goebbels, de que una mentira dicha mil veces, se termina en verdad.

Enrique Meléndez

Aquí todo el mundo se ha ido

El show que ha venido montando el gobierno con los venezolanos, arrepentidos de haber emigrado del país en meses recientes, y que ahora regresan desesperados desde diversas partes del mundo; en aviones que pone a su disposición el Ejecutivo Nacional, es la prueba de que este es un tema que les preocupa. Incluso se dice que esa es una componenda del oficialismo. Se trata de llevar a un grupo de militantes del Psuv o miembros de colectivos a nuestros países vecinos; conformar allí una célula de venezolanos; que se declaran emigrados y deseosos de regresar a su patria, y entonces, al llegar a Maiquetía prestarse para aparecer por la pantalla de Venezolana de Televisión, y declarar que haber abandonado Venezuela es el peor error que ha cometido dicho emigrante en su vida.

Enrique Meléndez

La tortura del Metro de Caracas

Una señora de muy baja estatura; apabullada en el Metro de Caracas donde no cabe un alma dice, en su profundo malestar (aires acondicionados del sistema dañados, al igual que las escaleras mecánicas):

Enrique Meléndez

Huye Venezuela

Todo el mundo no habla sino de la crisis de emigración venezolana. Todos los noticieros televisivos del mundo se ocupan del tema; considerándose, en ese sentido, uno de los desplazamientos poblaciones más grandes de la humanidad; comparable a la que ha sucedido en Siria; puesto que ya para el momento se reportan que van más de cuatro millones de venezolanos, que se encuentran en la diáspora; algunos de los cuales viajando en autobús o recorriendo a pie los distintos territorios de los Estados, que comprenden la América Latina, con destino, a Chile y Argentina; pasando por Ecuador y Perú y, por supuesto, Colombia; cuando no Brasil.

Enrique Meléndez

La fantasía del petro

Todo el mundo presentía la locura, a propósito de los anuncios del nuevo cono monetario que Nicolás Maduro dejó para un viernes en la noche; época de vacaciones escolares; sólo que no se creía con la semejanza con la que vino. De hecho, todavía las redes sociales hablan de que hubo una dislexia de su parte; que equivocó los números, y, en lugar de decir 180 bolívares, dijo 1.800 bolívares, o sea, el equivalente a 180 millones de bolívares; si se toma en cuenta que 180 millones de bolívares constituye el ingreso neto, digamos, de una pequeña industria.

Enrique Meléndez

Locura monetaria

La opinión pública abriga la idea de que la reconversión monetaria que se avecina para estos días no es sino una locura más del régimen; sobre todo, porque se viene anunciando desde hace meses cuando se dijo que a la moneda le iban a eliminar tres ceros, y entonces las páginas electrónicas de los bancos comenzaron desplegar una campaña de concientización de los nuevos valores que iban a ostentar los billetes. en esos billetes no dejaba de aparecer la figura del Bolívar mulato, junto a otra pléyade de figuras que el chavismo ha venido sacralizando; de acuerdo a la mentalidad de Hugo Chávez que no dejaba de estar enajenada con mitos y leyendas, a propósito de lo que fue nuestro proceso de independencia, de las cosas que había escuchado contar, acerca de lo que fue dicho proceso o de lo que le dictaba su imaginario.

Enrique Meléndez

Autoatentado cubano

Una vez más se comprueba que tenemos una opinión pública que le queda demasiado grande a Nicolás Maduro. Enseguida, las redes sociales comenzaron a llenarse de mensajes; a propósito del supuesto atentado que le practicó Juan Manuel Santos a Maduro; que el mismo no tenía sino factura cubana semejante a las escenas que se vieron innumerables veces con Fidel Castro: quien más que un gobernante, preocupado por el destino de su pueblo como se comprobó a lo largo de la historia, se trataba de un comediante mediocre, y escenas en las cuales éste terminaba achacándole la comisión del delito a la famosa Central de Inteligencia Americana (CIA).

Enrique Meléndez

Un pueblo en oración

A esta altura de las circunstancia, uno pudiera decir que Venezuela se ha vuelto un país devoto; más de uno ora todos los días, “para volver a ser el pueblo feliz, que fuimos en el pasado”, como expresó hace unos días en el Metro de Caracas; una señora ya mayor, apoyada en un bastón, y a quien un señor le ofreció su puesto en los asientos de la tercera edad.

