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Opinión

Columnistas
Diego Loyo

La falacia de la democracia en Venezuela

Como nada es más hermoso que conocer la verdad, nada es más vergonzoso que aprobar la mentira y tomarla por verdadMarco Tulio Cicerón A menos de un mes de las elecciones parlamentarias, las dos toldas que cohabitan en el sistema se preparan para dar las últimas pinceladas a sus respectivas campañas. El objetivo es claro: esperanzar al ciudadano venezolano alegando que el 6 de diciembre es una fecha trascendentalpara el futuro de Venezuela. Ya van varias de estas “fechas trascendentales” en los últimos años, sin ningún cambio – aunque sea aparente – a raíz de sus resultados (sean cuales fueren). A pesar de esta falta de verdadero cambio, hoy volvemos a escuchar los mismos cantos de sirena: «El 6D llegará el verdadero cambio en el rumbo del país». No me voy a adentrar en las propuestas de los contendientes, pues no tienen más que un quítate-tú-pa’-ponerme-yo acompañado de alguno que otro slogan sin contenido. Sí quiero discutir el constante proceso de degradación del significado de Democracia por parte del régimen con apoyo de la MUD. Esta degradación ha pasado por manipular al pensamiento del venezolano, hasta el punto de llevarlo a creer que el mero hecho de tener “elecciones” es igual a vivir o defender la democracia.

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Diego Loyo

La inexistencia del trabajo

El 1ro de Mayo fueron dos las manifestaciones que conmemoraron el Día Internacional del Trabajador. Por un lado se celebraba la puesta en marcha oficial de una nueva ley de los trabajadores, fútil promesa de un mejor futuro. Por el otro lado, enceguecidos por el inmediatismo, se reclamaba un aumento de salario, auspiciado por la necedad del populismo hecho doctrina. Lastimosamente, y poniendo a los trabajadores como argumento – mejor dicho fachada – ambos bandos se olvidaron de exaltar, tanto filosófica como económicamente, lo más importante para el desarrollo de una nación: el trabajo.

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Diego Loyo

El Secuestro de la Historia

Francis Fukuyama, en su libro “El Fin de la Historia y el Último Hombre” (1992), alega que la historia – entendida como la lucha de ideologías – habría llegado a su fin con la caída del Muro de Berlín. Sin adentrarnos en lo errado de su planteamiento, hemos de admitir que, en efecto, la desintegración de la URSS y la caída del Muro de Berlín sirven como fin de un capítulo histórico, incluso dentro de la misma concepción de Fukuyama. Lastimosamente, el fin de dicho capítulo pareciese no haber llegado jamás a Venezuela; peor aún, en nuestro país la Historia está secuestrada. Pero, ¿quiénes son los secuestradores?

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