Enrique Meléndez

Un país paralizado

La idea del paro general cobra más vigencia que nunca. Quizás, porque se ha venido orquestando en una forma escalonada, y donde se han visto episodios como el de las enfermeras, en especial, por la respuesta que la dirigente de uno de los sindicatos del gremio de Caracas le ofreció a Nicolás Maduro, y que vino a ser tan contundente que se hizo viral en las redes sociales; tomando en cuenta que diera la impresión, de que Maduro cree que está gobernando un país de idiotas, y al que le pide sacrificios, en aras de una revolución, que lo que ha hecho es involucionar a una de las sociedades, que se perfilaba como una de las más modernas de la América Latina, como se viene a demostrar, ahora cuando se ha perdido todo, y que para llegar a los niveles, que alcanzó, se necesitarán años de esfuerzo continuado; mientras un petimetre de la talla de Jorge Rodríguez hace gala de unos zapatos que, según los entendidos, valen una fortuna en dólares.

Enrique Meléndez

Yo soy la muerte

En efecto, la figura de Hugo Chávez sigue siendo una pesadilla para el pueblo venezolano, hasta después de muerto, y lo más truculento de la cuestión es que Luisa Ortega Díaz viene a confirmar una especie, que rodó entre la opinión pública nuestra desde el 29 de diciembre de 2012; cuando entonces se comenzó a decir que éste había fallecido en La Habana; sólo que por razones de índole política la misma se mantenía en secreto.

Enrique Meléndez

En 2050 seremos potencia

Nicolás Maduro ha dicho que vamos a ser potencia en el 2050; lo que convertiría a la economía de nuestro país en el fenómeno más grande de la historia; teniendo presente que ya llevamos varios años consecutivos de decrecimiento económico; además de registrar la más alta inflación del mundo, con vistas incluso a considerarse asimismo una referencia histórica; pues lo que se estima es que a finales de año tendremos un acumulado inflacionario que sería de más de 150 mil por ciento, de continuar su ritmo de crecimiento, y que rebasa el 100% mensual, de acuerdo a los reportes, tanto de la Comisión de Finanzas de la AN; como de Cedice.

Enrique Meléndez

En el banco la vida es más sabrosa

La señora, que viene detrás de mí en la cola del banco, le dice a la siguiente, que esta es la cuarta agencia, a la que acude en busca del efectivo; mientras el banco sólo lo que le puede dar, como máximo, son cuarenta mil bolívares, y que no compran nada, y es por esto que tiene que ir de agencia en agencia, para poder juntar unos cientos sesenta mil bolívares; de acuerdo al cálculo, y que tampoco compran nada; por lo que tiene que acudir a igual número de entidades de su banco durante la semana, para poder obtener unos 800 mil bolívares; de acuerdo al cálculo, y que apenas alcanzan para comprar medio cuartón de huevos; que sería el precio, como lo tienen los bachaqueros; tomando en cuenta, por lo demás, que por punto de venta en el abasto ya se ubica en dos millones de bolívares ese producto.

Enrique Meléndez

Un bolívar de papel

La verdad es que el nuevo cono monetario, antes de entrar en vigencia, ya quedó desbordado por la realidad; si se toma en cuenta que el billete de cien mil bolívares, que el Gobierno acuñó hace poco, ya no compra nada pues lo mínimo que vale un producto es un millón de bolívares, y mucho más ahora, luego del nuevo decreto de aumento salarial.

Enrique Meléndez

Un día miente y el otro también

Maduro lleva horas hablando: promesas y batallas. He allí el tema de sus peroratas. Un día amanece solicitándole una entrevista a Donald Trump: otro día lo amenaza con lanzarle el componente de las Milicias; que son esos viejitos y viejitas, que uno ve en las calles uniformados de kaki; un popurrí de cosas, que va soltando, y cuya realidad evoca un tanto el famoso hombre de las cavernas de Platón; cuando decía que los humanos la veíamos, como si estuviéramos en una cueva, y la realidad se proyectara sobre el fondo. Se pudiera decir que el mundo de Maduro está saturado de fantasmas.

Enrique Meléndez

La ansiedad del venezolano

Los venezolanos, desde que se instaló Chávez en la presidencia, a cada momento decimos que este gobierno está por caerse; que es una cuestión de días. Recuerdo a Jorge Olavarría decir que, allá en los primeros años de la presidencia de éste, siendo entonces su más encarnecido amigo; que ese aprendiz de dictador sería muy breve.

Enrique Meléndez

Peor que Cuba

Lo que más sorprende es que lo que uno negaba hasta hace poco, esto es, que nosotros nunca íbamos a parecernos a Cuba; porque aquella era una isla, y una dictadura podía a sus anchas, dado el carácter de aislamiento que ofrece la territorialidad de una ínsula, ejercer un dominio tiránico de su sociedad, el tiempo nos está diciendo que es así; que nuestro país terminó reproduciendo las condiciones de vida de una nación, sobre todo, en lo que atañe al malestar social, producto de una situación económica signada por la precariedad, y que hace huir en bandadas a sus habitantes, como está ocurriendo hoy en día en Venezuela.

Enrique Meléndez

¿Y el regalo de Maduro?

La camioneta (encava, pues ahora no hay autobuses: todos están dañados, y no hay repuestos) viene hacinada. Hay una muchacha sentada en la tapa del motor, de temperamento risueño, y quien mezcla amor, política y economía en cada una de sus salidas:

Enrique Meléndez

Lo que queda del 20M

Lo más cómico de todo esto es ver a un CNE prohibiéndole a Nicolás Maduro que siga repartiendo bonos el día antes de las elecciones; cuando ya medio mundo (carnet de la patria mediante) había recibido millones de bolívares. Hay quien le ha venido siguiendo la secuencia: el bono de Reyes, el bono de Carnaval, el bono de Semana Santa, y así sucesivamente. Por cierto, ¿no vendrá el famoso regalito que nos prometía Maduro a los venezolanos, si le dábamos 10 millones de votos?

Enrique Meléndez

El terror del transporte

Un sector donde está reflejada la cruda realidad del país lo representa el transporte público. Trabaja colapsado, a propósito de la reducción del parque automotor pues la mitad de los venezolanos que poseemos vehículos ya no los movemos, tomando en cuenta que no hay plata para repararlos mucho menos para comprar los repuestos, que nada tienen que ver con lo que percibimos como ingresos pues cada pieza ya anda por los millones de bolívares, mientras que lo que percibimos anda por los miles de bolívares.

Enrique Meléndez

La más larga guerra

Si nosotros le tomáramos la palabra a Nicolás Maduro; cuando dice que la vorágine, que estamos sufriendo, a nivel de la economía, no se debe sino a una guerra económica, que han orquestado contra el país la derecha venezolana en connivencia con el imperialismo norteamericano, uno diría que se trata de la guerra más larga, que hemos tenido a lo largo de nuestra historia; pues la Guerra de Independencia no se llevó sino unos ocho años; cuando el país quedó devastado por completo; lo mismo que la Guerra Federal no se llevó sino unos cinco años; que significó no la devastación total del país, sino parcial; pues téngase en cuenta que esta conflagración se localizó en algunas regiones de Venezuela, especialmente, en Los Llanos; sólo que esta guerra nuestra no tiene unos actores bélicos; no hay cañones ni misiles ni nada que se le parezca, que disparen contra la población o tropas desalmadas, que decapitan a pueblos enteros, y lo más grave de todo es que las armas la constituyen la política económica, que ha destruido por completo el aparato productivo, y en la que detrás se mueven los intereses más oscuros, que hayamos conocido en esta pobre y desventurada nación; pues como lo ha dicho muy bien el ex presidente boliviano Jorge Quiroga el negocio de Maduro lo constituye la miseria de su pueblo. De hecho, ¿en qué país del mundo la gente tiembla de pavor, cuando su presidente anuncia un nuevo decreto de aumento salarial? Por aquí comienzan las aberraciones de esta política económica. No ha terminado éste de llevar a cabo el anuncio, y ya los precios de los artículos de primera necesidad se elevan al doble por encima del costo, que tienen en ese momento; aparte de que cada aumento, a propósito de la hiperinflación, que estamos sufriendo, no significa nada en términos reales; con eso no se compra nada, y menos mal que estamos ante un pueblo que el sufrimiento lo soporta con humor, y así hay quien hace broma con lo que le dan como pensión del Seguro Social, diciendo que le dieron medio cartón de huevos, pues esa cantidad ni siquiera le alcanza, para comprar el cartón completo. Carlos Andrés Pérez, cuando andaba en sus afanes populistas, mucho antes de ser candidato a la presidencia en el año de 1988, y era, al igual que Chávez y demás fauna que lo siguió, de una ignorancia delirante, proclamaba que las bombas, que lanzaba el Fondo Monetario Internacional, eran sólo mata-gente; criterio que vino a aclarar con los años, tan pronto comprendió que este organismo, no se trataba sino de un club de naciones amigas, que fue creado, precisamente, para estabilizar los desbalances, que se presentaban en las economías de cada una de dichas naciones; producto de políticas erradas, como las que se adoptaron en Venezuela, antes de la llegada a su segunda presidencia; justo, una pudiera valerse de esta misma metáfora, y considerar hoy lo mismo: esas bombas, que lanza Maduro desde su bunker de Miraflores, cada vez que adopta una medida de esta naturaleza, no son sino sólo mata gente; porque además de impactar sobre el precio de los productos, conllevan asimismo al cierre de numerosas empresas, como lo demuestran las cifras de organismos como Conindustria, que reportan que para antes de la llegada de Chávez al poder, existían en el país unas 14 mil industrias en plena producción; cuando hoy apenas quedan unas cuatro mil, y lo más probable es que, después de este último aumento compulsivo, que acaba de decretar este 1 de mayo, se produzcan más cierres, con la consecuencia de que va más gente a la calle desempleada; pues, si algunas han sobrevivido a estos embates, derivados de políticas económicas erráticas, lo más probable es que ya no resistan, sobre todo, a raíz de este último aumento, dada su enorme proporción, y en un momento en que el consumo del venezolano se ha caído por completo. Allá en el horizonte Maduro tiene precisadas a las mafias, que mueven los intereses oscuros de nuestra economía, y que las va a combatir, una vez que llegue a la presidencia, como si se tratara de un candidato de la oposición; sólo que lo más probable es que cuando asuma, tan pronto Tibisay Lucena lo declare de nuevo investido del solio presidencial, no las encuentre; pues como se lo dice más de uno, esas mafias no están compuestas sino por gente de su camada, es decir, su entorno más cercano, y quienes se benefician, precisamente, de mecanismos aberrantes, como el control de cambios, y digo aberrantes por el hecho de que su existencia implica la aparición de esa bomba mata-gente, como es el dólar paralelo, que mientras más alto se pone, mejor para las mafias, pues en las presentes circunstancias por cada divisa, obtenida en el mercado cambiario oficial bien sea a través del Dipro o a través del Dicom; que colocan, luego, en el mercado negro; se ganan un millón de bolívares, si es que nos atenemos al precio hoy; que es lo que explica esa fortuna exorbitante que detentan los favoritos del régimen; que, por cierto, ya no son los mismos de la época de Chávez, en vista de que las mafias de aquel gobierno están siendo en estos instantes perseguidas, como sería el caso de Rafael Ramírez, sobre quien pesa ahora una orden de captura, y quien se ha tenido que refugiar en destinos inexpugnables, esto es, en países hacia donde no pueden llegar por el momento las garras del presente régimen.

Enrique Meléndez

El otro país

La impresión, que se tiene, es que estamos en otro país; además de una añoranza, por aquél que se perdió. Entonces todo era más fácil, como lo recuerda un señor en una cola, para comprar pan, y que ese es el deporte de ahora de los venezolanos; caerse a hablar mal del gobierno en esas esperas en las panaderías; cuando no a recordar aquellos tiempos; cuando un sueldo de diez mil bolívares alcanzaba para todo. ¿Pañales? Eso era una cosa que se regalaba: doce pañales en un paquete. Entonces los valores de las cosas andaban por los cien o doscientos bolívares; de modo todo se podía comprar: carne para bistec, para mechar y moler.


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